Cementerio General del Sur: Monumento histórico en ruinas

Por Mariana Yánez

El aspecto descuidado, destartalado y sucio no deja entrever a lo que es en realidad un Monumento Histórico Nacional, ni siquiera camufla su mal estado con ambiente de calma. Allá no hay tranquilidad para nadie porque no parece un sitio de descanso, sino un pedazo de valle que fue tomado como camposanto, para luego ser dejado a su suerte. No hay seguridad, ni vigilancia, mucho menos paz. Grita desidia.

Grama tan alta como seca, cerámicas y estatuas rotas, un cuartel militar, una gran fuente con agua verde y putrefacta, la opresión en el pecho y una innegable sensación de inseguridad dan la bienvenida a aquel que, por un motivo u otro, debe entrar al lugar.

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Se encuentra al final de la principal avenida de la urbanización Santa Rosalía, en Caracas, un embudo de ajetreo, ruido ensordecedor y comercio que lleva al Cementerio General del Sur, el cual fue abierto en el año 1876, bajo el primer mandato de Antonio Guzmán Blanco.

Actualmente cuenta con poco más de 246 hectáreas y es el sitio final de numerosas figuras de importancia histórica y política de la nación, así como también  familias que usan el espacio como refugio a falta de un techo.

Junto al común, el malandraje y las víctimas del mismo se encuentran personajes tan ilustres como Armando Reverón, Rómulo Gallegos, Andrés Eloy Blanco, Carlos Degado Chalbaud, así como los viejos mausoleos de los presidentes Joaquín Crespo e Isaías Medina Angarita.

Sin embargo, muchos de los que estaban, ilustres o no, se han esfumado, y como si de una historia de terror se tratara, sus criptas lucen abiertas y oxidadas, robadas. En la mayoría de los casos se desconoce el fin último de estos hurtos, y casi la mitad de todas las tumbas han sido ya profanadas.

La teoría más común y aceptada del por qué esto ocurre guarda relación con prácticas de brujería o santería. Cierta gente, seguidora de esas creencias, se dedica a apoderarse de los restos, dejando un espectáculo tétrico y sobrecogedor a su paso.

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Otros tantos se han convertido en una suerte de cazadores de tesoros en medio de la desidia: mercenarios en busca de piezas de valor que puedan hallarse en las tumbas y mausoleos para luego obtener alguna ganancia. Si la cultura del rebusque arropa a esta sociedad, en ese escenario se encuentra una especie de patética cumbre.

Las personas menos excéntricas y tradicionales, quienes aún se preocupan por aquellos seres queridos que dejaron en el Cementerio General del Sur, temen por el destino de sus allegados, y por la paz que nunca lograron conseguir. La zozobra de encontrarse una desagradable sorpresa al realizar una visita, ocupa parte de su cotidianidad.

Algunos, quizás muchos, simplemente se han dejado vencer por el desarraigo que conlleva al olvido, dejando las idas al cementerio como un gesto de épocas pasadas, y aceptando que los suyos reposen sin más compañía que el abandono.

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