<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Literatura Venezolana &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
	<atom:link href="https://www.seisgradosblog.com/etiqueta/literatura-venezolana/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://www.seisgradosblog.com</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Wed, 25 Apr 2018 01:30:07 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.4.4</generator>

<image>
	<url>https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/cropped-Icono-App-512px-150x150.png</url>
	<title>Literatura Venezolana &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
	<link>https://www.seisgradosblog.com</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Empuñar los libros</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/04/empunar-los-libros/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Apr 2018 17:42:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[David Foster Wallace]]></category>
		<category><![CDATA[Día Internacional del Libro 2018]]></category>
		<category><![CDATA[Karla Souza]]></category>
		<category><![CDATA[La ciudad y los perros]]></category>
		<category><![CDATA[Leila Guerriero]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura Venezolana]]></category>
		<category><![CDATA[Lizandro Samuel]]></category>
		<category><![CDATA[Vargas Llosa]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.seisgradosblog.com/?p=5266</guid>

					<description><![CDATA[<p>Una forma de absorber la experiencia es a través de la narrativa. En las civilizaciones antiguas, un viejo&#8230;</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com/2018/04/empunar-los-libros/">Empuñar los libros</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com">Seis Grados - Experiencias que nos conectan</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="una-forma-de-absorber-la-experiencia-es-a-traves-de-la-narrativa-en-las-civilizaciones-antiguas-un-viejo-se-reunia-alrededor-de-una-fogata-junto-a-los-mas-jovenes-de-la-tribu-su-experiencia-se-cond"><span style="color: #6e4d8b;">Una forma de absorber la experiencia es a través de la narrativa. En las civilizaciones antiguas, un viejo se reunía alrededor de una fogata junto a los más jóvenes de la tribu. Su experiencia se condensaba en historias</span></h4>
<p><strong><br />
Por Lizandro Samuel / @LizandroSamuel<br />
</strong></p>
<p>Quizá mi problema es que nunca he leído para evadir. Hasta en la más absurda de las ficciones puedo encontrar paralelismos con eso que llamamos realidad. Y las pocas veces que esto no ocurre noto poca magia y demasiado plástico en palabras que por falta de artificio lucen artificiales.</p>
<p>Para evadir, supongo, encontré el fútbol, luego el tenis y por último el baloncesto. Pero hasta en eso fracasé. La historia de superación de cualquier jugador me aleccionaba sobre cómo vivir. Y el consejo más útil de mi vida lo escuché en la conferencia de un entrenador sobre el que disfruto leer. “No le hagan caso a nadie”, dijo Pep Guardiola. No supe si hacerle caso o no. Por las dudas, seguí mi instinto cuando mi madre, viendo que mi biblioteca crecía más rápido que mi armario, me preguntó si yo planeaba comer libros o usarlos para vestirme. “Ni lo uno ni lo otro, solo planeo ser feliz”, pensé.</p>
<p>Y la felicidad, en mi opinión, poco tiene que ver con mirar para otro lado. Mientras escribo esto están asesinando a alguien en Caracas, un niño de seis años tiene sexo con un viejo gringo rubio a cambio de tres dólares y en la India un tipo con más barriga que corazón viola a una mujer por no considerarla ser humano. Sé que vivo en un planeta así. Mi desafío es ser una flor de loto: construir una parcela de felicidad en medio de la mierda.</p>
<p>Tímido por naturaleza, un día me asomé a ver la luna. Sentí que el paisaje me superaba. ¿Por qué mis abuelos discutían tanto?, ¿por qué mi mamá llegaba tarde del trabajo y mi abuelo salía temprano a buscar los resultados de la lotería? ¿Qué hacía que millones de personas deliraran por un calvito que sabía patear un balón? Demasiadas dudas para alguien que tan solo tenía un lustro de vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
[the_ad id=&#8221;3726&#8243;]
<p>&nbsp;</p>
<p>Fue entonces cuando empecé a encontrar significados en las caricaturas que me leía mi mamá. Si Trucutú se subía a su dinosaurio y seguía de largo cuando veía a una pareja de desconocidos discutiendo, quizá yo debía salir del cuarto cuando mis abuelos comenzaran a gritarse.</p>
