Por Laura Peña Betancourt
Los fantasmas existen. En cada diminuto rincón de la ciudad se escuchan sus murmullos que cuenta historias, mil veces repetidas, un millón de veces contadas pero, otro montón de veces olvidadas. Soplan las brisas galopantes que traen espejismos y siluetas vividas por cada uno de ellos. Los fantasmas se vuelven mis amigos.
Una ligera tarde de abril me encontraba sumergida en un autismo fértil, entre café y cigarrillo. Se pasaban las horas filosofando a solas sobre la verdad de la vida, mientras miles de lagrimas internas brotaban junto al martilleo de pensamientos que me decía que estamos perdiendo una revolución, esa revolución con la que nací y por la que he desbocado mis tiempo de juventud para que se sostenga.
Pensé que mis luchas eran diminutas, que las batallas de la JPUSV se estaban perdiendo, que un imperio pretende los tesoros de nuestra nación mientras mis brazos sostenían con fuerza los pilares de un legado, pero yo no era suficiente.
Cuando te das cuenta que las lagrimas son innecesarias, que las luchas varían y que la experiencia será la base fundamental de tus batallas y que aun no las posees llegas a desprenderte de todo y quieres de nuevo ser una joven “normal”. Solo necesitaba una relámpago, un destello de luz que me hiciera vivir, creer de nuevo.
Contesté una llamada de mi amigo y director de teatro Flaminio Hernández Tolosa, deslumbrante dramaturgo, revolucionario de la vieja guardia, maestro de maestros que tiene una interesante patología por investigar e indagar en la historia, la verdadera historia de Venezuela para luego convertirla en tesoros literarios e interesantes obras de teatro con la que combatimos a través de montajes callejeros contra los mal llamados historiadores de Venezuela que intentan borrar la historia para no darle sustento al futuro.
Entre saludos y recordatorio me dice que está escribiendo una obra teatral para el Quinto Festival de Teatro de Caracas llamada Tierra Coraje; una propuesta que se paseaba por la historia de las mujeres heroínas, mártires de la patria comenzando por Urquia (esposa del cacique Guaicaipuro) y culminando con Argelia Laya (reconocida guerrillera que luchaba por los derechos de la mujer).
[the_ad id=”3726″]Entre esos monólogos Flaminio me dice emocionado que escribió sobre una Joven del PCV llamada Livia Gouverneur. “Es interesante su historia, Laura. Lo escribí para ti, el monoóogo tiene un veneno bien revolucionario. Me gustaría que lo leyeras, seguro te va a gustar, está en tu correo, luego te llamo para avisarte el día y lugar de ensayo”, dice emocionado.
Enseguida corrí a la computadora a buscarlo. Encantada con sus hermosas frases me adentré en el maravilloso universo de las palabras. Viajé por los años de Rómulo Betancourt y me enamoré de su historia, de ese fantasma llamado Livia que mataron una noche de todos los santos, desde ese momento Livia se convirtió en mi amiga.
Dos días después llegué al ensayo emocionada, gritando vivas internas a la batalla teatral que pronto comenzaríamos a librar. Felicité a mi director por tan valiosa investigación mientras me sorprendió con un regalo que hoy es la base de este humilde reportaje.
“Se que te gustaría, esa es tu lucha, solo espero que no acabes como ella, de todas maneras aquí estamos tus amigos para cuidarte las espaldas. Toma este libro que me sirvió como pilar de investigación para escribir sobre Livia, léelo para que puedas escribir los subtextos y la construcción de personaje”, expreso Flaminio.
Esa noche con un ligero toque de cervezas en mi organismo comencé a leer el reportaje de la muerte de Livia Gounerneur, de Andrés Milano, un libro editado por la Cantv con la iniciativa de la Escuela de Formación Socialista “27 de febrero” para sustentar las luchas de muchos héroes contemporáneos olvidados y enterrados por el tiempo y la ingratitud de una historia que la escriben los imperialistas que desean borrar las luchas de la conciencia de los pueblos.
