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	<title>Leila Guerriero &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Leila Guerriero &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Empuñar los libros</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Apr 2018 17:42:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[David Foster Wallace]]></category>
		<category><![CDATA[Día Internacional del Libro 2018]]></category>
		<category><![CDATA[Karla Souza]]></category>
		<category><![CDATA[La ciudad y los perros]]></category>
		<category><![CDATA[Leila Guerriero]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura Venezolana]]></category>
		<category><![CDATA[Lizandro Samuel]]></category>
		<category><![CDATA[Vargas Llosa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una forma de absorber la experiencia es a través de la narrativa. En las civilizaciones antiguas, un viejo&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="una-forma-de-absorber-la-experiencia-es-a-traves-de-la-narrativa-en-las-civilizaciones-antiguas-un-viejo-se-reunia-alrededor-de-una-fogata-junto-a-los-mas-jovenes-de-la-tribu-su-experiencia-se-cond"><span style="color: #6e4d8b;">Una forma de absorber la experiencia es a través de la narrativa. En las civilizaciones antiguas, un viejo se reunía alrededor de una fogata junto a los más jóvenes de la tribu. Su experiencia se condensaba en historias</span></h4>
<p><strong><br />
Por Lizandro Samuel / @LizandroSamuel<br />
</strong></p>
<p>Quizá mi problema es que nunca he leído para evadir. Hasta en la más absurda de las ficciones puedo encontrar paralelismos con eso que llamamos realidad. Y las pocas veces que esto no ocurre noto poca magia y demasiado plástico en palabras que por falta de artificio lucen artificiales.</p>
<p>Para evadir, supongo, encontré el fútbol, luego el tenis y por último el baloncesto. Pero hasta en eso fracasé. La historia de superación de cualquier jugador me aleccionaba sobre cómo vivir. Y el consejo más útil de mi vida lo escuché en la conferencia de un entrenador sobre el que disfruto leer. “No le hagan caso a nadie”, dijo Pep Guardiola. No supe si hacerle caso o no. Por las dudas, seguí mi instinto cuando mi madre, viendo que mi biblioteca crecía más rápido que mi armario, me preguntó si yo planeaba comer libros o usarlos para vestirme. “Ni lo uno ni lo otro, solo planeo ser feliz”, pensé.</p>
<p>Y la felicidad, en mi opinión, poco tiene que ver con mirar para otro lado. Mientras escribo esto están asesinando a alguien en Caracas, un niño de seis años tiene sexo con un viejo gringo rubio a cambio de tres dólares y en la India un tipo con más barriga que corazón viola a una mujer por no considerarla ser humano. Sé que vivo en un planeta así. Mi desafío es ser una flor de loto: construir una parcela de felicidad en medio de la mierda.</p>
<p>Tímido por naturaleza, un día me asomé a ver la luna. Sentí que el paisaje me superaba. ¿Por qué mis abuelos discutían tanto?, ¿por qué mi mamá llegaba tarde del trabajo y mi abuelo salía temprano a buscar los resultados de la lotería? ¿Qué hacía que millones de personas deliraran por un calvito que sabía patear un balón? Demasiadas dudas para alguien que tan solo tenía un lustro de vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>Fue entonces cuando empecé a encontrar significados en las caricaturas que me leía mi mamá. Si Trucutú se subía a su dinosaurio y seguía de largo cuando veía a una pareja de desconocidos discutiendo, quizá yo debía salir del cuarto cuando mis abuelos comenzaran a gritarse.</p>
<p>Mi mamá destacaba una enseñanza de todos los cuentos que me leía. Y nunca salíamos del cine sin que me preguntara qué fue lo que más me gustó y qué aprendí de la película. Cuando ya estuve demasiado grande para esos juegos, seguí leyendo con una insistencia que en algún momento la preocuparía. Supo que había creado un monstruo cuando empecé a hallar en libros y películas contradicciones a cosas que ella y mis profesores daban por hecho.</p>
<p>Ahí entendí que también leía para que otros no me impusieran su mundo: yo quería construir el mío.</p>
<p>Una serie que me gustaba cuando era un niño se llama <em>Boy meets world</em>, que en Latinoamérica la traducían como <em>Aprendiendo a vivir</em>. Los protagonistas viajan desde la infancia hasta la adultez sin que el argumento se agote. El mensaje resulta obvio: quienes estamos vivos seguimos aprendiendo a vivir.</p>
