El lector, esa rara especie

Por Cristina Martínez

Algunos editores de medios siguen pensando que el hecho comunicacional se produce cuando se emite el mensaje y que lo que ocurre una vez emitido el mensaje es un asunto de tercer plano. Existen también los que anticipan, con aires de sabiduría, las reacciones del público. Esa -tristemente- es la mirada lineal de la comunicación. Hay ciertas cosas que a los editores les cuesta comprender, una de ellas es que el lector siempre puede elegir actuar frente a lo que lee del modo que mejor le parezca. Las variantes son muchas y ninguna está bajo control.

Martín Caparrós, periodista argentino, explica que “la información tal como existe consiste en decirle a muchísima gente qué le pasa a muy poca: la que tiene poder”. El modo en que se transmite la información está construido para que no haya lugar a duda sobre aquello que se cuenta. El lector debe asumirlo como una verdad (esa es la sustancia abyecta que está de fondo). En eso radica la clásica estructura del género Noticia: convencer al lector que donde el periodista no opina está presente la objetividad (en este género no se permite opinar, ni recrear, ni usar adjetivos, la información es transmitida respondiendo las preguntas: cuándo, dónde, cómo, quién, cómo y por qué). Una prosa bastante pobre, impersonal. Un corsé.

No se trata de enseñar la receta del agua tibia, pero debo hacer énfasis en que la subjetividad no se expresa exclusivamente a través de la opinión. También se encuentra en los temas que alguien ha decidido trabajar, en la distribución de los contenidos, en el acto de elegir a quién consultar, incluso, en lo que se ignora. Hay un orden en todo medio de comunicación (como en todas las cosas), que ha sido pensado con fines determinados.

En la noticia también se aplica algo que los expertos llaman “pirámide invertida”, que se fundamenta en que se debe escribir de lo más a lo menos importante, ya que se presume que el lector es tan flojo que abandonará la lectura en cuestión de segundos. “Esa rara especie del lector que no lee”, apunta Caparrós.

En los últimos años, lamentablemente, esta idea se ha radicalizado; la prensa 2.0 emite información en cápsulas. Información –a estas alturas- ya no para lectores flojos, sino para lectores tontos.

Se ven casos en que los editores, intentando estandarizar la comunicación, aseguran no poder abordar ciertos temas porque “el público no está preparado para eso”. Periodistas, comunicadores, escribidores y afines escupiendo frases absurdas como: “no se puede decir tal cosa, pues hay que evitar herir al pueblo”.

Han olvidado -o probablemente nunca lo aprendieron- que la comunicación es un modo de convivir (funciona en espiral), y que una vez piensan que lo saben todo sobre ella están matando cualquier posibilidad de comprender al otro.

 

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