La fe del Cristiano

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Cuando marcó el tercero de sus goles, con el que puso el 3-3 definitivo, abrió los brazos para que sus compañeros corrieran a abrazarlo, como un elegido que se ofrece a los no creyentes para hacerlos entrar en razón

Por Lizandro Samuel

El último nivel del cambio de cualquier persona es el de sus creencias espirituales. Si un hampón modifica su peinado, aprende matemáticas o descubre que hay gente que lo quiere, es menos probable que altere sus conductas o su modo de ganarse la vida que si se convence de que es un siervo de Dios. La fe mueve montañas. Eso dice el lugar común. Yo no he visto a una montaña moverse solo porque alguien se convenció de que era posible. Pero sí he visto, y más de una vez, a un hombre con posibilidades finitas romper sus límites y enfrentarse –con éxito– a un ejército mejor preparado.

Ese hombre es Cristiano Ronaldo.

Todavía no he leído el primer relato de su vida que ahonde en lo más profundo de su persona. Cuando un escritor se proponga a desnudarlo, tendrá que convertirse en un Sherlock Holmes a la caza del sino del portugués: esa marca, o ese momento, en el que el niño se convenció de que por sus venas corría la sangre de los Dioses. Antes de que sus pies fueran tan letales como el martillo de Thor, hubo de creerse el relato de que su destino era el de un Dios nórdico.

Aunque pocas veces habla de sus creencias espirituales, su nombre deja claro que es cualquier cosa menos ateo. ¿A qué le reza? Los hechos demuestran que se ora a sí mismo.

La prensa en España pasó del optimismo bobo del amante adolescente al que la más guapa del colegio le rinde devoción, al desconcierto pesimista del matrimonio que descubre que ya solo los une el desprecio mutuo. La situación con Julen Lopetegui, el Real Madrid, Florentino Pérez, Jorge Méndez, la Real Federación Española de Fútbol y Luis Rubiales, ha sido un pasticho cuyo principal afectado fue la selección de España. Tanto alboroto nos recordó que en Europa también son humanos. Lo vanguardista que es el fútbol español no lo protegió de caer en las tonterías que a(r)mamos en Latinoamérica.

Me imagino que Cristiano habrá escuchado la polémica junto a sus compañeros y se habrán visto entre sí como lobos que olfatean sangre. Martín Caparrós escribió que el fútbol ayuda a desmantelar las ficciones: una de las que podría venirse abajo con España, si gana el Mundial, es la de que los gobiernos son un mal necesario. A mí me parece, más bien, que los cuerpos técnicos no son gobiernos sino líderes comunitarios.

España jugó ante Portugal tan aceitada como puede hacerlo un combinado que rema para el mismo lado y que tiene tanto talento como líderes que saben ponerse de acuerdo. No es ahí donde Fernando tendrá que hacer valer su mano de Hierro, sino cuando los partidos empiecen a requerir de la intuición del DT para alterar la hoja de ruta. En su debut en Rusia 2018, España jugó contra lobos hambrientos y, de a ratos, usó la pelota para amaestrarlos.

Foto El Confidencial

Pero enfrente se consiguió con la fe del más creyente de los futbolistas. Acaso porque este cybor no está programado para la duda, Cr7 recuperó su aura de semi dios para convertirse en figura de un partido en el que ya había demasiados candidatos –todos españoles– a los que aplaudir.

Cuando marcó el tercero de sus goles, con el que puso el 3-3 definitivo, abrió los brazos para que sus compañeros corrieran a abrazarlo, como un elegido que se ofrece a los no creyentes para hacerlos entrar en razón. En el 2004 lo veían raro cuando se sentía el mejor jugador de una selección que comandaba Luis Figo. En el 2006 todos sabían que era de lo mejor de la Premier pero pocos creían que sobre su espalda cupieran todas las esperanzas de un club que juega en un estadio al que apodan El teatro de los sueños. Cuando llegó al Madrid, pronto quedó claro que sus aspiraciones por alcanzar al Pep Team y a Lionel Messi eran ingenuas. Y casi todos asumimos que probablemente se retiraría sin ganar un título con Portugal.

Cristiano se tiene más fe a sí mismo que incluso los más leales de sus compañeros. Aunque hay logros que se escaparán de sus botas, nadie podrá decir que no lo intentó hasta el final.

A ver si entendemos la fuerza de su relato. A estas alturas, solamente él puede creer que su nivel es comparable –o incluso superior– al de Lionel Messi, mientras en los bares de todo el mundo el único debate viable es el de si Lio es solo el mejor de los últimos 20 años o es el mejor de la historia. Mientras todos dicen que el argentino compite contra Pelé y Maradona, Cristiano solo piensa en sí mismo. En ese afán, Cr7 hoy día podría retirarse con más Balones de Oro y Champions que la Pulga. Que es como decir que Metallica ganó más premios que The Beatles.

Después de vibrar como niño con el empate a tres entre Portugal y España, no puedo dejar de hacerme una pregunta: ¿cómo sería mi vida si fuese un poco más como Cristiano? No me refiero a depilarme, broncearme, sacarme las cejas o regodearme en mi ego; sino a convencerme de mis posibilidades con la fe ciega del fanático religioso. Mientras trato de encontrar una respuesta que me convenza, me topo en Internet con las declaraciones que dio Cr7 al finalizar el partido. “Siempre creí en mí”, dijo.

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