Mientras tanto, el mundo no está bien informado

Por Guido Villa

 

Cual grande maestra de todas las introducciones sino un pequeño discurso bien acertado. La facilidad para manejar una audiencia, de dejar a tus oyentes boquiabiertos o con lágrimas en los ojos. Entre las asombrosas producciones del canal HBO, llenas de contenido, rescatables en esta cruzada de la televisión por salvaguardar lo que alguna vez fue una fuente de información, he tenido la oportunidad de toparme con este pequeño tesoro. The Newsroom, la serie de la que fue extraído el discurso con el cual les presento este artículo, aunque altamente recomendada, no es el tema de esta reflexión.

En los principios de la Comunicación Social, se reunió el congreso de Estados Unidos con las cadenas que surgían en los anales de la televisión, medio cuya programación era antes directamente controlada por el Estado. La propuesta de las cadenas de televisión, principalmente fue que a cambio de un módico impuesto sobre las ganancias, estas empresas podrían contar con una hora al día para informar al electorado sobre los sucesos que acontecían en la nación, figura que en la actualidad conocemos como noticiero estelar.

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Lamentablemente, muy tarde fue cuando nos dimos cuenta que en este tratado entre el congreso norteamericano y las televisoras debió existir una cláusula donde se estipulase que, durante esta hora de programación, no debía existir publicidad de ningún tipo. Esta paradoja nos dirige al dilema de la audiencia, quien indirectamente, elige lo que quiere ver, cayendo en negligencia periodística, que parece ser el estado perenne de los actuales medios de comunicación masivos. Le otorgamos al público lo que pide en vez de lo que necesita, como en cualquier otro campo del racionalismo personalista que ocupa el mundo post-moderno, elegimos el dinero sobre nuestros ideales.

El resto de América tomó esta idea con todo y sus defectos. Los progresistas fundamentalistas, que alguna vez sirvieron como consejeros de nuestro Estado, no dudaron en aplicar ciegamente las reformas que se hacían en las políticas norteamericanas, con el fin de establecer siempre dentro de una opción infalible y a la vez apoyar la política extranjera. Ahora vemos el resultado claro: Fallecimiento en bruto de la perspectiva, tirando el menester de comunicador al desagüe, antes de alcanzar su cenit cortamos sus alas. Aunque logramos cosechar grandes comunicadores, quienes surgían desde la certeza de su grandeza, su travesía siempre estuvo destinada al fracaso.


Mientras tanto, el mundo no está bien informado. Reconocemos la dificultad que esto nos plantea, inmediatamente, intentamos enmendarlo. El problema es que hemos dejado de cultivar grandes artistas, intelectuales, atletas y personas honorables que vale la pena escuchar, leer. Dejamos de hacerlo para en cambio ocultarnos en la ignorancia, la estupidez y el amarillismo. Negando de cuando en cuando lo que conocíamos como cierto (nuestros valores y moral, nuestra esencia existencial humana) y a su vez aceptando una realidad mísera, ajena a nosotros. Es importante que seamos honestos, que trabajemos con la verdad. Construir nuestras vidas en base a ser personas cuya opinión valga la pena respetar, que tomemos buenas decisiones.

Parafraseando al profesor Herbert Tovar: La comunicación mediada parece estarse convirtiendo en el eje de todas las doctrinas, así como lo fue la filosofía en las universidades durante la Edad Media, las áreas de conocimiento se acomodan para girar en torno a ella. La principal causa de este movimiento viene con la revolución tecnológica en la última década. Las redes masivas y la conexión virtual le han dado el poder y la libertad a cada individuo para convertirse en líderes globales, en el poder de un ideal capaz de llegar a la mente de cualquier persona y arraigarse ahí con un espíritu que se niegue a dejar esa mente sin dejar su huella en ella, ya sea en un hogar, muro de Facebook, amigos vivenciales, un timeline anónimo. La invitación viene acompañada de una misión. Gallardos internautas, tengan la meta de educar con sus palabras, sean cultura, conocimiento, información en busca de la evolución, más allá de la revolución. Son voces, capaces de ser progreso.


La base de la democracia es, y siempre será, un electorado bien informado. Se ha visto sustituida la producción, el reportero en escena, ancla del noticiero, director y guionista, por un individuo responsable de hacer llegar la información a todo aquel que no la tenga en sus manos. A su vez, el individuo es audiencia en el mar de la retroalimentación y cada vez nadan alternativas más drásticas extrapolando cambio, noticia desde rincones incógnitos, situaciones reales, aunque diáfanas ante el rumor y la circunstancia actual.

Entonces nace la idea de que entre todos exista uno. Hidalgo entre las montañas de basura quemada, surge entre tus iguales, entre gases fétidos alza tu estandarte y que ondee claramente: “NO TENGO MIEDO”. Es a ti, individuo, querido lector, a quien escribo: esperando que cuando el momento llegue, cuando la oportunidad toque la puerta, te sorprenda con no menos que la verdad en tus manos y la mente en los recuerdos.

“No se puede hacer un país, ni a los realazos, ni con decretos. Un país se hace buscando cambios de actitud, cambios en los esquemas mentales.” Renny Otollina.

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