De la literatura venezolana, un básico es Doña Bárbara, la obra maestra de Rómulo Gallegos. Su popularidad se debió no solo a sus bondades literarias, sino a las intenciones de su autor en comunicar y concientizar sobre la realidad venezolana de aquellos tiempos del caudillismo
Por Ivanna Méndez
Si bien las posibilidades de la literatura son infinitas y suelen ser los libros quienes eligen a sus lectores, algunas obras han marcado la historia como la conocemos. A la hora de hablar de grandes clásicos sería imposible no mencionar libros como Cien años de soledad, pues si bien otros prefieren otras obras de Gabriel García Márquez como Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quien le escriba o El amor en los tiempos del cólera esta obra se gana su puesto, no solo por haber inspirado a infinidad de escritores contemporáneos y haberlos encaminado por las vías de la escritura, sino por tener uno de los mejores y más memorables comienzos de la literatura hispanoamericana:
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.
Otro autor latinoamericano esencial es Jorge Luis Borges, quien marcó un antes y un después en la literatura argentina. Sus libros ofrecen intensas experiencias de lectura e introducen al lector en un universo fantástico difícil de superar por otros autores. Existen distintas formas de acercarse al desafío que representa su literatura, sin embargo, el verdadero paradigma borgiano puede leerse en El Aleph. Un libro accesible y con una infinidad de temas. De los diecisiete cuentos, por supuesto uno de los más importantes es el que le da nombre al libro, en el que Borges utiliza sus usuales artificios para romper los límites entre la realidad y la ficción, llevándolos a otro nivel.
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Otro acercamiento interesante a lo fantástico es Pedro Páramo, la única novela del escritor mexicano Juan Rulfo y que le ganó un lugar entre los grandes maestros de la narrativa del siglo XX. Considerada como una de las obras en español más importantes. Magia, misterios, mitos y espiritualidad son solo una parte de una historia que a la vez representa a un colectivo.
En cuanto a formas particulares de narrar, Julio Cortázar cambió la forma de hacer literatura con Rayuela. Libro que involucra al lector de una manera distinta, haciendo que este pueda ordenar la historia y por tanto ofrecer infinitas lecturas. Incorpora además otros elementos de interés como el uso del “glíglico” en uno de los capítulos.
De la literatura venezolana, un básico es Doña Bárbara, la obra maestra de Rómulo Gallegos. Su popularidad se debió no solo a sus bondades literarias, sino a las intenciones de su autor en comunicar y concientizar sobre la realidad venezolana de aquellos tiempos del caudillismo.
El Túnel de Ernesto Sábato es otro libro que se aprecia, en este caso por la intensa psicología de su personaje principal. Un libro con diversas lecturas e interpretaciones, impecablemente narrado por el autor argentino, que habla sobre la violencia y la soledad.
Al introducirse en la literatura estadounidense, Ernest Hemingway es un autor que hay que leer. Su libro El viejo y el mar es una de las obras de ficción más importantes del siglo XX. Al igual que la obra de Sábato, se trata de una metáfora que va mucho más allá de la historia de un viejo pescador.
Entre los autores americanos se encuentra uno de los padres de la literatura de ciencia ficción: Ray Bradbury. El autor reúne en una sola novela Fahrenhet 451 todos los elementos del género, basado en la historia de una sociedad distópica esclavizada por la tecnología en la que la lectura está prohibida.
Antes de Agatha Christie y Conan Doyle existió otro autor que dio origen al género. Otro de los autores americanos de mayor renombre: Edgar Allan Poe, conocido por la influencia gótica en sus relatos cortos de terror y por supuesto por ser el padre de la literatura detectivesca. Si bien llegó a escribir una novela La narración de Arthur Gordon Pym y también fue conocido por su poesía, no hay mejor manera de acercarse a su literatura que con su compilación Narraciones extraordinarias que reúne cuentos de diversos estilos, entre ellos el que es considerado el primero de su género: Los crímenes de la calle Morgue.
En cuanto a famosas distopías literarias es necesario incluir 1984 de George Orwell. Una obra crítica en cuanto a los estados totalitarios y que nunca pierde su vigencia. Si bien en su tiempo la novela del autor británico no pretendía ser una metáfora sino una descripción de los totalitarismos del siglo pasado, la novela introdujo conceptos como el Gran Hermano o la neolengua, que aún sirven como metáfora para muchas de las decisiones políticas de la actualidad.
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Dentro de la literatura rusa existen infinidad de autores de los cuales se debe hacer una profunda revisión. Sin embargo, cuando se trata de clásicos imposible no mencionar a León Tolstói. Sin bien la mayoría, suele mencionar Guerra y Paz como un imprescindible, este autor tiene en su haber otra obra considerada también la cúspide del realismo ruso: Ana Karenina. Admirada entre grandes como Dostoyevski y Nabókov. Esta obra, además de contar la historia de amores desgraciados y relatar las enfermizas pasiones del zarismo, cuenta con otro de los mejores inicios en cuanto a literatura universal se refiere:
“Todas las felicidades se parecen, pero en cambio los infortunios tienen cada uno su fisonomía particular”.
Del escritor checo Milan Kundera, La insoportable levedad del ser es uno de esos libros que se han convertido en clásicos. Su obra publicada en 1984 y por muchos clasificada como una novela filosófica, aunque el autor insiste en colocarla más allá de los elementos filosóficos, psicológicos, históricos y políticos que la conforman, habla sobre las dudas existenciales de distintos personajes quienes conviven en la Praga de los años 60.
Sería un error no incluir al menos una de las obras del padre de “lo grotesco” Franz Kafka, autor de grandes clásicos como la sátira penal El proceso o La metamorfosis. Novela que cuenta la transformación de un hombre en un insecto como metáfora de la opresión del mundo moderno.
En El extranjero, Albert Camus logra plasmar con éxito el espíritu nihilista de la época, además de tener unas impactantes primeras líneas. El protagonista resulta el reflejo de una generación desesperanzada producto de la postguerra. La náusea, por su parte, fue la primera novela filosófica de Jean Paul Sartre. En esta el protagonista está inmerso en un mundo absurdo y solitario. Al igual que en la obra de Camus, Sartre insta a cuestionarse acerca de la existencia del ser humano y, en este caso, de su propósito. Todos, libros que trascendieron su época por lograr conseguir en cada generación una interpretación nueva. Como señaló Calvino: un clásico es aquel libro que nunca agota lo que tiene por decirnos.