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	<title>Blanca Hurtado Nederr &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Blanca Hurtado Nederr &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<item>
		<title>Osjanny Montero: Viajar con una mochila me llena de libertad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 29 Mar 2019 20:45:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Blanca Hurtado Nederr]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Mochileros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Blanca Hurtado Nederr Tener ganas suficientes para trabajar por lo que realmente quiere es -siempre- su mayor&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[




<p><strong>Por Blanca Hurtado Nederr</strong></p>



<p>Tener ganas suficientes para trabajar por lo que realmente quiere es -siempre- su mayor motivación. Convencida de eso emprendió la mayor de sus aventuras: ir sola por 8 países de Suramérica. Así llegó a recorrer parte de Argentina, Bolivia, Perú, Chile, Uruguay, Ecuador, Colombia, Venezuela y Cuba.</p>



<p>De estos viajes nació Diarios Mandarina, un libro que cuenta las historias, anécdotas y experiencias de la Suramérica de a pie, esa que es capaz de hablar a través de su gente y de las propias comunidades. Tras días, incluso meses de convivencia con muchos de ellos, Osjanny nos trae un relato distinto y muy bien contado de lo que experimentó entre 2011 y 2016.</p>







<p>A 8 de estos 9 países llegó sola, a 1 lo hizo acompañada. Fue en Cuba donde vivió su gran historia de amor, una que le dio alas para continuar su vuelo hacia otras fronteras -aunque después le tocara hacerlo sola-. Precisamente de esto trata el último capítulo del libro, dedicado a esa persona que amó. Narrado en un diálogo franco, la autora se encarga en este capítulo de decir todo lo que no pudo durante años de ausencia.</p>



<p>Más que una forma de desahogo, Diarios Mandarina llega a mostrarnos -en su parte final- el amor como impulso, crecimiento e inspiración. También llega a presentarnos la Suramérica cotidiana, amable y querendona; la de los mercados populares y la que todavía es capaz de vivir en perfecta armonía con la naturaleza.</p>



<p>El equipo de Seis Grados conversó con Osjanny Montero y ofrece los detalles sobre este proyecto al que le restan pocos días para materializarse.</p>



<p>&#8211; <strong>Sabemos que viajaste por varios países sudamericanos durante buen tiempo, ¿cómo lo hiciste? ¿consideras que esos viajes te transformaron?</strong></p>



<p>Desde mi primer viaje fuera de Venezuela escogí la vía del <em>low cost</em>, armé mi mochila, junté mis ahorros, mis cuadernos y mis ganas y me fui a recorrer rutas que, hasta ese momento, eran desconocidas para mí. Mi impulso siempre fue la sorpresa, las historias ocultas de nuestra región, estigmatizada como “pobre, atrasada, desigual”. Si una lección me ha dado Suramérica es la humildad y la bondad; puede que no tengamos castillos ni largas carreteras asfaltadas, pero tenemos gente siempre dispuesta a ayudar, a recibir, a abrazar en familia. Mi transformación es esa, “cambiar el chip”, comprender que todo ese concepto de felicidad y éxito que nos enseñaron desde chicos es relativo y hasta limitado.</p>



<p><strong>&#8211; De los países que conociste, ¿cuál dejó mayores aprendizajes?</strong></p>



<p>Sin duda, Ecuador. Lo recorrí por tres meses, hice voluntariado, pasé navidad y fin de año. Conviví con la comunidad Shuar en la selva y, esa; para mí, fue la experiencia más enriquecedora después de tantos años en movimiento. Con los shuars aprendí que se puede vivir con muy poco, me reconcilié con la naturaleza y me dejé arropar por su grandeza y sabiduría. Yo, que siempre desconfié de mi cuerpo, que temía hasta de los mosquitos y las ranas; dormí rodeada de ellos, me embarré hasta el cuello y seguí, sin importar el desafío y, creo, de eso se trata vivir; de tener el coraje siempre de avanzar  sin quedarse en complejos, estereotipos ni anhelos del pasado. El abuelo Mitiap no pierde tiempo imaginando futuro, sus ojos miran el presente, ¿acaso no deberíamos hacer lo mismo?</p>



