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	<title>Francia &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Francia &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Las lecciones del Mundial</title>
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		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Jul 2018 05:00:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La vida después del fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Croacia]]></category>
		<category><![CDATA[Francia]]></category>
		<category><![CDATA[Lizandro Samuel]]></category>
		<category><![CDATA[Modric]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial Rusia 2018]]></category>
		<category><![CDATA[Varane]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por eso Croacia fue finalista y Francia campeona del mundo. Ambas dignas exponentes de los valores que necesita&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="por-eso-croacia-fue-finalista-y-francia-campeona-del-mundo-ambas-dignas-exponentes-de-los-valores-que-necesita-cualquier-colectivo-para-trascender-pero-solo-francia-tuvo-el-ingrediente-final-que-hac"><span style="color: #6e4d8b;">Por eso Croacia fue finalista y Francia campeona del mundo. Ambas dignas exponentes de los valores que necesita cualquier colectivo para trascender, pero solo Francia tuvo el ingrediente final que hace que la realidad sea más agradable que los sueños</span></h4>
<p><strong>Por Lizandro Samuel</strong></p>
<p>Ningunas placas tectónicas se mueven con tantos anuncios preventivos como las del fútbol. Y aún así la palabra <em>sorpresa</em> se prostituye en cada <strong>Mundial</strong>. Quien se ve en el espejo una vez cada cuatro años se expone a ser sorprendido por el paso del tiempo.</p>
<p>Mientras la preparación futbolística ha mejorado de forma notable en lo que va de siglo XXI, en los últimos diez años la era de la hiperconetividad llegó para acabar con los secretos. El siglo XX estuvo marcado por lo inesperado: más allá de los jugadores mediáticos, todos los equipos vivían expuestos a la sorpresa ante la ausencia –o limitaciones– del video. Hoy día, cualquiera puede conseguir la información más detallada sobre el goleador de la segunda división del fútbol árabe. Si la <em>big data</em> supone dudas para la democracia, pocas cosas pueden buscar tanto la equidad como el conocimiento en el fútbol: desde casa y con conexión a Internet, cualquiera puede mantenerse actualizado.</p>
<p>Un Mundial muy lógico tuvo un campeón razonable. Si algo se pudo clasificar de sorpresivo quizá fue que Rusia llegara tan lejos, aunque es posible que en <strong>Rusia</strong> tengan otra opinión. De ahí en adelante, se podría lamentar el caos de España previo a la Copa que puso en el horizonte obstáculos que empezaron a parecer insalvables; se podría decir que <strong>Brasil</strong> fue el más sólido y versátil del Mundial y que debió llegar, al menos, a semifinales; y que <strong>Alemania</strong>, que tenía pinta de que se iría pronto, cumplió con tanta contundencia al pronóstico que se adelantó hasta a los pesimistas. La verdad es que la lógica se impuso: a las semifinales llegaron, con el permiso de Brasil, los cuatro equipos que mejor jugaron.</p>
<p>Y la Copa se la quedó el más fuerte.</p>
<p>Una <strong>Francia</strong> multirracial, como la de 20 años atrás, aprovechó el talento que tenía a su disposición y le tiró un caño a las limitaciones de tiempo que le impedían lograr un fútbol de mayor nivel. Entendió la importancia del trabajo en equipo, del compromiso, y los egos se rindieron ante la causa que más los podría engrandecer: la de ser campeones del mundo.</p>
<p>Lo lograron dando una lección a su país. Todos los jugadores y miembros del cuerpo técnico asumieron su labor. Aunque disgregados eran estrellas, juntos brillaban como el más grande de los soles. La selección fue de menos a más en el torneo y logró quemar a sus rivales con tal suficiencia que <strong>Giroud</strong>, el delantero centro, no solo no marcó ni un gol en siete partidos, es que nunca remató al arco.</p>
