La banda se encontró a sí misma en el epicentro de la movida underground londinense, con una propuesta única que combinaba un original pop melódico y la freakout music
Por Mariana Eulalia
Este año se cumplen 45 años desde que la icónica banda de rock progresivo, Pink Floyd, publicara uno de sus álbumes más famosos: The Dark Side of the Moon. Pero el año pasado ya se habían cumplido 50 años desde la publicación de su primer disco, The Piper at the Gates of Dawn. Visto en retrospectiva, la vasta vida artística de la banda inglesa podría, tal vez, ser leída como el guion de una ambiciosa ópera rock.
Acto I – Obertura en blues
Al comienzo fue Syd Barrett
La penumbra titila al ritmo de las luces rojas que acompañan el riff de guitarra eléctrica de Interstellar Overdrive. Suena a trance hipnótico, a ondulación lisérgica. Los habituales del UFO Club bailan. Viajan. El performance se demora en un largo fraseo de percusión y cuerdas. The Pink Floyd improvisa en escena.
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Londres, 1965. Tres estudiantes de arquitectura del Regent Street Polytechnic, Rick Wright, Roger Waters y Nick Mason forman una banda y sueñan con escapar del destino que la profesión elegida imponía en sus caminos. Tuvieron muchos nombres en aquel tiempo, incluyendo Tea Set y Sigma Six. Se dedicaban a presentar covers de blues y rythm inglés y americano.
El verano del siguiente año, Roger y Syd Barrett, antiguos amigos de los tiempos en Cambridge, se reencontraron en Londres, donde Syd también había llegado para cursar estudios superiores, en su caso, de pintura.
De los tiempos en Cambridge les quedaron no solo recuerdos de una temprana amistad, también conocían sus gustos compartidos por la música y la composición. Estas razones motivan a Waters a invitar a Syd a participar del proyecto musical que todavía no tenía una forma definida.
Cuando Barrett se unió a Sigma Six, no solo se convirtió en su guitarrista líder. Concibió todo el concepto de lo que sería la banda a partir de ese momento. Inspirado en dos músicos del blues afroamericano a quienes admiraba, Pink Anderson y Floyd Council, rebautizó la banda como The Pink Floyd Sound.
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Syd es recordado por la mayoría de quienes lo conocieron en su época de oro como un diamante en bruto. Su talento para la guitarra y la originalidad de sus composiciones lo colocaron en posición de ser considerado un músico vanguardista.
Sus solos destilaban virtuosismo. Se entregaba a largos ejercicios que permitían además al resto de la banda vivir una suerte de inmersión sonora. Rick Wright recuerda durante una entrevista del documental “Which one is Pink?” que sin Syd él no habría explorado lugares de su propio sonido, como tecladista.
De las sesiones experimentales en UFO –el night club donde la movida underground londinense vivió noches de gloria– resultaron himnos como Astronomy Domine y otros de sus primeros singles, inicialmente producidos por Joe Boyd, dueño y fundador del lugar junto a John Hopkins. Boyd produjo Arnold Layne y See Emily Play, ambas canciones compuestas por Syd.
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La banda se encontró a sí misma en el epicentro de la movida underground londinense, con una propuesta única que combinaba un original pop melódico y la freakout music, mientras que su compositor y líder se hundía en la espesura de la adicción y los excesos del ácido lisérgico.
Sin embargo, pronto lograron posicionarse en las radios del Reino Unido, abriéndole a la banda las puertas de Abbey Road, el estudio donde The Beatles grabó Seargent Pepper a comienzos de 1967. Abbey Road contaba con avanzada tecnología en grabación de sonido y ofrecía una gama nutrida de posibilidades de experimentación, desde el uso de loops hasta la distorsión sonora.

En febrero del mismo año, Pink Floyd grabaría su primer –y exitoso– álbum, The Piper at the Gates of Dawn, firmados por la disquera EMI. El LP contenía las canciones que la banda tocara noche tras noche en el club de Boyd, sin embargo Joe es dejado atrás por la famosa disquera, que asignó en su lugar a Norman Smith, ingeniero de la primera etapa discográfica de The Beatles.
