¿Periodismo o literatura?

Por Cristina Martínez

La relación entre la literatura y el periodismo resulta, de algún modo, polémica. Ciertos autores buscan diferencias entre estos dos oficios a fin de demostrar que son mundos totalmente distintos. Para confirmar que el escritor es un artista y el periodista un artesano. Sin embargo, otros han logrado –teniendo como base el género crónica– demostrar lo opuesto: que entre literatura y periodismo las fronteras se diluyen.

 

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Los antecedentes más remotos de la crónica pueda que se encuentren en los juglares de la Edad Media, artistas que iban de pueblo en pueblo cantando poemas y contando relatos muy parecidos a lo que hoy conocemos como noticia, pero en este lado del mundo fueron los colonizadores quienes, para dar parte a sus reyes, empezaron a narrar nuestra historia (estos se conocen como los Cronistas de Indias). “Aquellos cronistas relataron no sólo lo que vieron y escucharon, sino también lo que sintieron, comieron, olieron, percibieron y tocaron”, explica Angulo Daneri.

Aunque el cronista aborda hechos reales, también aprovecha, por cuestiones estéticas, técnicas de la literatura para elaborar su texto. Un ejemplo de ello es A sangre Fría, de Truman Capote, libro que narra el asesinato de la familia Clutter, ocurrido en 1959 en Kansas, EEUU. Para escribir esta crónica Capote hizo un exhaustivo trabajo de campo durante siete años. El resultado fue una extensa crónica que terminó siendo una novela de No Ficción.

Para aquellos que opinan que los periodistas/cronistas que no incursionan el terreno de la ficción son escritores inacabados, Josefina Licitra comenta: “La crónica no es la antesala de la novela de ficción. Hay quienes piensan que es un paso intermedio para llegar a la novela de ficción. Yo no lo veo así. Si en algún momento me surge una novela de ficción será fantástico, pero no estoy aspirando ni me estoy entrenando para hacer una novela”.

Clodovaldo Hernández, quien acaba de lanzar su libro Reinventario, dice: “Yo creía que la diferencia entre literatura y periodismo era la realidad. Pensaba que el lenguaje actuaba de maneras distintas. Luego de tantos años de faena periodística uno comienza a darse cuenta de que la realidad y la ficción a veces se solapan, se confunden”.

 

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El periodista que hace crónica toma prestado de la literatura, por empirismo o academicismo, el estilo poético, la soltura de la prosa, las metáforas, las ironías, el clímax, etcétera, pero sabe que no puede exagerar en su dosis de ficción (el dato falso no es una licencia que el cronista pueda darse). El relato, aunque atractivo, tiene que ser verosímil, minucioso, detallado.

Por su parte, el escritor de ficción toma su materia prima de la realidad para inventar las tramas, para recrear sus personajes. He aquí el punto de encuentro más fehaciente de estos dos oficios: literatura y periodismo. Lo que separa uno del otro ya no es la técnica, la ficción o la realidad, sino aparentemente la mala escritura, pero ya sabemos que mala escritura hay de un lado y del otro.

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