<p>Un goleador usado para que otros anoten o para que el resto defienda mejor es el clímax del trabajo en equipo. Lo único parecido sería ver a la realeza prescindir de comodidades y personal de servicio para que sus súbditos vivan mejor.</p>
<p>Francia le ganó la final a la única selección que hizo un homenaje al colectivo tan prolijo como el suyo. Mentar a los subcampeones como “la Croacia de <strong>Luka Modric</strong>” más que injusto denotaría ceguera. Si bien es cierto que el Balón de Oro del Mundial fue la pieza que engranó y dio vida al resto del rompecabezas, lo es más que lo hizo mediante asociaciones continuas y apoyándose en quienes corrían junto a él para hacer del desarrollo un logro compartido.</p>
<p>Si todos los políticos jugaran como Modric no habría tiempo extra ni tanda de penales que acabara con el orgullo de la humanidad.</p>
<p>Lukita, a sus 33 años, finalizó la temporada más exigente de su vida como si de una novela clásica se tratara. Dejó lo mejor para final y puso más sangre y sudor en el tercer acto de su leyenda.</p>
<p>En Rusia 2018, Modric corrió 72,3 kilómetros para demostrar que los galones no se caen con el sudor. Recuperó 56 balones, porque en el fútbol contemporáneo hay que ser tan bueno para quitar como para pasar. Y como muestra de esto último, completó 484 pases que hicieron que entre los croatas, más que seis grados de separación, solo mediara un Modric de distancia. Es decir, tuvo un rendimiento de diez puntos: imposible lograr un mejor homenaje a su dorsal.</p>
<figure id="attachment_5706" aria-describedby="caption-attachment-5706" style="width: 950px" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-5706" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/07/francia-croacia-final-mundial-depor.jpeg" alt="francia-croacia-final-mundial" width="950" height="475" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/francia-croacia-final-mundial-depor.jpeg 950w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/francia-croacia-final-mundial-depor-300x150.jpeg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/francia-croacia-final-mundial-depor-768x384.jpeg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/francia-croacia-final-mundial-depor-600x300.jpeg 600w" sizes="(max-width: 950px) 100vw, 950px" /><figcaption id="caption-attachment-5706" class="wp-caption-text">Foto Depor.com</figcaption></figure>
<p>“La perseverancia es una cosa impresionante”, comentó un amigo hace días. “La perseverancia puede lograr cosas asombrosas. Pero el talento también”, concluyó uno que se sumó a la conversación. Por eso <strong>Croacia</strong> fue finalista y Francia campeona del mundo. Ambas dignas exponentes de los valores que necesita cualquier colectivo para trascender, pero solo Francia tuvo el ingrediente final que hace que la realidad sea más agradable que los sueños. Por eso su triunfo fue lógico y esperado. Una lección para quienes creen que el éxito se fábrica en restaurantes de <em>fast food </em>o que la victoria solo depende del azar. “La suerte es un desenlace pero no una explicación”, canta Cuarteto de Nos. Y las tres finales y dos Copas del Mundo en los últimos 20 años lo demuestran.</p>
<p>Un dato más: <strong>Varane</strong>, el capitán galo, tiene 25 años y cuatro Champions, fue subcampeón de una Eurocopa y ganó un Mundial.</p>
<p>La final deberá pasar a la historia: nunca antes más de mil millones de seres humanos nos pusimos de acuerdo en algo. Lo hicimos para ver la final de la Copa del Mundo. Pensar en tantos ojos viendo a dos conjuntos que lograron lo que lograron honrando el trabajo en equipo puede ser esperanzador. El fútbol, insisto, a veces evoluciona más rápido que los países.</p>