Aquellos riffs largos y experimentales podían desatarse tanto en sesiones de estudio, como en escena. El problema surgía cuando los productores querían –no sin razones– moderar o al menos conducir el desvarío creativo y cada vez más errático de Barrett. Empezaron a ser frecuentes aquellos lamentables episodios en que Barrett se quedaba en blanco, incapaz de poder continuar con un performance en escena. Olvidaba letras, olvidaba acordes, y no conseguía componer más que enrevesados juegos armónicos.
A medida que se hicieron famosos, los conciertos se hicieron más grandes, eran muy distintos a aquellos donde había una conexión entre la banda y su público íntimo, londinense, donde existía una especie de comunión mediada por las drogas alucinógenas. Los conciertos de la gira de The piper eran multitudinarios y sencillamente Syd no supo o no quiso manejarlo. De alguna manera, para toda la banda este brinco supuso una serie de inquietudes y cuestionamientos sobre sus vidas artísticas y sus vidas personales, también.
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En cierta ocasión, Barrett invitó a un viejo amigo de Cambridge, el cantante y guitarrista David Gilmour, a participar en una de las sesiones de grabación en estudio. Para entonces, los signos de la desmejorada salud de Syd comenzaban a ser evidentes.
Fue precisamente a él, a Gilmour, a quienes R. Waters., R. Wright y N. Mason llamaron cuando se vieron en la necesidad de conseguir un guitarrista de refuerzo que apoyara a la banda durante los momentos en que Syd sencillamente se perdía dentro de sí mismo, situaciones que podían ocurrir durante las grabaciones para un nuevo álbum, y que ya habían sucedido en escena, incluso durante entrevistas transmitidas por la BBC. Sin embargo, ante la presión del productor de la EMI records, Norman Smith, la salida de Barrett de la banda que él mismo había ideado se hacía inminente.
Perder a Barrett suponía no solamente perder ése sonido que lo caracterizaba en la guitarra. Era perder al compositor, principal letrista de los éxitos comerciales. Él era la banda, o al menos, la banda era de él. El resto de los Floyds concertaron reuniones con Peter Jenner y Andrew King, sus managers del momento, quienes estaban absolutamente convencidos de que sin Syd ya no habría más Pink Floyd.
Fue en ese momento de crisis durante el cual produjeron, no sin dificultades, su segundo álbum. A Saucerful of Secrets. Una suerte de interludio en el que Gilmour se iniciaba como el nuevo guitarrista, mientras que Syd se despedía musicalmente de la banda con Jugband blues, su único aporte al disco, y su aporte final a la banda.
Acto II – A piece for Assorted lunatics
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El hombre llega a la luna en 1969. La BBC de Londres transmite en vivo el alunizaje. Pink Floyd es invitado a sus estudios a un performance en vivo durante la histórica transmisión. Ellos estaban ahí, tocando Moonhead, mientras los astronautas caminaban por primera vez la superficie de la luna.
Cuatro discos: Ummagumma (’69), Atom Heart Mother (’70), Meddle (’71) y Obscured by clouds (’72) comparten un estilo basado en el rock conceptual, con experimentos sonoros vanguardistas y complejos.
Canciones como ´Careful with that axe, Eugene´, anunciaron un Pink Floyd de sonido extendido, con paisajes sonoros y narrativas implícitas. Se trataba, en suma, de una especie de rock del espacio, etéreo. Tal vez, aquel momento en que compartieron protagonismo con el satélite lunar logró inspirarlos al punto de definir este ciclo sonoro por completo.
Waters se esforzó por llevar a un siguiente nivel la experimentación, implementando instrumentos alternativos, con el fin de extraer sonidos de objetos corrientes. Este experimento dio por resultado Atom Heart Mother, el más ambicioso de sus experimentos, una especie de rock and roll suite que incorporó la participación de la “Abbey Road Session Pops Orchestra”, y “The John Aldiss Choir”
A medida que fueron sacando el filo a sus habilidades como letristas y fortalecieron su relación musical, lograron enfocar sus ambiciones de experimentar con los sonidos, y finalmente, alcanzaron la cresta creativa de la ola con su siguiente álbum, Meddle, dejando atrás su fase psicodélica.
