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	<title>Familia &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Familia &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Perro ladrón</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/07/perro-ladron/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Jul 2018 16:06:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Infancia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Julio César Blanco Mendoza Para mí era muy fácil tener mascotas en mi infancia, ya que cualquier&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Julio César Blanco Mendoza</strong></p>
<p>Para mí era muy fácil tener mascotas en mi infancia, ya que cualquier pequeño bicho lo guardaba en mis bolsillos o buscaba un envase para conservarlo, desde cucarachas, grillos, lagartijas, sapitos o lo que me encontrara, incluso me fascinaba el orden de las hormigas, pero tenía mucho cuidado con las rojas ya que su mordida ardía mucho. Todo animal era un entretenimiento maravilloso a mi corta edad.</p>
<p>Llegó un cachorro de perro a mi casa que en poco tiempo creció a tamaño medio, aunque para mi estatura lo consideraba bastante grande y fuerte. Cuando jugaba con él siempre quedaba aporreado por su juego tosco y rudo; sus mordidas suaves igual maltrataban, era bastante juguetón salvo cuando comía, en ese momento se mostraba agresivo con cualquiera que pasara cerca. Fue un perro que se convirtió en mi compañero en las excursiones diarias en el pequeño terreno de mi abuela, que para mí era un enorme espacio de juegos y entretenimiento. Como todo perro, comenzó sus andanzas con mordidas de todo tipo, acabó con todas mis pelotas de plásticos, en un tiempo destrozó cualquier zapato que se dejaba al descuido. Fue un momento de gran sorpresa cuando descubrí que la desaparición de mis muñequitos de soldados plásticos se debía a que se los tragaba y sólo pude descubrirlo cuando en sus heces sobresalía la mitad de un soldado lanzando una granada.</p>
<p>Un día vino a la casa una compañera de escuela a realizar una tarea, no recuerdo si era parte tarea o parte juego, pero en fin, estaba en casa. Mi abuela se fue por un momento al abasto a realizar algunas compras, dejándonos adentro de la casa con la puerta cerrada ya que mi amiga tenía miedo al perro. Estuvimos bastante entretenidos entre la tarea y los juegos, en algún momento ella se acercó a la ventana para mirar al perro, el perro al parecer presentía el miedo porque se paró en dos patas frente a la ventana y ladró tan fuerte que agrietó uno de los vidrios, por supuesto el susto de ambos fue tal que casi nos caímos de la impresión. Al poco rato llegó mi abuela, a quien le conté lo sucedido, ella inmediatamente se molestó, mandó a mi amiga para su casa y me dio el mayor de los regaños. Yo insistía en contarle lo que había ocurrido y mi abuela no creyó en lo absoluto que el perro con su ladrido agrietó el vidrio, culpándonos a los dos de algo que no habíamos hecho.</p>
<p>Muy molesto e indignado por ser culpado de algo que no había hecho, salí de la casa hacia el terreno, me senté en las escaleras, quejándome y con mucha rabia, esa rabia que conservan los niños por largo rato sin entender los regaños de los adultos. El perro se sentó a mi lado como acostumbraba, cuando lo vi empecé a gritarle que por su culpa me regañaron y casi me pegan, que no se me acercara más, le grité varias veces ¡PERRO LADRÓN!, ¡PERRO LADRÓN!, el perro agachaba la cabeza y las orejas, me paré molesto y me fui a mi cuarto a llorar de la impotencia y con la rabia contenida.</p>
<p>Al pasar las horas se me fue pasando la rabia, igual que a mi abuela. Lo sucedido también fue disminuyendo en importancia, aunque no pude convencer a mi abuela que no fue mi culpa, lo que si se mantenía en mi mente eran las palabras que le había gritado al perro. Cuando el perro se me acercó de nuevo con las orejas agachadas y ojos de suplica, comprendí que se sentía igual que yo porque lo llamé incorrectamente LADRÓN, por la forma en que me miraba pensé que sentía tanta injusticia como yo sentí cuando me culparon. En ese momento no encontré la palabra adecuada para decirle que ladraba muy fuerte y LADRÓN fue la palabra que pude conjugar a mis pocos años y con mi conocimiento. Me arrodillé, le abracé y le pedí perdón, más nunca le llamaría PERRO LADRÓN. Fuimos grandes amigos, casi como hermanos. Murió después de doce años de vida, todavía lo recuerdo gratamente, mi gran perro fiel y protector.</p>
