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	<title>Amor &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Amor &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Atardecer de domingo</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2019/02/atardecer-de-domingo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 12 Feb 2019 14:52:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Marian Martínez Perdomo]]></category>
		<category><![CDATA[Nostalgia]]></category>
		<category><![CDATA[Pasión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marian Martínez Perdomo En esas noches todo dolía. Los recuerdos, las previsiones de futuro, los hechos del&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Por Marian Martínez Perdomo</strong></p>



<p>En esas noches todo dolía. Los recuerdos, las previsiones de futuro, los hechos del presente. El tic tac de los relojes nos golpeaba la cien como un martillo. Toda la sal del mar se agolpaba en nuestra boca, había que tragar grueso y era fácil, muy fácil, querer desembarcar. ¿A dónde se trasladaron los sueños en medio de ese lodazal? ¿En qué momento se hicieron tan esquivos? Entonces, aparecías tú, madre, padre, hijo, esposa, hermano, amigo, novio, amante, vecino, primo… y devolvías la vida con una mirada, con una palabra, con un abrazo que detenía el martillo, aplazaba los recuerdos, bajaba la ansiedad de futuro y traía al presente, por momentos, la paz del que se sienta a mirar el atardecer los domingos.</p>
<p>&nbsp;</p>






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		<title>Uno, dos, tres amores fallidos</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/12/uno-dos-tres-amores-fallidos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Dec 2018 16:53:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Juan Briceño Ya era de noche cuando María Laura se acostó en su cama, sin apagar la&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Por Juan Briceño</strong><br></p>



<p>Ya era de noche cuando María Laura se acostó en su cama, sin apagar la luz, abrió sus piernas, se palpó, y, con sumo cuidado, se metió dos pastillas de cytotec en la vagina. Estaría por la tercera semana de embarazo, todavía no había ningún síntoma visible, solo la menstruación ausente y que siempre había sido puntual en su vida, cada 28 días. Sus padres se paseaban en la casa mientras ella lloraba en silencio, sin moverse de la cama, ni siquiera para apagar la luz, pues le daba miedo que fueran a caerse las píldoras si se levantaba. Su novio, a quien tenía semanas sin ver, se había ausentado con sentidas excusas, por lo cual María Laura lloró sola hasta quedarse dormida, sin saber qué esperar. </p>



<p>	Antes
de dormirse, le escribió un mensaje al ausente:</p>



<p>	–Ya me tomé las pastillas. </p>



<p>	–Está bien, avísame cualquier cosa –respondió. </p>



<p>	“Yo lo amaba demasiado, o sea, con él yo hubiese tenido un hijo”, dice en la actualidad. </p>



<p>	La despertó el dolor en el vientre. Podía sentir las contracciones en su abdomen, y el seno derecho se le había inflado desproporcionadamente, y así se quedaría, henchido en su mastitis,por dos semanas más. Se tocó la vagina buscando sangre, pero al verse las manos seguían limpias. El dolor era otra incertidumbre, y con ella se acostó a dormir hasta el día siguiente, cuando amaneció sangrando de forma abundante. Había resultado, podía continuar su vida como estudiante de medicina, su novio no dejaría de quererla, todo estaba bien, de aquello las únicas secuelas serían el sangrado que continuaría por tres semanas, espeso, denso, y la hinchazón en el seno. </p>



<p>	Quedaron en cuidarse, él le dijo que le compraría las pastillas y así podrían seguir en su tranquilidad de noviazgo, pero aquello quedaría solo en palabras, que, como suele escucharse, el viento se lleva. </p>



<p>	Aquella relación había comenzado tres años atrás, cuando ella apenas estaba en el primer año de la carrera y Alberto, ya en los últimos años, le daba clases como preparador. La había invitado a salir varias veces, pero ella se había negado, le parecía feo, pero pese a todo tenía algún atractivo, la actitud, tal vez, o los ojos claros, verdosos, que asemejaban lo dulce del campo. Un día aceptó la invitación y fueron a comer helado, a ella no le pareció ni mal ni bien, de lo que pensó él no sabemos mucho, pero después de ese día siguieron saliendo y lo que de ahí siguió fue que María se enamoró dulcemente de aquel muchacho, su primer novio, propiamente hablando, el que llevó a su casa, el que su padre recibía con un abrazo y sutiles dádivas; el primer amor, ese que, según se dice, nunca se olvida. </p>