Para entonces, se habían vuelto realmente buenos en ese meollo que es la improvisación en escena. Eran capaces de escuchar lo que el otro estaba haciendo y a partir de ello, desarrollar una buena pieza.
Los Floyd habían engendrado el prog-rock británico. Probablemente, habían sido un poco ostentosos o hasta auto-indulgentes durante la época en que todavía estaban encontrándose a sí mismos sin Syd. Pero sin duda, mostraron cómo debía ser hecho el Rock Progresivo con Echoes, un track de 23 minutos que conformó todo el segundo lado del LP Meddle. En palabras de R. Wright, fue una verdadera pieza de trabajo en equipo. El tecladista sentía que por fin habían encontrado sus pies, lo que los soportaba, y lograron demostrarse a sí mismos, a sus managers y productores, y por supuesto, a su fanaticada, que era posible “hacer lo que Pink Floyd hacía”, sin Syd Barrett.
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En 1973 regresan a la luna con el icónico ‘Dark side of the Moon’. Este álbum fue llevado a gira con el nombre Eclipse, antes de ser grabado en estudios.
El contexto social y político había cambiado. El entusiasmo de los sesentas daba paso a un mundo materialista y autoritario. La gente parecía, desde la visión de Waters, poder dividirse entre “nosotros y ellos”: Us and Them. Para ‘The Dark Side’ se propusieron escribir letras más directas, letras que hablasen de estos cambios que sufría la sociedad, lo que marcó una transición definitiva respecto a su estilo anterior.
Grabaron una vez más en Abbey Road, esta vez bajo la asesoría técnica de Alan Parsons, quien fuera auxiliar en la producción de varios hits de los Beatles. Los Floyds se habían propuesto hacer algo diferente, no solo respecto a algo que ya existiera hasta entonces sino en relación a lo que ellos mismos venían haciendo. Y lo consiguieron, con tanto éxito que este álbum logró marcar un hito. Hoy, es considerado uno de los grandes clásicos del rock sinfónico y progresivo.
Acto III – El Aria bravura de Waters
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Después de ese momento épico, cada uno de los Floyds tenía una visión distinta de lo que eran sus capacidades artísticas, tanto en estudio como en escena. Pero ese período de mayor seguridad vino acompañado de una nueva oleada de nostalgia. Luego de dos años, en 1975, la banda produce en estudios el álbum Wish you were here, un evidente tributo a Syd Barrett.
El sencillo Shine on You Crazy Diamond era una alusión directa al talento de Barrett, un reconocimiento a su temprano y fugaz resplandor como músico líder del proyecto que otros llevaron a cabo. Sin embargo, Waters ha explicado en varias entrevistas que esta no era directamente su intención, realmente la tristeza por la pérdida de Syd era un hilo conductor que entrelazaba todas esas grandes ausencias de la vida, todos los vacíos que dejaba tras su paso aplastante la demandante industria moderna, particularmente, la musical.
Como una treta del azar, mientras se encontraban en los estudios de Abbey Road grabando Shine on, El mismísimo Syd se presentó a los estudios. Estaba irreconocible. Su imagen resultaba dolorosa a la vista, especialmente para quienes lo habían conocido en el esplendor de su juventud. Este encuentro terminó de asentar el espíritu del disco tributo.
Muchos seguidores y comentaristas han tildado esta relación de culposa, un poco como si quedase en evidencia el remordimiento que quedó en los Floyds cuando, en lugar de sencillamente disolverse y buscar otro nombre, decidieron continuar con el que Barrett los había bautizado.

Justo después de este álbum, el carácter dominante de Waters, quien año tras año buscaba concentrar en sus manos toda la producción del arte conceptual de la banda incluyendo las letras, empezó a expandir las grietas entre los miembros del grupo. Waters insistía en ser reconocido como único letrista de Pink Floyd.
Durante el estreno en vivo de Wish You Were Here, el 5 de julio de 1975 en Knebworth, una serie de acontecimientos desafortunados frustraron en buena medida el show, hecho que a su vez incidió en el descontento de la crítica. Roy Harper, quien aportaba su voz para el single Have a Cigar, tuvo un episodio de cólera que ocasionó un retraso significativo en el montaje del sonido y en la producción en general.
