Por Eucaris García
Todo comenzó en aquel momento cuando por primera vez te mire a los ojos, sentí esa confianza, frescura y esas ganas de demostrarle empeño a la vida. Recuerdo que yo temía mucho por esta nueva etapa que juntos íbamos a compartir. Con sentimientos encontrados debo leer estas líneas para que queden guardadas en tu corazón. No hay tesoro más valioso que la amistad.
En mi vida he conocido muchas caras, algunas disfrazadas de falsas amistades, pero en el corto trayecto recorrido, debo decir que un corazón como el tuyo no he conocido en esta historia que se llama vida. Despiertas el niño que llevas dentro, asumes retos con mucha responsabilidad y te pones serio cuando es el momento de hacerlo.
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Aunque no me gusta que me veas llorar, siento que contigo puedo desahogar algunos problemas. Me levantas cada vez que puedes, eres ese ser excepcional, quizás ese hombre de pocas palabras, pero cuando las dices estoy segura es de corazón. En momentos de rabia he dicho cosas que no te agradan, el enojo es el sentimiento que hace trabajar tu mente más rápido, pero hemos pasado la página ¡gracias por eso!
Quisiera decirte muchas cosas más de las que estoy escribiendo, pero ya las conoces, no es necesario nombrarlas. Estoy enteramente agradecida por el apoyo y las infinitas explicaciones que me diste; la mayoría sólo las explicabas una vez, creo que no se te da mucho la pedagogía, sin embargo esa fue la manera en que me enseñaste a hacer tablas dinámicas.
Este no es un adiós, es un hasta luego, quizá nos encontraremos por estas calles y se repetirán todos esos momentos de alegría que alguna vez compartimos. Te voy a querer siempre porque fuiste una página hermosa en la historia de mi vida. Te quiero mucho, Gaspar.
Con cariño, Eucaris.