<p>Una forma de absorber la experiencia es a través de la narrativa. En las civilizaciones antiguas, un viejo se reunía alrededor de una fogata junto a los más  jóvenes de la tribu. Su experiencia se condensaba en historias. Hoy día tenemos la literatura, el cine y la música. Absorbemos conocimiento, emociones y dudas no desde la imposición sino mediante relatos. La narrativa nos muestra posibilidades infinitas para que cada uno decida qué pregunta hacerse.</p>
<p>La actriz mexicana Karla Souza desde niña quería ser un fenómeno de la actuación: alguien que realizara performances inexplicables. Un día, ya hecha actriz, quedó muda durante tres meses. Ningún doctor ni ella misma entendían lo qué sucedía: Karla no podía hablar. Se convirtió en un fenómeno médico.</p>
<p>Al darse cuenta de que estaba escenificando el más difícil de sus dramas, buscó dentro de sí. Quiso aferrarse al amor a su familia, su determinación y su fe en Dios. Abrió la alacena de sus recursos para automotivarse y lo que vio la habría dejado muda de no haberlo estado ya: nada.</p>
<p>Encerrada en su silencio, solo logró observar su dolor en las pinturas, películas y obras de arte. Se enfrentó a un poema de Silvia Plath: “Me inclino a ti, entumecido como un fósil, dime que estoy aquí”. Se conectó con los libros de Jack Kerouac y comprendió el sufrimiento de las pinturas de <strong>Frida Kahlo</strong>. Con su lengua fallando, las emociones lograron expresarse en el lenguaje del arte.</p>
<p>Karla entendió que cosas como la literatura dicen lo que las palabras convencionales son incapaces de explicar. Todavía no sabe adónde fue de vacaciones su voz durante esos tres meses, solo comprende que en ese tiempo aprendió a hablar.</p>
<p>Lejos de vivir traumas semejantes, mi vida ha estado llena de desafíos y algún drama. Si en la adolescencia buscaba mensajes superficiales en la literatura y el cine, empecé a hacerme hombre cuando distinguí lo que los libros susurraban a mi inconsciente.</p>
<p>Podría mencionar una lista de títulos. Ante cada nuevo desafío, me convierto en un caballero de la edad media que empuña un libro. Nada ni nadie me ha dado lo mismo que la literatura. Tener un hombro sobre el que llorar es a veces menos útil que una página que comprenda tus lágrimas.</p>
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<p>Podría mencionar una lista de títulos, decía, pero empezaré con uno que me dio impulso hace un par de años. Llegué a <em>Cosas que los nietos</em> <em>deberían saber</em> habiendo escuchado poco la música del autor, <strong>Mark Oliver Everett</strong>. La cantidad de reseñas positivas que leí me sedujeron. Nunca un “abuelo” sin nietos –ni hijos– había tenido tanta publicidad.</p>
<p>Me bastaron 20 páginas para comprender que los libros pueden trascender a los autores. Lejos de querer conocer a Mark, entendí que su obra tenía mucho más para decirme que cualquier consejo que él u otra persona pudiera darme.</p>
<p><em>Cosas que los nietos deberían saber</em> es uno de los libros que más veces he releído.</p>
<p>Desde niño me consideré un bicho raro. En el colegio era el gordito alto al que le buscaban pleito y respondía preguntándole al agresor si podían ser amigos. En las fiestas familiares me iba a una esquina a leer mientras mis primos movían sus cinturas al ritmo del merengue. Me llevaría tiempo comprender que todos somos raros y que no hay nada más destructivo que pretender ser normal. <strong>Leyendo a Mark me identifiqué con lo solo que se llegó a sentir: ser comprendido es un privilegio tan alto que la mayoría ni siquiera alcanza a comprenderse a sí mismo.</strong></p>
<p>Por esos días también me aferraba a decisiones contraculturales que me asilaban hasta del apoyo de las personas que me querían. Leer <em>Cosas</em>… fue instalar una idea en mi inconsciente: si él pudo, ¿por qué yo no?</p>
<p>Liado además en relaciones sentimentales infructuosas, asumí que no tenía sentido ligarme con alguien que no pudiera comunicarse conmigo en ese espacio en el que las palabras convencionales no son suficientes. Hay mujeres que no conciben tener un novio que no use celular. Yo no podría compartir mi vida con una chica que no sepa expresarse a través del arte.</p>
