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	<title>Gatos &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Gatos &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Lo que no les debes dar a tu perro o a tu gato para cenar en Navidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Dec 2017 16:56:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Estilos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Gatos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ni que te lo pidan de rodillas debes ofrecer dulces a tus mascotas. No solo les hace daño,&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="sumaryNews">
<p>Ni que te lo pidan de rodillas debes ofrecer dulces a tus mascotas. No solo les hace daño, sino que provocan la aparición de caries en sus dientes y colmillos, explica el veterinario Gerald Arteaga, del consultorio Pelos y Patas</p>
</div>
<div class="textNews">
<p>Son unos maestros para pedir algo que les gusta, para poner cara de lástima si no se les da lo que exigen, para hacer sentir su molestia porque no les haces caso o no atiendes su solicitud ya, urgente, porque &#8220;para luego es tarde&#8221;&#8230; tu perro o tu gato siempre buscarán la manera de que les pongas en el plato lo que les apetece, y la cena de Navidad no es la excepción.</p>
<p>La hiperinflación afecta todos los bolsillos, y es probable que en hogares venezolanos no haya ni cena ni Navidad este 24 de diciembre. Pero en los que sí se pueda elaborar aunque sea una docena de hallaquitas, las mascotas deben estar a salvo de algunos ingredientes del tradicional plato navideño.</p>
<p><img src="http://contrapunto.com/uploads/2017/12/13/ENTREVISTA%20A%20GERALD%20ARTEAGA%20MEDICO%20VETERINARIO-3.jpg" /></p>
<p>El veterinario Gerald Arteaga, del consultorio Pelos y Patas, explica que las aceitunas y las alcaparras les irritan el estómago a los perros y a los gatos, y pueden causarles vómitos y diarrea. Las uvas afectan el funcionamiento de sus riñones.</p>
<p>Ni que te lo pidan de rodillas les debes dar dulce a tus mascotas. No solo les hace daño consumir azúcar, sino que provoca la aparición de caries en sus dientes y colmillos, explica Arteaga.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
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<p>&nbsp;</p>
<div class="textNews">
<p>Navidad sin un traguito de licor parece algo impensable para muchas personas, y a lo mejor tu perro o tu gato opinan lo mismo por curiosidad, porque les llama la atención, porque esa preparación tiene algún ingrediente que les apetece. Pero, tal como lo señala el veterinario, el alcohol les irrita las vías digestivas, por lo que deben estar bien lejos del bar.</p>
<p><img src="http://contrapunto.com/uploads/2017/12/14/ENTREVISTA%20A%20GERALD%20ARTEAGA%20MEDICO%20VETERINARIO-4.jpg" /></p>
<p>Emprendimiento de cuatro patas</p>
<p>El consultorio Pelos y Patas nació hace tres años en Guatire, y hace poco más de un mes el proyecto creció con la apertura de un nuevo local en Chacao en el que no solo se ofrece atención veterinaria, sino peluquería y venta de alimentos. Más información: (0424) 153.1475 y en Twitter @pelosypatas1.</p>
</div>
<p><strong>Fuente: <a href="http://contrapunto.com/noticia/lo-que-no-les-debes-dar-a-tu-perro-o-a-tu-gato-para-cenar-en-navidad-175999/">Vanessa Davies / Contrapunto</a></strong></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Las otras cuatro cosas que necesitas aprender sobre tu perro y tu gato</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/11/las-otras-cuatro-cosas-necesitas-aprender-perro-gato/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Nov 2017 15:20:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Estilos]]></category>
		<category><![CDATA[Gatos]]></category>
		<category><![CDATA[Mascotas]]></category>
		<category><![CDATA[Perros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Vannesa Davies / Contrapunto ¿Puedo dormir con mi gato o con mi perro? ¿Los puedo bañar? ¿Cómo&#8230;</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com/2017/11/las-otras-cuatro-cosas-necesitas-aprender-perro-gato/">Las otras cuatro cosas que necesitas aprender sobre tu perro y tu gato</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com">Seis Grados - Experiencias que nos conectan</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h5 id="por-vannesa-davies-contrapunto"><strong>Por Vannesa Davies / <a href="http://contrapunto.com/noticia/otras-cuatro-cosas-que-necesitas-aprender-sobre-tu-perro-y-tu-gato-167007/"><strong>Contrapunto</strong></a></strong></h5>
