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	<title>Bauman &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Errantes nostálgicos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 10 Dec 2016 12:57:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Bauman]]></category>
		<category><![CDATA[Despedida]]></category>
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		<category><![CDATA[Emigración]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por María Cristina Martínez Miro atrás. Saco cuenta. D. se fue a Chile. M. a Colombia. T. a&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por María Cristina Martínez</strong></p>
<p>Miro atrás. Saco cuenta. D. se fue a Chile. M. a Colombia. T. a España. R. partirá pronto a Argentina. Hay días en que quisiera tomarme un café con esos amigos que se fueron pero solo logro alcanzarlos por Whatsapp. El día que D. se fue era junio. Un día bastante nublado. Envió un mensaje: “Ya estoy en el aeropuerto. Te quiero mucho. Seguiremos en contacto”. Me senté en el banco de una plaza. Recordé que no quise ir a despedirme porque sencillamente odio las despedidas. Ese recuerdo se hizo doloroso. Me sentí cobarde y a la vez desprotegida. Me puse a llorar desconsoladamente. Luego llovió.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>Hubiese querido tanto que D. se quedara. Pero estoy –estamos–en el tiempo sin certeza. La metáfora de la liquidez de la que habla Zygmunt Bauman. Los ciudadanos del mundo transitamos sin parar. Y la emigración, ahora impulsada por una crisis económica y política, no es una condición exclusiva de Venezuela, aunque lo queramos sentir así. La gente constantemente va a otros lugares en busca de un mejor empleo, mejor calidad de vida, mejor suerte. Ese ir y venir nos comprime con lo que Bauman llama “cultura laboral de la flexibilidad”, porque demuele toda previsión de futuro. Hay otro tipo de gente que, a causa de conflictos armados, sale huyendo despavorida de su territorio. Ya han vistos ustedes como los niños aparecen dormidos a la orilla del mar. ¿No habrán creído que el fenómeno de la globalización nos haría la vida plenamente dichosa, o sí?</p>
<p>El otro día, en la universidad, tuve que presenciar cómo mis compañeros trataban como bicho raro a una alumna de origen colombiano porque confesó haber venido a Caracas solo a cursar la maestría. Le querían enseñar, como a quien práctica para formar parte de una guerrilla urbana, a moverse sigilosamente en la ciudad. “Ten cuidado de este modo”, “ten cuidado de este otro”. “No vayas a tales lugares”. “No lleves el celular en la cartera”. “Si te preguntan la hora en la calle, no contestes, sigue caminando”, le indicaban.</p>
<p>Después, al final de la larga cadena de instrucciones, alguien le dijo: “Pero que valiente eres, venir aquí en plena crisis no lo hace cualquiera”. Otro opinó: La verdad es que te admiro, yo no lo hubiese hecho”. A lo que la alumna, claramente agobiada y sorprendida, aclaró: “Yo vengo de un país con más de 50 años de guerra y estar en Caracas no tiene nada que ver con valentía ni nada parecido, me salé mucho más barato estudiar aquí, es todo”. Nos cuesta aceptarlo pero el mundo es cada vez más inseguro. Vayas donde vayas. Y somos esta especie de errantes nostálgicos, con distintos anhelos y distintas miserias, en busca de un pequeño refugio.</p>
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