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		<title>Señales</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/07/senales/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Jul 2018 17:49:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La vida después del fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Deschamps]]></category>
		<category><![CDATA[Francia]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Lizandro Samuel]]></category>
		<category><![CDATA[Martín Caparros]]></category>
		<category><![CDATA[Umtiti]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Francia llegó a Rusia 2018 con ganas de hacer valer las papeletas que la nombraban como una selección&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="francia-llego-a-rusia-2018-con-ganas-de-hacer-valer-las-papeletas-que-la-nombraban-como-una-seleccion-de-peligro-pero-habia-un-problema-23-jugadores-no-hacen-un-equipo-un-equipo-lo-hacen-23-comprom"><span style="color: #6e4d8b;">Francia llegó a Rusia 2018 con ganas de hacer valer las papeletas que la nombraban como una selección de peligro. Pero había un problema: 23 jugadores no hacen un equipo. Un equipo lo hacen 23 compromisos.</span></h4>
<p><strong>Por Lizandro Samuel</strong></p>
<p>Hace 20 años, una selección francesa multirracial unió a su pueblo solo para unos momentos puntuales: para celebrar victorias. El combinado galo ganó la Copa del Mundo que se organizó en su país, sumó la primera estrella a su camiseta y nos asomó al siglo XXI. Un crack de ascendencia armenia patentó una jugada llamada la ruleta de Marsella, en honor a su ciudad natal. <strong>Zinedine Zidane</strong> fue un símbolo tanto del buen juego como de la imperante globalización.</p>
<p>El fútbol, entonces, evolucionó más rápido que la sociedad. En las calles francesas el racismo daba bofetadas a los descendientes de inmigrantes y a los habitantes de las barriadas, pero dentro de las canchas todos se arrimaban a los talentos que provenían de familias formadas en los márgenes. Cuatro años después de <strong>Francia 1998</strong>, un partido racista logró postular un candidato a las elecciones presidenciales. Ese mismo año, Zidane marcó un golazo de volea que le dio al Real Madrid su novena Liga de Campeones.</p>
<p>Desde entonces, el fútbol francés no para de evolucionar. Aunque sus métodos no parecen tan a la vanguardia como los de España y Alemania, las academias formativas y el proceso de captación de talento a lo largo y ancho del país lo convirtieron en un grande de Europa. Y en un símbolo de los tiempos que vivimos: 17 de los 23 jugadores de la selección actual son descendientes de familias africanas.</p>
<p><strong>Samuel Umtiti</strong>, central formado bajo los cánones modernos, marcó el gol que puso a Francia en su tercera final en 20 años. Umtiti nació en Camerún, pero es exponente de una escuela francesa que cada vez pare mejores centrales.</p>
<p>Fue precisamente un defensor, <strong>Lilian Thuram</strong>, quien hace 20 años firmó el doblete ante <strong>Croacia</strong> que llevó a su selección a la final del Mundial. Fueron los únicos dos goles que marcó con Francia en sus 142 partidos internacionales.</p>
<p>Los que gustan de ver señales en todos lados vibran de emoción. El gol de Umtiti llegó luego de que Varene hiciese lo propio en cuartos de final y de que Pavard marcara el tanto decisivo en octavos. La última vez que tres defensores franceses marcaron en un Mundial fue en el 98. Lo hicieron <strong>Lizarazu</strong>, <strong>Blanc</strong> y <strong>Thuram</strong>.</p>
<figure id="attachment_5685" aria-describedby="caption-attachment-5685" style="width: 585px" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-5685" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/07/francia-1998-revista-estadio.jpg" alt="francia-1998" width="585" height="380" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/francia-1998-revista-estadio.jpg 585w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/francia-1998-revista-estadio-300x195.jpg 300w" sizes="(max-width: 585px) 100vw, 585px" /><figcaption id="caption-attachment-5685" class="wp-caption-text">Foto Revista Estadio</figcaption></figure>