<figure class="wp-block-image"><img class="wp-image-5939" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2019/03/6grados_os-con-los-shuar-1024x768.jpg" alt="" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2019/03/6grados_os-con-los-shuar-1024x768.jpg 1024w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2019/03/6grados_os-con-los-shuar-300x225.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2019/03/6grados_os-con-los-shuar-768x576.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2019/03/6grados_os-con-los-shuar-800x600.jpg 800w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2019/03/6grados_os-con-los-shuar-600x450.jpg 600w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2019/03/6grados_os-con-los-shuar.jpg 2000w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p><strong>&#8211; A muchas personas les gusta viajar cómodamente, pero ¿qué se siente ser mochilero?</strong></p>



<p>Cuando te limitas al paquete turístico de hotel, almuerzo libre y fiesta a la noche, te pierdes de la historia de Pedro, del caos en la calle porque no hay agua o de la aventura de correr hasta el próximo bus para llegar a tiempo al carnaval de Tilcara. No es que desestime la comodidad de una cama y una ducha asegurada -respeto todas las maneras posibles de viajar-, pero viajar con una mochila me llena de libertad, me despierta la creatividad, me alimenta el instinto de ser observadora y narradora de la realidad, me permite la introspección de ver y ponerme en el lugar del otro. Si escogí esta manera de viajar es porque más que la postal y el paisaje; para mi un viaje auténtico es aquel en el que puedes ser parte de la cotidianidad e integrarla. Sino, ¿cómo contarla a los demás?</p>



<p>&#8211; <strong>Como buena periodista seguramente mostrarte interés por conocer historias, ¿hay alguna que particularmente te haya marcado? </strong></p>



<p>Mmm&#8230;son tantas historias que es difícil escoger una. Quizá todo lo vivido en Cuba; ver cómo la gente a pesar de las necesidades y limitaciones estaban siempre con una sonrisa en la cara, tenían un chiste nuevo para compartirte y podían jugar descalzos al béisbol, pero jugaban. Eso me inspiraba, la constancia y motivación personal de cada niño, bailarín en el teatro o mesero en un bar. Los cubanos son admiración e inspiración pura desde mi primer viaje.</p>



<p><strong>&#8211; </strong><strong>¿</strong><strong>Cómo nació la idea de escribir este libro? </strong></p>



<p>Fue a la vuelta de mi primer viaje por Uruguay. Muchos días contemplando el mar, admirando tanto azul me hicieron reconciliar con aquel sueño que tuve en mi adolescencia: ser escritora; ver mi nombre en un libro. Y aunque a mis 15 había más un deseo de vanidad; a mis 27 tirada en la arena de La Paloma tenía montones de cuadernos llenos con historias, miedos, carreteras y amor; amor por cada país, familia y niño con el que jugué. Yo quería compartir esas historias, demostrar que se podía ser mujer y viajar sola; ser periodista y contar algo distinto, no quedarme en esa ola de peligros, balas y bombas que vemos en las grandes cadenas mediáticas.</p>



<p>&#8211;<strong>¿Cuándo lo empezaste y cómo ha sido el proceso? </strong></p>



<p>Los primeros bocetos tomaron forma en 2015, cuando empecé a seleccionar las historias sueltas que tenía en cuadernos, papelitos y hasta servilletas guardadas. Así nació mi libro.</p>



<p>&#8211; <strong>¿Por qué decidiste escribir un diario mandarina? </strong></p>



<p>Diarios Mandarina es el título de este libro y su nombre es una metáfora de sus páginas que son un diario emotivo por mis vivencias, miedos y aprendizajes. No es para nada una guía de viajes ni mucho menos una lista de lugares recomendados. Decidí escribirlo para compartir mi transformación y, por qué no, inspirar a otros a ir por sus sueños, sin mentir; contando los obstáculos que pueden encontrarse en el camino. Y también porque escribirlo significó un ejercicio de reunir mis tres grandes pasiones: la escritura, el movimiento -o la no rutina como le llamo- y la cocina.</p>



<p><strong>&#8211; Tienes una campaña para recoger fondos y hacer posible esta publicación, ¿qué le dices a la gente? </strong></p>