La prometedora luchadora de 20 años de edad, estudiante de la Facultad de Psicología de la UCV tenÍa como referente inmediato el triunfo de la Revolución Cubana, de aquel Primero de enero de 1959 cuando Fidel, El che, Camilo Cienfuegos y un pueblo armado lograron derrocar el régimen de Fulgencio Batista.
Livia provenía de una familia guariqueña (de muchos hermanos) que llegó a Caracas buscando nuevos horizontes y se estableció en la calle Sabana Blanca- San Benito, en la Pastora. Livia vivía entre las luchas universitarias y entrenamientos guerrilleros en Yaracuy siendo líder de la Brigada “21 de Noviembre” junto a sus compañeros también revolucionarios, estudiantes de la UCV como Francisco “Pacho” Toro, Antonio Acosta “ Rasputín” y Jesús “El Flaco” Vásquez, quienes participaron junto a ella en la ultima arremetida que acabaría con su vida.
La joven revolucionaria también era conocida en la afamada UCV por sus impresionantes dotes actorales en diversos grupos de teatro, como el Grupo Mascara fundado por César Rengifo.
En las entrevistas realizadas por Andrés Milano, sus amigos y camaradas recuerdan a Livia como una joven audaz, que inspiraba respeto. Marbella, compañera de lucha de Livia dice :”La recuerdo como si fuera ayer, Livia fumaba que jode. Y estudiaba que jode también . Al igual que “Rasputín” recuerda a Livia en el viejo y olvidado laboratorio de Física de la UCV, con un cigarro en la mano debatiendo sobre filosofía marxista. “Livia era muy clara si estaba molesta te decía mano tal cosa.. Y si estaba contenta te decía manito tal cosa”.
Los amigos, compañeros y familiares de Livia aun la recuerdan viva, hermosa, con una fuerza indómita y una inteligencia que brillaba por sobre todas las cosas. La caracterizaba la verdadera belleza, una hermosura de ideales libres, de amor por el proletariado que era ella misma, de luchas armadas, de juventud impregnada de olores añejos tras la búsqueda de un mejor amanecer.
La juventud comunista de la UCV se planteó obtener armamentos a como diera lugar: desarmando a la policía, asaltando armerías y polígonos de tiro como el asalto de la Digepol por Baruta, acción exitosa en la que participó Livia.
En el cafetín de Economía se reunían Alejandro Tejero, “Rasputín” y “Pacho” Toro y después coincidían en el cubículo invadido de la Biblioteca de la universidad donde una tarde planearon el asalto de la “Quinta Hogareña”. En este suceso Livia desarmó a los policías de guardia mientras explotaba un viejo carro Opel que la brigada tenia escondido por la Facultad de Ciencias.
Gouverneur tenia casi dos años haciendo cursos militares en Montalbán, estado Carabobo, en un hacienda que era propiedad de un familiar de uno de los miembros de la brigada. Además hacía cursos en Camunare “Rojo”, Urachiche , entre otros, contando con cierta experiencia en armas y explosivos.
La lluviosa tarde del 31 de Octubre 1961 Livia sale de su casa en la Pastora, acompañada de la bendición de su madre (Doña Lola) y los cariños de sus hermanos menores rumbo a una acción que tendrían esa misma noche en la “Quinta la Hogareña” en la Av. Principal de Las Acacias, lugar donde se hospedaban los contrarrevolucionarios cubanos conocidos como la “Gusanera”.
A las 7:30 de la noche “Rasputín” y Livia se van en el viejo Opel junto a “Cara e loco” mientras “Pacho” Toro se va con un Volkswagen rojo de su propiedad y estacionan en el lugar acordado. En el carro “Cara e loco” reparte el armamento escogiendo el su PPK, dándole a “Rasputín” la Thompson mientras Livia se encinta la Luger de colección.