<p>En el fútbol hay más sorprendidos que sorpresas: los que mejor se preparan, los que tienen más talento y están mejor formados suelen imponerse. Francia llegó a Rusia 2018 con ganas de hacer valer las papeletas que la nombraban como una selección de peligro. Pero había un problema: 23 jugadores no hacen un equipo. Un equipo lo hacen 23 compromisos.</p>
<p>Uno de los combinados con más talento mostraba grietas en su manera de jugar. Didier Deschamps, el técnico, se adaptó no a cómo podría jugar si dispusiese de más tiempo, sino a cómo podía competir en el presente. Logró un compromiso tal entre sus dirigidos, que hasta Pogba, torpe para defender, se replegó hasta la primera línea de su equipo para contener los ataques belgas.</p>
<p>La selección se armó desde una dupla de centrales que solo resulta inferior a la de Piqué y Ramos, en España; y a la de Boateng y Hummels, en Alemania. Pero ya sabemos cómo le fue a estos últimos dos duetos.</p>
<p>Desde la decisión de fortalecer el área propia, Francia ha competido cediendo el balón y organizándose, cuando lo recupera, alrededor de un maduro <strong>Griezmann</strong>. Eso en determinados contextos. En otros se encomienda a la potencia de su nuevo baluarte: <strong>Mbappé</strong>, el futuro que ya es presente y que, como no podía ser de otra forma, nació en 1998: con el aura de campeón que envolvía a Francia.</p>
<p>Tras cada partido, la cohesión ha aumentado. Y tanta unión, así como tanta mezcla –en un país en el que, como dice <strong>Martín Caparrós</strong>, los migrantes no llegan al siete por ciento: hay diez veces más en la selección que en el país–, solo trae a la mente las escenas de 20 años atrás. Cuando Thuram los metió en la final. Él, nacido en Guadalupe, ha sido uno de los principales voceros políticos y sociales del fútbol francés. Un fútbol que ha evolucionado mucho desde que lograra su primer título Mundial. Después del 15 de julio, sabremos si esta vez la sociedad avanzó al mismo ritmo.</p>
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		<title>Hilos extraños</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/07/hilos-extranos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 08 Jul 2018 18:20:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La vida después del fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Belgica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Si el fútbol es como la vida, quería decir entonces que el mundo no era un lugar en&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="si-el-futbol-es-como-la-vida-queria-decir-entonces-que-el-mundo-no-era-un-lugar-en-el-que-las-fantasias-se-hacian-realidad-solo-con-cerrar-los-ojos"><span style="color: #6e4d8b;">Si el fútbol es como la vida, quería decir entonces que el mundo no era un lugar en el que las fantasías se hacían realidad solo con cerrar los ojos.</span></h4>
<p><strong>Por Lizandro Samuel</strong></p>
<p>La vida cada tanto plantea situaciones que me superan. En eso se parece al fútbol. Para vivir con mayor tranquilidad, asumí que hay (muchas) cosas fuera de mi comprensión. Querer saberlo y entenderlo todo es una ambición que coquetea con la arrogancia: si la duda se nos escapa, dejaríamos de ser humanos para convertirnos en Dioses.</p>
<p>Como latinoamericano que soy y enamorado de literatura, fantaseé con lo lindo que sería ver una Copa pintada de Celeste. No solo porque el azul es mi color favorito, sino porque la crónica tendría algo de épico si los muchachos de <strong>Oscar Washington Tabárez</strong> ganaban el Mundial y devolvían a <strong>Uruguay</strong> al trono que perdió en una época en la que no había televisores.</p>
<p>Pertenezco a una generación para la que los uruguayos en el fútbol eran piezas de museo antes que peligros presentes. Esto cambió en los últimos diez años. Los jugadores talentosos que siempre salían empezaron a ser guiados por un Maestro que llevó al fútbol charrúa al siglo XXI.</p>