<p>Sí, la campaña está abierta hace uno días en Ideame (<a href="https://www.idea.me/proyectos/67684/el-libro-de-os">https://www.idea.me/proyectos/67684/el-libro-de-os</a>) . Aunque el libro esté terminado y las fotos editadas, necesito dinero para garantizar un diseño e impresión de calidad; con el dinero que junte podré imprimirlo este año. Tengo el apoyo de una editorial independiente en Buenos Aires; pero aunque el dinero nunca me faltó en mis viajes, ahora es un requisito imprescindible para que mi historia llegue a todo el mundo.</p>



<p><strong>&#8211; Eres una venezolana radicada en Argentina desde hace algunos años, ¿por qué elegiste ese país? ¿qué te ha enseñado y te sigue enseñando? </strong></p>



<p>Argentina me enseñó de libertad, empoderamiento e igualdad. Aquí he aprendido a no quedarme callada, a reclamar cuando sea necesario, a no tener miedo de compartir mis opiniones y lo más importante: a darme más valor como mujer. Esa lección la re-aprendo a diario con la mujer de 70 en minifalda y tacones en el colectivo o con el grupo de amigas reunidas en un café charlando -sin vergüenza- de sexo, psicología y economía. Esas imágenes las agradezco cada día vivido en Buenos Aires.</p>



<figure class="wp-block-image"><img class="wp-image-5940" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2019/03/6grados_os-en-puno_lagotiticaca-1024x1024.jpg" alt="" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2019/03/6grados_os-en-puno_lagotiticaca-1024x1024.jpg 1024w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2019/03/6grados_os-en-puno_lagotiticaca-150x150.jpg 150w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2019/03/6grados_os-en-puno_lagotiticaca-300x300.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2019/03/6grados_os-en-puno_lagotiticaca-600x600.jpg 600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p><strong>&#8211; ¿Qué extrañas de Venezuela? </strong></p>



<p>A mis padres, al patio de casa con plátano y matas de mango y el olor de la cocina cada vez que mi mami o abu hacían la comida. Nuestros viajes por Bailadores buscando las mejores fresas con crema o la neblina de mi Mérida hermosa reposada sobre las montañas y el asfalto de la ciudad. Son imágenes que guardo como un tesoro en mi memoria.</p>



<p><strong>&#8211;  ¿Te consideras más emprendedora que soñadora o tienes mucho de ambas? </strong></p>



<p>Ambas, porque sin un sueño no se puede emprender. Todos somos soñadores, desde que nacemos, la diferencia del emprendedor es que él cree con tanta convicción que es capaz de convertir esa pequeña idea en una realidad.</p>



<p><strong>&#8211; Si existiera alguna clave para escribir un libro, ¿cuál sería? </strong></p>



<p>Constancia.</p>



<p>&#8211;<strong> El último capítulo de tu libro se titula “Una historia de amor y una despedida en Cuba, mi primer gran viaje”, ¿qué puedes adelantarnos? </strong></p>



<p>Jaja, me da mucha risa porque este capítulo intriga a muchos. Yo viajé a Cuba enamorada, llevada por una pasión de años que en la isla alcanzó su máximo; en esos días no escribí ni una línea pero me empapé de cada olor, atardecer y música que compartí con esa persona. Confieso que por meses pensé en no incluir esas páginas, pero después reflexioné y le di la vuelta; quise hacer una reconstrucción de esa historia y al mismo tiempo despedirme de la persona que amé. Cuba fue el inicio de mi gran viaje y también el punto de partida para el “final” de esa historia de amor.</p>



<p>Defensora y creyente del movimiento como forma de vida, Osjanny Montero ha estado marcada por sus andares. De Maracaibo, Zulia -ciudad en la que creció- se trasladó junto a su familia a Mérida; de ahí se mudó a San Cristóbal, estado Táchira, para estudiar periodismo en la Universidad de Los Andes. Posteriormente, decidió irse a Caracas donde se desempeñó como redactora de medios impresos y digitales.</p>