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		<title>En Venezuela: cuando la crisis golpea, los hijos siempre primero</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/01/venezuela-cuando-la-crisis-golpea-los-hijos-siempre-primero/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 20 Jan 2018 15:07:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Alimentación]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Guárico]]></category>
		<category><![CDATA[Inflación]]></category>
		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Julieta Márquez En el sector La Morera, ubicado en San Juan de los Morros, capital del estado&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Julieta Márquez<br />
</strong></p>
<p>En el sector La Morera, ubicado en San Juan de los Morros, capital del estado Guárico, ya es de noche. Y como todas las que han llegado durante los últimos meses, Indira Castañeda siente correr lágrimas por sus mejillas. Su rostro, que no es otro que el de la desesperación, toca fondo justo a esa hora cuando ve culminada la batalla diaria y mira con miedo y desesperanza lo que le espera cada mañana.</p>
<p>Indira comienza sus días con la idea de sortear entre lo poco que tiene. Por suerte<strong>, </strong>conserva maíz pilado y consiguió prestada una máquina de moler que le permite tener masa para las arepas. Son dos las que deben estar cada día en su mesa. Una para su hijo y otra para ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>De los almuerzos que podía degustar hasta hace apenas unos años le quedan algunos recuerdos. La proteína ha estado ausente en la mayoría de sus comidas y a sus 57 años de edad reconoce -con cierta vergüenza- que por primera vez en su vida le ha tocado alimentarse con pirañas. La carne de res tiene mucho tiempo desaparecida de su nevera y solo puede comerla cuando se traslada a un pueblo aledaño.</p>
<p>En medio de estas carencias, Indira, quien es jubilada de la administración pública y pensionada, agradece que cada día haya podido tener en su mesa los dos platos requeridos también para el almuerzo. Uno para su hijo y otro para ella.</p>
<p>La situación en su casita, como la llama, se agrava es en horas de la tarde cuando le ha tocado irse a la cama sin cenar por no tener nada. Ahí ha puesto a prueba el amor más grande: que no es otro que el de una madre.</p>
<p>“He dejado de comer para darle a mi hijo. Tú sabes que los hijos son primero”, confiesa, en medio de una retahíla de palabras que quisiera no volver a pronunciar jamás.</p>
<p style="text-align: center;"><strong> ***</strong></p>
<p>Si bien Indira percibe dos salarios mensuales, esto<strong>s</strong> no le alcanza<strong>n</strong> para comprar los alimentos requeridos debido a la hiperinflación que atraviesa Venezuela, situación que llevó a esta guariqueña a cerrar un pequeño negocio que tenía en su propia casa, donde vendía helados que preparaba y algunas golosinas que le permitían ayudarse con los gastos del hogar.</p>
<p>“De verdad que la crisis ya no se aguanta. Antes aumentaban los precios cada semana, ahora es una incertidumbre todos los días. Esto se tiene que resolver”, dice esperanzada.</p>
<p>Indira, quien es madre soltera, debe lidiar además con su problema de salud. Sufre de hipertensión arterial y tiene que enfrentarse a la falta de medicamentos esenciales existente en el país. Muchas veces corre con la suerte de conseguirlos, pero generalmente son impagables para ella.</p>
<p>Su historia clínica, que se encuentra en el Hospital Israel Ranuarez Balza, de San Juan de los Morros, puede dar fe de la grave situación de salud que atravesó Indira. Permaneció en terapia intensiva durante varios meses a causa de una fuerte neumonía, cuadro complejo del que desde entonces tiene el deber de cuidarse.</p>
<p style="text-align: center;"><strong> ***</strong></p>
<p>Productos como champú y cremas corporales están desaparecidos de su casa desde hace algún tiempo. Sustituye el primero por un jabón líquido que se adapta a su lisa cabellera. Por su parte, las cremas sí se convirtieron en un producto incomprable para ella. Los efectos se dejan ver en su piel reseca.</p>
