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	<title>Islandia &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Rubia sol, morena luna</title>
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		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 Jun 2018 05:19:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La vida después del fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol]]></category>
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		<category><![CDATA[Mundial de Rusia 2018]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En un planeta en el que los flashes podrían dejarnos ciegos, la selección de Islandia nos recuerda que&#8230;</p>
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<p><b>Por Lizandro Samuel</b></p>
<p>Eso de sentir afinidad por el más chico me parece equivalente al periodista que ve en el niño hambriento su posibilidad de ganarse un premio. El triunfo posee mucho <em>sex appeal</em>: la derrota ajena solo suele captar la atención bajo el velado interés de lograr un triunfo moral. Sentir exagerada afinidad por las calamidades del otro sirve para reivindicar la moral propia ante nuestros semejantes. Que en un Mundial equivale a apoyar a los menos mediáticos solo para sentirse original o creer que se desafía al <em>status quo</em>.</p>
<p>Lo mío no tiene nada que ver con eso. En Rusia 2018 mi corazón, desdeñoso y escéptico del partidismo, se encuentra ganado a la causa de dos selecciones. Hay algo de hechizo en el relato de ambas y el músculo que me mantiene con vida me hace vibrar cuando leo sobre ambos combinados. Creo que fue Juan Villoro quien alguna vez aseguró que el fútbol mejora por escrito.</p>
<p><strong>I</strong></p>
<p>A estas alturas <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Islandia">Islandia </a>solo significa una sorpresa para la vanidad argentina o para los futbolísticamente incultos. Quien ha estado algo pendiente del fútbol en los últimos cuatro años, sabe que el país de 330.000 habitantes es el consentido de los aficionados mundiales.</p>
<p>Cuando casi el 10% de la población se trasladó a Francia para ver a la selección hacer historia en la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Eurocopa_2016">Eurocopa</a>, entendimos que estábamos ante el más civilizado de los fenómenos de masas. Cuesta imaginar que una proporción similar de hinchas de cualquier país pueda movilizarse de esa manera sin causar ningún lío. Los islandeses solo dieron de qué hablar porque llamó la atención que más que conciudadanos parecían ser familia. Y no en sentido figurado: un viejo dicho asegura que en Islandia todos son primos.</p>
<figure id="attachment_5621" aria-describedby="caption-attachment-5621" style="width: 1200px" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-5621" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/06/islandia-rusia-2018-mundial-la-pelotona.jpg" alt="islandia-rusia-2018-mundial" width="1200" height="805" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/islandia-rusia-2018-mundial-la-pelotona.jpg 1200w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/islandia-rusia-2018-mundial-la-pelotona-300x201.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/islandia-rusia-2018-mundial-la-pelotona-768x515.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/islandia-rusia-2018-mundial-la-pelotona-1024x687.jpg 1024w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/islandia-rusia-2018-mundial-la-pelotona-600x403.jpg 600w" sizes="(max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption id="caption-attachment-5621" class="wp-caption-text">Foto La Pelotona</figcaption></figure>
<p>No hay nada chico en los gigantescos logros de esta selección. Tampoco, el aire de gesta aislada con el que Bolivia clasificó a un Mundial, Venezuela fue cuarta en una Copa América y Grecia ganó una Eurocopa. En Islandia las razones del éxito radican en un planificado camino que llevó al país de poco más de 100 futbolistas profesionales a poner a temblar a las estrellas del continente, mientras sus aficionados los aplauden no con devoción religiosa sino con el afecto del vecino que te vio crecer.</p>
<p>A eso suman un plan de juego que es una oda al compromiso y la solidaridad. Ninguna delantera del mundo –y ni siquiera un tal Lionel Messi– hace tiritar a unos vikingos que vienen de un país que pasa tres cuartas partes del año en invierno. Bien lo dijo Eidur Gudjohnsen, acaso el mejor jugador de la historia de Islandia, en una entrevista hecha en España: “Aquí con quince grados decís: ¡qué rasca! Y vengo yo y me quito la camiseta”.</p>
<p>Pero lo que en realidad me tiene fascinado de Islandia es que en todo el país no existen ni mosquitos ni hormigas. No es broma. Yo vivo en el Caribe e imaginarme vivir sin esas plagas me sumerge en fantasías celestiales. Imagínense, el mundo del fútbol profesional vive plagado de insectos voladores que desangran lo más bonito del juego. La industria periodística, el fanatismo y el marketing tienen enfermo de chikungunya a la vocación infantil con la que se empiezan a patear balones y a la disciplinada entrega con la que adultos dedican su vida al estudio y practica de su pasión.</p>