<h5 id="puedo-dormir-con-mi-gato-o-con-mi-perro-los-puedo-banar-como-puedo-saber-si-estan-enfermos-los-veterinarios-esteban-sarabia-y-marialba-cabrera-te-responden-algunas-preguntas-comun">¿Puedo dormir con mi gato o con mi perro? ¿Los puedo bañar? ¿Cómo puedo saber si están enfermos? Los veterinarios Esteban Sarabia y Marialba Cabrera te responden algunas preguntas comunes</h5>
<p><strong>La pregunta 1: ¿Cuánto van a vivir mi perro o mi gato?</strong></p>
<p>Si es por querer, seguro que quieres que tu perro o tu gato, esos que duermen contigo y que te reciben cuando llegas a tu casa, vivan eternamente. Pero nadie vive para siempre; tampoco, nuestras mascotas.</p>
<p>“El tiempo de vida de ellos, en promedio, es de 12 o 14 años”, explica el veterinario Esteban Sarabia, de Mascotas Centro Veterinario.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Pero Sarabia afirma que ha visto animales que viven más: 15 años, 16 años.</p>
<p>Con su experiencia como veterinaria dedicada a felinos, Marialba Cabrera, creadora del consultorio Gatósfera ubicado en El Hatillo, sostiene que los gatos pueden vivir entre 15 y 16 años. “Sin embargo, hay gatos que son muy longevos, que pueden vivir 18, 20, 21 años”, calcula.</p>
<p><strong>La pregunta 2: ¿Puedo dormir con mi perro o con mi gato?</strong></p>
<p>“Muchas personas lo hacen”, responde Esteban Sarabia entre risas, para contar de inmediato que él duerme con su perro y con su gato, y que sus mascotas se suben en la cama si así lo deciden (especialmente el gato, que casi siempre consigue lo que desea). “Siempre y cuando no tengas problemas de salud” puedes hacerlo. Ahora, si tienes dificultades respiratorias o alergias “no es lo más recomendable”, aclara.</p>
<p><strong>La pregunta 3: ¿Se deben bañar perros y gatos?</strong></p>
<p>Tanto perros como gatos “tienen una capa grasa, que es importante para ellos” y que el baño puede alterar, refiere Sarabia. Además, los gatos “siempre se acicalan”. Por eso “recomiendo peinarlos”.</p>
<p>Sin embargo, si las mascotas se acostumbran desde pequeñas a ser bañadas, aceptarán la ducha.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La pregunta 4: ¿Cómo sé si mi perro o mi gato están enfermos?</strong></p>
<p>Hay señales obvias que revelan que tu perro o tu gato están enfermitos, describe Sarabia: no se levantan, no comen, no juegan. En ese caso la recomendación es clara: hay que acudir al veterinario.</p>
<p>Aparte, detalla el especialista, “cuando tienen fiebre su decaimiento es obvio: sube la temperatura, aumenta la frecuencia respiratoria”. Como los seres humanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div class="cs-embed cs-embed-responsive"><iframe title="¿Puedo bañar a mi gato y a mi perro?" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/hdFI-KfMzX0?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></div>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Fuente: <a href="http://contrapunto.com/noticia/otras-cuatro-cosas-que-necesitas-aprender-sobre-tu-perro-y-tu-gato-167007/">Contrapunto</a></strong></p>
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		<title>Un gato callejero es principal sospechoso de un “intento de asesinato” en Japón</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/11/gato-callejero-principal-sospechoso-intento-asesinato-japon/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Nov 2017 14:33:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Gatos]]></category>
		<category><![CDATA[Japón]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las autoridades no encontraron señales de ingreso forzado a la residencia de la víctima y descartaron que se&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h5 id="las-autoridades-no-encontraron-senales-de-ingreso-forzado-a-la-residencia-de-la-victima-y-descartaron-que-se-tratara-de-un-accidente">Las autoridades no encontraron señales de ingreso forzado a la residencia de la víctima y descartaron que se tratara de un accidente</h5>
<p>En Japón, una investigación sobre “intento de asesinato” a una anciana ha señalado como principal sospechoso a un gato callejero.</p>
<p>De acuerdo con medios locales, la hija de Mayuko Matsumoto halló este lunes a su madre empapada de sangre como resultado de al menos <strong>20 cortes en su rostro</strong>. La mujer, de 82 años, que se encontraba postrada en cama, <strong>fue sometida a una intervención quirúrgica</strong> de emergencia por la gravedad de las heridas.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras tanto, la Policía comenzó a indagar, descartando que fuera un accidente, y supuso que las heridas fueron provocadas por un arma blanca. “<strong>Matsumoto no puede hablar </strong>y, por lo tanto, no pudo dar ninguna pista sobre su atacante”, reporta la cadena pública NHK.</p>