<p>Mi mamá destacaba una enseñanza de todos los cuentos que me leía. Y nunca salíamos del cine sin que me preguntara qué fue lo que más me gustó y qué aprendí de la película. Cuando ya estuve demasiado grande para esos juegos, seguí leyendo con una insistencia que en algún momento la preocuparía. Supo que había creado un monstruo cuando empecé a hallar en libros y películas contradicciones a cosas que ella y mis profesores daban por hecho.</p>
<p>Ahí entendí que también leía para que otros no me impusieran su mundo: yo quería construir el mío.</p>
<p>Una serie que me gustaba cuando era un niño se llama <em>Boy meets world</em>, que en Latinoamérica la traducían como <em>Aprendiendo a vivir</em>. Los protagonistas viajan desde la infancia hasta la adultez sin que el argumento se agote. El mensaje resulta obvio: quienes estamos vivos seguimos aprendiendo a vivir.</p>
<p>Una forma de absorber la experiencia es a través de la narrativa. En las civilizaciones antiguas, un viejo se reunía alrededor de una fogata junto a los más  jóvenes de la tribu. Su experiencia se condensaba en historias. Hoy día tenemos la literatura, el cine y la música. Absorbemos conocimiento, emociones y dudas no desde la imposición sino mediante relatos. La narrativa nos muestra posibilidades infinitas para que cada uno decida qué pregunta hacerse.</p>
<p>La actriz mexicana Karla Souza desde niña quería ser un fenómeno de la actuación: alguien que realizara performances inexplicables. Un día, ya hecha actriz, quedó muda durante tres meses. Ningún doctor ni ella misma entendían lo qué sucedía: Karla no podía hablar. Se convirtió en un fenómeno médico.</p>
<p>Al darse cuenta de que estaba escenificando el más difícil de sus dramas, buscó dentro de sí. Quiso aferrarse al amor a su familia, su determinación y su fe en Dios. Abrió la alacena de sus recursos para automotivarse y lo que vio la habría dejado muda de no haberlo estado ya: nada.</p>
<p>Encerrada en su silencio, solo logró observar su dolor en las pinturas, películas y obras de arte. Se enfrentó a un poema de Silvia Plath: “Me inclino a ti, entumecido como un fósil, dime que estoy aquí”. Se conectó con los libros de Jack Kerouac y comprendió el sufrimiento de las pinturas de <strong>Frida Kahlo</strong>. Con su lengua fallando, las emociones lograron expresarse en el lenguaje del arte.</p>
<p>Karla entendió que cosas como la literatura dicen lo que las palabras convencionales son incapaces de explicar. Todavía no sabe adónde fue de vacaciones su voz durante esos tres meses, solo comprende que en ese tiempo aprendió a hablar.</p>
<p>Lejos de vivir traumas semejantes, mi vida ha estado llena de desafíos y algún drama. Si en la adolescencia buscaba mensajes superficiales en la literatura y el cine, empecé a hacerme hombre cuando distinguí lo que los libros susurraban a mi inconsciente.</p>
<p>Podría mencionar una lista de títulos. Ante cada nuevo desafío, me convierto en un caballero de la edad media que empuña un libro. Nada ni nadie me ha dado lo mismo que la literatura. Tener un hombro sobre el que llorar es a veces menos útil que una página que comprenda tus lágrimas.</p>
<p>&nbsp;</p>
[the_ad id=&#8221;3726&#8243;]
<p>&nbsp;</p>
<p>Podría mencionar una lista de títulos, decía, pero empezaré con uno que me dio impulso hace un par de años. Llegué a <em>Cosas que los nietos</em> <em>deberían saber</em> habiendo escuchado poco la música del autor, <strong>Mark Oliver Everett</strong>. La cantidad de reseñas positivas que leí me sedujeron. Nunca un “abuelo” sin nietos –ni hijos– había tenido tanta publicidad.</p>
<p>Me bastaron 20 páginas para comprender que los libros pueden trascender a los autores. Lejos de querer conocer a Mark, entendí que su obra tenía mucho más para decirme que cualquier consejo que él u otra persona pudiera darme.</p>
<p><em>Cosas que los nietos deberían saber</em> es uno de los libros que más veces he releído.</p>
<p>Desde niño me consideré un bicho raro. En el colegio era el gordito alto al que le buscaban pleito y respondía preguntándole al agresor si podían ser amigos. En las fiestas familiares me iba a una esquina a leer mientras mis primos movían sus cinturas al ritmo del merengue. Me llevaría tiempo comprender que todos somos raros y que no hay nada más destructivo que pretender ser normal. <strong>Leyendo a Mark me identifiqué con lo solo que se llegó a sentir: ser comprendido es un privilegio tan alto que la mayoría ni siquiera alcanza a comprenderse a sí mismo.</strong></p>