<p>Su estancia en la capital venezolana estuvo acompañada por recorridos a museos, bulevares y una que otra taguara como El Maní y las del conocido Callejón de la Puñalada. Caracas le mostró así el sabor de la buena salsa, la locura de ir y venir en el metro; tiempo que empezaba a prepararla para lo que venía: un viaje constante que no tuvo parada hasta el año 2017 -luego de vivir el terremoto más fuerte de la historia de México- cuando tomó la decisión de establecerse en la ciudad de Buenos Aires.</p>


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			</item>
		<item>
		<title>La plegaria a monseñor Romero que salvó a Cecilia</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/11/la-plegaria-a-monsenor-romero-que-salvo-a-cecilia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Nov 2018 13:52:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Blanca Hurtado Nederr]]></category>
		<category><![CDATA[canonización]]></category>
		<category><![CDATA[El Salvador]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[monseñor Romero]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Blanca Hurtado Nederr Se lanzó al suelo y tomó una Biblia que perteneció a su abuela. La&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Blanca Hurtado Nederr</strong></p>
<p>Se lanzó al suelo y tomó una Biblia que perteneció a su abuela. La abrió y encontró una estampita de monseñor Romero. No se consideraba su seguidor. Sin embargo, se aferró a la imagen del arzobispo y rezó la oración que tenía impresa para pedir su intercepción.</p>
<p>Aquella tarde del 29 de agosto de 2015, Alejandro Rivas quedó sin fuerzas. De sus labios solo salían oraciones cargadas de fe. Estaba ahí -frente a Dios- en medio de una circunstancia adversa, que científicamente era imposible resolver. Esa tarde buscaba un refugio y, acompañado de una presencia espiritual, lo encontró. Sus palabras -dotadas de fervor- hicieron lo que la ciencia ya no podía: devolverle la vida a su esposa.</p>
<p>30 y 31 de agosto. 1ero, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 10 de septiembre de 2015, un día que quedará marcado para siempre en la vida de Cecilia Flores y en la historia de los salvadoreños, fieles devotos a monseñor Óscar Arnulfo Romero, a quien el parte médico y la Iglesia católica atribuyen el milagro de la recuperación de Cecilia.</p>
<p>Pasaron tres años para que, este 14 de octubre, en una ceremonia realizada en la plaza San Pedro del Vaticano, el Papa Francisco concretara la canonización de monseñor Romero, acto que permitió al pueblo de El Salvador celebrar la declaración de su primer santo.</p>
<p><strong><span style="color: #6e4d8b;">En coma</span></strong></p>
<p>El 27 de agosto de 2015, Cecilia ingresó al Instituto Salvadoreño del Seguro Social viendo luces y con la presión alta. Tenía programada una cesárea para los primeros de septiembre, pero su grave estado de salud cambió todo. Le encontraron preeclampsia y fue necesario hacerle una cesárea de emergencia. Luis Carlos, su tercer hijo, nació el 28 de agosto. Antes había perdido cuatro embarazos.</p>
<p>A solo horas del nacimiento de Luis Carlos, a Cecilia le diagnosticaron síndrome de HELLP (hemólisis, enzimas hepáticas elevadas, disminución de las plaquetas). Para estabilizarla, los médicos decidieron practicarle un coma inducido. .</p>
<p>Las esperanzas de vida eran prácticamente nulas, por eso la pronta recuperación de Cecilia &#8211; en 12 días- sorprendió a los médicos, un acontecimiento que abrió las primeras puertas a la canonización de monseñor Romero. Así, en marzo de 2016, Cecilia y su esposo Alejandro ofrecieron su primera declaración y empezó un proceso que incluyó entrevistas, testigos y expedientes médicos para dar por hecho el milagro.</p>
<p>Dos años después, en marzo de 2018, el Vaticano anunció que haría santo a monseñor Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras oficiaba una misa en la capilla del Hospital Divina Providencia, ubicada en San Salvador.</p>
<p>Las fuerzas militares de la época, involucradas en su muerte, fueron responsables de los más 40 fallecidos y 200 heridos que dejó su funeral, realizado el 30 de marzo. Desde entonces, se desató una guerra civil en El salvador que permaneció por 12 años con aproximadamente 75.000 víctimas, entre ellas casi una veintena de periodistas.</p>