<p>¿Así se sentiría estar drogado? Si yo era capaz de alucinar de esa forma, de moverme entre una paleta de colores emocionales tan intensa, entendía entonces por qué algunos no podían vivir sin estupefacciones. Lamenté que no todos aprendieran desde niños a valorar los libros.</p>
<p><em>La ciudad y los perros</em>, <em>Cien años de soledad</em>, <em>Instrumental</em>, <em>Todas las batallas perdidas</em>, <em>La huella del bisonte</em>, <em>Liubliana</em>, <em>La eterna parranda</em>, <em>Retratos y encuentros</em>, <em>Los culpables</em>, <em>La</em> <em>fiesta del chivo</em>, <em>Pistorius. La sombra de la verdad</em>, <em>Terapia para el emperador</em>, <em>La guerra del fin del mundo</em>… los libros son espejos con la doble propiedad de enfocar hacia dentro de mí y hacia el exterior. No leo para evadir la realidad, leo porque necesito saber dónde estoy.</p>
<p>Aunque a veces duela.</p>
<p>Distanciado de poses intelectuales, lo más importante para mí antes que pensar es sentir. A riesgo de parecer cursi, diría que soy de los que antes de leer con la cabeza –que también– leen con el corazón.</p>
<p>David Foster Wallace escribió que “la función de la literatura es darle calma a los perturbados y perturbar a los que están en calma”. Cuando hice como Fito y me fui de casa para tocar <em>rock and roll</em>, sabía que siempre podría encontrar un brazo dispuesto a ayudarme. Pero mi mayor fortaleza iba en mi bolso: mis libros. Un tiempo más tarde noté mi error: el papel, como las personas, también se extravía, se ensucia, se rompe y desaparece. No son los libros en físico –o digital– lo importante, sino lo que ellos dejan en mí. Eso es una de las pocas cosas que nadie me puede quitar. Entonces recordé a una de esas autoras cuya obra la trasciende.<strong> Leila Guerriero</strong> escribió: “El arte es más grande que la vida, y la incomodidad que producen sus preguntas hace que uno sepa que ha entendido cosas que no podría explicarle (a) nadie”. Suscribo.</p>
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		<title>5 cronistas latinoamericanos que debes leer</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Apr 2017 00:18:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Manuel Álvarez]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Gabriela Wiener]]></category>
		<category><![CDATA[Leila Guerriero]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Salcedo Ramos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Más allá de Gabriel García Màrquez, la crónica ha ido creciendo en Latinoamérica de una manera abismal. Los&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Más allá de Gabriel García Màrquez, la crónica ha ido creciendo en Latinoamérica de una manera abismal. Los medios y libros digitales han hecho que estas historias lleguen con más alcance a los periodistas y lectores sin importar en qué país del continente están. Los siguiente periodistas o personajes han profundizado y destacado en esta categoría. Por eso te recomendaremos los libros más representativos de ellos que debes anotar obligatoriamente en tu lista.</p>
<p><strong>Leila Guerriero</strong>. (Junín, Argentina, 1967, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Leila_Guerriero" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Bio</a>). Ganadora del premio Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano por <em>“El rastro en los huesos</em>”, una crónica que sigue los pasos del Equipo Argentino de Antropología Forense que identifica los restos de desaparecidos en la dictadura militar. Estudió turismo, pero su vida la ha dedicado al periodismo.</p>
<p>Sus trabajos figuran en diversos medios como La Nación y Rolling Stone, de Argentina; El País y Vanity Fair, de España; El Malpensante y SoHo, de Colombia; Paula y El Mercurio, de Chile, entre otros. Además, es editora para América Latina de la revista mexicana Gatopardo.</p>
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<p>Ha escrito cinco libros:</p>
<p><em>Los suicidas del fin del mundo</em> (Tusquets, 2005) Crónica de un pueblo patagónico sobre una oleada de suicidios en un pueblo petrolero en los años noventa. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2PcCUIQ" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a></p>
