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	<title>Prostitución &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Prostitución &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>La prostitución como válvula de escape ante la crisis</title>
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		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 08 Apr 2018 00:58:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Caracas]]></category>
		<category><![CDATA[CLAP]]></category>
		<category><![CDATA[Prostitución]]></category>
		<category><![CDATA[Prostitución en Venezuela]]></category>
		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Mariana Yánez En Venezuela, la prostitución es ilegal en todas sus posibles formas. Sin embargo, está amparada&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Mariana Yánez</strong></p>
<p>En Venezuela, la prostitución es ilegal en todas sus posibles formas. Sin embargo, está amparada por un velo de tolerancia y secreto a voces. Todo el mundo lo sabe, pero nada se hace al respecto.</p>
<p>La crisis actual ha llevado a un incremento significativo de esta vieja profesión, no obstante, la inseguridad ha logrado que quienes se dedican a la prostitución le teman a noche y a las esquinas, en un contexto donde la inflación ha hecho de la comida un pago tan o más valioso que el dinero.</p>
<p>La desesperación es el primer detonante en la gran mayoría de los casos. El hambre y la incertidumbre económica rompen los pilares del miedo y la moralidad. Lo escabroso de la situación encuentra su válvula de escape en una peligrosa avenida, un prostíbulo o incluso en las redes sociales, que sorprendentemente pueden ser utilizadas como plataformas de promoción.</p>
<p>La profesión discrimina poco, hombres o mujeres, del origen social que sea, se ven profundamente tentados por una ganancia asegurada al vender sus cuerpos. En este país las tarifas ya se cobran en dólares o euros, incluso con cajas CLAP o maquillaje barato.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>En Caracas, los establecimientos “de lujo” se encuentran en la zona este de la ciudad, donde la mayoría de las trabajadoras sexuales son calificadas como VIP. Por otro lado, están los burdeles de “mala muerte”, ubicados a lo largo y ancho del valle capitalino. También se hallan las famosas avenidas y esquinas, donde cada quien está por su cuenta y es responsable de su propio pellejo.</p>
<p>Las trabajadoras sexuales se han hecho un producto de exportación, proliferan en ciudades fronterizas de Colombia, de la misma manera que lo hacen en las de Brasil. Desde Aruba, Curazao, Panamá, pasando por Surinam, y hasta España, el acento de las prostitutas venezolanas puede ser escuchado en los burdeles y esquinas del mundo.</p>
<p>Quienes ejercen el oficio usualmente se someten a un profundo estrés emocional y físico, a menudo sufren de depresión, al igual que un intenso sentimiento de soledad. Como es de esperar, están siempre en riesgo de contraer alguna enfermedad de transmisión sexual, situación agravada por la falta de medicamentos en el país.</p>
<p>De igual manera, se encuentra latente la posibilidad de un embarazo no deseado, la violencia que podría ejercer su proxeneta sobre ellas, o la “agencia” a la cual deben pagar sus “tributos”. Se estima que, de todo el dinero que puede obtener una prostituta por sus servicios, esta solo puede quedarse con el 20% del mismo, mientras que el resto pasa a manos de su “protector”.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Más allá de su denominación o categoría, ya sean acompañantes de lujo, prepago o prostitutas de callejón, negar su existencia luce como un sinsentido. Desde jóvenes provenientes del interior del país, pasando por estudiantes de las más costosas universidades, la prostitución es una parte invisible, quizás ignorada adrede, de la vida diaria del venezolano, donde la indiferencia se hace peligrosamente fácil ante una cuestión cotidiana.</p>
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		<title>Ojos achinados</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/02/ojos-achinados/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 Feb 2018 15:41:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Inocencia]]></category>
		<category><![CDATA[Marian Martínez Perdomo]]></category>
		<category><![CDATA[Prostitución]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marian Martínez Perdomo Estaba de rodillas frente al hombre cuando la policía llegó a buscarlos bajo el&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Marian Martínez Perdomo</strong></p>
<p>Estaba de rodillas frente al hombre cuando la policía llegó a buscarlos bajo el puente. No se sorprendió. No sintió pena, no se arrepintió. Sus curvas aun no estaban bien definidas, incluso las señas de su desarrollo apenas se evidenciaban en dos bultitos que mostraba en el pecho. Su tez era morena, su cabello a la altura de los hombros se veía descuidado. En sus ojos achinados no quedaban rastros de la inocencia que un día tuvo.</p>
<p>Antes de estar de rodillas frente al hombre e intentar bajarle el pantalón, ella se le insinuó a un transeúnte que pasaba a esa hora por la plaza. “Si me das diez mil bolívares te lo mamo”, dijo con la frescura de un vendedor de café. El hombre, menor que ese que horas después aceptó la propuesta, se paralizó ante el ofrecimiento. A los segundos, respondió a la pequeña con un grupo de improperios.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Se alejó de ella, pero siguió atento a lo que hacía. Fue por esa razón que vio cuando el otro hombre le sonrió y caminó junto a ella hacia el puente. Ese otro señor, que más tarde estaría de manos atadas en un comando de policía, tenía más de 60 años, cabello canoso y manos plagadas de arrugas. Como la mayoría de los buenos hombres, acababa de salir del trabajo cuando pasó por la plaza y los ojos achinados lo miraron.</p>
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		<title>Puta</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2016/12/puta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Dec 2016 15:39:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Prostitución]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Laura Peña Betancourt He vivido estos últimos días en el danzar etéreo de su cintura, aferrada por&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Laura Peña Betancourt</strong></p>
<p>He vivido estos últimos días en el danzar etéreo de su cintura, aferrada por completo a su mirada de tigresa parida que celosa protege la cría que se alimenta en sus mamas.</p>
<p>Ella pasa vomitando pasiones y desgracias sobre mi camisa planchada, taconeando airosa por las aceras de la vida, meneando la teñida cabellera roja y lanzando puñales envenenados de lujuria con el verdor ficticio de sus ojos, pero con un gris en la mirada; gris como su historia, como sus sentimientos, como las bien pintadas uñas que exhibe en sus descueradas sandalias.</p>
<p>Y camina derrochando sensualidad y erotismo con sus labios rojos, con su perfume barato mezclado con olores añejos de nicotina y caña blanca, con su tristeza a cuestas, con su mejor sonrisa y su disfraz de puta, y lleva su verdadera historia clavada en el centro de sus senos que como frutos apetitosos exhibe.</p>
<p>Y en el humo del décimo primer cigarrillo de la madrugada leo sus penurias y oigo sus musas internas que debaten borrachas sobre la verdad de su vida, y la acompaño con la mirada mientras camina en la acera frente al teatro…</p>
<p>La felicito telepáticamente por la fabricación casi perfecta del disfraz de puta de sus días. Y mientras los humos de nuestros cigarrillos se encuentran por esa vía le pregunto que en qué momento se coloca el disfraz de la normalidad y con una carcajada me responde que ha preferido atornillar la vestimenta de meretriz en su piel para que pese menos y burlándose de mi inocencia me dice que los verdaderos disfraces los llevamos las mujeres que pretendemos no ser putas jamás.</p>
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