<p>Las autoridades no encontraron señales de ingreso forzado a su residencia. Sin embargo, los investigadores notaron que <strong>los cortes se asemejaban a arañazos</strong> y centraron su atención en varios gatos que rondan el vecindario. Tras una búsqueda exhaustiva, descubrieron que uno de ellos tenía rastros de sangre en sus patas.</p>
<p>Los oficiales aseguran que se está analizando una muestra de <strong>sangre extraída de las garras del felino</strong> “sospechoso de haber atacado a la víctima”, pero hasta el momento se han negado a comentar más detalles del caso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Fuente: <a href="http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/un-mundo/gato-callejero-principal-sospechoso-intento-asesinato-japon/">Últimas Noticias</a></strong></p>
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		<item>
		<title>Manual de uso para dueños de gatos desesperados</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/11/manual-uso-duenos-gatos-desesperados/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Nov 2017 19:43:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reportajes]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Gatos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Vanessa Davies / Contrapunto Un gato no es un adorno: es una mascota que necesita tiempo, cariño&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="sumaryNews">
<p><strong>Por Vanessa Davies /<a href="http://contrapunto.com/noticia/manual-de-uso-para-duenos-de-gatos-desesperados-171036/"> Contrapunto</a></strong></p>
<h4 id="un-gato-no-es-un-adorno-es-una-mascota-que-necesita-tiempo-carino-y-atencion-tener-dos-gatos-es-una-excelente-decision-para-que-se-acompanen-y-jueguen">Un gato no es un adorno: es una mascota que necesita tiempo, cariño y atención. Tener dos gatos es una excelente decisión, para que se acompañen y jueguen</h4>
</div>
<div class="textNews">
<p>Pueden ser los reyes del cariño, pero también los monarcas de la malacrianza. Tener un gato es tener una compañía maravillosa, una caja de sorpresas. Es muy importante que, desde pequeños, se acostumbren a estar con otros animales, con otras personas. Pero hay algo que nadie les quitará: les gusta estar en las alturas.</p>
<p>Los dueños de gatos se ríen mucho, disfrutan mucho, aunque a veces se desesperan porque no entienden a su felino y su &#8220;gatonalidad&#8221;.</p>
<figure style="width: 1024px" class="wp-caption alignnone"><img src="http://contrapunto.com/uploads/2017/11/15/gatitos.jpg" alt="" width="1024" height="683" /><figcaption class="wp-caption-text">Marialba Cabrera, directora fundadora del consultorio Gatósfera</figcaption></figure>
<p><strong>¿Por qué a veces el gato es antipático?</strong> Es importante que tu gato desde pequeñito se acostumbre a estar con personas y con otros animales, explica Marialba Cabrera, directora fundadora del consultorio Gatósfera, ubicado en El Hatillo. Así aprenderá “que no tiene que temerle a nadie, ni huir”, ni ser agresivo. Tu gato se portará como tu gato, pero no necesariamente se hará el simpático con los demás. Tu gato, que juega contigo y que te recibe en la puerta de la casa, puede ser tímido o nervioso, esconderse cuando llegan personas extrañas.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
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<p>&nbsp;</p>
<div class="textNews">
<p>“En presencia de su dueño el gato es cariñoso, sociable, amoroso, y a lo mejor no lo es tanto con los extraños”, explica. Otros felinos “son súper sociables, saludan a todo el mundo, se dejan tocar por todo el mundo”. Todo dependerá “de una adecuada socialización” con los seres humanos.</p>
<p><img src="http://contrapunto.com/uploads/2017/11/15/gatito.jpg" /><em>Un gato puede ser encantador con su dueño y arisco con los extraños. Foto: Ángel Fariña </em></p>
<p><strong>Me quiere dominar como si él fuese el jefe.</strong> “El gato debe entender que el jefe o el alfa de la casa es el dueño. No puedes dejar que el gato te domine”, comenta Cabrera. Si un gato es dominante “hay que ponerle límites”, porque “si el gato no puede manejar y dominar a su gato, nosotros, como veterinarios, menos podemos”.</p>