<p>Indira ve con nostalgia toda esta situación -que asegura- es la de muchos en su propia familia, en su país.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Para Carlos, su único hijo, ella sueña un mejor futuro y, por eso, añora que tenga la oportunidad de irse a otro lugar. Reconoce, con un poco de pena, que en medio de todo lo que ocurre él haya tenido que abandonar los estudios por no poder ayudarlo económicamente.</p>
<p>“No sé qué irá a pasar en Venezuela, pero la situación tiene que tomar otro rumbo. De todo esto lo más difícil es no poder hacer más por nuestros hijos, porque para una madre los hijos siempre, siempre, son primero”.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>***</strong></p>
<p>Mientras está de visita en la casa de un familiar, Carlos Hernández Castañeda sorbe un vaso de carato muy despacio. Disfruta la bebida dulce, aunque no quiere terminarla. Mueve el contenido una y otra vez. Pasan los minutos y el vaso aún se puede observar por la mitad.</p>
<p>&#8211; ¿Te gusta?, le preguntan.</p>
<p>&#8211; Sí. Le voy a llevar este poquito a mi mamá, responde el joven de 21 años de edad.</p>
<p>Los días que pasan de crisis en Venezuela se llevan cada vez más la robustez de Carlos. En medio de la situación él también empieza a valorarlo todo, no en vano hoy aplica el valor de la solidaridad.</p>
<p><strong>Nota: Este texto fue patrocinado por uno de nuestros lectores, quien eligió el tema y el enfoque. La mirada y las opiniones en el mismo son exclusivas de la autora.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Los estigmatizados de la sociedad</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/05/los-estigmatizados-la-sociedad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 May 2017 23:45:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Abandono]]></category>
		<category><![CDATA[Demencia]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Esquizofrenia]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Hinry Guzmán Jimenez]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Hynri Guzmán Jimenez Existen abandonados, olvidados, prisioneros. Gente sin salud mental. Marginados que sufren los estigmas sociales.&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Hynri Guzmán Jimenez</strong></p>
<p>Existen abandonados, olvidados, prisioneros. Gente sin salud mental. Marginados que sufren los estigmas sociales. Hay  seres humanos que por una u otra razón de la vida no gozan del privilegio de poder resolver la pobreza más grande de la tierra: el abandono.</p>
<p>Los enfermos mentales (ezquizofrénicos, dementes, entre otros) retumban en los pasillos grises y frios de los hospitales. Dicen cosas incoherentes, inconexas, cosas alejadas de la realidad inmediata. &#8220;Será que me puedes regalar una monedita, para hacer una llamada&#8221;.</p>
<p>Algunos caminan de un lugar a otro con la mirada perdida o desencajada. Otros se encuentran en un rincón, hablan solos e incluso pelean con un ser que solo ellos pueden ver. &#8220;&#8221;Amigo, no tendrá una monedita demás para completar, quiero café&#8221;. &#8220;Tengo hambre, ¿pudiera regalarme algo para comer?&#8221;. &#8220;¡Epa!&#8230; regalame un cigarrito Ahí&#8221;.</p>
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<p>En los reclusorios muy pocos reciben visitas. Los pacientes son olvidados. Los enfermos mentales son abandonados a su suerte. Una frase del médico tratante palpita como un eco y retumba, en el cerebro del familiar:  &#8220;la norma es que el enfermo debe cambiar de ambiente cada seis meses&#8221;. En pocas palabras deben llevarselo a su casa, como mínimo quince dias.</p>
<p>Tener al paciente en casa es como un secreto a voces, todos lo saben, pero prefieren mantenerlo en silencio, para no dar respuesta a una situación que parece convertirse en una pesadilla para quiénes lo viven. Hay familias que prefieren alquilar una habitación para mantener al enfermo a distancia y hacer menos traumática la situación.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-3364" src="http://52.179.127.84/wp-content/uploads/2017/05/ESQUIZOFRENIA.jpg" alt="" width="640" height="330" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/05/ESQUIZOFRENIA.jpg 640w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/05/ESQUIZOFRENIA-300x155.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/05/ESQUIZOFRENIA-600x309.jpg 600w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/05/ESQUIZOFRENIA-370x190.jpg 370w" sizes="(max-width: 640px) 100vw, 640px" /></p>