<p>Por esos días también me aferraba a decisiones contraculturales que me asilaban hasta del apoyo de las personas que me querían. Leer <em>Cosas</em>… fue instalar una idea en mi inconsciente: si él pudo, ¿por qué yo no?</p>
<p>Liado además en relaciones sentimentales infructuosas, asumí que no tenía sentido ligarme con alguien que no pudiera comunicarse conmigo en ese espacio en el que las palabras convencionales no son suficientes. Hay mujeres que no conciben tener un novio que no use celular. Yo no podría compartir mi vida con una chica que no sepa expresarse a través del arte.</p>
<p>¿Así se sentiría estar drogado? Si yo era capaz de alucinar de esa forma, de moverme entre una paleta de colores emocionales tan intensa, entendía entonces por qué algunos no podían vivir sin estupefacciones. Lamenté que no todos aprendieran desde niños a valorar los libros.</p>
<p><em>La ciudad y los perros</em>, <em>Cien años de soledad</em>, <em>Instrumental</em>, <em>Todas las batallas perdidas</em>, <em>La huella del bisonte</em>, <em>Liubliana</em>, <em>La eterna parranda</em>, <em>Retratos y encuentros</em>, <em>Los culpables</em>, <em>La</em> <em>fiesta del chivo</em>, <em>Pistorius. La sombra de la verdad</em>, <em>Terapia para el emperador</em>, <em>La guerra del fin del mundo</em>… los libros son espejos con la doble propiedad de enfocar hacia dentro de mí y hacia el exterior. No leo para evadir la realidad, leo porque necesito saber dónde estoy.</p>
<p>Aunque a veces duela.</p>
<p>Distanciado de poses intelectuales, lo más importante para mí antes que pensar es sentir. A riesgo de parecer cursi, diría que soy de los que antes de leer con la cabeza –que también– leen con el corazón.</p>
<p>David Foster Wallace escribió que “la función de la literatura es darle calma a los perturbados y perturbar a los que están en calma”. Cuando hice como Fito y me fui de casa para tocar <em>rock and roll</em>, sabía que siempre podría encontrar un brazo dispuesto a ayudarme. Pero mi mayor fortaleza iba en mi bolso: mis libros. Un tiempo más tarde noté mi error: el papel, como las personas, también se extravía, se ensucia, se rompe y desaparece. No son los libros en físico –o digital– lo importante, sino lo que ellos dejan en mí. Eso es una de las pocas cosas que nadie me puede quitar. Entonces recordé a una de esas autoras cuya obra la trasciende.<strong> Leila Guerriero</strong> escribió: “El arte es más grande que la vida, y la incomodidad que producen sus preguntas hace que uno sepa que ha entendido cosas que no podría explicarle (a) nadie”. Suscribo.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com/2018/04/empunar-los-libros/">Empuñar los libros</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com">Seis Grados - Experiencias que nos conectan</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Heberto José Borjas trabaja por la lectura de autores venezolanos en Colombia</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/04/heberto-jose-borjas-trabaja-por-la-lectura-de-autores-venezolanos-en-colombia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Apr 2018 17:47:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Heberto José Borjas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura Venezolana]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.seisgradosblog.com/?p=5068</guid>

					<description><![CDATA[<p>Desde octubre de 2017, el escritor venezolano Heberto José Borjas, autor del libro de cuentos Desde la nada&#8230;</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com/2018/04/heberto-jose-borjas-trabaja-por-la-lectura-de-autores-venezolanos-en-colombia/">Heberto José Borjas trabaja por la lectura de autores venezolanos en Colombia</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com">Seis Grados - Experiencias que nos conectan</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Desde octubre de 2017, el escritor venezolano Heberto José Borjas, autor del libro de cuentos <em>Desde la nada</em> (FB Libros, 2017), ha trabajado por la promoción del libro y la lectura de obras venezolanas en Colombia, país donde reside desde 2010.</p>
