Por Pablo Falbi
No hay olvido cuando la herida lastima un pueblo
y la sangre se convierte en agua corriente,
agua que no deja de correr y está latente
en el recuerdo de aquellos que hoy son viento.
Un viento que sopla fuerte
y se hacer carne en esos pañuelos valientes,
blancos de justicia y lucha eterna,
sobrevivientes que avivan la llama
de la verdad y memoria de esos cuerpos ausentes.
Pañuelos que vuelan con amor como palomas
en busca de un nido robado por genocidas.
Son Hijos, Madres, Abuelas,
son corazones, almas, y lágrimas
que aún llenan un río de dolor.
Es justicia que entra en el inconsciente colectivo
y nos hace parte de una lucha que es propia,
que es carne y es nuestro motivo.
El dolor es nuestro y el recuerdo también
Y no olvidar fortalece el lamento
de aquellos que ya no están.
Ese viento que no deja de soplar
cada vez más fuerte, es motivo
de no olvidar ni perdonar.
La plaza del Amor que supo ser del horror
hoy es de los pañuelos
que secan las lágrimas de una Nación.