<p>	Ya aquella primera escena se había convertido en un olvido cuando, un 21 de diciembre, en pleno día del espíritu navideño y con cuatro años de noviazgos ya cumplidos, el padre les dijo: “Ay, yo quiero un pichón de zamuro de ustedes dos”. Como cuando se echa un chisme en medio de una reunión y se rompe un plato, palabra cierta fue aquella: de esa noche resultó un segundo embarazo, inesperado como el primero, que vino a saberse en enero, cuando la sangre no bajó. </p>



<p>	–Esa vez sí le dije como desesperada, yo me desesperé: “Por favor, no me vayas a dejar sola, la otra vez me dejaste sola, no me vayas a dejar sola nunca en tu vida”. Casi que le rogué que no me fuera a dejar sola, y lo abrazaba aferradísima a él. </p>



<p>Alberto la acompañó a realizarse la prueba de embarazo, y los resultados los mandaron al correo de él. Al momento de enterarse, María cerró los ojos, se apretó a él y escuchó a Alberto decirle: “Sí, fue positivo”. Al día siguiente ya tenían las pastillas. Se las aplicó en el cuarto de Alberto, ella sola y sin que él mirara, y luego se echó a llorar. Su novio fue a socorrerla, se acostó a su lado, la consoló con palabras secas, pero terminaron disgustados porque María no sentía ningún efecto y, al comentarlo, Alberto la acusó de haber botado las pastillas. Muy en lo profundo, María deseaba a ese niño que no nacería. </p>



<p>“En mi mente siempre fue una posibilidad, pero yo ni siquiera se la iba a asomar, porque yo sabía que él no quería, y yo pensaba que él me iba a dejar si yo le decía esa barbaridad”, comenta María. </p>



<p>No las había botado, las había usado, pero al día siguiente, después de una noche de disgusto, no había sangrado ni seno recrecido, ni ningún otro síntoma que avisara del cambio. Por internet encontraron otro proveedor, solo un número de teléfono junto a la palabra “cytotec”, el tan deseado abortivo, usado generalmente para inducir el parto, pero cuya segunda función lo hace un producto deseado en los mercados negros. Quedaron en verse en un centro comercial, y allí, en efecto, se encontraron con el hombre, quien junto a su esposa e hijo fue a venderles la solución para sus problemas. </p>



<p>Esta vez María Laura decidió realizar el procedimiento ella sola. Se fue a su casa, se encerró en su cuarto y allí volvió a hacer lo que le pareció casi una rutina, un ejercicio maquinal, un procedimiento básico; aquella vez no lloró, solo se molestó consigo misma por estar pasando por eso de nuevo. A la mañana siguiente la sangre corría a borbotones, y una tristeza y una felicidad se juntaban en un mismo cuerpo. </p>



<p>Meses después la relación se acababa. María Laura sospechaba de tiempo atrás las infidelidades de Alberto, y terminó por convencerse cuando un día, al revisar el <em>Facebook&nbsp;</em>de él, encontró varias conversaciones en las que su novio flirteaba con otras mujeres. Una conversación en particular le llamó la atención, porque Alberto, el que decía ser de ella, le escribía a otra: “¿A ti no te dan ganas de casarnos? ¿De tener algo bonito?”, era lo mismo que le decía a ella.</p>



<p>“A él eso no le importó. Yo creo que él hoy en día, si piensa en mí,no creo que recuerde eso, no creo que piense que fue chimbo que me hizo abortar dos veces”, piensa María.</p>



<p>Meses después, ya en los últimos años de la carrera, a María le tocó ser residente en la Maternidad Concepción Palacios, donde en varias ocasiones ayudó a las mujeres a parir. Allí, al cargar a los recién nacidos, recordó al que se hubiese llamado Albertico, y que nunca llegó a llamarse. Entristeció, todavía lo amaba, al niño que no existía y al padre que no fue. Pero también agradeció el aprendizaje, y el no estar atada a un muchacho que tanto en el fondo como en la superficie, no la quería. </p>



