La lectura: una llave mágica

Aún en un mundo plagado de desarrollos tecnológicos la desigualdad en el acceso a diversas herramientas corre y se extiende

Por Marian Martínez Perdomo

¿Cómo saber si se debe halar o empujar una puerta?, ¿A dónde irá ese bus que pasa por la calle de enfrente?, ¿Qué contiene ese producto que sostiene en sus manos?, ¿Qué dicen los periódicos? Para obtener todas estas respuestas con autonomía solo hay una vía: la lectura.

Y a ese mundo que ofrece un sinfín de experiencias lo ideal es entrar sin prejuicios. Leer, como se ha dicho muchas veces, permite viajar a través de la imaginación, conocer lugares, personajes, universos indescifrables… Pero hay algo más elemental: leer ayuda a sobrevivir y salva. Sí, salva del estafador, del manipulador, del dominante, del verdugo y, en el mejor de los casos, de la violencia.

 

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En 2017, el Instituto de Estadística de la Unesco advirtió que 617 millones de niños y adolescentes no recibían los conocimientos mínimos en lectura y matemática. Un gran porcentaje de ellos estaba escolarizado, lo cual plantea la interrogante de qué se está enseñando en las escuelas.

Las cifras llaman a la reflexión. Aún en un mundo plagado de desarrollos tecnológicos la desigualdad en el acceso a diversas herramientas corre y se extiende. Muchas serán las puertas que esos niños no sabrán halar o empujar. Una de ellas quizás sea la del desarrollo.

El año pasado, la agencia Nop World presentó los resultados de un estudio sobre los países más lectores del mundo. Los asiáticos lideraron la lista. En primer lugar se ubicó la India con una población lectora que invertía 10.7 horas semanales en este hábito, le siguió Tailandia con 9.4 horas y de tercera China con 8. Venezuela mostró el mejor resultado de América Latina al ubicarse de 13 con 6.4 horas y Argentina se situó de 17.

Varios países adelantan proyectos para promover la lectura, incluidas ferias del libro, pero eso no es suficiente mientras la pobreza siga obstruyendo el acceso oportuno a ello.

La Unesco concluyó en 2015 que los dispositivos móviles pueden ayudar a las personas a desarrollar, mantener y mejorar sus capacidades de lectoescritura. Esta nueva arista se traduce en oportunidades para quienes la adquisición de libros era un problema. Sin embargo, no basta la herramienta, también se requiere de motivación.

Leer un cuento a un niño puede significar un cambio y enseñarle las letras y fonemas otro paso más. Imagine que él pequeño está en una cueva, sumido en la oscuridad, y las letras que aprenda a descifrar son los escalones que lo ayudarán a llegar hasta la luz, crecer y avanzar.

 

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