<p>Ver todo lo que ha hecho Tabárez era sentarse a ponderar el argumento de una película de Hollywood. Pero Francia tenía otra historia que contar: la de los europeos que reeditan título 20 años después de su primera –y hasta ahora única– estrella. Aunque más que contar, los franceses querían jugar. A falta de un equipo de escritores, bueno fue uno de futbolistas. No habían pasado ni 20 minutos y lo que debía ser el relato de la épica charrúa se convirtió en un monólogo francés.</p>
<p>Hasta ese momento, el título de esta columna iba a ser <em>El fútbol no entiende de sentimentalismos</em>. No solo porque quiso que el histórico <strong>Muslera</strong> cometiera un <em>blooper</em> que más que hachárselo a él habría que reprochárselo a las fábricas de balones, sino porque prefirió un análisis que homenajeara a la lógica y no a un éxito taquillero.</p>
<p><strong>Cavani</strong> no volverá de su lesión para alzar en hombros a un Maestro Tabárez curado de sus dolencias por la Diosa de la Victoria. <strong>Godín</strong>, una de las figuras de Rusia 2018, no subirá a recoger un merecido Balón de Oro que, a diferencia de hace cuatro años, premiará al fútbol y no al marketing. Y no veremos en el día de la final a Forlán aplaudiendo en el estadio con rostro de abuelo satisfecho, mientras de fondo suena <em>Gaucho power</em> con una participación especial de Diego Lugano en uno de los coros.</p>
<p>Los franceses, tan buenos, tan talentosos, tan racionales, nos quitaron la posibilidad de escribir el mejor de los guiones. Y en el fondo me contenté. Si el fútbol es como la vida, quería decir entonces que el mundo no era un lugar en el que las fantasías se hacían realidad solo con cerrar los ojos. La Justicia era justa: el que más recursos tenía, el que mejor trabajaba y el que mejor jugaba, era el que avanzaba de ronda.</p>
<figure id="attachment_5678" aria-describedby="caption-attachment-5678" style="width: 1440px" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-5678" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/07/belgica-vs-brasil-la-oral-deportiva.jpg" alt="belgica-vs-brasil" width="1440" height="810" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/belgica-vs-brasil-la-oral-deportiva.jpg 1440w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/belgica-vs-brasil-la-oral-deportiva-300x169.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/belgica-vs-brasil-la-oral-deportiva-768x432.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/belgica-vs-brasil-la-oral-deportiva-1024x576.jpg 1024w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/belgica-vs-brasil-la-oral-deportiva-600x338.jpg 600w" sizes="(max-width: 1440px) 100vw, 1440px" /><figcaption id="caption-attachment-5678" class="wp-caption-text">Foto La oral deportiva</figcaption></figure>
<p>Pero entonces llegó el partido entre <strong>Bélgica</strong> y <strong>Brasil</strong>.</p>
<p>La religión es una de las primeras formas de violencia a las que nos someten. Nadie te pregunta si quieres creer en algo, o te explica las ventajas o desventajas de creer en otras cosas, te imponen un modelo del mundo y se ofenden si creces para decidir que prefieres otro.</p>
<p>Yo tenía diez años cuando asistí a catecismo. Un día, confundido, le pregunté a la facilitadora cómo era posible que solo Adán y Eva se hubiesen dedicado a poblar el mundo. La pobre chica, desnudada por mi curiosidad, solo atinó a decir que el planeta se lleno de adansitos y evitas. Entonces, pregunté cómo era el asunto del incesto. Si solo había una mujer y su marido más los hijos de ambos, la lógica decía que no solo el marido sino también los hijos tuvieron que haberse acostado con ella, ¿no?</p>
<p>Yo no sé para qué le sirvió a la pobre chica su educación religiosa, pero sin duda no fue para despertar el pensamiento lógico. La muchacha titubeó, cambió de tema y yo asumí que más nunca perdería mi tiempo yendo a esas cosas.</p>
