Por Eva Blanco Rangel
Todo comenzó con días muy lluviosos. Uno de esos decidí pasarla con una gran amiga llamada Yesnaider. Iríamos a resolver una situación en la Ciudad de Guatire. Pero en el camino nos agarró un gran palo de agua como le decimos acá en Venezuela y ella hizo que corriéramos como locas por todo el pueblo intentando resguardarnos de la lluvia, pero no fue así y al final terminamos empapadas entre risas y charlas. Decidimos ir a un Centro Comercial para sentarnos a conversar, en ese lugar trabajaba él y yo solo acepté porque quería llegar hasta allí para cumplir mis estúpidas ilusiones de verlo nuevamente.
Llegamos a la feria de comida que se encuentra normalmente llena. Justo antes de ponerle el ojo a una mesa vacía para poder descansar, allí estaba él frente a mí. No se dio cuenta de que lo miraba o que me encontraba ahí, no en ese momento.
Sólo por ese instante sentí que mi corazón dejó de latir.
Dejé de pensar en él y me concentré en mi amiga pero decidimos dejar el lugar porque estábamos completamente mojadas y nos arriesgábamos a un gran resfriado. Al intentar salir de allí volteé directo hacia la entrada del local donde él trabajaba y se encontraba justamente en la puerta observando a todos los que pasaban. Me di cuenta de que me reconoció, le mire enseguida y note una sonrisa en su rostro que disimuló haciéndole miradas raras a su jefa. Ella no tenía ni idea de que hacia él.
Fui directamente hacia allí sin parecer desesperada. Lo saludé y me recibió con un abrazo gigante y tibio. Le presenté a mi amiga, sonrió todo ese instante de una manera un tanto desesperada y no encontramos mucho de qué hablar, creo que estábamos paralizados. Decidí despedirme para cortar ese momento incómodo y a los minutos de retirarme recibí un mensaje. Yesnaider dijo “es tú mamá o si no es él”. Me desesperé con esas palabras suyas y revisé rápidamente mi celular. Sí, era mi madre, pero enseguida llegó otro mensaje de texto y ¡era él! Pensé en lo que me dijo Yesnaider, incluso me asusté por sus predicciones acertadas.
Fue un mensaje perfecto, quería volverme a ver. Inmediatamente preguntó si tenía algo que hacer al día siguiente. Quería verlo nuevamente así que fui directo al grano y acepté. Quedamos en tomarnos un café con galletas. Al día siguiente revisando mi alacena noté que no tenía nada de café para llevar. Le avisé pero era inútil conseguir café hecho en un viernes tan lluvioso y desolado.
Pero era lo de menos. Lo que realmente importaba éramos nosotros.