<p><strong>¿Cómo le explico que no es no?</strong> ¿Es posible entrenar un gato? Seguro que sí, afirma la veterinaria especialista en gatos. Un minino puede aprender a salir a pasear solo y regresar a su casa sin fugarse de parranda. “Hay gente que entrena a los gatos para usar la poceta. Es un proceso”, comenta.</p>
<p>Se puede enseñar al gato con galletas y recompensas. También, con la repetición de conductas. Es importante tener paciencia “y que el gato entienda que no es no”.</p>
<p><img src="http://contrapunto.com/uploads/2017/11/15/minino.jpg" /></p>
<p><strong>¿Por qué quiere subirse a un estante o estar en las alturas? </strong> A los gatos les encanta montarse por todos lados, y su agilidad los ayuda a montarse en el sitio que quieran. “Pueden llegar a sitios altísimos, les gusta ver todo desde arriba”, explica Cabrera.</p>
<figure style="width: 1000px" class="wp-caption alignnone"><img src="http://contrapunto.com/uploads/2017/11/15/TRABAJO%20SOBRE%20EL%20PESCADO-2.jpg" alt="" width="1000" height="600" /><figcaption class="wp-caption-text">Los gatos necesitan tener siempre un plato con agua y un plato con alimentos. Foto: Ernesto García</figcaption></figure>
<p><strong>¿Por qué quiere vivir como un rey?</strong> Si por tu gato fuera, tendría barra libre de gatarina; un “todo incluido” permanente de carne, pescado y vísceras y de todo lo que les gusta. En realidad lo que el minino necesita siempre es su plato con agua y su plato con alimento, además de su caja con arena. “También debe tener juguetes y hay que jugar con él todos los días”, subraya Cabrera.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
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<div class="textNews">
<p><strong>El gato me levanta de madrugada para que le ponga comida</strong>. “Es una queja frecuente que los gatos no dejan dormir a los dueños. Es que ellos son nocturnos”, recuerda la veterinaria. “O si no te levantan muy temprano para que les sirvas comida”. La mejor recomendación que puede dar Marialba Cabrera “es tener dos gatos en vez de uno, porque así juegan, duermen juntos, se acompañan y el gasto de energía lo hace uno con otro”.</p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Fuente: <a href="http://Contrapunto">Contrapunto</a></strong></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Minicuento: La mujer-gato</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/04/minicuento-la-mujer-gato/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 May 2017 03:13:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Gatos]]></category>
		<category><![CDATA[Jennifer Rolong Ibáñez]]></category>
		<category><![CDATA[Parejas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Aquella mujer tenía unos ojos verdes, como los de los gatos, y eran tan iguales a los de&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Aquella mujer tenía unos ojos verdes, como los de los gatos, y eran tan iguales a los de los gatos, que hasta fosforescían en la oscuridad.</p>
<p>¡Qué cómodo resultaba amarla!</p>
<p>Porque gracias a las felinas propiedades de sus ojos, en la noche uno veía la hora del reloj, sin tener que encender la luz. Y para leer un libro en los momentos de insomnio, tampoco hacía falta encender la luz. Bastaba con decirle a ella:</p>
<p>—Flérida, hija, haz el favor de enfocarme los ojos al libro, que voy a leer un ratito.</p>
<p>En fin, era una mujer ideal. Lo malo estaba en que, a causa de su espíritu gatuno, le encantaba echarse en la tarima del brasero, y adoraba el pescado, y daba unos arañazos terribles.</p>
<p>Y aun esto podía perdonársele.</p>
<p>Lo que ya no se le podía perdonar era el que en las noches de enero se levantase de madrugada y se subiese al tejado a dar paseítos bajo la luna.</p>
<p><strong>Autor: Enrique Jardiel Poncela </strong></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Gracias a un gato aprendí a vivir con la depresión de mi pareja</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2016/11/gracias-un-gato-aprendi-vivir-con-la-depresion-de-mi-pareja/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Nov 2016 18:12:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
		<category><![CDATA[Gatos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Hannah Louise Poston Cuando su depresión estaba en su peor momento, mi pareja, Joe, despertaba en la&#8230;</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com/2016/11/gracias-un-gato-aprendi-vivir-con-la-depresion-de-mi-pareja/">Gracias a un gato aprendí a vivir con la depresión de mi pareja</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com">Seis Grados - Experiencias que nos conectan</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="226" data-total-count="226"><strong>Por <span class="byline"><span class="byline-author" data-byline-name="" data-twitter-handle="">Hannah Louise Poston</span></span></strong></p>
