Migajas

Por Marian Martínez Perdomo

Él hurgaba entre los adoquines mientras los otros pasaban indiferentes de un lado a otro. Tenía una cucharita en la mano que introducía entre las piedras del bulevar de Sabana Grande. Su edad no debía pasar de los 26 años. Su físico era la muestra de las bondades que la vida le ha negado. La mayoría de los que pasaban iban o venían del trabajo, él solo quería comerse las migajas de helado.

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