<p>Fue en 1993 cuando una Comisión de la Verdad, creada por la Organización de las Naciones Unidas, concluyó que el mayor del ejército y líder derechista Roberto D&#8217;Aubuisson ordenó el asesinato de monseñor Romero.</p>
<p><strong><span style="color: #6e4d8b;">Una fe manifestante</span></strong></p>
<p>Óscar Arnulfo tenía una personalidad muy particular y, de él, es mucho lo que se desconoce. Era, además, de ferviente católico un aficionado de la fotografía. Visitaba a los enfermos, a quienes regalaba monedas. Repartía la canasta básica a los más humildes, también invitaba a los indigentes al seminario y les ofrecía alimentación.</p>
<p>En vida, fue un fiel defensor de los derechos humanos y luchó para detener la represión.  Con el objetivo de buscar una solución a la grave situación de su país viajó a Roma para reunirse con el Papa Juan Pablo II y no lo logró.</p>
<p>Posteriormente, en febrero de 1980, monseñor Romero envió una carta al expresidente de Estados Unidos Jimmy Carter en la que le pidió concluir con la ayuda militar a El Salvador.</p>
<p>“Garantice que su gobierno no intervenga directa o indirectamente con presiones militares, económicas, diplomáticas, etc en determinar el destino del pueblo salvadoreño”, escribió como parte de la misiva.</p>
<p>Al día siguiente, una bomba destruyó la radio católica YSAX. El propósito era callar a monseñor Romero, quien imploraba  -a policías y militares en su homilía dominical- terminar la violencia.</p>
<p>En medio de su fe, este salvadoreño nunca dejó de denunciar las injusticias cometidas en su país. Este accionar ejemplar lo llevó a ser ampliamente reconocido, incluso por el entonces Papa Juan Pablo II, quien pasó de ignorarlo a visitar su cripta en 1983 y, luego, en 1996.</p>
<p>Lo mismo hicieron los expresidentes Barack Obama (EEUU), Luiz Ignacio Lula Da Silva (Brasil), Rafael Correa (Ecuador), Luis Guillermo Solís (Costa Rica) y Otto Pérez Molina (Guatemala).</p>
<p><strong><span style="color: #6e4d8b;">El día de la beatificación</span></strong></p>
<p>Sin imaginar que meses más tarde le salvaría la vida, Cecilia Flores acudió junto a su familia al acto de beatificación de monseñor Romero, efectuado el 23 de mayo de 2015. Sabía que atravesaba un embarazo de alto riesgo y, aprovechó, para pedirle al hoy santo por su salud y la de su hijo.</p>
<p>Es como si monseñor la hubiese escuchado, porque la protegió y solo se necesitó la plegaria de Alejandro para traerla de vuelta. Aunque no era la primera vez que Cecilia enfrentaba una situación dura. De pequeña sufrió el abandono paterno, circunstancia que la unió, años después, a su actual esposo, víctima como ella de la desintegración familiar.</p>
<p>Frente al complicado estado de salud de Cecilia, la petición hecha por Alejandro -por allá en septiembre 2015- aceleró el largo proceso de santificación de monseñor Romero, antes declarado Siervo de Dios, beato y, finalmente, santo, tal como lo ordena la Iglesia católica.</p>
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		<item>
		<title>Una historia en el Saime: Ir de prisa</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/10/una-historia-en-el-saime-ir-de-prisa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Oct 2018 14:16:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Blanca Hurtado Nederr]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis]]></category>
		<category><![CDATA[Pasaporte]]></category>
		<category><![CDATA[Saime]]></category>
		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.seisgradosblog.com/?p=5816</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por Blanca Hurtado Nederr El día que conocí a la señora Yen me encontraba en Santa Mónica, Caracas.&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Blanca Hurtado Nederr</strong></p>
<p>El día que conocí a la señora Yen me encontraba en Santa Mónica, Caracas. Andaba atareada, aunque todavía faltaba un mes para mi viaje. A Yen, en cambio, le quedaban escasamente cuatro horas para el suyo. España era su destino.</p>
