Mujeres que alimentan con amor

Por Angélica Berrocal

Vidas diversas, muchos sueños. En realidad algunas de ellas nunca pensaron en desempeñar este tipo de oficio, la mayoría de las veces menospreciado con el título de “cocineras”;  un término, a mi parecer, despectivo. Técnicamente son manipuladoras de alimentos, sin embargo, en alguna oportunidad se les llamó “madres procesadoras”.

A lo largo de mi vida como profesional he tenido a cargo alrededor de 300 mujeres que han desempeñado este oficio y nadie se puede atrever a decir que “nada más fácil que cocinar”.  Esa es una percepción errada. Sólo madrugar para estar en el lugar de trabajo y  preparar mínimo 100 empanadas, o arepas, o bollos, o patacones, acompañada de su respectiva proteína y bebida, es para pensarlo dos veces.

Eso, en el  mejor de los casos que sea un tipo de programa (desayunos), porque existen otros en los que se debe preparar almuerzo completo (cereal, proteína, ensalada, granos, bastimento, sopa y jugo) y merienda. Su jornada debería ser de ocho horas diarias pero puede llegar a extenderse un par de horas más, dependiendo del cupo o raciones a preparar en el comedor asignado. Sin embargo, la responsabilidad que tienen estas mujeres les permite sacrificar a sus propios hijos y dedicarles todo este tiempo a la preparación de estos alimentos a la población más vulnerable que puede existir en Colombia y alrededor del mundo: nuestros niños.

Esto representa su valor más grande; el servicio que, de manera racional, emocional, consciente o no, ellas prestan a diario en los diferentes comedores escolares teniendo en cuenta que deben permanecer de pie durante toda la jornada porque la comida no da espera, además,  se exponen a las altas temperaturas al interior de la cocina y muchas veces tienen que mojarse o cometer la imprudencia de abrir neveras o congeladores poniendo en riesgo su salud.

Valorar este tipo de oficio,  me llevó a conocer a muchas de ellas más allá de su uniforme y, gracias a Dios, detrás de él se esconden vidas en condiciones inimaginables y de admiración. La pobreza es el común denominador así como la violencia intrafamiliar, pero hay algo en su interior, una fuerza extraordinaria llamada amor que les ha permitido salir adelante y tomar decisiones difíciles para darle rumbo a sus vidas, a las de sus hijos y/o las personas a cargo que precisan de cuidados (parientes enfermos).

Durante la jornada laboral se trabajaba en equipo, por y para una causa, en este caso “la satisfacción de nuestros niños”. Fuera del lugar de trabajo fui confidente de muchas de ellas; llamadas inesperadas a horas también inesperadas, oídos atentos y dispuestos a escuchar para dar respuestas a preguntas personales, para dar consejos o incluso servir como paño de lágrimas debido a las diferentes dificultades familiares, económicas o de otro tipo que se les pudiera presentar, siempre desde el marco del respeto mutuo sin sobrepasar los límites.

Gracias a esta oportunidad tengo recuerdos inolvidables (alegres y tristes). Especialmente recuerdo a una de ellas en representación de todas, su nombre es Julia (Q.E.P.D), quien al igual que la gran mayoría, dejaba a su familia para tener unos ingresos propios que le ayudaran a ser económicamente independiente de su esposo o compañero. Sencilla, humilde, respetuosa, responsable, guerrera y luchadora son algunas de las cualidades que la definen a ella y a la gran mayoría de estas madres procesadoras que hacen parte del mundo al interior de los comedores escolares.

El servicio de alimentación en Colombia está siendo cada vez más técnico, riguroso y con recomendaciones que van desde las raciones indicadas, el aporte calórico y nutricional, hasta las BPM (Buenas Prácticas de Manufactura) con el objeto de favorecer al consumidor final o comensal. Ojalá sin descuidar la sazón y pasión por la cocina y por lo mismo que indico que quizás “cocineras” en este medio pueda sonar despectivo, las organizaciones responsables de manejar este servicio se olvidan de garantizar a sus manipuladoras de alimentos los EPP (Elementos de Protección Personal) de alta gama, que las cuide y valore en su ejercicio.

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