Por Aída Osobampo
Si dijera que TE AMO sabrías que te miento.
Es por eso que prefiero hacerlo con el roce de mis labios sobre tu piel desnuda. Al tacto de mis dedos por el borde de tus brazos, recorriendo tu camino, tan lento, disfrutando la respuesta de tu poros a mi aliento. Respirando el aroma que despide el calor de tu cuerpo.
Eres tan perfecto.
Quisiera decirlo. Pero un TE AMO se expresa mejor al ritmo de mi respiración agitada. Se dice mejor con caricias inquietas que se mueven bajo el disfraz de un amor que se viste de pasión.
Ya no puedo más que rendirme al encanto de tus ojos de mar. Y mis manos nuevamente se apresuran al calor de tu pecho, seguidos por mis labios que te besan sin reparos, ni prejuicios. Ellos no conocen los límites que se imponen al amor. Y mis manos no saben más que de caprichos y deseos. Al término del sendero que dibujan las líneas de tu fuerza, me reciben los guardianes de las puertas del infierno.
Nada es rival para la mujer que has despertado con el sonar de tu llamado.
Con premura y cierto desespero, voy venciendo los guardianes, que abrazados a tus caderas, impedían mi camino. Ahora no son ellos los que se ciñen a tu cuerpo, sino mis brazos los que te rodean. El paso acelerado de la sangre por tus venas me envuelve, encendiendo la pasión que reservaba para ti.
Para ti, quien desenvuelto en la seguridad que te brindan mis brazos, me tomas por la cintura y me acercas a tu corazón, a tu pecho, a tu infierno, a tu encanto.
Es mi piel la que no puede renunciar a la tuya.
Me encuentro enteramente perdida entre tus besos. Y tus manos, esas que numerosas veces contemplé con añoranza, viajan desde mi cintura, por mi espalda hacia mis pechos que se resguardan en tus palmas.
“Tienen el tamaño perfecto”
Murmuraste a mi oído, pues parecen haber sido hechos para permanecer ahí. Con tus labios, con el borde de tu lengua te inclinas hacia ellos para sellar el pacto eterno de pertenencia. Con un beso, con un roce. Ellos, te responden sin tapujos ni prudencia pues saben que son tuyos para siempre.
Mientras mis manos recorren suavemente y con ardiente desespero, tu espalda. Fuerte, firme y tan inquebrantable. Inquebrantable voluntad de hacerte mío. Voluntad de que me pertenecieras.
Entre roces y sonidos escribimos nuestra historia sobre mi piel, sobre la tuya.
Habitas dentro mío, pero hoy me visitaste.
Me invitaste a conocer cada espacio de tu infierno que quemaba dentro mío como fuego eterno, como llama que penetra hasta los huesos. Que me envuelve, me acaricia y me consume.
Con tu espalda al ras del suelo y mis manos sobre el cielo, te voy contando las estrellas que he visto en cada poro, en cada gota de sudor sobre tu pecho. Lentamente y en silencio me acerco hacia tu boca. Besando ese universo de mentiras que me ha hecho hoy viajar hasta tu infierno.
Este infierno que en tus labios se interpreta como cielo.
Miénteme otra vez porque te creo.
Instagram @aida.osobampo