<p>Coincidí con ella en la oficina del <strong>Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime)</strong>. Yo intentaba<strong> tramitar mi prórroga</strong> y la señora Yen buscaba resolver el pasaporte extraviado de su hija, con quien viajaría a este país. A pesar de la premura, ella portaba una serenidad increíble, tanto que al verme entrar a esta oficina se mostró sonriente y eso me permitió saber que quería conversar.</p>
<p>Empezamos a hablar de nuestras profesiones. Ella socióloga. Yo periodista. Ambas egresadas de la<strong> Universidad Central de Venezuela (UCV)</strong>. Orgullosa de su título, me contó de aquel momento de su vida que calificó como uno de los más maravillosos. “La UCV me dio tanto”, me dijo. “Fíjate que a mi esposo lo conocí ahí. Si te contara cómo”.</p>
<p>Rememoró que quedaron flechados durante un concierto en el Estadio Universitario y que, desde entonces, no se han separado. “Él tenía su novia y yo mi novio, pero ninguno de los dos llegaron a ese concierto. Así que aprovechamos. Lo que es para uno, es para uno. Nunca lo olvides”, concluyó entre risas.</p>
<p>Yen también me detalló la manera en que disfrutó parte de su juventud. Y hasta narró que participó en la denominada <strong>Marcha de los Pendejos</strong>, realizada en Caracas el 15 de junio de 1989, como un contundente pronunciamiento ante la corrupción de la época.</p>
<p>La conversación siguió hasta que Yen me preguntó cuántos años le calculaba. “68”, le dije. “Si le restas 20, el total es mi edad”, respondió. Me sentí apenada. Luego, decidí conocer el motivo de su viaje. “Tengo un tumor en mi cabeza y me van a operar en España”. Comentó que familiares y amigos colaboraron para su operación y que si perdía ese vuelo, perdía prácticamente la vida. Quedé perpleja.</p>
<p>Al notar mi actitud, Yen trató de esquivar lo dicho y decidió indagar sobre mi viaje. Le hablé, entre otras cosas, de lo complejo que era tramitar esa prórroga para lo antes posible. “Tranquila, ese viaje es para ti”, me confirmó, como si estuviera totalmente convencida de lo que decía.</p>
<p>El tema del viaje quedó ahí y, justo en ese momento de la conversación, me tocó despedirla. La abracé y ella me dio la bendición. Todo fue tan rápido que no alcancé a pedirle el teléfono. Pasaron cuatro semanas y, en medio de muchas vicisitudes, <strong>mi viaje finalmente se dio.</strong></p>
<p>Tiempo después no olvido sus palabras y es como si las escuchara hoy, tiempo después me pregunto si se habrá operado, si vivirá. Tiempo después entendí que muchas veces asumimos -como únicas en el mundo- nuestras prisas.  Y que esas prisas suelen ser tan pequeñas como aquella que llevaba el día que conocí a la señora Yen.</p>
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		<title>Trasladarse en Venezuela entre Fuertes y Soberanos</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/10/trasladarse-en-venezuela-entre-fuertes-y-soberanos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 04 Oct 2018 20:51:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Blanca Hurtado Nederr]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis]]></category>
		<category><![CDATA[La Bandera]]></category>
		<category><![CDATA[Transporte]]></category>
		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Blanca Hurtado Nederr Una larga cola de pasajeros espera con premura en el terminal de San Juan&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Blanca Hurtado Nederr</strong></p>
<p>Una larga cola de pasajeros espera con premura en el terminal de San Juan de los Morros, en el estado llanero de Guárico. Hay alrededor de 60 personas, quizás más. Esto indica que se requieren por lo menos dos autobuses para que el total de pasajeros pueda partir a Caracas y llegar al terminal de La Bandera.</p>
<p>A medida que pasan los minutos son muchos los que se suman a la tertulia antes de incorporarse a la cola. “¿Disculpen, cuánto cuesta el pasaje?”, pregunta un señor. “Sale en 10 Soberanos”, responden en coro dos pasajeras. El rostro del señor es de confusión. “Eso es 1.000.000 de los viejos, los Fuertes”, aseguran las mujeres.</p>