<p><em>Frutos extraños</em> (Aguilar, 2009): Compilación de sus crónicas de 2001 a 2008. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2JQuyB3" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.</p>
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<p><em>Plano americano</em> (udp, 2013): veintiún perfiles de artistas y escritores. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://www.amazon.es/Plano-americano-BIBLIOTECA-MEMORIA-Guerriero/dp/8433908006/ref=as_li_ss_tl?s=books&amp;ie=UTF8&amp;qid=1538667954&amp;sr=1-1&amp;keywords=plano+americano+leila&amp;linkCode=sl1&amp;tag=gradosseis-21&amp;linkId=4e800a6603357b48953e2cc885e64b88&amp;language=es_ES">link</a></p>
<p><em>Una historia sencilla</em> (Anagrama, 2013): una crónica que cuenta la historia de Rodolfo González Alcántara, un bailarín entrañable que compite en el Festival de Malambo de Laborde. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2Dqt4Nm" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.</p>
<p><em>Zona de obras</em> (Anagrama, 2015): compila sus intervenciones teóricas y críticas sobre el oficio del periodista. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2yWcVeJ" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-2835" src="http://52.179.127.84/wp-content/uploads/2017/04/Salcedo-Ramos.jpg" alt="" width="848" height="480" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Salcedo-Ramos.jpg 848w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Salcedo-Ramos-300x170.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Salcedo-Ramos-768x435.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Salcedo-Ramos-600x340.jpg 600w" sizes="(max-width: 848px) 100vw, 848px" /></p>
<p><strong>Alberto Salcedo Ramos</strong>. (Barranquilla, Colombia, 1963, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Alberto_Salcedo_Ramos" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Bio</a>). Comunicador social, de la Universidad Autónoma del Caribe. Sus crónicas han aparecido en diversas revistas, tales como SoHo y El Malpensante (Colombia), Gatopardo y Hoja por hoja (México), Etiqueta Negra (Perú), Ecos (Alemania), Courrier International (Francia) e Internazionale (Italia), entre otras.</p>
<p>Es maestro permanente de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), fundada por Gabriel García Márquez, y de varias maestrías de periodismo, como la del diario La Nación (en Buenos Aires) y la Universidad de los Andes. Ha dictado talleres de crónica en varios países.</p>
<p>Salcedo ha ganado, entre otras distinciones, el Premio Internacional de Periodismo Rey de España, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar (cinco veces), el Premio al Mejor Libro de Periodismo del Año (otorgado por la Cámara Colombiana del Libro) y el Premio al Mejor Documental en la II Jornada Iberoamericana de Televisión, celebrada en Cuba.</p>
<p>Libros publicados:</p>
<p><em>Diez juglares en su patio</em>, 1991, en coautoría con Jorge García Usta.<br />
<em>Los golpes de la esperanza</em>, 1994.<br />
<em>De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho y otras crónicas</em>, 1999. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2yVVb2X" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.<br />
<em>El Oro y la Oscuridad. La vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé</em>, 2005. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2PLQ3YV" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.<br />
<em>La eterna parranda. Crónicas 1997-2011</em>, 2011. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2Dr3LLg" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.<br />
<em>Botellas de naúfrago</em>, 2015. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2yU2x7m" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.<br />
<em>Los ángeles de Lupe Pintor. Crónicas</em>. Almadía, México, 2015.<br />
<em>Viaje al Macondo real y otras crónicas</em>. Pepitas de Calabaza, España, 2016. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2yV2gRE" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.</p>