<p>Aunque De Bruyne, Hazard y Fellaini tuvieron un gran partido, las figuras de la victoria belga fueron <strong>Courtois</strong> y un caprichoso Dios que bien podría mentarse Azar. Bélgica, que planteó un partido solvente en las transiciones ofensivas, padeció durante 90 minutos un asedio llamado <strong>Brasil.</strong></p>
<p>Tan impresionantes como algunos jugadores belgas fueron las incontables ocasiones de gol brasileñas no concretadas por cracks que acostumbran llenar de proezas los noticieros. El rectángulo de juego fue un lugar donde unos señores vestidos de amarillo estaban tan acostumbrados a hacer lo imposible que no pudieron hacer lo posible y quedaron eliminados ante un equipo que filmó una maravillosa película, antes que un ensayo bien sustentado.</p>
<p>Si tras la victoria francesa sentí el sosiego del que sabe que el que juega bien gana, con la victoria belga me entró el temor de ser tan bueno como Brasil solo para quedar eliminado ante otro que rezó mucho.</p>
<p>Durante la adolescencia el balón fue un refugio lógico de todas las inquietudes que me acosaban. <strong>Manuel Vázquez Montalabán</strong> escribió una vez que el fútbol es una religión en busca de un Dios. En el Olimpo el trono superior será ocupado por <strong>Lionel Messi</strong>, el mismo que perdió tres finales seguidas. Si ese es el destino del más grande de los Dioses, ¿de qué sirve la religión para explicar los caprichos de la pelota?</p>
<p>Humildad tiene que ver con asumir nuestras limitaciones. Ya yo superé buena parte de mis crisis existencialistas: hay cosas que no entiendo y no entenderé. El mundo funciona de forma más o menos razonable aun con mi ignorancia. El adolescente que quería usar el fútbol para evadir las crisis cotidianas devino adulto que repite el cliché de <strong>Sócrates</strong>: yo solo sé que no sé nada.</p>
<p>Y si me torno arrogante, siempre habrá una <strong>Bélgica</strong> que me ponga los pies en la tierra.</p>
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		<title>Edith Piaf: la voz imperial de una mendiga</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/12/edith-piaf-la-voz-imperial-una-mendiga/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Dec 2017 12:30:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Francia]]></category>
		<category><![CDATA[Piaf]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>París ‘es’ Edith Piaf en un mimetismo rara vez alcanzado entre un artista y la ciudad desde cuya&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h5 id="paris-es-edith-piaf-en-un-mimetismo-rara-vez-alcanzado-entre-un-artista-y-la-ciudad-desde-cuya-intemperie-conquisto-la-gloriosa-tragedia-de-vivirlo-todo">París ‘es’ Edith Piaf en un mimetismo rara vez alcanzado entre un artista y la ciudad desde cuya intemperie conquistó la gloriosa tragedia de vivirlo todo</h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 id="por-miguel-angel-ortega-lucas-ctxt-es"> <strong>Por Miguel Ángel Ortega Lucas  / <a href="http://ctxt.es/es/20171129/Culturas/16378/edith-piaf-la-mome-paris-ortega-lucas-ctxt.htm">Ctxt.es</a></strong></h5>
<p>Hay muchas maneras de cantar, pero algunas jamás podrán aprenderse: se habita en ellas o no se habita, como se habita la propia piel. Nadie ha podido cantar nunca como la mendiga Edith Piaf, la reina callejera Piaf: además de nacer con esa voz, hay que nacer con esa voz en el infierno.</p>
<p>Porque nació “en el arroyo”, como solía decirse entonces. Y llevaba el arroyo en la sangre; había aprendido a gatear en él. Había aprendido demasiado pronto que la mugre y la desolación y la intemperie también eran combustibles para la hoguera dulce de los pobres. Era –señalaba Monique Lange en su libro sobre ella– “de la raza de los niños de las películas de Charlot, la niña que tiene que robar para comer”. Pero “no sería Piaf si no hubiera vivido todo aquello”, diría ella misma mucho después, sobreviviendo ya apenas a su propia leyenda. Y es probable que todo lo que le sucediera luego no fuera más que el largo epílogo de ese desastre triunfal, de esa gloria de suburbio durmiendo entre los gatos: como ellos, pasó hambre, pasó miedo, pasó frío, nunca tuvo hogar; pero era libre: “de no levantarme, de no acostarme, de emborracharme, de soñar, de esperar”. De esperar un milagro.</p>