<p>Como él, también llegan otros y la pregunta es la misma. Todos hablan de la reconversión y empiezan a notar sus estragos. Para tener una idea: antes de este cambio del Cono Monetario el pasaje de San Juan a Caracas costaba 200.000 Bolívares Fuertes, hoy 2 Bolívares Soberanos, lo que se traduce en un aumento significativo que se acentúa con el déficit de efectivo que atraviesa el país.</p>
<p>Transcurre casi una hora para que por fin llegue la unidad de transporte. Los pasajeros se preparan y toman sus maletas. El colector se baja del bus de inmediato y ya tiene en sus manos la pila de efectivo. Sin duda, nadie más que él está preparado para cobrar el pasaje en Fuertes y Soberanos.</p>
<p>Entre quienes están en la cola, son poco más de 30 los que logran un puesto digno en el autobús. Mientras, otros se acercan al colector y le piden irse en el motor, en las escaleras y hasta de pie. Para ellos no hay rebajas.</p>
<p><strong>**</strong></p>
<p>El abordaje es rápido y de inmediato el bus arranca vía a la capital venezolana. Pasan segundos para que el colector se siente -por un estrecho del motor- a sacar cuentas. “Van 12 parados”, le comenta al chofer. Rápidamente, éste lo mira como queriendo conocer su traducción numérica. “120 Soberanos, 12.000.000 de los viejos”. El chofer le regala una sonrisa.</p>
<p>Continúa el viaje sin ningún tipo de inconvenientes hasta su arribo al peaje de La Villa. Un funcionario del Cuerpo de Policía Nacional Bolivariana (CPNB) pregunta al conductor hacia dónde se dirige. Éste le responde que a Caracas y el funcionario cambia -de inmediato- su rostro de ogro. “Panita, necesito que me hagas una vuelta y lleves a mi tía”. El chofer le asegura que no hay ningún problema y la sube. Única pasajera exonerada.</p>
<h4 id="lee-tambien-la-odisea-de-transportarse-en-guarico-a-veces-en-yutong-a-veces-en-perreras"><a href="http://www.seisgrados.com.ve/2018/09/la-odisea-de-transportarse-en-guarico-a-veces-en-yutong-a-veces-en-perreras/"><span style="color: #6e4d8b;">Lee también <strong>La odisea de transportarse en Guárico: a veces en Yutong, a veces en ‘perreras’</strong></span></a></h4>
<p>Desde el pasado 20 de agosto cuando comenzó esta nueva Reconversión Monetaria para suprimir cinco ceros a la moneda, muchos precios se han duplicado y, debido al aumento del transporte -que debe ser cancelado en efectivo- se complica cada vez el traslado de los venezolanos.</p>
<p>En principio, mucha gente vio como un alivio la implementación del nuevo cono, ya que las entidades bancarias parecían regularizar el pago de billetes. Dos semanas después los bancos lucen colapsados de ciudadanos que pasan el día tratando de conseguir 10 Soberanos.</p>
<p><strong>*</strong></p>
<p>Casi tres horas más tarde, justo a las 11:15 de la mañana el bus por fin hace su última parada en el terminal de La Bandera. Frente a los buses hay colas interminables de gente que espera poder subirse a uno.</p>
<p>Dentro del terminal el panorama es el mismo y los taxistas tratan de pelotearse a los pasajeros. Nadie solicita el servicio. Solo se ven ríos de gente camino a la estación del Metro La Bandera. Otros tantos van a pie.</p>
<p>No hay efectivo, ni busetas. El jueves 30 de agosto tampoco había metro.</p>
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		<title>Caracas se queda sin metro</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/09/caracas-se-queda-sin-metro/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Sep 2018 01:19:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Blanca Hurtado Nederr]]></category>
		<category><![CDATA[Caracas]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis]]></category>
		<category><![CDATA[Metro]]></category>
		<category><![CDATA[Transporte]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Blanca Hurtado Nederr Es jueves 30 de agosto y, como ocurre casi todos los días, lucen muy&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Blanca Hurtado Nederr</strong></p>