<p>En Islandia eso no pareciera existir. Es que también se benefician de la ausencia de avaros representantes, delincuentes del crimen organizado vestidos de barristas, jugadores y entrenadores con más ambición de fama que de gloria, y directivos que buscan prestigio en el único sitio en el que dar patadas es bien visto. Todas las anteriores, diferentes especies de hormigas expertas en expropiar los frutos del sudor ajeno.</p>
<p>En un planeta en el que los flashes podrían dejarnos ciegos, la selección de Islandia nos recuerda que es mejor disfrutar como vikingos antes que quemarse como estrellas.</p>
<p><strong>II</strong></p>
<p>Si en Islandia el Mundial tiene el atractivo de lo novedoso; en Perú, tiene el de la nostalgia.</p>
<p>En algún momento, ese país que salta a la cancha casi con orgullo indígena extravió su sendero tal como lo hicieron todos los combinados de Conmebol. Entre los males que padecemos los latinos, que van desde la violencia hasta la corrupción, Perú dañó su brújula futbolística y parecía un cangrejo que solo sabía caminar hacia atrás.</p>
<p>Aunque me duela decirlo, en este caso sí pareciera brillar con tristeza la luz de la hazaña puntual. No se ve un proyecto futbolístico en Perú como país fútbol. Esta clasificación se explica más bien desde el talento que corre por la sangre de una generación decidida a honrar a sus ancestros; las botas de un guerrero indígena devenido cosmopolita <em>super star</em>, al que mentan Paolo Guerrero; y las actualizadas ideas de un Tigre argentino llamado Gareca que como jugador anotó el gol que dejó a Perú sin clasificar a México 86, solo para 36 años después vestirse de héroe y ser el DT que la vuelve a llevar a la máxima instancia del fútbol.</p>
<figure id="attachment_5622" aria-describedby="caption-attachment-5622" style="width: 1214px" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-5622" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/06/peru-vs-dinamarca-depor.jpeg" alt="peru-vs-dinamarca" width="1214" height="697" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/peru-vs-dinamarca-depor.jpeg 1214w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/peru-vs-dinamarca-depor-300x172.jpeg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/peru-vs-dinamarca-depor-768x441.jpeg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/peru-vs-dinamarca-depor-1024x588.jpeg 1024w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/peru-vs-dinamarca-depor-600x344.jpeg 600w" sizes="(max-width: 1214px) 100vw, 1214px" /><figcaption id="caption-attachment-5622" class="wp-caption-text">Foto Depor.com</figcaption></figure>
<p>Mientras que para Islandia el concepto de trabajo en equipo tiene que ver con reorganizar la estructura deportiva para lograr beneficios colectivos, en Perú –como buenos latinos– la gente no solo se volcó a apoyar con hiperbólica pasión a su combinado, sino que armó toda una Operación Kiwi. El chofer que llevó a la selección de Nueva Zelanda del aeropuerto al hotel el día antes del partido del repechaje demoró el viaje hora y media más de lo habitual. La noche que pasó el combinado oceánico en el selecto barrio de Miraflores estuvo marcada por los estallidos de decenas de fuegos artificiales que no dejaron dormir a ningún miraflorino, pero tampoco a ningún neozelandés. Y, por si fuera poco, el día del encuentro, la Fuerza Armada peruana decidió hacer maniobras especiales alrededor del hotel donde se alojaba la selección visitante con estruendosos aviones capaces de alarmar hasta a una pereza. Lo más divertido es que la hora del operativo, casualmente, coincidió con la hora de la siesta de los jugadores.</p>
<p>Las artimañas sudamericanas no explican el éxito de Perú: solo le dan color folklórico. Dentro de la cancha, los dirigidos por Gareca son una de las pocas selecciones del mundo que aplica los principios del juego de posición, ese cuyo máximo exponente fue el Barcelona de Guardiola. Sin jugadores de la talla de, por ejemplo, España, Perú hilvana pases con la precisión del artesano que se dispuso a subyugar al rival. Con esa paciencia, claridad y precisión, realizó ante Dinamarca una de las mayores exhibiciones de toda la primera jornada del Mundial. A tan pragmático preciosismo, solo le faltó el azaroso gol. Y la contundencia de los campeones: hubo un penal fallado y exceso de ansiedad en los metros finales.</p>
<p>Perú tiene ganado mi corazón por su forma de jugar. A mí me interesa la trascendencia y que todo triunfo tenga una dimensión importante en la historia de cada quien. Islandia juega con la sobriedad del escritor que construye la novela que leerán las generaciones posteriores. Perú lo hace con la rebeldía del genio que desafía la mediocridad que amenaza con destruir un continente alguna vez famoso por el fútbol de alto nivel. A ambos entrego mi promiscuo corazón. Y sé que no hay forma de que me lo rompan: ganen o pierdan, ver a ambas selecciones en Rusia 2018 ya alegra mi experiencia mundialista.</p>
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