<p>En solo pocos meses ya el autor se ha fijado su propia impresión sobre el circuito del libro colombiano, cómo es la relación que existe entre el distribuidor, el librero y el lector, qué tanto leen los colombianos y cuáles son las obras de autores venezolanos que han logrado ganarse un puesto en las librerías del vecino país.</p>
<p>Sobre estos y otros temas reflexiona el autor a continuación.</p>
<p><strong>¿Desde cuándo comenzó a trabajar por la lectura de autores venezolanos en Colombia?¿Qué observaciones ha encontrado en este proceso?</strong></p>
<p>Comencé en Octubre de 2017. A propósito de mi inquietud de distribuir en Colombia mi más reciente libro,<strong><em> Desde la nada</em></strong>, aproveché el esfuerzo y el contacto con librerías de Bogotá para mostrar a los libreros el catálogo de FB Libros, sello con el cual mi obra fue editada el año pasado.</p>
<p>La primera impresión que tengo es que las relaciones entre las librerías y los distribuidores de libros son variadas. Hay empresas con quienes la relación es muy protocolaria y hasta fría (pues ven un libro como una mera mercancía que debe arrojar ganancias), pero también hay libreros con quienes la relación es más franca, directa, y hasta se preocupan en leer (o por lo menos, ojear) el ejemplar de cortesía que les ofreces y te invitan a que uses sus espacios para organizar eventos literarios.</p>
<p>Por otro lado, el colombiano no es indiferente a los libros. Lo sé por las cifras que muestra la Filbo (Feria Internacional del Libro de Bogotá), donde el número de visitantes aumenta cada año a pesar de que la boleta de acceso ronda los tres  dólares por persona. El Gobierno Nacional ha hecho ciertos esfuerzos por promover la lectura, aunque ya sabemos que todo lo que se haga no será suficiente para subir el promedio de lecturas en Colombia, apenas de 1,9 libros leídos al año por persona. Sin embargo, lo que veo a diario en la calle me dice que la juventud sigue leyendo, que tiene un gusto variado. No dejo de encontrarme chicos y chicas leyendo en cafés o en el transporte público.</p>
[the_ad id=&#8221;3726&#8243;]
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Cuánto cuesta comprar un libro en Colombia?</strong></p>
<p>En librerías el precio de las novedades literarias oscila entre los 13 y 20 dólares, sólo por tomar referencias de las editoriales líderes en el mercado y sus autores más vendidos, de manera que en ese aspecto se puede afirmar que un libro en Colombia es costoso más no imposible de comprar. Son precios muy similares a los que puedes encontrar en España, por ejemplo. Los títulos de <strong>FB Libros</strong> que he logrado distribuir en el país tiene un precio menor para hacerlos más apetecibles en medio de la pléyade de opciones que pueden encontrarse en los estantes de las librerías, sin que el bajo precio ofenda la labor del autor ni la calidad del trabajo editorial que hay detrás de cada título.</p>
<p><strong>-¿Cuáles son las editoriales y los autores venezolanos presentes en las librerías colombianas?</strong></p>
<p>Cuando me mudé a Colombia en 2010 lo primero que resentí fue la ausencia venezolana en las librerías bogotanas. Sabía que sería difícil encontrar a Miguel Otero Silva o a Uslar Pietri, y por ello me he dedicado en estos años, a modo de pasatiempo, a buscar autores venezolanos, y he encontrado muy poco. Para ser más concreto,<em> La enfermedad</em> y <em>Patria o muerte</em> de Alberto Barrera Tyszka, que han ganado premios en España, son dos libros que sí podrás encontrar junto a novelas de Boris Izaguirre, <em>The Night</em> de Rodrigo Blanco Calderón, <em>Doña Bárbara</em> (en la sección de Clásicos) y ahora mi libro <em>Desde la nada. </em>Todos estos títulos pueden hallarse sin demasiada dificultad en las librerías colombianas como Librería Nacional, Panamericana, Tango Discos y Libros, entre otras. El asunto es que estas obras son editadas por sellos internacionales como Alfaguara, Herralde y Planeta. Sé que Ediciones Ekaré y Libros del Fuego están distribuyendo en Colombia algunos de sus títulos, pero no se encuentra más variedad de editoriales venezolanas, salvo que desde finales de 2017 pude distribuir mas o menos 12 autores de FB Libros que hoy pueden comprarse en Tango Discos y Libros, Librería Nacional y la librería Hojas de Parra. Me refiero a obras como <em>Aghori</em> y<em> Andantes</em> de Néstor Cánchica, <em>Verde que me muero</em> de Jason Maldonado, <em>Nombre de mujer</em> de Arnoldo Rosas, <em>¡Se termina conmigo!</em> de Natasha Prosperi, <em>Juegos de Fauno</em> de Aladdar Temeshy,<em> Hojas de Romero</em> de Miriam Marrero, <em>Russell</em> de Lester Dávila y <em>Desde la nada</em> de mi autoría, entre otras.</p>