<p>Por eso se escapaba a la calle, a cantar de nuevo para los transeúntes de París, cuando tenía ya un techo bajo el que cantar: añoraba el escenario primigenio, y quizás intuía que quien conquista la calle puede conquistarlo todo. En una esquina entre la calle Troyon y la avenida Mac-Mahon, una mañana de 1935, un atildado señor que pasa por allí se para a escuchar a una niña de apenas veinte años (pero que podía aparentar catorce), con cuerpo de pajarillo, cantar <em>Comme un moineau </em>(<em>Como un gorrión</em>). “¿Estás loca?”, le pregunta al acabar. “Te vas a quebrar la voz”. “Tengo que comer”, responde. Entonces el hombre la cita el lunes, a las cuatro, en su local, un cabaret llamado <em>Gernys</em>. El hombre se llama Louis Leplée, y cambiará la vida de esa niña, y también el nombre.</p>
<p>La niña se llamaba hasta ese momento, oficialmente, Edith Gassion, y había nacido, en diciembre de 1915, sobre el capote de un guardia en el pasillo del apartamento provisorio de sus padres (siempre se dijo que había sucedido “a la luz de una farola” de esa misma calle, Belleville, y cómo no creerlo); su padre se despistó entre las tascas mientras buscaba presuntamente una ambulancia. Ambos progenitores descendían del noble linaje de las gentes de mal vivir: él trabajaba en el circo, como antes su padre; ella regentaba un tiovivo en la verbena donde se conocieron. De ella heredaría la voz prodigiosa, pero sólo eso.</p>
<p>El arroyo: la casa de su abuela materna, adonde la niña Edith va a parar, desentendida la madre, arrastrando la voz por los antros de Montmartre, mientras el padre es movilizado al frente de la Gran Guerra, la primera. Ésta no la lavaba jamás, y le ponía vino tinto en el biberón porque “mataba los microbios”. La promoción del arroyo: el burdel, regentado esta vez por su abuela paterna, en el que recibe, de las ocho mujeres que allí se prostituyen, y por un margen de cuatro años, los únicos biberones de ternura de su infancia. Luego vuelve a llevársela el padre, y será para mendigar en la calle, de pueblo en pueblo, a cambio de números de contorsiones y magia dudosa.</p>
<p>Un día que está enfermo, la niña se planta sola en el escenario de la calle y se arranca a cantar <em>La Marsellesa</em>: saca más dinero en tres minutos que su padre en toda una jornada.</p>
<p>Para cuando Leplée la descubre y se la lleva a su cabaret, lleva ya diez años como diez vidas apurando hasta las heces toda la libertad y toda la mierda que las calles de París podían ofrecer a una pícara de fortuna, sólo acompañada desde los quince por su compinche Momone –amistad fielmente incendiaria para siempre–. Para cuando llega a cantar al <em>Gernys, </em>antro canalla con público de pretensiones, ha estado sola mil veces y otras mil acompañada; ha tenido <em>chulos </em>que la protegían a cambio de una mordida por su cosecha diaria en la calle o las tascas o los patios de vecinos; se ha enamorado y ha abandonado a su primer <em>hombre, </em>P’tit Louis; ha tenido una niña con él, Cécelle, y la niña ha muerto de meningitis antes de los dos años.</p>
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<p>“Eres un verdadero gorrión de París”, le dijo Leplée, conmovido ante alguien a quien en el fondo se parecía –él era homosexual y conocía también la soledad y sus márgenes–: Serás <em>la môme Piaf</em>”, la niña Piaf. “Lo lleva en las tripas”, dijo al escucharla Maurice Chevalier.</p>
