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	<title>Arturo Uslar Pietri &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Arturo Uslar Pietri &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Buscando las letras hundidas en el aguacero</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 Apr 2018 23:32:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Arturo Uslar Pietri]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No queda más que pensar y abrazar la idea de que está prohibido olvidar cómo lo dijo una&#8230;</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com/2018/04/buscando-las-letras-hundidas-en-el-aguacero/">Buscando las letras hundidas en el aguacero</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com">Seis Grados - Experiencias que nos conectan</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="no-queda-mas-que-pensar-y-abrazar-la-idea-de-que-esta-prohibido-olvidar-como-lo-dijo-una-vez-ruben-blades-cada-nacion-depende-del-corazon-de-su-gente-y-a-un-pais-que-no-se-vende-nadie-lo-po" dir="ltr"><span style="color: #6e4d8b;">No queda más que pensar y abrazar la idea de que está prohibido olvidar cómo lo dijo una vez Rubén Blades <strong><em>“Cada nación depende del corazón de su gente. Y a un país que no se vende, nadie lo podrá comprar!  ¡No te olvides!”</em></strong></span></h4>
<p dir="ltr"><strong>Por José Samuel Olivares</strong></p>
<p dir="ltr"><strong>1</strong></p>
<p dir="ltr">Luego de desayunar y leer los mensajes que tengo en el teléfono decido salir y enfrentar la calle. La épica de hoy es comprar un libro en socialismo. En 2016 adquirí el último ejemplar. Al menos en la Venezuela actual. Un título de mucho contraste y remembranza: <strong>País Archipiélago,</strong> de Elías Pino Iturrieta.</p>
<p dir="ltr">La contrariedad la encuentro al revisar mi bolsillo y darme cuenta que solo tengo veinte mil bolívares en efectivo, el pasaje a la fecha son tres mil bolívares y necesito al menos montarme en cuatro buses para ir y volver a mi destino. No importa si toca caminar más. Pues toca.</p>
<p dir="ltr">Caminando hasta la parada de autobús voy saludando amigos y vecinos, el paisaje de la ciudad se ha transformado aceleradamente, esos mismos que acabo de saludar han perdido peso. Se les nota demacrados por la dieta de Maduro. Desde el primero de marzo de 2018 el salario mínimo son 392.546 bolívares, y el ticket de alimentación 915.000 bolívares. ¿Cuánto costará un libro para la fecha? No lo sé, pero estoy por descubrirlo. Continuo caminando cuando faltan dos cuadras hacia la parada y veo la carnicería abierta, (tenía dos semanas con las puertas abajo), veo un letrero de cartulina, verde fosforescente, que me grita que cada vez mi poder adquisitivo es mucho menos, la sentencia: 900.000 bolívares un kilo un carne.</p>
<p dir="ltr">Hoy salir a la calle y movilizarse en transporte público parece el peor de los blockbusters americanos, comprar billetes al doble de su precio para usarlos por su valor real.</p>
<p><b><br />
</b><strong>2</strong></p>
<p dir="ltr">2016 parece tan lejano y a la vez no, -creo que soy el único de mis amigos que tenía tanto sin comprar un libro-, pero las palabras de cada uno de ellos no son alentadora.   “Coño desde octubre del año pasado”, “mira la verdad que hace mucho, la ultima vez fue en noviembre y estaba carisimo pero realmente lo quería”. Eso, el querer hundirte en las letras de alguien más, apropiarte de ellas, vivirlas y poder disfrutarlas te hace pagar un precio exorbitante que lleva a cuestionarte si mañana no desayunas o no almuerzas.</p>
