Por Moisés Alejandro Rojas Sufia
El periodismo es la profesión que te lleva a enfrentar más retos. Se debe tener la capacidad de encararlos. Superar miedos hasta encontrar la noticia; noticia que toda una nación espera diariamente, a través de noticieros, radio, diarios (tradicionales y digitales) y demás medios de comunicación. El periodista se convierte en un servidor público, en la voz de los más necesitados. Es la persona que tiene la verdad de los acontecimientos, por eso debe preparase para superar cualquier obstáculo.
Tengo veinte años, estudio Comunicación Social, carrera que me apasiona. A diario salgo a la calle con la más clara convicción: graduarme de periodista. Afortunadamente soy de las pocas personas que encontró su misión de vida. Entre mis cátedras de estudio me toca asumir un nuevo reto; como asignación soy enviado a cubrir la fuente de sucesos en la Morgue de Bello Monte.
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Lunes 20 de junio de 2016. Suena la alarma a las seis de la mañana, despierto para alistarme y realizar la asignación en la morgue. El día amane frío y nublado. Mientras preparo el desayuno, en la radio se anuncia tráfico fuerte en la ciudad. Ocho de la mañana es la hora prevista para el encuentro con mis compañeros en el centro comercial El Recreo, ahí buscaremos el autobús que nos llevará a nuestro destino.
“Un paño blanco que tiene entre sus manos lo lleva a su boca para tapar el dolor”
Como de costumbre voy atrasado. La lluvia hace más lento el tránsito. Insistentemente miro mi reloj, las horas pasaban rápido; los minutos se convierten en segundos. Mi celular empieza a vibrar, pero sé que no puedo contestar; estoy en la calle, puede ser peligroso sacar el teléfono en la vía. Un delincuente se encuentra como lobo casando a su presa, me puede ver, robarme el teléfono y si le da la gana quitarme la vida.
Impaciente me bajo del bus, y decido llegar caminando al lugar donde mis compañeros de clases estarían esperando. 8:40 de la mañana, todos reunidos abordamos el autobús que nos llevará a la Morgue de Bello Monte.
En el camino, observo como una familia está desconsolada llorando, sé que allí está la noticia y debo averiguar qué ocurrió. Al llegar, caminamos hacia la parte donde estaban periodistas, fotógrafos y policías. Me toca asumir un nuevo reto, enfrentar una de las fuentes más difíciles de cubrir; fuente que algunos profesionales de la comunicación no se atreven trabajar.

La brisa fría, un silencio extraño, olores putrefactos son parte del ambiente. Como novato debo cumplir con mi asignación. Me acerco a un grupo de reporteros que se encuentran entrevistando a un familiar afectado. ”No me graben ” dice la cuñada del occiso.
Así es, los medios audiovisuales apagan sus cámaras y deciden escuchar el testimonio de la mujer. Se le nota nerviosa; con un cigarrillo en la mano, tiembla, y asegura que a su cuñado lo habían matado en un enfrentamiento y en el camino a la morgue destrozaron el cuerpo. La mujer pide respuestas a las autoridades competentes.
Familias desconsoladas
A lo lejos observo a las personas que venían en el autobús. Le comento a una de mis compañeras que debemos dirigirnos a ese lugar porque algo ha ocurrido. Así lo hicemos. Al llegar sitio, le pedimos a la señora que nos conceda un testimonio para poder cumplir con el cometido.
La mujer con voz baja nos dice “me mataron a mi hijo”. Las lágrimas cayeron como lluvia en invierno. Veo que se quebranta. Un paño blanco que tiene entre sus manos lo lleva a su boca para tapar el dolor. En ese momento, con lápiz y libreta en mano, me quedo sin palabras. Es la primera vez que ejerzo mi profesión, y entiendo que ser periodista es una labor admirable, de fuerza y valentía. Tener que entrevistar a una madre que ha perdido a su hijo, es sin duda alguna, un gran desafío.
“Él iba en su moto y le dieron un tiro, luego fue trasladado al Hospital Pérez Carreño y falleció”, relata la señora, asegurando que su hijo era bueno y no merecía morir. La madre espera que le entreguen el cuerpo de su hijo para poder darle cristiana sepultura.
Hicimos el trabajo, pero sigo impactado de ver tantas personas sufriendo por la pérdida de un ser querido. Cierrro mi libreta con la información recaudada, miro a lo lejos a una familia destrozada- vestidos de negro, caras que muestran dolor e injusticia- . Camino lentamente hacia ellos (puedo escuchar mis pasos; tiemblo, sudo frío, pero el instinto periodístico sigue ahí). Ahora se la razón de tanto sufrimiento. Luego escucho a una compañera decir “ ya nos vamos, tenemos las noticias.”
Ser periodista va más allá de tener un micrófono en la mano, una libreta o una grabadora, hay que ser humano; conectar con las personas, cumplir con tu trabajo porque tienes un equipo esperando para que envíes la noticia. Ser periodista es saber que estas del lado de la verdad, que en ocasiones entrarás a los lugares más difíciles de acceso, arriesgando tu vida. Ser periodista es trabajar con pasión sin importar hora, ni fecha . Ser periodista es la mejor profesión que he podido elegir.