<p>Espero que pronto se nos abran las puertas de otros espacios con quienes ya he iniciado contacto, como la Librería Luvina y la librería del Fondo de Cultura Económica, que no sólo son lugares donde comprar libros sino enclaves culturales donde se realizan distintos tipos de eventos alrededor del libro.</p>
<p><strong>-¿Crees que es buen momento de hacer de la crisis un motivo para leer a los venezolanos tanto en Colombia como en otros países del mundo? Esto como una forma de entender quiénes son los venezolanos, cómo pensamos y qué hacemos.</strong></p>
<p>Sí.  Esta era infausta de la historia patria podría ser para muchos potenciales lectores alrededor del mundo una motivación especial que les lleve a leer autores venezolanos, pero mi intención es que no sólo se acerquen a las obras con la curiosidad de saber cómo es la vida en Venezuela dentro del <em>socialismo del siglo xxi</em> (permítanme las minúsculas) sino para conocer nuestra idiosincrasia, algo que por su complejidad está más allá del dominio temporal de una determinada parcialidad política. Apenas empieza en Venezuela a surgir la <em>literatura de la involución</em>, que es como yo llamo a las obras que están dejando testimonios sobre el país de comienzos de este siglo.<em> Patria o muerte</em> y <em>The night</em>, que ya nombré, son ejemplos brillantes, pero antes de estos años aciagos del chavismo en el poder se escribió y publicó mucho material interesante mucho para un curioso lector foráneo que quiera entendernos y saber por qué estamos como estamos (no descarto que dé con la explicación más fácilmente que nosotros mismos). Y esa es la literatura venezolana sobre la cual hay mucha ignorancia en el extranjero. Los catedráticos e investigadores especializados a nivel internacional sí conocen nuestras mayores referencias literarias, pero en cuanto a lo que el público general puede encontrar en librerías hay una ausencia casi total. Hace un par de años encontré, de puro milagro, <em>Falke</em> de Federico Vegas y <em>La fascinación de la víctima</em> de Ana Teresa Torres en un remate de libros baratos. Y ya sabemos que los milagros no ocurren a menudo.</p>
[the_ad id=&#8221;3726&#8243;]
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>-¿Consideras que es el momento de establecer en Colombia una suerte de círculo de lectura o un proyecto más grande para dar a conocer a los  autores venezolanos?</strong></p>
<p>Es mi sueño participar en algo así. Quien quita y sea una próxima iniciativa que me atreva a emprender en Bogotá. No pasará mucho tiempo antes de que sepamos de premios literarios en el extranjero dedicados a Venezuela, o compilaciones de relatos enfocados en la diáspora venezolana actual. Es decir, se acentuará la literatura venezolana hecha desde afuera, o sobre la emigración, lo cual podría acercar nuestros autores a aquellos que se supone serían sus lectores naturales. Entonces un plan como el de entablar y sostener un club de lectura, o un premio literario para la comunidad venezolana, o algo por el estilo, no luce descabellado pero requiere un trabajo mancomunado (amén del tesón, patrocinadores y del tiempo necesarios) en el que yo estaría dispuesto a hacer mi aporte. Ojalá encuentre en Colombia paisanos entusiastas con los cuales trabajar mano a mano.</p>
<p><strong>¿Qué está escribiendo en este momento?</strong></p>
<p>Desde comienzos de este año le he dedicado más tiempo a la revisión y corrección de una novela escrita por completo en Bogotá. Y sin embargo creo que es hasta ahora la más venezolana de las obras que he comenzado. Ha estado engavetada por 3 años y apenas ahora decido acercarme a ella de nuevo. Creo que un par de semanas terminaré la revisión final. Se titula<em> Las verdades cuadradas</em>. Con ella quise intentar una novela romántica contemporánea que se alejara de los cursis y predecibles lugares comunes del género <em>chick lit</em> tradicional, pero me salió tan contemporánea que no pude evitar caer en la denuncia social, algunos personajes terminaron apasionados por la política y un par de ellos engrosan la lista de venezolanos emigrantes. Desde una perspectiva general es un retrato familiar, con sus virtudes y defectos, que me sirvió de excusa para tratar otros tópicos que me inquietan, como la lealtad, el primer amor, la esperanza en un mesías político, los chismes dentro del seno familiar, que en su momento leerán. Espero no haber dado <em>spoilers</em>.</p>
