“No pretendo a la orilla de este verso desafiar al universo y muchos menos herir”
Por Maie Sánchez López
Desde la muerte de Fidel he visto las más hermosas expresiones para con él y a la vez las más despreciables voces humanas. Señales de agradecidos que ven a este hombre como el salvador, el Jesucristo de la moderna humanidad, el visionario de este nuevo mundo. Asimismo, palabras de incautos que le imputan ser el culpable de millonarias muertes, el dictador más grande de la historia, o el ser rico y poderoso que con su magia negra pudo poner a once millones de personas como zombis, sin voluntad ni posibilidad, ni información, ni conciencia, ni principios y sobre todo sin cerebros.
He aprendido que el mundo siempre ha estado divido en dos bandos: el bien y el mal, Dios o el diablo, ricos y pobres, invadidos e invasores, verdad y mentira, guerra y paz. No me sorprende ver las disimiles opiniones que hay respecto a la muerte de Fidel y como lo he dicho en otros espacios, todos los argumentos son válidos y respetables, pero quiero poner en consideración algunas de mis reflexiones en materia humana.
Cada País es un universo dentro del universo. Lo he podido constatar en este paso por algunos países de Latinoamérica. He llegado a la conclusión de que ningún sistema es perfecto por más que haya persistido en la historia, que nosotros los humanos somos los encargados de llevar con coherencia nuestros principios e ideales sean utópicos o no.
Soy cubana emigrante y creo fielmente que nadie tiene el derecho de decir lo que un país deba o no hacer para mantenerse en el “camino”. Conozco personas que han entregado su ser a un sentido común de identidad y dignidad humana, personas que desde la resiliencia dignifican la causa de un Estado que aun con un bloqueo económico ha sido capaz de mantenerse firme.
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También se de muchos que han tenido miedo en este pasar del tiempo entre la distancia y la lejanía de familias, miedo a la falta de libertad de expresión, de lograr medianamente sus sueños de convertirse en esclavos de un sistema poco probado. Ahora, cuando se dice miedo yo también tengo mi posición y lo haré desde mi actual realidad: miedo es el que vivimos todos los días pensando que tenemos que pagar los servicios públicos, miedo es no tener con qué pagar la seguridad social y el sólo hecho de imaginarnos en un pabellón de caridad nos da escozor, porque aquí (en Colombia) la salud es un negocio no un derecho.
Miedo que no haya sido capaz de trabajar para pagar mis estudios. Miedo que no tenga con qué pagar los impuestos que ahora hasta los mínimos artículos los tienen. Miedo sí, a tanta inseguridad porque naturalizamos la muerte y el enriquecimiento ilícito y fácil. Miedo a no ser capaz de renunciar a algo para compartirlo con otros. Eso sí que da miedo, miedo a estas realidades, y mucho más miedo a no ser capaz de luchar por las causas justas.
Tengo sentimientos encontrados respecto a lo que significó Fidel porque no creo en el poder absoluto del Estado, y en otras políticas utilizadas en Cuba para mantenerse a flote pese a los conflictos internos generados por las mismas. Pero aprendí a admirar a Fidel por llevar adelante la dignidad de un pueblo, por hacer posible una educación de calidad (probablemente la mejor de América Latina) al igual que el sistema de salud, solo comparado con los países del llamado primer mundo.
Fidel bregó con un embargo económico por más de 50 años defendiéndose, además, de insultos atentados y denigración. Es cierto que Cuba es un país pobre y lo seguirá siendo pues como isla no tiene los recursos naturales que puede tener otro de mayor extensión de tierra, donde fácilmente se encuentra petróleo, oro o simplemente se desarrolla la agricultura.
Se suele confundir mucho el término “calidad de vida”, pero eso lo puede aclarar Manfred Max Neef, economista chileno, quien dice: “El desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos (…) El desarrollo no es lo mismo que el crecimiento, y el crecimiento no precisa desarrollo”.
Entonces, puedo decir que de los años que viví en Cuba aprendí que calidad de vida se parece mucho a la garantía del acceso a la salud, a la educación. Calidad de vida es respeto por la niñez, por los adultos mayores. Calidad de vida significa también contar con la solidaridad de un pueblo. Por eso y por otras razones, volveré a Cuba las veces que la vida me lo permita.
He aprendido que las guerras se terminan dialogando, aprendiendo juntos, reparando y haciendo de la diferencia una oportunidad para dignificar el valor de la vida, la familia (comprendiendo que la familia va más allá del primer grado de consanguinidad. Eso hasta lo dice la iglesia: “todos somos hijos de Dios”.
Lo humano está por encima de cualquier atesoramiento de objetos, si alguien piensa lo contrario, entonces, me declaro en el infierno de Dante, al lado de Brunelo, Gabo, Galeano y todos los que estiman que han de llegar a él.