<p id="story-continues-2" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="226" data-total-count="226">Cuando su depresión estaba en su peor momento, mi pareja, Joe, despertaba en la mañana envuelto en una niebla tan palpable que su presencia a veces hacía que me despertara, como si hubiera olido algo que se estaba quemando.</p>
<p id="story-continues-3" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="217" data-total-count="443">Durante los primeros años de nuestra relación, a menudo deseé que despertara con un alegre “¡Buenos días!” y un beso, en vez de levantarse de la cama e ir tambaleándose como zombi hacia donde está el café.</p>
<p id="story-continues-4" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="213" data-total-count="656">Terminé por entender que quedarme acostada en la cama mientras tenía fantasías acerca de un Joe sin depresión era una idea terrible. Hacía que estuviera de mal humor, y entonces los dos teníamos un mal día.</p>
<p id="story-continues-5" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="185" data-total-count="841">Así que de la manera más alegre posible, me ponía una bata y botas de hule, y salía para recoger los delicados huevos azules de las gallinas mapuches de nuestro compañero de hogar.</p>
<p id="story-continues-6" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="303" data-total-count="1144">Conforme me acercaba, el piso del gallinero se animaba con un remolino crujiente de paja y pelo mientras un montón de ratas regresaban a su nido detrás del bote de abono. El lugar estaba infestado de ratas y desear que se fueran era igual de inútil que el anhelo de que Joe dejara de estar deprimido.</p>
<p class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="303" data-total-count="1144">[the_ad id=&#8221;3209&#8243;]
<div id="marketing-ad" class="ad marketing-ad marginalia-anchor-ad marginalia-item nocontent robots-nocontent" data-google-query-id="CIOc8t6hnNACFRYnHwodGwIASw"> “Necesitamos un gato”, le decía casi todas las mañanas mientras ponía los huevos en una canasta sobre el mostrador de la cocina. Era muy insistente y explicaba que, aun si no se convertía en cazador de ratas, tener un gato en la casa detendría las infestaciones.</div>
<p id="story-continues-8" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="174" data-total-count="1589">Joe no estaba seguro de tener un gato. Siempre se mostraba escéptico de las ideas aparentemente impulsivas… se tardaba en aceptar cosas nuevas; era lento para los cambios.</p>
<p id="story-continues-9" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="77" data-total-count="1666">“¿Has pensado en por qué quieres un gato?”, me preguntó una tarde.</p>
<p id="story-continues-10" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="216" data-total-count="1882">“¿A qué te refieres con por qué?”. Eso me ofendía. Parecía sugerir que, más allá de las ratas, podría tener razones dañinas para querer un gato. “¿Por qué las personas quieren un gato? Es un gato”.</p>
<p id="story-continues-11" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="74" data-total-count="1956">“Solo me parece que requerirá mucha energía de nuestra parte”, dijo.</p>
<p id="story-continues-12" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="285" data-total-count="2241">Joe y yo estábamos cerca de cumplir tres años de relación, el punto en el que muchas parejas que han estado en una relación larga terminan, según lo había demostrado un estudio (“La comezón del séptimo año ahora es la cosquilla de los tres años”, señalaba un artículo).</p>
<p id="story-continues-13" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="220" data-total-count="2461">Su depresión llegaba en ciclos frecuentes y a menudo se quedaba días. Si traía a casa durante esos días un bote de helado de chocolate con menta (el favorito de Joe), él no se daba cuenta o ni siquiera se lo comía.</p>
<p id="story-continues-14" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="265" data-total-count="2726">No, él no quería ir al cine o a bailar ni tener sexo. Cualquier propuesta, incluso con mi cuerpo, desaparecía en un agujero negro, lo cual me hacía parecer inútil y patética. Aprendí que la mejor manera de amar a Joe durante esos momentos era dejarlo en paz.</p>