<p>Tengo congelado un futuro libro de relatos, que llevo adelantado un 60%, supongo, y con el cual me he divertido mucho escribiendo, a pesar de que una de las historias me toca muy de cerca, pues tiene que ver con mi padre, fallecido en mayo del año pasado, durante el proceso de edición de <em>Desde la nada</em>. No puedo dar un título definitivo dado que ni yo mismo estoy seguro del mismo, pero lo que sí puedo asegurar es que el tono de esta compilación será distinto al de <em>Desde la nada</em>, donde el crimen, la violencia, la intolerancia y la fatalidad parecen ser elementos comunes<em>. </em>Las historias de esta obra en proceso estarán emparentadas, me parece hoy,  por la noción del adiós, de la finitud, de la despedida como presencias inevitables en toda interacción o empresa humana. Retomaré este libro en un par de años, cuando termine otra novela que llevo congelada.</p>
<p>Y finalmente, pero no por ser menos importante, espero retomar a mediados de este año una novela que empecé en septiembre de 2016 y que tras 50 páginas debí abandonar debido al caudal de información valiosa con la que debía documentarme para poder continuar con paso firme. Es mi proyecto mi proyecto más ambicioso, me lo he tomado tan en serio que he tomado medidas para reducir el riesgo a naufragar, y me di una pausa larga cuando creí que era necesario. De hecho, durante esa pausa se editó <em>Desde la nada</em>. Por ahora sólo puedo revelar que contaré a mi manera una leyenda urbana que ha circulado por ahí desde hace casi 50 años. Espero terminarla a mediados de 2020,  a más tardar.</p>
[the_ad id=&#8221;3726&#8243;]
<p>&nbsp;</p>
<p>Diez son los relatos que integran este volumen que hoy ofrece al público lector Heberto José Borjas. Diez relatos de largo aliento y que están emparentados por un leitmotiv: la fatalidad. Los protagonistas de cada historia son personajes enajenados, conflictivos, dramáticos y con una endeble construcción ética y espiritual. Tan endebles son que su vida es superada enteramente por circunstancias externas o por sus propios conflictos internos. Es la fuerza de una prosa cruda y cautivante lo que mantiene al lector amarrado al libro: no hay manera de dejar la lectura a medio camino. El final de cada relato se precipita como una urgencia insoslayable. Abogado de profesión, Borjas sucumbió ante la fascinación literaria siendo apenas un adolescente. Tenía dieciséis años cuando tuvo sus primeros encuentros con Gallegos, Quiroga, Vargas Llosa, Neruda, Otero Silva y otros grandes de la literatura universal. También del cine ha recibido influencias significativas, que han determinado su manera de contar las historias. Ha de ser por eso que Aversión a los niños, Su propio destino, Ineludible sucesor, Las manzanas podridas, Dos viejitas inmortales, Invisible, El aberrado Néstor, Último intento, Desde la nada y El planeta gemelo tienen ese ritmo envolvente y subyugante que mantiene al lector en vilo para dejarlo caer sin aviso al final de cada historia. Tres de estas historias están basadas o inspiradas en hechos reales. Las siete restantes son producto exclusivo de la imaginación creadora del autor. “Los relatos que son pura ficción –admite Borjas– quizás respondan a mi afán de sentirme libre, de volar, de narrar a veces por el puro placer de hacerlo”. Y en esto coincide con García Márquez, quien llegó a señalar que narrar es el estado humano más parecido a la levitación. Y se levita y se disfruta el hecho de contar incluso cuando lo fatal sea el elemento preponderante. No importa cuáles sean los hechos, “la escritura –insiste el autor– los puede elevar a un punto en el que, por más cosas feas que se narren, la visión del narrador las hará digeribles y aceptables dentro del pacto de ficción que establezca con el lector”.</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com/2018/04/heberto-jose-borjas-trabaja-por-la-lectura-de-autores-venezolanos-en-colombia/">Heberto José Borjas trabaja por la lectura de autores venezolanos en Colombia</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com">Seis Grados - Experiencias que nos conectan</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