<p><img class="aligncenter size-large wp-image-2836" src="http://52.179.127.84/wp-content/uploads/2017/04/julio-villanueva-chang-1024x640.jpg" alt="" width="1000" height="625" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/julio-villanueva-chang-1024x640.jpg 1024w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/julio-villanueva-chang-300x188.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/julio-villanueva-chang-768x480.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/julio-villanueva-chang-240x150.jpg 240w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/julio-villanueva-chang-600x375.jpg 600w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/julio-villanueva-chang.jpg 1280w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></p>
<p><strong>Julio Villanueva Chang</strong>. (Lima, Perú, 1967, <a href="https://fundaciongabo.org/es/comunidad/perfil/julio-villanueva-chang" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Bio</a>). Editor fundador de Etiqueta Negra. Premio de Crónicas de la Sociedad Interamericana de Prensa. Maestro de la Fundación García Márquez para el Nuevo Periodismo. Miembro del Comité Consultivo de Radioambulante. Ha publicado, entre otros libros, De Cerca Nadie Es Normal, una antología de sus perfiles. Nació en Perú y vive en Lima como si estuviese de visita.“Cada vez me interesan menos el periodismo y la literatura. Lo que quiero es conmover y transmitir experiencias”, dice.</p>
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<p>Considera que la crónica no es tanto un estilo de narrar, sino de mirar la realidad, un intento de darle sentido al caos traduciéndolo a una historia”.</p>
<p>Entre sus libros se encuentra:</p>
<p><strong><em>Elogios criminales</em></strong> (Planeta, 2009) que reúne siete textos de no-ficción que dan a conocer a personajes como Apolinar Salcedo Caicedo, quien fue Alcalde de Cali, pero sería destituido por la Procuraduría General de la Nación de Colombia; y a Juan Diego Flórez, un tenor lírico peruano, quien es considerado por la crítica el mejor representante del repertorio rossiniano.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-2837" src="http://52.179.127.84/wp-content/uploads/2017/04/Gabriela-Wiener.jpg" alt="" width="980" height="653" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Gabriela-Wiener.jpg 980w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Gabriela-Wiener-300x200.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Gabriela-Wiener-768x512.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Gabriela-Wiener-600x400.jpg 600w" sizes="(max-width: 980px) 100vw, 980px" /></p>
<p><strong>Gabriela Wiener</strong> (Lima, 1975, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Gabriela_Wiener" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Bio</a>). Es una periodista gonzo. También poeta. Ella es la protagonista de sus historias, que hablan de los pliegues recónditos del sexo, de las aproximaciones a la muerte, de los nueve meses con alguien dentro. También de la relación con su marido y de la relación con su mujer, o sea, del &#8220;poliamor&#8221;. O, como dice su hija, de la vida en &#8220;tripareja&#8221;.</p>
<p>Estudió Lingüística y Literatura en la Universidad Católica de Lima, y un máster en Cultura histórica y Comunicaciones en Barcelona. Trabajó en el diario El Comercio. Fue miembro del consejo de redacción de la desaparecida revista Lateral. Colabora con una larga serie de medios, como Etiqueta Negra, El País o La Vanguardia.</p>
<p>Algunas de sus obras:</p>
<p><em>Sexografías</em> (2008). Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2yUFXeM" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.</p>
<p><em>Nueve lunas</em> (2009). Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2SPIH5j" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.</p>
<p><em>Llamada perdida</em> (2014). Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2yV5YKO" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.</p>
<p><em>Ejercicios para el endurecimiento del espíritu</em> (2014). Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2DoYT9p" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-2838" src="http://52.179.127.84/wp-content/uploads/2017/04/Carlos-Manuel-Alvarez.jpg" alt="" width="580" height="416" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Carlos-Manuel-Alvarez.jpg 580w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Carlos-Manuel-Alvarez-300x215.jpg 300w" sizes="(max-width: 580px) 100vw, 580px" /></p>
