Por Joel Gorozabel
Luego de tantas jornadas, diez para ser exactos, dos técnicos, muchos experimentos en la alineación, entre otras cosas… tocaba celebrar. Venezuela goleó sin piedad este jueves a Bolivia, con un marcador de 5-0, el cual pudo ser más abultado, retomando la alegría y dejando datos históricos para las estadísticas.
Diez minutos fueron suficientes para que la Vinotinto demostrara su hambre de resultados positivos. Jacobo Kouffati tuvo su revancha, tras sólo jugar tres minutos ante Argentina, donde ingresó como suplente y salió lesionado, fue el encargado de abrir, casualmente en tres minutos, la pizarra en el maltrecho Estadio Monumental de Maturín. A los diez se unió a la fiesta, para colocar el 2-0, Josef Martínez.
Venezuela volvió a tener a su rival acorralado, con un 2-0 a favor, como sucedió en la jornada 8 ante Argentina, aunque los gauchos terminaron empatando, esta vez se mantuvo el dominio y la historia es conocida; se goleó a Bolivia en Maturín. El experimento “obligado” le funcionó al técnico Rafael Dudamel, pues las ausencias de jugadores lesionados hicieron que el estratega replanteara el modo de jugar y su formación.

La Vinotinto minó el campo con jugadores rápidos, los pequeños Rómulo Otero, Jacobo Kouffati, Jhon Murillo y Josef Martínez, éste último más adelantado, como “falso 9”, quienes desde temprano, y durante casi todo el compromiso, fueron un verdadero dolor de cabeza para los del altiplano. Sólo por mencionar; los cuatros estuvieron involucrados en los cinco goles de la Selección Nacional, asistiendo o marcando. Se le suma, en asistencia Renzo Zambrano, otro “experimento”, quien acompañó en la contención al capitán Tomás Rincón.
En la víspera del partido sorprendía el once titular con el que saltaría al “potrero” de Maturín Venezuela, pues, estaba claro que Juanpi Añor, José Salomón Rondón y Alejandro Guerra fueron bajas por lesión, pero Adalberto Peñaranda si había sido convocado y su nombre no aparecía en la alineación. La lógica pesó en el análisis previo del partido en el Director Técnico, y alineó a los que arrastran continuidad en sus clubes y viven grandes momentos. Peñaranda no volvió a jugar con el Udinese, de Italia tras la anterior fecha FIFA, y eso le pasó factura. Lo cierto es que a Dudamel le salió el partido redondo.
Poder para lo que viene
La Vinotinto retomó la alegría, lo que le sirve bastante para lo que viene, pues su próxima parada será Quito, donde jugará ante un equipo que llegará urgido por una victoria para seguir en la pelea por un cupo a Rusia 2018. Nadie puede pronosticar que lo visto en Maturín volverá a suceder en la mitad del mundo.

Venezuela atacó, mostró engranaje en sus piezas, fue sólida en defensa, salvo ciertos parpadeos, dejó el arco en cero, sí, pero fue ante Bolivia, quien ahora es la selección dueña del último lugar de la clasificación, y que actualmente pasa por una crisis institucional, sin olvidar que recientemente la FIFA le restó cuatro puntos de la Eliminatoria por sanción.
Lo que sí se puede vaticinar es que ante Ecuador se volverá a ver a un equipo lleno de ganas, donde quizás sean pocas las modificaciones que realice Dudamel, quien ya piensa a futuro, porque el próximo mundial también habrá que verlo por TV, pero engrasar a la máquina del futuro (Catar 2022) no está de más, y a eso apuesta el técnico y los jugadores. Recobrar la dignidad y el orgullo también es prioritario en la Vinotinto.
Para las estadísticas
Y para otras cosas también sirvió el partido de la jornada 11 de las Eliminatorias Sudamericanas. No sólo ganó por primera vez en el torneo Venezuela, sino que también Josef Martínez entró en la historia, como el primer jugador venezolano en marcar un hat-trick en la Selección. También quedó como dato que Maturín fue la sede que más fanáticos recibió para un partido Venezuela con sus 45.850 personas.
La Vinotinto, Rafael Dudamel, los jugadores, los fanáticos, entre otros se pudieron sacar la espinita de no haber ganado en Eliminatorias 2018. Venezuela ganó más que tres puntos, y ahora tiene que mantener el nivel, y los resultados positivos, para no volver a ser catalogada como la cenicienta, como había sucedido antes del partido ante Bolivia, donde además es primordial crear esa identidad de juego perdida tras el ciclo del técnico César Farías.