Se había previsto que dos aviones Supermarine Spitfire de la Segunda Guerra Mundial volaran encima del público durante la entrada de la banda, por lo que no podían permitirse retrasos. Consecuencia de ello, otra serie de percances relacionados con el sistema eléctrico ocasionaron que los teclados de Wright no sonaran como debían, afectando terriblemente la actuación de la banda. Cada vez que se subía el volumen general, los teclados de Wright desafinaban. Sin embargo, lograron tomar algunas medidas, y continuar con el espectáculo hasta el final.
A pesar de algunas iniciales críticas negativas, el éxito de ventas de Wish you were here sencillamente no tiene precedentes. La recepción del público fue abrumadora. EMI no se dio abasto para cubrir la demanda. Y para dos de los integrantes de la banda, Wright y Gilmour, es este uno de sus discos favoritos.
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Para 1975, el contrato por tiempo limitado con EMI había expirado, lo que los impulsó a buscar su espacio. Compraron un edificio de tres pisos en 35 Britannia Row, en Islington. Y fundaron ahí su propio estudio de grabación. Para abril de 1976, comenzaron a trabajar en su décimo álbum, Animals.
La situación social y política de Inglaterra seguía empeorando, dominada por la industrialización enajenante, el racismo, la alta inflación, la guerra fría, el desempleo. Waters sentía la necesidad de incorporar la voz de Pink Floyd a la denuncia.
Waters encontró su inspiración en la fábula orweliana, donde los cerdos representan gobernantes corruptos y dictatoriales, los perros a la policía no al servicio de la justicia, sino del gobierno autoimpuesto y las ovejas, la masa desprovista de criterio propio, sumisa y alienada. La idea de Waters era extrapolar la crítica al comunismo, a una crítica de la sociedad de consumo.
Este disco supuso un momento de brillo especial para Gilmour, ya que la crítica reconoció su bien logrado trabajo con Dogs. Sin embargo, en líneas generales, el acentuado protagonismo de Waters comenzaba cada vez más a dejar caer todo su peso sobre los miembros de la banda.
Para el diseño de la portada del álbum se trabajó con Hipgnosis, como con entregas anteriores. Sin embargo, el concepto artístico fue ideado por Waters. Fue suya la idea de hacer flotar un cerdo gigante entre dos chimeneas de la estación eléctrica Battersea, que en aquel momento estaba a punto de terminar su vida productiva.
De manera que eligieron el edificio de la antigua estación como elemento central de la portada, y la idea era hacer flotar al cerdo Algie, de cuya manufacturación se encargó la empresa alemana Ballon Fabrik y el artista Jeffrey Shaw.
Originalmente, intentaron hacer una sesión de fotos que encuadrara la idea que Waters tenía para la portada. Sin embargo, Algie escapó. Pudieron recuperarlo, pero los problemas logísticos de elaborar una sesión fotográfica que involucrara un cerdo flotante de 9 metros a altura considerable del piso, terminaron por convencer al equipo de creativos a hacer una superposición de imágenes, y así fue. Sin embargo, Algie no se hizo extrañar en los conciertos, convirtiéndose en un ícono de la banda en escena a partir de ese momento.
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En julio de 1977, durante el último concierto de la gira -que tuvo lugar en el Estadio Olímpico de Montreal- un grupo de seguidores que estaban en primera fila empezaron a exigir que la banda tocara alguno de sus viejos éxitos. Fueron tan ofensivos y violentos que lograron irritar a Waters, al punto que llegó a escupirlos.
A Waters le molestaba tocar ante públicos masivos. Incluso Gilmour compartía ese malestar por los grandes espectáculos a los que las giras los sometían. Waters llegó a comentarle al productor Bob Ezrin lo realmente extraño que llegó a sentirse durante la gira, contando que en ocasiones quería construir una pared que los separara del público.
El incidente del último concierto fue el punto de partida para un nuevo concepto que Waters desarrollaría durante la concepción artística del nuevo álbum de la banda y sus posteriores presentaciones en vivo.