<p>“A mí tiempo después me hicieron un eco, y no me salió nada. Pero eso fue por casualidad, porque tuve suerte. Pudo haber sido mucho peor.Nosotros nunca nos cuidamos. Y yo nunca se lo pedí porque estaba demasiado preocupada por gustarle a él, en no dañar la relación. De verdad cometí error tras error. El daño que le haces a tu cuerpo con eso puede tener muchas repercusiones. Muchas mujeres después de eso no pueden tener hijos, muchas se mueren por un aborto séptico”, remata María Laura. </p>



<p>No es esta la peor historia, no tuvo que sacarse María al muchacho con un gancho, ni falleció desangrada en una camilla sucia de un cuarto clandestino, pero es la historia de María, a quien por prudencia no llamamos aquí por su nombre real, la que aprendió que hay amores que llegan a partirte la vida.   </p>



<p>Una historia que se repite indefinidamente. </p>



<h4 id="lee-tambien-la-despedida"><a href="http://www.seisgrados.com.ve/2018/05/la-despedida/">Lee también </a><strong><a href="http://www.seisgrados.com.ve/2018/05/la-despedida/">La despedida</a></strong><br></h4>
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		<title>El espejo</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/11/el-espejo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Nov 2018 12:40:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Cuerpo]]></category>
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		<category><![CDATA[Pasión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Julio César Blanco Mendoza Su rostro es un delirio de perfección humana. Cada movimiento, gesto o mueca&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Julio César Blanco Mendoza</strong></p>
<p>Su rostro es un delirio de perfección humana. Cada movimiento, gesto o mueca que hace es magistralmente bien llevado. No expresa ordinariedad. Su piel se ha formado a través de los años con mucha consistencia, parece la firme dureza del mármol y a su vez tan blanda como la goma espuma.</p>
<p>Sus ojos, lo maravilloso de ellos -inmensamente bellos, intensos- es que tienen  una profundidad inusual. Prácticamente en sus ojos se describe su carácter, su ternura y determinación.</p>
<p>La intocable silueta que muestra, ese escultural cuerpo… ella al tocarse y rozarse lentamente estremece y acciona el volcán de pasión y deseos que lleva por dentro. Podría describir ese cuerpo y su contorno aún sin luz, lo conozco totalmente, cada lunar y cada variación que ha tenido.</p>
<p>A través de los años la he visto mejor y aumenta mi deseo por tenerla, pero sé muy bien que está destinada para otro menos para mí, sin embargo creo cada día que su cuerpo es mas mío que de ella, me pertenece aunque ella lo desconozca y aún así haga exhibiciones más audaces cada minuto o segundo de su vida, desangrando este deseo enorme y este torrente de pasión que arde y a su vez produce cada vez más dolor.</p>
<p>Ella sigue actuando de la misma manera cada vez que se acerca a mí, yo sólo soy su espejo, un elemento inanimado.</p>
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		<title>Humedad</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/10/humedad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Oct 2018 14:42:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Erotismo]]></category>
		<category><![CDATA[Marian Martínez Perdomo]]></category>
		<category><![CDATA[Pasión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marian Martínez Perdomo Afuera llueve, llueve como si quisieran enfriarnos. Dentro estamos tú y yo, solos. Clavas&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Marian Martínez Perdomo</strong></p>
