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	<title>Libertad &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Libertad &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Libertad y condena</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Nov 2016 03:31:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por María Ángela Alarcón Desde hace un par de meses trabajo en una cárcel de Colombia, un lugar&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span id=":8h.co" class="tL8wMe EMoHub" dir="ltr">Por María Ángela Alarcón</span></strong></p>
<p>Desde hace un par de meses trabajo en una cárcel de Colombia, un lugar que he decido llamar “Un mundo aparte”. No ha pasado un solo día en el que mis ojos ni mis oídos dejen de ver o escuchar ráfagas de historias brutales, crueles y salvajes acerca de lo inhumano que podemos llegar a ser. Intento entender la razón por la cual nos volvemos violentos y llegamos al punto de que nos importa nada la vida; ese regalo invaluable que Dios, a través de nuestros padres, nos ha dado.</p>
<p>Acepté este empleo por dos razones (ambas muy importantes): el pago y el servicio a través de mi profesión. Sin embargo la incertidumbre es normal cuando te hablan de un centro penitenciario porque lo que tienes en tu cabeza son todas aquellas historias que el mundo del entretenimiento (entiéndase televisión, cine, etc) o la prensa suele “informar”.</p>
<p>Al principio parece un lugar normal en el que todos somos iguales, nadie es más que nadie y la única diferencia es que ellos no salen del lugar en el que “habitan” y nosotros (quienes laboramos en él) regresamos a nuestros hogares una vez cumplimos con nuestras responsabilidades. El cuestionario de preguntas a los recién llegados, como en mi caso, es el pan de cada día, una especie de acoso, sin embargo eso sucede los primeros días, entiendo que es la forma de “conocerte” y poder entablar una relación con los compañeros de trabajo.</p>
<p>Cuando entras en su mundo y compartes ocho o más horas de tu día con los prisioneros, es imposible evitar conocer sus historias y las de este y otros “mundos aparte”, toda aquella fantasía (realidad transformada) que tenías en mente empieza a tomar forma al ser relatada por los verdaderos protagonistas de una manera natural, sin pudor.  No son nada comparadas con la realidad que ellos mismos cuentan y viven; droga, violaciones, robo, extorsión, suicidio, riñas, muertos, etc.</p>
<p>Todo esto se confunde en un solo lugar en el que se supone no debería suceder nada diferente a pagar penas los delitos que fueron condenados y pensar en jamás volver a desviar el camino; sin embargo la vida en este lugar parece detenerse en el tiempo y aunque tienen acceso a ciertas cosas algunas de ellas prohibidas, todo termina convirtiéndose en negocio porque para sobrevivir no puedes mostrar debilidad, lo peor que te puede pasar es morir sin haber hecho nada para “merecerlo”.</p>
<p>La guardia que custodia el centro penitenciario puede hacer que te hierba la sangre; su forma de actuar (ofende, maltrata, ultraja, discrimina, roba). Es el camino fácil y cómodo. El cáncer más agresivo se llama corrupción y hace de las suyas tergiversando el término poder</p>
<p>En la cárcel el trato, el lenguaje, el actuar, el olor, incluso la mirada, puede llegar a ser hostil y por ello se crea consciente o inconscientemente un mecanismo de defensa evitando mostrar debilidad.  Es imposible confiar en alguien. Creer en alguien.</p>
<p>Aquí todo lo que crees que está mal, para ellos está bien, ¿Y cómo hacer para no acostumbrarte? es la pregunta que surge en algún momento. La respuesta es tan fácil como triste: entras a ese sitio a una hora determinada en el cual convives, compartes, interactúas, escuchas, observas, reflexionas y sales del mismo ocho horas después sumergiéndote en la cotidianidad del que crees es tu mundo.</p>
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