Por Staylgh
Alguna inadecuada tendencia cinematográfica nos ha acostumbrado a pensar en un Biopic como simple repaso cronológico de grandes personalidades históricas, haciendo especial énfasis en lo que hizo y no en lo que fue. Steve Jobs (2015) demuestra con categórica autoridad que las buenas biopics pueden (y deben) hacer sentir al espectador como la persona homenajeada. ¿Quién no quisiera ponerse en los zapatos del gran genio tecnológico de nuestra era? Les aseguro que es mucho menos glamoroso de lo que parece.
Seguimos a Steve entre bambalinas de 3 lanzamientos cruciales de su vida. Entre largos pasillos, backstage, camerinos y ensayos se suceden a velocidad de vértigo situaciones, conversaciones, interpelaciones, debates y peleas que apabullan desde un primer momento no tanto por su inteligencia y contundencia sino por la manera que se entrelazas para mostrar diferentes facetas de la personalidad de Jobs (que Dios tenga en su gloria esas conversaciones en distintos tiempos).
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El guion de Aaron Sorkin da forma a una mezcla que hipnotiza inevitablemente dada la cantidad de elementos que maneja y la manera en que los ordena, no hay espacio para pastañeos. Eso sin mencionar la inclusión de ciertas curiosidades que podrían haber desentonado pero que aquí aportan enteros al conjunto. Todo esto bajo la tutela de un Danny Boyle que se redime tras el bodrio de Trance (2013). Dirige una orquesta perfectamente afinada.
Michael Fassbender, Kate Winslet y Jeff Daniels destacan con luz propia en un elenco que acompaña sin problemas. Obsesión de control y perfeccionismo se conjugan entre estigmas y destrezas. Solo el objetivo importa. Cuando percibes otros seres humanos como demonios recurrentes sabes que te has convertido en Steve Jobs ¿Qué quieren que les diga? Obra a la altura del tipo que revoluciónó nuestras vidas.