<p>Afuera llueve, llueve como si quisieran enfriarnos. Dentro estamos tú y yo, solos. Clavas tu mirada en mí y yo me sonrojo. Así te quedas por un rato, sin hablar, mientras mi entrepierna se humedece. Te acercas. Tanto que siento tu respiración en mi cara. Mis latidos, aunque parezca imposible, se aceleran más. El calor que emana de tu cuerpo se mezcla con el del mío. Entonces sucede lo que durante muchas noches imaginé cuando jugaba con mis dedos a poseerte. Uno, dos, tres, cuatro y cinco. Como si fuese un piano cada uno de tus dedos se posan sobre mi hombro. Afuera estalla un trueno. Dentro estamos tú y yo, solos. Sigo frente a ti, quiero creer que soy la misma de hace minutos, pero no es así. Reclamo poseerte, sin embargo el poder de tu mirada me detiene. Mis ojos muestran el fuego de una chimenea que solo existe en mi interior. De mi sexo parece emanar la lluvia que cae afuera indetenible. Me torturas. No cedes. No hablas. Estás tan cerca que siento cómo bajo tu pantalón un bárbaro lucha por salir a conquistarme. No aguanto más y me pegó a tu boca. Respondes con la misma sed, esa que solo saciará nuestra saliva. Afuera estalla un rayo. Dentro estamos tú y yo, juntos.</p>
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		<item>
		<title>¿Cómo soy?</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/10/como-soy/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Oct 2018 14:03:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Autoestima]]></category>
		<category><![CDATA[Pasión]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Juan Zavala Díaz ¿Cómo soy? ¿Cómo somos? Dos preguntas, infinidad de explicaciones. A veces difíciles, otras no tanto.&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Juan Zavala Díaz</strong></p>
<p>¿Cómo soy? ¿Cómo somos? Dos preguntas, infinidad de explicaciones. A veces difíciles, otras no tanto. Todo varía depende el problema, la persona y, cómo no, el contexto en donde se plantee esta oración interrogativa.</p>
<p>Resulta ser un ejercicio interesante. No me lo propuse sólo, fue sugerido desde un ámbito profesional . Acepté desarrollarlo, aunque no sé ni cómo empezaré ni mucho menos cómo terminaré. Sólo te aseguro que no habrá orden; cada párrafo es una idea distinta a la anterior, aunque en algunos casos lleguen a relacionarse.</p>
<p>La mente humana es un universo lleno de ideas, pensamientos, sentimientos y razonamientos; toca volver de todas una sola para hacer de esta actividad una asignación eficaz y, lo más importante, sincera.</p>
<p>Comienzo.</p>
<p><strong>¿Cómo soy?</strong></p>
<p>Ante todo, humano. Dirán que está demás empezar por este punto, pero me parece que es el epicentro de todo. Soy humano, un tipo que ve, que siente, que piensa, que a veces ejecuta; que respira. Lo normal. O al menos así debería ser. Hay otros que nada que ver. Eso tampoco me compete.</p>
<p>Soy amable. Quizá más adelante se contradiga esta afirmación, pero no es mentira. Siempre, desde pequeño, he sido un tipo muy dado con la gente a la que tengo la oportunidad de conocer. Debo admitir también que esa amabilidad se ha diluido en los últimos años. No sé si será porque el corazón ya no es tan puro como el de un niño pequeño o, simplemente, un tema de edad. Pese a todo esto, siempre me caracterizo por mostrar ante los míos una buena cara incluso cuando las cosas no andan bien.</p>
<p>Toda la vida he sido tímido o penoso. Pueden llamarlo como quieran. ¿Razón? No me pregunten. Es algo con lo que he convivido desde chico. Pese a todo, <strong>nunca me faltó algo de valor para hacerle frente a algunas situaciones que demandaban valentía</strong>. Aunque también me arrepiento de muchas otras que no hice debido a una condición que, a pesar de que he aprendido a llevarla, la sigo manteniendo y no sé cómo sobreponerme ante ella.</p>
<p>Soy egoísta. Una contradicción. Como en este ejercicio lo que vale es la sinceridad, más vale buscar entre lo más profundo del corazón. Allí yace el egoísmo. Hay muchos escenarios en los que este tópico me inunda. La gran mayoría de ellos en el ámbito social. No me sorprende. Ser dado no quiere decir necesariamente que en todo momento me interese el bienestar de los demás. Casi nunca es así, la verdad. Ni familia, ni amigos, ni extraños. Toda la vida he pensado en mí mismo, en lo que puede generar un reconforte sólo para mí, donde nada ni nadie interviene o forma parte de ese sentir. Si explico con detalles algunos ejemplos, amanecemos. Pero es así. Múltiples caminos me han llevado a esto. No falta algún escurridizo/a que se percate. Hasta donde mi memoria da, no me altera tampoco.<strong> ¿Tiene culpa de algunos de mis fracasos personales?</strong> Podría ser.</p>
