Por Laura Peña Betancourt
Moriré creyendo que la esencia de los hombres me enloquece,
que son animales mustios y que no piensan a veces.
Moriré creyendo que no sería Laura sin la existencia de locos que me hacen vivir la vida a su antojo.
Moriré con la esperanza de que el hombre nunca se vuelva humano porque así me gusta. Así, salvaje.