<p dir="ltr">Recuerdo ese jueves que entré a Tecni Ciencia lo vi y no dudé. Lo agarré del mostrador -era el último que quedaba- y la cajera le preguntó a la encargada si había otro en el almacén. Silente negó con la cabeza. Por esta vez, había vencido.</p>
<p dir="ltr">Ese día después de salir contento con mi libro en las manos, decidí de manera expresa que no tenía lo suficiente para almorzar. Prefería esperar la cena.</p>
<p dir="ltr">[the_ad id=&#8221;3726&#8243;]
<p dir="ltr">Mientras esperaba el bus en la parada vi una de las escenas más inéditas de mi vida en Venezuela. Creo que orbitan en mi cabeza imágenes de los trenes en la India abarrotados y con personas colgando de las ventanas. Hoy las avenidas y calles de las ciudades en el país escriben líneas dolorosas en la historia: personas viajan a modo de transporte público en las jaulas donde alguna vez transportaron cerdos y reses. Logré subirme en el primer autobús de los dos que necesito tomar para llegar a mi destino.</p>
<p dir="ltr"><strong>3</strong></p>
<p dir="ltr">Por fín llego a mi primera parada, la <a href="https://www.google.co.ve/maps/uv?hl=es-419&amp;pb=!1s0x8e87670d7bc80459:0xcbf7720a5a950975!2m22!2m2!1i80!2i80!3m1!2i20!16m16!1b1!2m2!1m1!1e1!2m2!1m1!1e3!2m2!1m1!1e5!2m2!1m1!1e4!2m2!1m1!1e6!3m1!7e115!4shttps://lh5.googleusercontent.com/p/AF1QipOW32Z4026EvMexpt_bUoFDrgw72MtrL30ueIF2%3Dw284-h160-k-no!5sPlaza+%22General+Pedro+Le%C3%B3n+Torres%22,+Carrera+19,+Barquisimeto,+Lara+-+Buscar+con+Google&amp;imagekey=!1e10!2sAF1QipOW32Z4026EvMexpt_bUoFDrgw72MtrL30ueIF2&amp;sa=X&amp;ved=0ahUKEwiiqd-pyMXaAhWKnFkKHec6AXcQoioIdzAO" target="_blank" rel="noopener" data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?hl=es&amp;q=https://www.google.co.ve/maps/uv?hl%3Des-419%26pb%3D!1s0x8e87670d7bc80459:0xcbf7720a5a950975!2m22!2m2!1i80!2i80!3m1!2i20!16m16!1b1!2m2!1m1!1e1!2m2!1m1!1e3!2m2!1m1!1e5!2m2!1m1!1e4!2m2!1m1!1e6!3m1!7e115!4shttps://lh5.googleusercontent.com/p/AF1QipOW32Z4026EvMexpt_bUoFDrgw72MtrL30ueIF2%253Dw284-h160-k-no!5sPlaza%2B%2522General%2BPedro%2BLe%25C3%25B3n%2BTorres%2522,%2BCarrera%2B19,%2BBarquisimeto,%2BLara%2B-%2BBuscar%2Bcon%2BGoogle%26imagekey%3D!1e10!2sAF1QipOW32Z4026EvMexpt_bUoFDrgw72MtrL30ueIF2%26sa%3DX%26ved%3D0ahUKEwiiqd-pyMXaAhWKnFkKHec6AXcQoioIdzAO&amp;source=gmail&amp;ust=1524524271923000&amp;usg=AFQjCNFvmFYCuSsHnTMKhnL96KdVM_5i0g">Plaza de Los Libreros</a>, el bullicio de la calle no suena igual, la geografía de mi recuerdo no encaja con lo que veo, lo que solía ser un paredón de encuentro con la literatura, hoy es un lugar al que le robaron el duende. Ya no tiene chispa, paseo entre los puestos y veo los títulos,- cada vez es menor la variedad de libros que se encuentran-, y no puedo evitar el suspiro que viene detrás del recuerdo de mi último libro comprado allí.</p>
<p dir="ltr">Son muchas cosas las que acarrea esta remembranza; para ese entonces pude pagar el libro con el efectivo que me sobraba en mi billetera, con un solo billete pude comprar dos pequeños libros, uno de ellos lo recuerdo con claridad. <strong>De una a otra Venezuela,</strong> de <strong>Arturo Uslar Pietri</strong>, un ensayo escrito en el siglo pasado redactado por una de las plumas más brillantes que ha dado la patria. El mal trago vino cuando esas líneas las sentí como vivir en carne propia <strong>Crónica de una muerte anunciada</strong>  del Gabo, pero vivido en socialismo del siglo XXI.</p>
<p dir="ltr"><strong>4</strong></p>
<p dir="ltr">Montado en el segundo autobús para mi próximo destino, reflexiono sobre cómo cada vez se han reducido las opciones en donde comprar un libro en la ciudad, mi último paso por el Sambil de Barquisimeto me dejó con un sabor triste, es el mismo momento cuando pruebas tu postre favorito y ya no sabe igual, bueno así se siente que cierren las dos sucursales de las cadenas más grandes de librerías en el país.</p>