<p>Cuando el paciente está en casa el familiar no puede controlarlo, es un asunto reiterativo. Al calor del hogar el afectado se torna difícil producto de su condición. No quiere tomar los medicamentos, se descompensa y hay que recluirlo nuevamente.</p>
<p>El paciente va de la clinica a su casa, va a su cambio de ambiente pero las cosas empeoran cuando  el familiar sucumbe por el desgaste físico,  emocional y termina echando al olvido al afectado.</p>
<p>También hay que tener en cuenta las críticas de vecinos y opinadores de oficio, quienes lanzan frases nefastas como &#8220;yo creo que ese señor no tiene nada&#8221;, &#8220;¿no será que los enfermos mentales son sus hijos y su mujé'&#8221;. Comentarios que hacen honda huella en la familia y terminan estigmatizado a los involucrados.</p>
<p>¿Qué hacer ante una realidad tan devastadora, que consume y deteriora a los que llevan está cruz a cuesta?</p>
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		<title>Carta a mi padre</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2016/11/carta-mi-padre/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 28 Nov 2016 23:29:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Nostalgia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Jennifer Rolong Ibáñez Sé que te he dicho que quiero hablar contigo, y también sé que lo&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Jennifer Rolong Ibáñez</strong></p>
<p>Sé que te he dicho que quiero hablar contigo, y también sé que lo he evitado con la excusa de no ser el momento o de no ser el lugar; excusas tengo y tendré de sobra. Siempre he sabido que soy cobarde para hablar y torpe para expresarme, por eso, y aunque sé que no es la mejor manera, decidí hacerlo por escrito, porque creo (y espero no equivocarme) que de ti heredé la facilidad para que mi mano pueda decir lo que mi boca no se atreve.</p>
<p>Tal vez no he encontrado las palabras para decirte que esta, sin duda alguna, es y seguirá siendo una extensión de tu ser, una semilla de ti, una pequeña esponja que ha absorbido todo lo que le has enseñado y también aprendido (o por lo menos lo he intentado) de tus errores, que para mí siempre han sido muy pocos.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Es cierto que no te he mirado a los ojos, por cobardía, por miedo a lo que pueda encontrar en ellos, por terror a sentir que me miran de una manera diferente a como me han mirado desde mi nacimiento; pero te aseguro, que nunca por vergüenza.</p>
<p>Desde mi adolescencia, que a veces no me queda claro que etapa de mi vida fue esa, supe que el máximo miedo que tenía era decepcionarte, de no lograr ser alguien de quien tú y mi madre pudieran sentirse orgullosos. Ese miedo me acechó desde entonces, acompañándome a cada lugar, en cada momento, en cada rincón de mi mente y hoy, siento que se ha cumplido.</p>
<p>Pienso en las cosas que pasarán por tu mente y por la de ella, en cómo me miran, en cómo me hablan, en cómo piensan en mi ahora; pienso innumerables cosas que me aterran, que me han hecho sentir como la niña incapaz de dormir con la luz apagada por miedo a que la oscuridad se la lleve con ella.</p>
<p>Siento nudos en la garganta todo el tiempo, siento el pecho oprimido, los pies cansados, la mirada perdida; siento el miedo que solo puedo comparar con el que puede sentir un funambulista al saber que con un paso en falso caerá al vacío sin ningún remedio.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>No intento explicarte quien soy, no pretendo que a través de estas letras lo sepas. Para conocernos hemos tenido desde el inicio de mi vida, y tendremos hasta el final de las nuestras. Solo quiero decirte, que tal vez soy diferente a otras mujeres, pero soy yo, soy la misma de siempre, con los mismos valores, los mismos principios que siempre me fueron inculcados.</p>
<p>Soy la misma que vieron crecer, llorar, patalear, reír, enloquecer de vez en cuando; esa misma que siempre prefirió un libro a cualquier otra cosa que hubiera querido una niña de su edad; soy la misma de siempre, con el mismo amor, que tal vez nunca he podido demostrar muy bien, por ti y por ella. Sé quién soy y se por quién lo soy y a quien le debo mi vida entera.</p>
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