El club de los deprimidos

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Por Jennifer Rolong Ibáñez

Tomás es alto, fornido, ojos grises con una mirada triste. Tiene poco cabello, por decisión propia, siente que le estorba, o eso decía cuando le preguntaban. De pequeño fue muy flaco, pálido, casi un zombie, lo que le costó las burlas de los crueles niños de la escuela, no tuvo amigos, no tuvo novia por miedo a hablarle a las mujeres; en su adolescencia, como cualquier joven de su edad, tuvo acné, se aficionó a la pornografía, se vistió como pandillero, veía televisión por horas, días, semanas. Luego de su fallido intento de suicidio, hizo ejercicios hasta que tuvo músculos de acero. Sus músculos aún no lo protegen de sus propios pensamientos.

Catalina es alta y delgada, con aspecto demacrado. Su voz es apagada, parece que no emitiera sonido alguno. Tiene dientes grandes que nunca los deja ver. Difícilmente habla de ella misma, difícilmente habla de cualquier cosa. Normalmente tiene mirada perdida, una mano tocando su oreja derecha, los labios entreabiertos. Su ropa tiene olor a flores. Nunca come (por lo menos mientras la ven).

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Laura es baja, delgada, con una bonita sonrisa. Creció con un padre alcohólico, por alguna razón que no entiende busca parejas con el mismo defecto. Tiene cicatrices hechas por manos de hombres que la maltrataron, tiene cicatrices hechas por su mano. Carga con culpas ajenas, sostiene una cruz invisible que poco a poco la consume. Cada tanto consigue un nuevo romance, siempre acaban con ella en el hospital.

Roberto es un tipo normal, con un buen trabajo, buen salario, buena esposa, buenos hijos y una caja llena de antidepresivos. Tiene momentos de crisis y huye, conduce su motocicleta a una velocidad escandalosa, tal vez pretende volar. Le gusta mezclar pastillas con alcohol, habla de lo bien que se siente. Su esposa está a punto de dejarlo.

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Amanda es indescriptible, tiene miedo de todo, miedo del agua, del aire, de la vida. No sale de su casa, no se asoma a la ventana, no le gusta estar rodeada de personas. Ama la soledad, dicen que tiene una joroba, que es bruja, que le falta un ojo. La gente dice muchas cosas. Lo único cierto es que Amanda no se deja ver, nadie sabe de qué vive, que hace, que come.

Daniela, dice sentir la muerte cerca. Cree que viene por ella. Dice que siente su fétido olor todo el tiempo, que aumenta con los días, que cada vez se acerca más a ella. No teme morir, pero si lamenta no haber podido hacer muchas cosas que quiso hacer. Es muy joven, pero insiste en que la muerte la acecha, que no tiene mucho tiempo y que no puede esconderse.

Todos componen el miserable club de los deprimidos.

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