Desconocidos

Por Marian Martínez Perdomo

La luz no alcanza. Los días son densos, oscuros. Pasan las horas y el horizonte se pierde entre nubes de humo. Éramos un grupo cuando empezamos el recorrido. Todavía nos faltan metros por transitar, pero ahora hay una fractura. No todos queremos llegar al mismo sitio.

Si algo despertó nuestros sentidos fue aquel circo que encontramos cuando íbamos hacia el sur. La puesta en escena era de altura e incluía representaciones de pasajes cuya inspiración estuvo, sin duda, en la Amazonia. Sin embargo, algo en ese conjunto de artistas sirvió de espejo para lo que nos ocurría.

Los trapecistas actuaban descoordinados: el paso de uno dejaba en riesgo al otro, al borde del abismo. El público seguía cada pirueta. Estaba atento. No había música, ni ruidos. Parecía que olvidaron respirar en un intento por no estropear más los movimientos ya decadentes. Se vieron deslices, las costuras de los trajes  y los rostros sudorosos. Vino el segundo acto. Unos monos aparecieron y se encargaron de manejar las redes sobre las que se sostenían algunos perros “artistas”. ¿Cómo no cerrar los ojos ante aquella osadía? El caos era total. Luego, vino la presentación de los leones.

El escenario estaba listo para la muestra de dominación, pero los animales en vez de reconocer a sus domadores fueron contra ellos. Los obligaron a repelerse. En ese punto la asfixia, producto de la angustia, hizo que varios de los presentes se retiraran de la sala. Los domadores actuaron con fuerza en un intento de ocultar la vergüenza por la derrota. Solo les importó mostrarse poderosos.

Los murmullos arroparon la gran carpa hasta convertirse en bullicio. El descontrol se apoderó de los espectadores, quienes terminaron huyendo de aquel burdo espectáculo. Nosotros también lo hicimos. Caminamos hasta una calle solitaria. Ahí nos detuvimos. No hubo necesidad de pronunciar una palabra. Solo nos miramos y fue ahí cuando reconocimos en nosotros a cada uno de los personajes del circo. Desde ese día dejamos de ser los mismos. Ahora no nos reconocemos, somos unos desconocidos.

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