Por Moisés Alejandro Rojas Sufia
Después de una noche lluviosa (truenos, relámpagos y frío) llegó una mañana soleada a Caracas. Me alistaba para ir a la Universidad Católica Santa Rosa. En la radio, la voz de un locutor narraba las noticias con un tono de voz que mostraba preocupación.
Ese día, en las calles de la capital se sentía angustia, preocupación, miedo e incertidumbre. Esperaba la ruta que me llevaría a mi lugar de estudio; ubicado en el centro de la ciudad, específicamente al final de la Avenida Baralt; avenida famosa por sus acontecimientos históricos. Una marcha de oposición llegaría a las instalaciones del Consejo Nacional Electoral (CNE), para exigir revocatorio al Presidente de la República.
Luego de observar en el camino la ciudad militarizada, llegué a clases comentando la tensión que se vivía. Todos predecían que algo malo pasaría. “Tenemos que estar unidos, pendientes de lo que pueda pasar, la vaina no está buena ” comentó una de mis compañeras de clases.
A las 10:00 am salí de una clase extensa y tediosa, decidí sentarme en los pasillos y para calmar los ánimos me dispuse a jugar cartas. Dos horas después, las risas, alegría, y armonía formaban parte del grupo; por un momento nos olvidamos de la situación del país.
Pero una de las muchachas del grupo recibió una llamada a su celular: Alo, ¿Qué pasó mamá?- dijo-, y su rostro empezó a cambiar.
La joven alertó a sus compañeros : “Mi mamá me dice que me vaya, el centro está peligroso, al parecer hay disturbios “. La emoción terminó en el grupo, todos asustados decían: ¡Vamos a mantenernos juntos!
Entre todos decidimos bajar a pie, asegurando que si algo pasaba, correrían. En la vía, las personas andaban desesperadas, comentarios iban y venían. Con gran temor expresé:“ Si pasa algo en la universidad, estamos jodidos”.
Por suerte, todo fue una falsa alarma, llegamos bien a nuestros hogares. El día cerró con cacerolazos, anuncios políticos.
En Venezuela, la desesperación crece, la población espera un estallido social. Diariamente emprendo mis sueños y metas por el camino del centro de la ciudad, un valle de contrastes; bella, pero a la vez peligrosa. LLena de oportunidades y adversidades.