Por Marian Martínez Perdomo
Ven a mirarme con tus ojos de lobo. Hazme sonreír con solo escucharte y, después, abrázame. No me sueltes. Átame a ti con besos. Explórame con palabras, chistes, retos. Insiste. Desnúdame como el sol desnuda la tierra: con esa magia que devela infinitos colores. Respírame, conviérteme en tu oxígeno. Detente. Mírame. Estoy contigo, soy tuya. Ya no hay calma, somos incendio. Mírame. Estoy sobre ti. Bésame como una fiera se aferra a su presa para saciarse. Tócame. Ardemos. Nos fusionamos. Somos. Estamos. Y después… toma mi mano y disfruta del silencio. Ese en el que juntos volamos.
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