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	<title>Martín Caparros &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Señales</title>
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		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Jul 2018 17:49:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La vida después del fútbol]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Francia llegó a Rusia 2018 con ganas de hacer valer las papeletas que la nombraban como una selección&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="francia-llego-a-rusia-2018-con-ganas-de-hacer-valer-las-papeletas-que-la-nombraban-como-una-seleccion-de-peligro-pero-habia-un-problema-23-jugadores-no-hacen-un-equipo-un-equipo-lo-hacen-23-comprom"><span style="color: #6e4d8b;">Francia llegó a Rusia 2018 con ganas de hacer valer las papeletas que la nombraban como una selección de peligro. Pero había un problema: 23 jugadores no hacen un equipo. Un equipo lo hacen 23 compromisos.</span></h4>
<p><strong>Por Lizandro Samuel</strong></p>
<p>Hace 20 años, una selección francesa multirracial unió a su pueblo solo para unos momentos puntuales: para celebrar victorias. El combinado galo ganó la Copa del Mundo que se organizó en su país, sumó la primera estrella a su camiseta y nos asomó al siglo XXI. Un crack de ascendencia armenia patentó una jugada llamada la ruleta de Marsella, en honor a su ciudad natal. <strong>Zinedine Zidane</strong> fue un símbolo tanto del buen juego como de la imperante globalización.</p>
<p>El fútbol, entonces, evolucionó más rápido que la sociedad. En las calles francesas el racismo daba bofetadas a los descendientes de inmigrantes y a los habitantes de las barriadas, pero dentro de las canchas todos se arrimaban a los talentos que provenían de familias formadas en los márgenes. Cuatro años después de <strong>Francia 1998</strong>, un partido racista logró postular un candidato a las elecciones presidenciales. Ese mismo año, Zidane marcó un golazo de volea que le dio al Real Madrid su novena Liga de Campeones.</p>
<p>Desde entonces, el fútbol francés no para de evolucionar. Aunque sus métodos no parecen tan a la vanguardia como los de España y Alemania, las academias formativas y el proceso de captación de talento a lo largo y ancho del país lo convirtieron en un grande de Europa. Y en un símbolo de los tiempos que vivimos: 17 de los 23 jugadores de la selección actual son descendientes de familias africanas.</p>
<p><strong>Samuel Umtiti</strong>, central formado bajo los cánones modernos, marcó el gol que puso a Francia en su tercera final en 20 años. Umtiti nació en Camerún, pero es exponente de una escuela francesa que cada vez pare mejores centrales.</p>
<p>Fue precisamente un defensor, <strong>Lilian Thuram</strong>, quien hace 20 años firmó el doblete ante <strong>Croacia</strong> que llevó a su selección a la final del Mundial. Fueron los únicos dos goles que marcó con Francia en sus 142 partidos internacionales.</p>
<p>Los que gustan de ver señales en todos lados vibran de emoción. El gol de Umtiti llegó luego de que Varene hiciese lo propio en cuartos de final y de que Pavard marcara el tanto decisivo en octavos. La última vez que tres defensores franceses marcaron en un Mundial fue en el 98. Lo hicieron <strong>Lizarazu</strong>, <strong>Blanc</strong> y <strong>Thuram</strong>.</p>
<figure id="attachment_5685" aria-describedby="caption-attachment-5685" style="width: 585px" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-5685" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/07/francia-1998-revista-estadio.jpg" alt="francia-1998" width="585" height="380" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/francia-1998-revista-estadio.jpg 585w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/francia-1998-revista-estadio-300x195.jpg 300w" sizes="(max-width: 585px) 100vw, 585px" /><figcaption id="caption-attachment-5685" class="wp-caption-text">Foto Revista Estadio</figcaption></figure>
<p>En el fútbol hay más sorprendidos que sorpresas: los que mejor se preparan, los que tienen más talento y están mejor formados suelen imponerse. Francia llegó a Rusia 2018 con ganas de hacer valer las papeletas que la nombraban como una selección de peligro. Pero había un problema: 23 jugadores no hacen un equipo. Un equipo lo hacen 23 compromisos.</p>
<p>Uno de los combinados con más talento mostraba grietas en su manera de jugar. Didier Deschamps, el técnico, se adaptó no a cómo podría jugar si dispusiese de más tiempo, sino a cómo podía competir en el presente. Logró un compromiso tal entre sus dirigidos, que hasta Pogba, torpe para defender, se replegó hasta la primera línea de su equipo para contener los ataques belgas.</p>
<p>La selección se armó desde una dupla de centrales que solo resulta inferior a la de Piqué y Ramos, en España; y a la de Boateng y Hummels, en Alemania. Pero ya sabemos cómo le fue a estos últimos dos duetos.</p>
<p>Desde la decisión de fortalecer el área propia, Francia ha competido cediendo el balón y organizándose, cuando lo recupera, alrededor de un maduro <strong>Griezmann</strong>. Eso en determinados contextos. En otros se encomienda a la potencia de su nuevo baluarte: <strong>Mbappé</strong>, el futuro que ya es presente y que, como no podía ser de otra forma, nació en 1998: con el aura de campeón que envolvía a Francia.</p>
<p>Tras cada partido, la cohesión ha aumentado. Y tanta unión, así como tanta mezcla –en un país en el que, como dice <strong>Martín Caparrós</strong>, los migrantes no llegan al siete por ciento: hay diez veces más en la selección que en el país–, solo trae a la mente las escenas de 20 años atrás. Cuando Thuram los metió en la final. Él, nacido en Guadalupe, ha sido uno de los principales voceros políticos y sociales del fútbol francés. Un fútbol que ha evolucionado mucho desde que lograra su primer título Mundial. Después del 15 de julio, sabremos si esta vez la sociedad avanzó al mismo ritmo.</p>
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