<p id="story-continues-15" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="108" data-total-count="2834">“La depresión no se puede curar”, me dijo Joe una vez. “Tan solo puedes aprender a vivir con ella”.</p>
<p id="story-continues-16" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="274" data-total-count="3108">Aprendí a vivir con ella; comencé a comprar mi propio sabor preferido de helado en vez del suyo. Cuando finalmente atravesé Portland en auto y llegué a la Oregon Humane Society un día de agosto, lo hice en secreto, de manera rebelde y por mis propias razones ilógicas.</p>
<p id="story-continues-17" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="271" data-total-count="3379">Había sido una semana especialmente difícil. Mi estrategia cuidadosamente planeada para amar a un hombre deprimido era ayudarme en vez de intentar ayudarlo. “Y hoy”, pensé mientras me acomodaba en el estacionamiento de la Humane Society, “vengo por un gatito”.</p>
<p id="story-continues-18" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="178" data-total-count="3557">Cuando Joe llegó a casa esa noche, el gatito —que tan solo era una bolita de pelaje rayado— salió de debajo de la cama. Respiré profundo, lista para defender mi decisión.</p>
<p id="story-continues-19" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="439" data-total-count="3996">Pero después vi sus ojos verdes y traviesos que miraban los suyos, tristes y hermosos; parecía que había fuegos artificiales y unicornios que saltaban junto a la aurora boreal que aparecía entre los dos. El gatito intentó correr, echarse y saltar al mismo tiempo, pero se tropezó con sus patas, y creo que en ese momento los ojos de Joe se pusieron blancos y en lugar de pupilas aparecieron en ellos dos corazones rosas y brillantes.</p>
<p id="story-continues-20" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="225" data-total-count="4221">Cuando despertó a la mañana siguiente, las primeras palabras que pronunció Joe fueron: “¿Dónde está el gatito?”. Y el primer acto del gatito, cuando escuchó su voz, fue escalar por el edredón y saltarle a la cara.</p>
<p id="story-continues-21" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="248" data-total-count="4469">Ese mismo verano, Joe reunió la energía para hacer grandes cambios en su vida: dejó de fumar y probó con Wellbutrin, como se lo había sugerido su terapeuta, un antidepresivo que también se prescribe comúnmente como ayuda para dejar de fumar.</p>
<p id="story-continues-22" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="235" data-total-count="4704">Resultó que Sadie era una maravillosa cazadora de ratas. Cuando creció lo suficiente para cazar, acabó con todos los roedores en los rincones del vecindario, y nos traía algún animal chillante y de ojos brillantes casi cada noche.</p>
<p id="story-continues-23" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="170" data-total-count="4874">Rápidamente se volvió claro que Sadie le traía presas vivas a Joe. Sin importar la hora, él salía de la cama para recibirla, encendía las luces y le hacía elogios.</p>
<p id="story-continues-24" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="240" data-total-count="5114">Ella soltaba a su presa para jugar con ella, y nosotros veíamos cómo el ratón o la rata salían disparados tras un mueble o debajo de la cama. Después Joe sacaba unas viejas pinzas para ensalada, y él y Sadie se ponían a cazar juntos.</p>
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<p id="story-continues-25" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="318" data-total-count="5432">Yo me quedaba en la cama, viendo felizmente cómo mi amante delgado, somnoliento y desnudo se escabullía para arrinconar a un roedor bajo la luz difusa de las tres de la mañana. Lo veía tropezar, reír y murmurarle cosas a Sadie, quien le respondía maullando y lo seguía acariciándole los tobillos con el hocico.</p>
<p id="story-continues-26" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="220" data-total-count="5652">A lo largo de los últimos cuatro años, la frase matutina “¿Dónde está el gatito?” se convirtió en “Buenos días, Peanut”, junto con un beso en mi mejilla. A veces incluso me abraza antes de ir por el café.</p>
<p id="story-continues-27" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="272" data-total-count="5924">Joe aún tiene malos días, pero incluso en los peores, cuando la nube gris parece posarse sobre él y yo me preparo para quedarme en mi rincón de la casa, Sadie se pasea por el cuarto, abriéndose paso como jabón a través de la grasa, como luz a través de la neblina.</p>