<p>En ocasiones, tiendo a ser un poco (bastante) despistado. Un defecto terrible que puede resultar cómico para el que me conoce pero que siempre me complica en determinadas situaciones. El error radica en que para algunas cosas no suelo tener cabeza. ¿Distracción, quizá? No sé. Es algo que, estoy seguro, evita que el avance sea mayor a nivel individual. Erradicar el despiste puede ser de ayuda y enriquecer la capacidad mental. Tengo que seguir trabajando en eso.</p>
<p>Siempre, y pese a que mi historial diga lo contrario, he pensado que soy una persona débil . No lo digo tanto por el contexto físico (aunque tenga parte), sino más bien como mental. La susceptibilidad va de la mano con ello y toda la vida me ha bloqueado y causado pérdidas, apresuramientos y dolores de cabeza.</p>
<p>Y así como soy todas esas cosas que he comentado en éstos párrafos, también puedo agregar que soy una persona tranquila , pese a todos los defectos. Ser simple ha sido una bandera que he llevado desde mi nacimiento. Ojo, <strong>con simple me refiero a sencillez, no por ser poco original</strong>. También me considero un tipo solitario, que camina sin otra sombra de mi lado. La mayoría de las veces siento que estoy rodeado de mucha gente, pero el vacío permanece. Es algo con lo que vivo cada día y no se aleja con facilidad, pero peleo con lo que puedo. Reservado , un poco rencoroso (aunque no tanto), muy orgulloso, flojo y disciplinado , son también algunas de las características de mi alocada forma de ser. Es increíble todo lo que puede caber en un alma, un corazón y un cerebro, ¿verdad?</p>
<p>En fin. Todo ha sido parte de un test de conocimiento personal. Y aunque no creo que me conozca por completo, sí puedo asegurar que este tipo de ejercicios y métodos contribuyen. Siempre he reflejado la escritura como una estrategia no tanto para aprender a redactar bien, sino para desahogarse y llevar la mente a su máxima expresión. Ya sin más, toca seguir trabajando y buscar el momento clave para dominar y ejecutar ese pase entre líneas que tira vida.</p>
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		<item>
		<title>La fiesta</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/08/la-fiesta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Aug 2018 18:29:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Erotismo]]></category>
		<category><![CDATA[Marian Martínez Perdomo]]></category>
		<category><![CDATA[Parejas]]></category>
		<category><![CDATA[Pasión]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marian Martínez Perdomo Aquella noche todo era música, baile, alcohol y, en mi cabeza, poesía. Tú estabas&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Marian Martínez Perdomo</strong></p>
<p>Aquella noche todo era música, baile, alcohol y, en mi cabeza, poesía. Tú estabas allí, sentado desde un ángulo en el que observabas cómo el vestido se ajustaba a mi cintura. No te conocía, pero tus ojos me decían que querías ser un súper hombre para mirar cada centímetro de la piel que mi ropa cubría. Cuando ambos nos miramos no hubo chispa. Solo sonreí.</p>
<p>Después de varios minutos, te acercaste y con un gesto me invitaste a entrar juntos en una espiral de adrenalina. No hablamos. Bailamos. Una y otra vez. Todos los ritmos. Toda la noche. De pronto, ocurrió el cortocircuito. El sudor fue el combustible y nuestro primer beso la chispa. Todo se movió dentro de mí cuanto tu lengua invadió mi boca. La primera vez fue accidental, la segunda tímida, la tercera, la cuarta y la quinta fueron voraces. Ya no había pista, ni baile, ni personas. Solo nosotros, solo nuestras lenguas y una infinita sed.</p>
<p>Un calor asfixiante colmó el salón. El fuego se extendía por cada uno de mis poros y me obligaba a volver a ti en busca de más. Cada tanto, tomaba uno de tus labios entre mis dientes y les daba un ligero mordisco para incitarte a ir más allá. Antes de que el sol se posará sobre la ciudad, un mar de lava nos expulsó del salón directo a aquella cama a la que volvimos un sinnúmero de ocasiones. En ella más de una vez recordamos que estábamos vivos, que a pesar de la distancia no podían separarnos. En esa cama, una y otra vez, comprobamos que hay incendios que no pueden extinguirse.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Perro ladrón</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/07/perro-ladron/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Jul 2018 16:06:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Infancia]]></category>
