Jesús en Venezuela

Por Julio Blanco Mendoza

Predicando por el mundo llegó Jesús un día a Venezuela, hizo varias paradas en los distintos estados, curó muchos minusválidos, ciegos por docenas. No había muerto que no resucitara. A muchos débiles los hizo fuerte. Le dieron la noticia de que en Caracas la incredulidad era muy grande, esto determinó su partida hacia la capital, no sin antes distribuir a sus Apóstoles por toda Venezuela para convertir a los pecadores en verdaderos cristianos arrepentidos.

Marchó presuroso Jesús hacia la capital con muchos fervorosos creyentes a su lado. Por donde pasaba era impresionante el caluroso recibimiento demostrado. Gobernadores de distintos estados se colocaban a sus pies pidiéndole un milagro para resolver sus problemas. Jesús con enorme generosidad les responde a todos:

-¿Me pides amor Teniéndolo a tu mano?, ¿Me pides el cielo Estando sentado en él? pedidme algo más fácil y os concederé. La sabiduría de Jesús causaba asombro a los fieles como a los infieles.

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Acercándose a Caracas por la vía de Tazón oyó con asombro veinte cañonazos, cornetas y clarines, caravanas de personas a su recibimiento. A las puertas de El Valle (en los Próceres) se encontraba el Alcalde de Caracas con una comitiva ceremonial para recibirlo con un discurso que duró tres horas treinta y ocho minutos, donde alabó a Jesús y comparó su obra con la del Mesías, claro está, respetando las diferentes escalas. Al final del discurso el Alcalde con una gran reverencia solicitó de Jesús algunas breves palabras para la multitud. Jesús con su acostumbrada humildad inició sus palabras de la siguiente manera:

-Bienaventurado los niños, porque de ellos será el reino de los cielos. Bienaventurado el que llora porque sus lágrimas serán consoladas. Bienaventurado-, Y no había terminado de decir su próxima frase cuando el público lo coreaba y lo aplaudía al son musical de cada frase; Jesús le comenta al Alcalde que se encontraba a su lado que en Caracas existía mucha devoción rítmica.

Jesús tuvo un día sumamente agitado con tantos agasajos y recibimientos. Se estableció en un sencillo hotel con un balcón amplio para realizar su meditación nocturna antes de proceder a su descanso, sólo pensaba que las jornadas posteriores serían arduas; no supo a qué hora cayó rendido del cansancio.

 

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Al levantarse, apenas tuvo tiempo de desayunar probando una exquisita y costosa arepa de reina pepeada, cuando a las puertas de la habitación se encontraban reporteros de diferentes diarios y cámaras de todos los canales de televisión para tomar la exclusiva del primer día de Jesús en Caracas. Jesús recibió a todos y procedió a contestar muchas preguntas de todos los géneros, algunas preguntas de una indiscreción asombrosa. Se indignó cuando un periodista hizo comentarios sobre él y María Magdalena, pero su inteligencia era tan amplia que la respuesta dada enmudeció a todos los presentes: “El que esté libre de pecados que lance la primera piedra”.

Al finalizar la entrevista comenzó la odisea del recorrido por toda Caracas, predicando y convirtiendo a infieles. Las trancas eran descomunales en donde se encontraba debido a la aglomeración de personas solicitándole múltiples milagros y curaciones. Hubo una secreta reunión de curas en una de las iglesias de la capital, tomando la decisión de ir a una huelga de hambre reclamando los fieles que Jesús día a día les arrebataba. La envidia de los curas aumentaba mucho más cuando veían que sus ingresos disminuían por falta de feligreses.

A los oídos de Jesús llegó información sobre lo mal que se encontraba Petare; no reparó en tiempo e inmediatamente tomó el Metro dirección Palo Verde. Al salir de la estación Petare , no salía de su asombro al ver tanta inmundicia en la calle, abarrotada de mendigos y borrachitos, hasta fue víctima de un joven ladrón que le sustrajo su cartera y pasaporte con un velocidad increíble, al enterarse que hasta la iglesia (el templo de Dios) llegaban los buhoneros vendiendo toda clase de mercancía. Se lanzó sobre los diversos tarantines echándolos de un lado a otro. Los buhoneros estupefactos permanecieron inmóviles por unos instantes, hasta que volvieron en sí y empezaron a gritar:

-¡Agarren a ese loco!, ¡Saquen a ese loco de aquí!

Inmediatamente de la prefectura llegó el cajón de la policía para aplacar la situación. Al encontrarse a Jesús con su indumentaria característica, saltaron sobre él y con garrotazos y planazos de todos los calibres lo lograron meter en el cajón; el jefe del operativo les dijo a los agraviados:

-Ya el problema está resuelto, hemos atrapado al peligroso malandro y le aplicaremos todo el peso de la ley por desorden público.

Llevaron a Jesús (el malandro) a la zona policial, lo colocaron en una cárcel acompañado de 14 personas entre vagos y ladrones. La burla no se hizo esperar entre los demás presos, tanto por la vestimenta como por la disminución a un ser como ellos. Uno de los ladrones que se encontraba en una esquina le dice:

-Bueno ¿qué pasó?, ¿tú no te la tiras de arrecho?, ¿qué tal si nos sacas de esta vaina’, ja, ja, ja, ja.

Otro individuo que se encontraba en la otra esquina lo observa con detenimiento y le dice:

-Coño pana, aquí en este país el que habla paja del gobierno está jodido, te hubieses quedado tranquilo por, ah, bueno panadería, si te vas a fugar acuérdate de mí que yo me acordare de ti cuando estemos lejos.

Al día siguiente en un conocido noticiero de la televisión entrevistaban al director de la policía, dirigiendo estas palabras a la audiencia:

-Hemos tenido un gran éxito con el operativo “Lucha contra la Delincuencia Urbana”. Atrapamos a más de cuatrocientos malandros y vagabundos, a los cuales les será aplicada la “Ley de vagos y maleantes”, enviándolos directamente a El Dorado.

En la tarde del día, Jesús junto con una nutrida cantidad de presos viajaba en un lote de autobuses de la guardia nacional rumbo a El Dorado.

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