Despedida

Fotografía Eilyn Diaz

Por Dagmar Sucre

La vida se respira, y a su lado la muerte sigilosa.

Una araña pone sus huevos / el pajarito canta / una hoja se abre, tantas se desprenden.

El viento sopla y mueve a toda natura / el sol calienta.

El escorpión aparece de la nada, se mantiene vivo sólo con el aire.

He notado que cuando corto una hoja o una rama seca las otras crecen con más fuerza.

Y hay un momento en que hay que decidir podar, es decir, dejar a la mata huérfana sin ninguna hoja. A partir de allí empieza con más empuje su proceso de renacimiento.

La vida es más evidente que la muerte porque incluso, para sucederse, la muerte busca en el rincón ocultarse, esconderse, no darse a la luz de todo, donde está sucediendo toda la vida con todos alrededor de ella.

La muerte busca la sombra para morirse, el recoveco donde no haya ese molesto ruido que significa la vida donde pitan, brincan, saltan, vuelan, corren.

La muerte es dura como la vida porque no viene de sopetón sino que se vuelve lenta, eterna; apagándose como el día.

Cada enfermedad es una muerte. Cada despedida una muerte misma.

La muerte gime / lastima / pincha / muerde / lacera.

Nadie habla de los viejos, de cuando la vida se va apagando. Siempre hablan de lo lindo que son los niños, de cuando la vida comienza a florecer, eso todo el mundo lo ve y lo palpa pero cuando la vida es vieja y cansada, cuando se pierden de a poco las facultades, las herramientas y la fuerza, y cuando la vida se va exhalando, esa no se ve. De eso nadie habla…

Yo he visto la vida apagarse de a poco en una mirada y seguir respirando, así es de cruel.

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