Por Francy Montilla
Margoth y Vanessa -compañeras de trabajo desde hace años- todos los días emprenden el mismo camino de retorno a casa. No obstante, en esta ocasión, Margoth comenta que debe pasar previamente por el Unicentro El Marqués para comprar un antibiótico que le ha prescrito su médico. Una rápida búsqueda por internet ha arrojado el dato de que la medicina que necesita Margoth solo se encuentra en una farmacia ubicada en ese lugar. Entonces, Vanessa decide acompañarla.
Una vez que arriban al centro comercial, y ambas se aprestan a entrar en Locatel, Margoth es abordada por un señor de seguridad, quien le indica que no se permite la entrada de personas con bolsas. Margoth le solicita amablemente que le indique a qué lugar debe dirigirse para guardar el paquete referido. El vigilante le informa que, por lo momentos, no hay una dependencia destinada para ese fin.
Sorprendida y muy alterada por la respuesta, Margoth le replica al vigilante que ante tal circunstancia, esa farmacia no debe impedirle a sus clientes el acceso argumentando una política interna, pues dada la naturaleza de interés público de los productos que allí se expenden, limitar arbitrariamente la entrada podría afectar gravemente la salud de quienes requieren los mismos.
Ante la reiterada negativa del funcionario de Seguridad y haciendo caso omiso a las indicaciones, Margoth, visiblemente alterada, procede a adentrarse en el lugar – bolsa en mano – desafiando incluso las órdenes de la Jefa de Seguridad que también salió a su paso. Detrás le siguió Vanessa, quien al principio le manifestaba en voz baja, la conveniencia de retomar la calma. Sin embargo, Margoth no parece estar en condiciones de escuchar ninguna razón frente a lo que ella considera un abuso que violenta su derecho elemental de obtener el antibiótico recetado.
Tales circunstancias obligan a Vanessa a asumir una actitud similar a la de su acompañante. Comienza a gritar airadamente para que escuchen todos los presentes. Hace una advertencia: ella y Margoth procederán a denunciar la situación ante Fiscalía y a difundir por Twitter los hechos ocurridos.
Finalmente, después de atravesar el largo e interminable pasillo, y vencer todos los obstáculos, logran llegar hasta el sitio reservado para el expendio de las medicinas, donde, detrás del mostrador, las espera la Jefa de Seguridad, observándolas maliciosamente y murmurando con las dependientas a fin de sabotear la adquisición del medicamento.
Después de tomar el número de turno, Margoth susurra al oído de Vanessa una inesperada revelación:
– Acabo de recordar un pequeño detalle.
– ¿Qué pasa?, pregunta Vanessa.
– Aquí no es, responde Margoth, abochornada.
-¿Cómo así? – dice Vanessa, sin entender lo que ha oído.
A lo que Margoth replica:
-¡Es que según internet el medicamento no se encuentra disponible aquí en Locatel, sino en Farmatodo!
La incómoda situación obliga a las dos amigas a tomarse un tiempo prudencial para digerir lo sucedido y evaluar la estrategia a seguir después de armar semejante escándalo.
Margoth y Vanessa, entonces, informan a los presentes que han decido renunciar a adquirir el ansiado medicamento porque se sienten ofendidas por el trato recibido.
“Acudiremos de inmediato a realizar la denuncia ante los órganos competentes y a poner en conocimiento a la colectividad a través de las redes sociales”, apuntan.
Una vez fuera de Locatel, Margoth y Vanessa empiezan a reírse…