		<category><![CDATA[Mascotas]]></category>
		<category><![CDATA[Niñez]]></category>
		<category><![CDATA[Perros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Julio César Blanco Mendoza Para mí era muy fácil tener mascotas en mi infancia, ya que cualquier&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Julio César Blanco Mendoza</strong></p>
<p>Para mí era muy fácil tener mascotas en mi infancia, ya que cualquier pequeño bicho lo guardaba en mis bolsillos o buscaba un envase para conservarlo, desde cucarachas, grillos, lagartijas, sapitos o lo que me encontrara, incluso me fascinaba el orden de las hormigas, pero tenía mucho cuidado con las rojas ya que su mordida ardía mucho. Todo animal era un entretenimiento maravilloso a mi corta edad.</p>
<p>Llegó un cachorro de perro a mi casa que en poco tiempo creció a tamaño medio, aunque para mi estatura lo consideraba bastante grande y fuerte. Cuando jugaba con él siempre quedaba aporreado por su juego tosco y rudo; sus mordidas suaves igual maltrataban, era bastante juguetón salvo cuando comía, en ese momento se mostraba agresivo con cualquiera que pasara cerca. Fue un perro que se convirtió en mi compañero en las excursiones diarias en el pequeño terreno de mi abuela, que para mí era un enorme espacio de juegos y entretenimiento. Como todo perro, comenzó sus andanzas con mordidas de todo tipo, acabó con todas mis pelotas de plásticos, en un tiempo destrozó cualquier zapato que se dejaba al descuido. Fue un momento de gran sorpresa cuando descubrí que la desaparición de mis muñequitos de soldados plásticos se debía a que se los tragaba y sólo pude descubrirlo cuando en sus heces sobresalía la mitad de un soldado lanzando una granada.</p>
<p>Un día vino a la casa una compañera de escuela a realizar una tarea, no recuerdo si era parte tarea o parte juego, pero en fin, estaba en casa. Mi abuela se fue por un momento al abasto a realizar algunas compras, dejándonos adentro de la casa con la puerta cerrada ya que mi amiga tenía miedo al perro. Estuvimos bastante entretenidos entre la tarea y los juegos, en algún momento ella se acercó a la ventana para mirar al perro, el perro al parecer presentía el miedo porque se paró en dos patas frente a la ventana y ladró tan fuerte que agrietó uno de los vidrios, por supuesto el susto de ambos fue tal que casi nos caímos de la impresión. Al poco rato llegó mi abuela, a quien le conté lo sucedido, ella inmediatamente se molestó, mandó a mi amiga para su casa y me dio el mayor de los regaños. Yo insistía en contarle lo que había ocurrido y mi abuela no creyó en lo absoluto que el perro con su ladrido agrietó el vidrio, culpándonos a los dos de algo que no habíamos hecho.</p>
<p>Muy molesto e indignado por ser culpado de algo que no había hecho, salí de la casa hacia el terreno, me senté en las escaleras, quejándome y con mucha rabia, esa rabia que conservan los niños por largo rato sin entender los regaños de los adultos. El perro se sentó a mi lado como acostumbraba, cuando lo vi empecé a gritarle que por su culpa me regañaron y casi me pegan, que no se me acercara más, le grité varias veces ¡PERRO LADRÓN!, ¡PERRO LADRÓN!, el perro agachaba la cabeza y las orejas, me paré molesto y me fui a mi cuarto a llorar de la impotencia y con la rabia contenida.</p>
<p>Al pasar las horas se me fue pasando la rabia, igual que a mi abuela. Lo sucedido también fue disminuyendo en importancia, aunque no pude convencer a mi abuela que no fue mi culpa, lo que si se mantenía en mi mente eran las palabras que le había gritado al perro. Cuando el perro se me acercó de nuevo con las orejas agachadas y ojos de suplica, comprendí que se sentía igual que yo porque lo llamé incorrectamente LADRÓN, por la forma en que me miraba pensé que sentía tanta injusticia como yo sentí cuando me culparon. En ese momento no encontré la palabra adecuada para decirle que ladraba muy fuerte y LADRÓN fue la palabra que pude conjugar a mis pocos años y con mi conocimiento. Me arrodillé, le abracé y le pedí perdón, más nunca le llamaría PERRO LADRÓN. Fuimos grandes amigos, casi como hermanos. Murió después de doce años de vida, todavía lo recuerdo gratamente, mi gran perro fiel y protector.</p>
