Trabajar el doble

Por Pierina Sora

A mis 25 años he creado una opinión que a mi juicio, tiene mucho sentido: trabajar para conseguir las cosas necesarias de la vida: alimentación, viajes de placer, salud y adquirir lo material, llámese un carro, una computadora, y un sinfín de etcétera. Pero también está el bregar para crecer en el área profesional y dar lo mejor de ti demostrando que se tiene talento para llegar muy lejos.  Sin embargo, en Venezuela hay que tener, al menos dos o tres trabajos para poder subsistir a la crisis que cada día nos golpea, no solo en lo económico, sino también en lo emocional. 

Desde hace un tiempo para acá, desde el año 2016, he tenido unos compromisos laborales muy fuertes. Algunos me gustan, otros no tanto, e incluso he llegado a odiarlos. Entro todos puedo decir que hago una suma relativamente jugosa, pero cuando voy a la realidad, lo obtenido en dinero se hace agua por la inflación que hay en este país. 

Cuando tenía menos edad escuché y leí que la pasión por el trabajo trae felicidad y que hacer lo que nos gusta nos traería más alegría aun. Creo que estoy de acuerdo en que hacer las cosas con pasión y sobre todo con amor, son puntos claves que podría tener en mi vida. Por lo tanto, la pasión unida a nuestras capacidades tendría la receta por excelencia. 

Como ya lo dije en líneas anteriores, el año pasado hasta los momentos he tenido unos días laborales muy rudos. Y a pesar de que en estos meses, he vivido para trabajar, he querido en este 2017 tener tiempo para escribir de lo que realmente me gusta, leer, ver películas o series, salir a la calle y tener algún tipo de recreación o esparcimiento en Caracas. Y debo confesar, que me ha tocado trabajar el doble para medio obtener, solo un rango de mi lista de necesidades: la alimentación.

Los otros ítems no los puedo cubrir porque el dinero no alcanza. Me cuesta dejar alguno de estos empleos, decir “hasta aquí llegué”, pero no tengo el valor y los miedos me atacan. Vivo con una familia que está integrada por cinco personas. Solo dos trabajamos: mi mamá y yo. Los demás son adultos mayores y el dinero que reciben por la pensión no les alcanza para mucho, si acaso para sus medicinas, un kilo de queso y algunos rubros para el hogar… Mi tío que, a pesar de sus 45 años, no produce ingresos monetarios, ni tiene algún empleo. La que más genera ingresos monetarios soy yo…

Y sé que solo estoy por dinero en esos trabajos, pero la realidad económica del país me obliga a tener dos empleos, a fin de que la suma de ambos me genere una remuneración económica que me permita llevar la comida para mi casa. Maslow, en su pirámide de las necesidades humanas, muestra que la alimentación está en el primer renglón para mantener la homeostasis, pero poco la he podido llenar. Los sueldos en el país petrolero ante la inflación valen poco y no alcanza para cubrir la alimentación de manera equilibrada.

Esta situación me ha llevado a tener días infelices, porque deseo hacer lo que realmente me gusta. Me siento atada a algo que no me satisface. El rechazo a este sistema gubernamental es consecuente y arranca de mi ser todo aquello que podría ser de estabilidad emocional y económica. Ahora entienden el por qué no puedo renunciar. Por eso debo trabajar el doble…

 

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