<p>No es extraño que el canto que más nos pueda emocionar sea el erigido en los extremos, en los márgenes arrojados de la vida; el que se canta desde una jaula o desde el destierro, en la intemperie del camino o del callejón. El hechizo subyugante de Piaf es consecuencia de respirar ese aire de devastación en los pulmones, el que todos respiramos antes o después en la hora en punto de nuestro duelo, y conjurarlo con una voz que las dignifica a todas, que las acaricia para que puedan dormir al menos esta noche, acurrucadas junto al fuego o la farola: todo será igual mañana –parece cantarnos, bajo la llovizna–, pero finjamos que no, brindemos con las lágrimas, y apuremos lo que nos queda.</p>
<p>Durante la ocupación alemana de Francia, ayudó a sacar de un campo de trabajo a un puñado de prisioneros con identificaciones falsas, alegando que eran sus músicos. Un amigo aseguraba haberle visto dar a un mendigo 15.000 francos. En el hostal en que se hospedaba, ya consagrada, las juergas y las sesiones de ensayo –que lo mismo eran– no dejaban dormir a nadie hasta el alba, pero si alguien se quejaba, se explicaba que “madame Piaf” estaba ensayando, y se volvían sin chistar.</p>
<p>Con la misma alegría apuraba su propia desgracia: la prendía, como el mismo canto; la azuzaba, la hacía crecer para poder incendiarse de la manera más sublime. Empezó haciendo llorar a los marineros, a las putas y a los soldados; continuó, abrazando ya su éxito imparable, haciendo llorar a los ricos del <em>Tout-Paris </em>en el cabaret de Leplée y a las estrellas de cine en Nueva York; pero a los que más le gustaba hacer llorar era a sus amantes, a los que hipnotizaba o perseguía hasta hacerlos suyos, vampirizarlos, promocionarlos, agotarlos, hartarse de ellos y abandonarlos para poder seguir sintiéndose abandonada, y poder seguir cantando esas canciones en las que alguien siempre se está yendo o está buscando a alguien: <em>“Cuando un hombre viene hacia mí / siempre me dirijo a su encuentro; / no sé lo que busco; camino en la oscuridad”. </em></p>
<p>No le duraban más de dos años. Buscó su ayuda o los ayudó generosamente (Raymond Asso, Yves Montand, Georges Moustaki, Charles Aznavour&#8230; –a este último lo tiranizó sin tregua–), pero siempre los abandonaba, implacable, cuando se hartaba de ellos de alguna manera, generalmente para sustituirlos por otro. (“¿Cómo sacará de su pequeño pecho las grandes quejas de la noche?”, se preguntaba Jean Cocteau: pues así.) De cierta costumbre de su padre, que allí en el <em>arroyo </em>la instruyó en la historia de Francia abofeteándola si no sabía responder bien, parece que provino su querencia a que los amantes le hicieran lo mismo en la cama.</p>
<p>El que ha quedado en la mitología como gran amor de su vida, el boxeador Marcel Cerdan, se estrelló en un avión de vuelta a París, marcando el punto de retorno fatal a la intemperie de la cantante, pero su biógrafa Lange asegura que Piaf le hubiera abandonado antes o después. Fue ella quien le pidió que tomara ese avión, adelantando su viaje: la copa furiosa de las tragedias no podía aguantar una gota más, antes de despeñarse por el abismo del alcohol y los estupefacientes, las caídas y las inyecciones para poder cantar.</p>
<p>Pero sólo quería cantar, sólo le importaba cantar. Y hacia el final de su vida coronará de nuevo tres veces el Olympia, cantando desde la cima como cantó siempre desde el arroyo: para los del arroyo. Que por eso, por haber crecido entre las candilejas del suburbio, y no en los Campos Elíseos, París <em>es </em>Edith Piaf en un mimetismo rara vez alcanzado entre un artista y la ciudad en la que cantó, a la que cantó, desde cuya intemperie conquistó la gloriosa tragedia de vivirlo todo, y de llorarlo.</p>
<p>Dijo Niestzche que sin la música la vida sería un error. Es posible que la música pueda corregir, en lo que dura una canción, todos los errores de una vida. Y que consagrados por su escalofrío interminable podamos un día decir que <em>no, rien de rien, </em>no nos arrepentimos de nada. De absolutamente nada.</p>
<p><strong>Fuente: <a href="http://ctxt.es/es/20171129/Culturas/16378/edith-piaf-la-mome-paris-ortega-lucas-ctxt.htm">Ctxt.es</a></strong></p>
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