<p>Es jueves 30 de agosto y, como ocurre casi todos los días, lucen muy concurridas las dos cuadras que separan el terminal de pasajeros La Bandera de la estación del metro La Bandera. La mayoría de la gente, que va por la avenida Nueva Granada, camina apurada y mira a los alrededores. Hay cualquier cantidad de vendedores informales en medio de las dos cuadras. Desodorantes, afeitadoras, cargadores y cigarrillos se observan entre los productos. Algunos se detienen a preguntar precios, pero no compran.</p>
<p>Por la avenida Nueva Granada también transitan motos, muchas motos. Hay carros que van a toda velocidad. Cruzar para llegar hasta la estación del metro es una odisea. La avenida está dividida en dos canales de ida y vuelta. En el centro están, además, las dos vías y una estación del Bus Caracas, así que la gran mayoría de las personas se las arregla para pasar al otro extremo y por fin entrar al subterráneo.</p>
<p>Al llegar a la estación, abarrotada de ciudadanos, la mayoría trata de apurar más el paso. Hay mucha gente en los pasillos y nadie en la taquilla. Hace meses que el Metro de Caracas está completamente gratuito y, desde entonces, es como si ningún servidor público estuviera dispuesto a dar la cara. Son innumerables las situaciones que a diario se presentan en este tipo de sistemas de transporte. Este jueves 30 de agosto no sería la excepción.</p>
<p>Pasadas las 11 de la mañana un apagón detiene a la multitud, que apenas intenta pasar los torniquetes. Todo está completamente oscuro. Nadie hace reporte alguno. La multitud se empuja, la multitud se desespera, la multitud comienza a tratar de salir lo más rápido posible.</p>
<p><strong>**</strong></p>
<p>Fue justo este mes cuando se conmemoraron los 40 años de la creación de la C.A Metro de Caracas, cuya empresa comenzó a funcionar de manera oficial el 8 de agosto de 1977 y años después, en 1983, se inauguró el primer tramo de la Línea 1 Propatria &#8211; La Hoyada. Cuatro décadas después, la empresa Metro de Caracas parece estar en medio de la nada. Como solución a la grave situación que enfrenta el medio de transporte más usado en la capital venezolana, a partir de septiembre se aplicará un aumento de las tarifas, que ahora estarán ajustadas al nuevo Cono Monetario.</p>
<p>En medio de la muchedumbre hay varias personas de la tercera edad. No se ve absolutamente nada. Algunos, los más osados, optan por usar sus teléfonos para alumbrar. Así, muchos aprovechan para subir las escaleras. Los viejitos se quedan atrás, entre ellos se encuentra una señora que lleva bastón. La desesperación empieza a apoderarse de ella. Grita. Pide ayuda. Nadie es capaz de darle la mano. Todos buscan la manera de salir. Algunos la empujan. La señora llora. La señora no encuentra qué hacer. La señora se agarra, como puede, de alguien que va pasando. La señora, finalmente, logra salir.</p>
<p>Como ella y toda esa multitud, que no es ni siquiera la cuarta parte de la cantidad de usuarios que llegan a estar en horas pico en la estación Plaza Venezuela, suman a diario más de 3 millones personas las que se trasladan por este medio de transporte.</p>
<p><strong>*</strong></p>
<p>Una vez afuera, muchos se sienten aliviados después de haber superado los minutos más largos. No han pasado ni siquiera 10 minutos desde que se fue la luz y, sin embargo, la cantidad de gente en la avenida Nueva Granada es impresionante.</p>
<p>Las pocas camionetas que pasan van full. La gente comienza a aglomerarse. Muchos no llevan efectivo. Afuera de la estación del metro alguien lanza billetes de 1.000 Bolívares Fuertes. Son pocos quienes se detienen a tomarlos.</p>
<p>A los ciudadanos no les queda más que regresarse. Un grupo significativo se dirige, nuevamente, hacia el terminal de La Bandera. De ahí toman la vía que da al Paseo Los Ilustres. En esas paradas hay tanta gente como afuera de la estación. El sistema Metrobús tiene más de horas sin pasar.</p>
<p>“Ahora tenemos que pensarlo hasta para salir de la casa”, protesta una adulta mayor, notablemente extenuada por la espera, el calor y el sol.</p>
<p>La gente opta por seguir su rumbo a pie. Al notar la multitud, no hay buseta capaz de detenerse. Entre toda la gente hay dos señoras mayores. Ellas se van quedando atrás, al igual que otros tantos. Ellos no son más que el reflejo de una Caracas que colapsa cuando se queda sin metro.</p>
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