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		<title>Mi río, mi dios, mi causa</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/05/mi-rio-mi-dios-mi-causa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 03 May 2018 11:07:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Contar]]></category>
		<category><![CDATA[Dioses]]></category>
		<category><![CDATA[Escribir]]></category>
		<category><![CDATA[Narrar]]></category>
		<category><![CDATA[Náthuatl]]></category>
		<category><![CDATA[Pasión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los desórdenes que construyen los sueños a veces arrojan una belleza inesperada e insuperable Por Cristina Martínez Anoche&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="los-desordenes-que-construyen-los-suenos-a-veces-arrojan-una-belleza-inesperada-e-insuperable"><span style="color: #6e4d8b;">Los desórdenes que construyen los sueños a veces arrojan una belleza inesperada e insuperable</span></h4>
<p><strong>Por Cristina Martínez</strong></p>
<p>Anoche soñé que alguien, no recuerdo si hombre o mujer, me preguntaba el significado de la palabra “causa”. Respondí-mientras señalaba con el dedo índice hacia un río- que “causa” provenía de la lengua náthuatl y significaba “narrar”, y que a su vez “narrar” era sinónimo de <strong>amar a los dioses</strong>.</p>
<p>La verdad es que todavía no he aprendido a amar ningún dios (al menos no conscientemente), ni es cierto que “causa” venga del náthuatl. Tampoco significa “narrar”.  Incluso, no estoy convencida de que “narrar” tenga que ver con amar a alguien que no sea a uno mismo.</p>
<p>Los desórdenes que construyen los sueños a veces arrojan una belleza inesperada e insuperable. A veces nos traen mensajes aparentemente indescifrables, pero esta mañana nada más abrí los ojos supe ver, como en un acto de fe, lo que durante un cuarto de siglo no pude: amo narrar, porque narrar es mi dios. Es mi río (inmenso y turbulento), es mi causa, quizá la única.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Soy una sweet art</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/04/soy-una-sweet-art/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 Apr 2018 15:16:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Barranquilla]]></category>
		<category><![CDATA[Canarias]]></category>
		<category><![CDATA[Catarsis]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[DSMIV]]></category>
		<category><![CDATA[Eilyn Diaz Romero]]></category>
		<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Histrionismo]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología Positiva]]></category>
		<category><![CDATA[Soledad]]></category>
		<category><![CDATA[Terapia]]></category>
		<category><![CDATA[Trastorno]]></category>
		<category><![CDATA[Vida real]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los histriónicos suelen ser personas brillantes ante la mirada del otro, y tremendamente lumínicos socialmente. No tienen enemigos.&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="los-histrionicos-suelen-ser-personas-brillantes-ante-la-mirada-del-otro-y-tremendamente-luminicos-socialmente-no-tienen-enemigos-ejecutan-su-trabajo-a-cabalidad-y-asumen-roles-admirables"><span style="color: #6e4d8b;">Los histriónicos suelen ser personas brillantes ante la mirada del otro, y tremendamente lumínicos socialmente. No tienen enemigos. Ejecutan su trabajo a cabalidad y asumen roles admirables</span></h4>
<p><strong>Por Eilyn Díaz-Romero</strong></p>
<p>Barranquilla es una pequeña ciudad de la costa Caribe de Colombia, ubicada al norte de este país. No llega ni a más de dos millones de habitantes. Es sumamente festiva y reconocida a nivel mundial por sus fiestas carnestolendas, donde todos terminan conociéndose entre sí (al menos de vista) y eso crea un ambiente de familiaridad único. Bueno, no es lo mismo que opina ella, la que se siente observada y poca cosa, la que su vida ha estado empañada a causa de la violencia cruel y despiadada por la que ha tenido que ir a más de un lugar, tratando de olvidar las cabezas rodando en las canchas de fútbol que usaban como balón los mismos hombres crueles que las arrancaron de sus cuerpos. Tratando de olvidar las torturas de familias enteras, entre otras barbaries.</p>
