Por Maie Sánchez López
Hablar de teatro, yo que nací entre bambalinas ¿Pero desde qué ángulo, qué arista, qué posición? Es mejor desde donde estoy, lo que hago y como lo hago, pues sería muy extenso recoger la experiencia de un arte tan milenario.
El arte por su naturaleza es autónomo, provocador, no cabe en los moldes oficiales de planes que restringen, de dirigentes que solo lo usan para entretener sus monotonías. Es creativo. Surge en las cavernas pero se extiende a los palacios y plazas de la antigüedad.
Es el teatro el que comienza a ser popular siguiendo los lineamientos filosófico existentes en cada época. Conquista los parques, las plazas, los caminos, pues el teatro de calle se presta para eso y más. Allí convenían el humor chabacano, con grupos musicales, rebuscadores, estatuas vivientes. Permite expresiones vulgares hasta las más elevadas formas y todas tiene aceptación.
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¿Qué hacer para hacer valer las premisas de esta modalidad teatral, que no sea el de buscar dinero para la subsistencia y la diversión? Se trata de rechazar recintos teatrales convencionales en busca de un público que no frecuenta el teatro porque no puede, ni lo tiene en su imaginario común. Es abandonar los esquemas habituales muy mediatizados como acción sociopolítica directa. Es también lograr objetivos estéticos sin olvidar nunca que se está representando la historia en cada acto como memoria de los pueblos.
Es algo paradójico que el teatro esté hecho en la calle, enraizado a la anarquía y libertades de expresión en sus inicios y que a través de los años se haya institucionalizado al amparo de festivales y subvenciones municipales que han logrado visibilizarlo, pero a la vez amordazarlo, restringirlo y uniformarlo en su particularidad.
Haciendo mención de mi recorrido teatral recuerdo que siempre me decían que el teatro es la manifestación artística más completa, donde confluyen las demás áreas, como la literatura con la dramaturgia, las artes plásticas con la ambientación, la música desde la atmósfera, la danza cuando planteas un plano de movimientos a los personajes y la interpretación, esta última como la esencia de este arte.
¿Entonces, los actores que son? Una especie de hombres y mujeres dotados para los más sublimes dones, donde el virtuosismo se eleva para mantener a los presentes deslumbrados o simples juglares con capacidad de imponerse y adaptarse a las adversidades del tiempo.
En estos tiempos tan difíciles y convulsos es fundamental tener acceso al teatro de manera gratuita, en un parque, en la esquina, en una plaza, o simplemente en la calle para que el transeúnte goce con la representación. Donde los artistas adquieran destrezas danzarias, musicales, plásticas interpretativas y, junto al público, de análisis para así poder examinar y entender sus contextos habituales para la creación de un arte que hable de su actualidad