<p><strong>Carlos Manuel Álvarez</strong>. (Matanzas, Cuba, 1989, <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Carlos_Manuel_%C3%81lvarez" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Bio</a>). Periodista graduado en La Universidad de La Habana.Fundador de La Revista <a href="http://elestornudo.org/">El Estornudo</a>.  Fue columnista de OnCuba. Actualmente colaborador de BBC Mundo y The New York Times. Ha escrito en revistas como El Malpensante y Gatopardo.</p>
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<p>Se dice de él que es “bebedor de absenta. Grafitero del Word. Nada encuentra más exquisito que los manjares de la carestía: los caramelos de la bodega, los espaguetis recalentados, la pizza de cinco pesos. Leyó un Hamlet apócrifo más impactante que el original de Shakeaspeare, con frases como esta, que repite como un mantra: “la hora de la sangre ha de llegar, o yo no valgo nada.” Cree solo en dos cosas: la audacia de los primeros bates y la soledad del center field”.</p>
<p>Ha publicado los libros:</p>
<p><em>La tarde de los sucesos definitivos (2013)</em>.</p>
<p><a href="https://elpais.com/cultura/2017/06/28/actualidad/1498682657_068680.html"><em>La Tribu. Retratos de Cuba</em>, una recopilación de crónicas (2017).</a></p>
<p><em>Los caídos</em> (2018).</p>
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		<title>Un buen periodista</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2016/11/un-buen-periodista/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 13 Nov 2016 18:01:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Leila Guerriero]]></category>
		<category><![CDATA[Periodista]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Leila Guerriero / El Mercurio Hace unas semanas, un colega de otro país me hizo una entrevista&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Leila Guerriero / El Mercurio</strong></p>
<p>Hace unas semanas, un colega de otro país me hizo una entrevista grabada para un programa de radio. Días después, me envió el <em>link</em> del programa por correo electrónico. Hice clic y escuché. Al presentarme, el colega decía: &#8220;La periodista argentina Leila Guerriero dice que no hay mejor periodista que aquel que escribe sus propios textos&#8221;. Me bajó la presión. ¿Cómo sería un periodista que no escribe sus textos? ¿Algo así como un compositor que no compone sus partituras? ¿Un plagiario, un farsante? No creo haber dicho tamaña cosa, pero lo único que me preocupa del asunto es que el colega no haya visto en esa frase nada raro.</p>
<p>Si alguien me dijera, o si yo creyera haber entendido que alguien me dijo: &#8220;No hay mejor guitarrista que el que toca la guitarra&#8221;, dudaría. Preguntaría: &#8220;¿Puede explicarse mejor?&#8221;. En la base de este oficio están la escucha atenta y el chequeo de los datos que suenan inverosímiles o confusos. De todas maneras, me quedé pensando. ¿Qué es un buen periodista? La mejor respuesta que tengo, hasta que encuentre otra mejor, es un libro que, paradójicamente, para sumar lío al asunto, no escribió quien lo firma. Se llama <em>Open</em> y lo firma el tenista Andre Agassi, pero lo escribió el periodista norteamericano J. R. Moehringer (autor de <em>El bar de las grandes esperanzas</em>, una no ficción que se vendió mucho y me gustó muy poco).</p>
<p>Moehringer -que entrevistó y siguió a Agassi durante bastante tiempo para hacer este libro- se negó a firmarlo porque &#8220;no concebía que su nombre apareciera en el relato de la vida de otro hombre&#8221;. Yo jamás hubiera leído <em>Open</em> porque no sé nada de tenis, y no sé nada de tenis porque me importa un rábano, y me importa un rábano porque no lo entiendo. No entiendo la inexplicable frase que dice que lo que lo hace tan singular es que se trata de un deporte solitario -según yo, el ping pong, el esquí o el surf también son deportes solitarios-; el enjambre de términos como <em>tiebreak, set, game,</em> mejor de cinco, etcétera, me confunde y me impide saber si alguien va ganando o perdiendo; y no logro ver belleza ni estrategia en el juego, sino dos sujetos embrutecidos por el sol y el sudor que parecen pensar: &#8220;¡Que esta cosa redonda y verde pase del otro lado de la red, cómo sea!&#8221;.</p>