<p dir="ltr">Donde antes había una <strong>librería Nacho</strong> hoy hay una tienda de ropa, y después de batallar y mudarse dos veces de local, <strong>Tecni Ciencia</strong> desapareció de ese centro comercial, su espacio lo ocupa un salón de belleza. Pareciera que la belleza en este país vende más. El paisaje se desdibuja, encontrar las letras en el aguacero se me hace más difícil.</p>
<p dir="ltr">Un gobierno fallido y fracasado se ha encargado de cerrarle las puertas a la literatura, intentaron hacer su propio ensayo de librerías y de querer potenciar la cultura, al menos la de la desidia. Para la fecha en Barquisimeto las dos<strong> Librerías del Sur</strong> existentes cerraron, como quien nadie vino y nadie se fue, solo queda el cadáver. Está ahí impaciente y a la espera, de que alguna vez sus espacios sean llenados masivamente y corran aires de una nación distinta, una que lee y recuerda.</p>
<p dir="ltr"><strong>5</strong></p>
<p dir="ltr">Mi última parada es la <a href="https://www.instagram.com/libreriaelclip/" target="_blank" rel="noopener" data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?hl=es&amp;q=https://www.instagram.com/libreriaelclip/&amp;source=gmail&amp;ust=1524524271924000&amp;usg=AFQjCNFfQwKDByuryeq957e6kI81ev4mZw">Librería el Clip</a> lugar mítico para los barquisimetanos amantes de la literatura, es de las únicas tiendas en la metrópolis crepuscular que mantiene su identidad a pesar de toda la desidia que vivimos hoy. Sus espacios aún se mantienen, aún existen los muebles donde se pueden sentar a leer los textos que se resguardan en esas cuatro paredes. Mientras me muevo entre los estantes veo un libro al fondo, justo en la parte baja se encuentra una “C” serif de color fucsia, lo reconozco, nos hemos visto la cara antes porque es el segundo tomo de <strong>70 Años de Crónicas de Venezuela</strong>.</p>
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<p dir="ltr">No pregunto el precio y lo llevó directo a la caja. Le confieso con emoción a la cajera que llevaba mucho tiempo buscándolo. Su respuesta sin mirarme a los ojos engloba mi realidad, su realidad y la de muchos otros tambien: “Que bueno, porque no creo que lleguen más”. A diario enfrentamos eso todos los venezolanos, el que algo no exista más y que si existe no podamos acceder a eso por no tener la capacidad de costearlo. A eso se transformó una nación completa, en un “no sé” gigante que se nos dibuja en la cara, en el televisor, en la cuenta de banco y en el total del mercado de la semana.</p>
<p>No queda más que pensar y abrazar la idea de que está prohibido olvidar cómo lo dijo una vez Rubén Blades <strong><em>“Cada nación depende del corazón de su gente. Y a un país que no se vende, nadie lo podrá comprar!  ¡No te olvides!”</em> </strong>En tiempos como estos el corazón nos dicta no olvidar, ajustar la razón y en mi caso nunca dejar de escribir. Ya llegará el momento en donde nos podamos leer en una libertad realmente tangible, no la que intenta escribir el poder.</p>
<p>Ese día entre la cajera y yo quedo entendido que la épica había sido concluida, esta vez el aguacero no me había ahogado. No sé si mañana libre de la misma forma.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com/2018/04/buscando-las-letras-hundidas-en-el-aguacero/">Buscando las letras hundidas en el aguacero</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com">Seis Grados - Experiencias que nos conectan</a>.</p>
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