<p id="story-continues-28" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="249" data-total-count="6173">“Ah, ¡Sadie! Ven aquí, bolita de pelos”, grita Joe. “¿Qué estás haciendo? ¿Cómo te fue en la escuela? ¿Los abusivos te molestaron?”. Después se ríe de su propio chiste y la carga como bebé, para después voltearla y enseñármela.</p>
<p id="story-continues-29" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="260" data-total-count="6433">“Mira a Sadie”, dice, levantándole el pelo entre las orejas para que se levante como un gato mohicano. “¿Estás ronroneando, cara de pez? ¿Estás ronroneando?”. Se la pone en la oreja como una caja musical. “Está ronroneando”, me dice radiante.</p>
<p id="story-continues-30" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="82" data-total-count="6515">Cuando le pregunto a Joe si Sadie curó su depresión, pone cara de preocupación.</p>
<p id="story-continues-31" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="77" data-total-count="6592">“Claro que no”, dice. “Recuerda que la depresión no se puede curar”.</p>
<p id="story-continues-32" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="67" data-total-count="6659">“Lo sé”, le digo. “Solo puedes aprender a vivir con ella”.</p>
<p id="story-continues-33" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="349" data-total-count="7008">Como cuando salen a cazar ratas en la madrugada, el bienestar de Joe es un esfuerzo conjunto. Aunque Sadie ayuda, Joe es quien finalmente atrapa la cola de la rata con las pinzas y la lleva, colgando de ellas, a la puerta. Pero Sadie a veces ayuda tanto que es difícil distinguir dónde terminan nuestras decisiones y dónde comienza su existencia.</p>
<p id="story-continues-34" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="302" data-total-count="7310">A la primera señal de desánimo por parte de Joe, voy por Sadie y se la pongo en el cuerpo, como un ungüento. Incluso durante las peores peleas, uno de nosotros termina por tomar a Sadie y acercarse al otro casualmente, jugando con ella para que se contonee y haga tiernos bizcos con sus ojos verdes.</p>
<p id="story-continues-35" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="343" data-total-count="7653">Cuando estamos demasiado enojados como para tener contacto físico, acariciamos a Sadie, y terminamos en medio de la habitación, como dos países en guerra que se aferran al puente que nos une a través del mar que nos separa, y enviamos en silencio a los primeros embajadores de la tregua: los dedos que se encuentran entre el pelo de Sadie.</p>
<p id="story-continues-36" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="272" data-total-count="7925">Una tarde del otoño pasado, Sadie trajo un gorrión muerto. Hay un regusto de tragedia cuando se ve un ave atrapada por un gato; lo que solía ser impredecible y volaba con el viento se reduce a un montón de seda que está sobre el piso de la cocina, como un sacrificio.</p>
<p id="story-continues-37" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="349" data-total-count="8274">Una vez que Sadie estuvo segura de que Joe y yo habíamos visto su ofrenda, se lo comió todo: las garras, el pico, los huesos y hasta la última pluma. Le tomó menos de un minuto. Para cuando nos acostumbramos a la idea de verla comer un ave, ya se la había comido y se había ido de la habitación, dejando unas gotas de sangre sobre el azulejo.</p>
<p id="story-continues-38" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="237" data-total-count="8511">Sadie es nuestra felicidad, elusiva e impura. Nuestra felicidad hace muecas y se lame la sangre de la barbilla. Nuestra felicidad solo se acurruca cuando se le antoja y, dado que es un felino, esas ocasiones pueden ser pocas y distantes.</p>
<p id="story-continues-39" class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="260" data-total-count="8771" data-node-uid="1">Pero por lo menos vive en nuestra casa ahora. El sol de la mañana sobre el cabello negro de Joe, los tres enredados en las sábanas, navegando por la cama como un bote desvencijado; si los últimos días son indicación de algo, este será otro muy buen día.</p>
<p class="story-body-text story-content" tabindex="-1" data-para-count="260" data-total-count="8771" data-node-uid="1"><strong>Contenido original de <a href="http://www.nytimes.com">New York Times</a></strong></p>
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