<p>Pero todo eso forma parte del pasado. Ahora sigo sin poder contar los puntos, sigo sin saber quién va ganando, pero mi idea sobre el tenis ha cambiado por completo después de leer <em>Open</em>, que no es un libro sobre el tenis, sino sobre el estado del alma de un tipo con niveles de talento y competitividad que destrozarían a un dinosaurio y que detesta lo que hace. Porque Agassi, número uno en el ranking ATP durante más de cien semanas, ganador de ocho torneos individuales de Grand Slam, uno de los mejores tenistas de la historia, odia el tenis y lo repite cada vez que puede: &#8220;Odio el tenis, odio el tenis, odio el tenis&#8221;.</p>
<p>La vieja historia del don y la condena unidos por un candado de oro que, muy a menudo, se vuelve una trampa dentada. En el primer capítulo, Agassi se despierta agarrotado por el dolor. Después de décadas de correr a toda velocidad y de frenar en seco, de saltar y aterrizar sin amortiguación, su cuerpo es un desecho, una cosa que aúlla y a la que no logra enderezar. En ese estado tiene que jugar un partido del Open de Estados Unidos, quizá el último de su vida, puesto que tiene 36 años y ha anunciado su retiro. Sobreponiéndose como puede, repite un mantra: &#8220;Por favor, que acabe todo esto&#8221;. E, inmediatamente después: &#8220;No estoy preparado para que acabe todo esto&#8221;.</p>
<p>El primer capítulo es la piedra rosetta que permite entender el chirriante laberinto que habita la cabeza de Agassi desde que su padre, de pequeño, lo obligaba a pasarse horas devolviendo pelotas lanzadas por una máquina, en el patio de su casa, o desde que lo envió contra su voluntad a una academia de tenis de disciplina casi militar. <em>Open</em> es la vivisección de un trauma, la geografía de una humillación, la historia de un hombre luchando contra la furia de lo que lleva dentro, el rastro de una ambición desmesurada, la radiografía de la peor soledad. Luego de una de sus primeras derrotas, siendo todavía adolescente, Agassi dice: &#8220;Después de años oyendo a mi padre despotricar contra mis fallos, una derrota ha bastado para que yo mismo asuma sus críticas. He interiorizado a mi padre -su impaciencia, su perfeccionismo, su rabia- hasta que su voz no solo suena como la mía, sino que es la mía. Ya no necesito que mi padre me torture. A partir de ese día, puedo hacerlo yo solito&#8221;.</p>
<p>Cuando llega al puesto número uno del ranking de la ATP dice: &#8220;Recibo la llamada de un periodista. Le digo que estoy contento por el ranking, que es agradable llegar a lo mejor que se puede ser. Pero es mentira. Eso no es en absoluto lo que siento. Es lo que quiero sentir. Es lo que se espera de mí que sienta, lo que me digo a mí mismo que debo sentir. Pero en realidad, no siento nada&#8221;. Y tras ganar Wimbledon: &#8220;Me siento como si me hubieran hecho partícipe de un secreto sórdido: ganar no cambia nada. Ahora que he ganado un <em>grand slam</em>, sé algo que se permite saber a pocas personas en este mundo: las victorias no nos hacen sentir tan bien como mal nos hacen sentir las derrotas, y las buenas sensaciones no duran tanto como las malas&#8221;. Ahora sigo sin entender el tenis. Pero entiendo el tenis por completo.</p>
<p>Lo entiendo dolorosamente: entiendo la soledad del tenista, su inteligencia sucia, su astucia devastadora, su arte dorado, el terror constante a perderlo todo, a que el cielo de la gloria se transforme en la tormenta del olvido después del próximo torneo. Y lo entiendo porque la historia fue contada por un buen periodista que escribió sobre tenis como si hubiera escrito sobre la batalla de las Termópilas. Un periodista que fue capaz de narrar el momento en que un tenista se despide de su familia antes de entrar a la cancha, como si se tratara del momento en que Héctor se despide de su esposa, Andrómaca, antes de enfrentarse al terrible Aquiles. Un periodista que al hablar de la pequeña aldea del alma de un solo hombre habla de la desilusión que producen algunos sueños cuando al fin se alcanzan, de los ardientes enemigos que llevamos dentro y que nos susurran el canto de la derrota y el vicio de querer vencer. Un periodista tan bueno que, al hablar de un hombre, habla de todos nosotros. De cada uno de todos nosotros.</p>
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