Por Carola Fagundez
No me gusta la rutina. Hacer lo mismo dos días no lo verás en mi. Tampoco te prepararé de comer, odio cocinar. No tengo paciencia y jamás me preguntes que haré hoy, pues sentirás que no te quiero incluir en mis planes, pero lo cierto es que no los hay, no planeo. Mi falta de paciencia no me permite que los planes fallen. Odiarías estar cerca de mí, si llega a caer un plan.
Soy amante de la vida, disfruto cada momento a mi manera, pero no vas a amarme cuando me aburra lo que hace un momento me encantaba. Pocas son las cosas que en verdad me impresionan. No me pidas un abrazo, no suelo derrochar miel. Cuando te abrace aprovéchalo, no sé cuándo vuelva a pasar. Perdón si salgo sin más de la cama, simplemente se acabó la magia, y si no digo más, si no puedo hablar es solo que trato de controlar mis locos impulsos.
Me odiarás por no querer hablar, cuando en realidad solo evito herirte, soy imprudente e insolente. No amarás que yo no sea una mujer de reglas e imposiciones. No me ordenes, no obedeceré. Soy de acuerdos no de mandatos. No me importa lo que los demás lleguen a pensar del rumbo que le doy a mi vida, pues es mía y ellos no vivirán por mí.
[the_ad id=”3209″]No sé si llegues a amar alguien que toma sus propias decisiones. A veces soy algo sentimental, y solo quiero tenerte en mis brazos. Lo sabrás, no se hablar para decir lo que siento, pero mi mirada siempre te dirá “te necesito”.
No me gustan las cosas a medias y quizá llegues a odiar cuando sepas lo que pienso de cada cosa. Soy transparente, creo ideas propias y me quedo solo con lo mejor da cada persona. Odio condicionar y transformar a mi conveniencia, cada quien tiene su esencia y me gusta analizar lo que me sirve y me quedo con ello, lo que no simplemente me da igual.