Livia y “Rasputín” en penumbras salen del carro, en posición encienden el petardo en el vehículo y salen en busca de la policía, mientras llega un carro Mercury que estaciona y los ocupantes empiezan a gritar mientras disparan al aire “Viva la Revolución Cubana” ,“Vida Fidel” .“Rasputín “ con su ametralladora dispara al ras del techo, Livia corre hacia el Ford Mercury placa AF-9310 mientras un policía municipal aparece y le dispara a “Rasputín” y Livia se interpone en la línea de fuego , cae al suelo y grita “Me dieron, coño” . “Rasputín” se devuelve, la recoge y la mete rápidamente al carro y acelera.
Llegan al sitio donde está “Pacho” con el Volkswagen rojo. Montan a Livia en ese mismo carro mientras van rumbo al médico. Ya en El Valle, “Pacho” carga a Livia hacia la Sanidad Militar donde se encontraban decenas de médicos comunistas que apoyaban el proceso, en el que se distinguen Eduardo Gallegos, Coromoto Landaeta, Alcides Rodríguez, entre otros.
El 2 de Mayo el Doctor Salvador Navarrete llamó por teléfono a “Rasputín” indicándole que lo vería en la Plaza las Tres Gracias . Horas después Navarrete estacionó su carro y le dijo a “Rasputín” “tengo a Livia Gouverneur muerta”.
El primero de noviembre de 1961 en horas de la madrugada Livia fue asesinada con una herida mortal de arma de fuego que se iniciaba en la región lumbar, abotonada en el hemotorax superior derecho a nivel del seno, atravesando la bala órganos vitales. Ya no había nada que hacer. La bala perforó un pulmón. Los estudiantes debían preservar la clínica y la integridad de los médicos comprometidos. Los compañeros de Livia se comunican con “Caraquita” representante del PCV para explicarle. Él les pide tiempo para notificar el caso a los superiores, entre ellos, supuestamente figuraba Guillermo García Ponce.
Pasada la media hora “Caraquita” informa a los estudiantes que las ordenes eran dejar a Livia en cualquier centro asistencial. Sus compañeros después de protestas y discusiones deciden llevarla a su casa.
El 2 de noviembre llegan los estudiantes en el Volkswagen rojo al hogar de los Gouverneur- Camero desarrollándose el diálogo publicado en los diarios capitalinos en voz del Señor Gouverneur.
-¿ Es usted el Padre de la señorita Livia Gouveneur? Habla Pacho.
-Sí ¿Qué sucede?
-Su hija es una Heroína que murió por la Libertad y…. El escándalo que se arma no deja que termine el discurso
-¿Y la policía?
Mas tarde el padre de Livia declara para la prensa:
-Me dijeron que en el carro, un Volkswagen rojo con calcomanía de la UCV en el parabrisas en forma diagonal, estaba mi hija muerta y que me la enviaban la federación del Centros de la UCV.
Súbitamente los jóvenes entran a la vivienda cargando el cadáver de Livia y la colocan sobre una cama individual, en la primera habitación que encontraron, la rigidez del cadáver hace imposible enderezarla, casi le fracturan las piernas al intentar acostarla.
La familia luego del suceso recibió una carta de Fidel Castro donde invitaban a toda la familia a vivir en Cuba. También estaba incluida la promesa de que le harían una estatua a Livia. Su padre le respondió a Fidel que prefería quedarse en Venezuela.
Livia fue velada en la funeraria “La Capilla”, en Tienda Honda. El féretro blanco como corresponde a una virgen fue llevado en hombros a la UCV y de allí al Cementerio General del Sur, unas cinco horas duro el cortejo.
La Virgen Roja de los estudiantes se durmió en la esperanza de una nueva Venezuela, en defensa de la Revolución Cubana y ahora su lucha retumba en los corazones de quienes conocemos su historia.