<p>Pero ya está allí, en esa ciudad cuya luna enamora porque “tiene una cosa que maravilla”, en la que no puede siempre detenerse a pensar;  si lo hiciera, se moriría de susto y no viviría.  Su nombre es Soledad. Siempre, en las mañanas, piensa qué hacer, cree improvisar sobre qué vestir y a pesar de su bella sonrisa, su ternura que envuelve, su gran amabilidad y el mundo de personas que la llaman amiga, ella llora y dice sentirse sola, estar sola.</p>
<p>Un raro día de enero, de esos que parecen decembrinos por la ventolera típica de este mes en esa ciudad, ella se encuentra en su cama sin poder levantarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><strong>3:45 a.m.</strong> El despertador aun no suena, la temperatura corporal aumenta y los mismos pensamientos que rumiar la acompañan. No es un día cualquiera, es temprano para ella. Normalmente se despierta a las 6:00 a.m. y aun cuando sabe que tiene que ir al trabajo, se retrasa y se excusa en la distancia que hay entre su casa y la oficina, para intentar quedar bien.</p>
<p><strong>Psicoterapia a bordo.</strong> Harta de creer que la psicología es una mierda y los psiquiatras son para locos, adictos, se resiste a ir. Pero la dualidad entre lo que piensa y cómo se siente, más la presión por dejar de ser una máscara de carita feliz que todos conocen, y la relación fallida que acaba de “abandonar”, le dictamina que no hay más camino, que ya es inevitable escapar de allí.</p>
<p><strong>Martes, octubre 20 de 2015.</strong> El día de consulta. <em>Diagnóstico: Violencia social y de género, depresión por guerra, trastorno de la rumiación, trastorno adaptativo con ansiedad, </em><em>trastorno mental no especificado (no psicótico)</em><em>; manifiesta haber fumado y últimamente abusar de la nicotina, consumo de cannabis con el que manifiesta sentirse cómoda y no ser adictivo, pero si un escape “saludable” para relajar el cuerpo y la mente. Sobremedicación para dolores musculares y calambres. Mujer joven, 25 años de edad. Hija del medio (la número tres) de cinco hermanos. Única mujer, padres vivos: profesora y mecánico. Desplazados por violencia desde sus 13 años. Estuvo en un lugar de acogida por dos meses con toda su familia mientras podían mudarse. Fue violada sexualmente y nunca lo ha podido decir en terapia abiertamente. </em>Lee la terapeuta unos minutos antes de que Soledad entre a su primera hora de terapia.</p>
<p>“¡Vaya! Cuantas etiquetas, el DSM V se quedó corto”, piensa Elizabeth.</p>
<p>&#8211; Hola Soledad, dice la psicóloga cuando la ve entrar.</p>
<p>Demasiada resistencia. La hora parece interminable y no se da la empatía.</p>
<p>-¿Qué quieres saber?, ¿Por qué has venido a consulta?</p>
<p>Silencios largos… Soledad se abstrae y mira el reloj, entonces empieza a desahogarse:</p>
<p>-Está bien, ¿Cómo o por qué cree usted que ahora si puede hacer algo por mí como profesional?, ¿Qué tienen los psicólogos que creen que pueden venir a cambiarme-curarme, como si fueran dueños de una varita mágica?, ¿Qué es lo que tengo que saber para no creer que estoy perdiendo el tiempo y que no da lo mismo contarle a usted que a otra amiga cualquiera con quien desahogarme?  Digo, si es que me atreviera.</p>
<p>Elizabeth la observa y elabora su discurso:</p>
<p>&#8211; ¡Cuánto tenías por decir y todos juzgan a priori!. Se creen –nos creemos– con derecho de etiquetar.</p>
<p>La empatía (magia) llega, el milagro sucede y se traduce en catarsis.</p>
<p>***</p>
<p>&#8220;Han pasado más de seis meses, la psicoterapia ha dejado de ser esa cosa vana en la que no surge ningún efecto real. Es lejana, solo tiene efectos en los otros&#8221;, piensa Soledad.</p>
<p>Luego se mira al espejo mientras se sigue arreglando y dice: “He comprendido más allá de la lectura que como tratamiento científico, no es esa cosa ‘bonita’ que algunos ‘locos’ han decidido estudiar. La psicología en la terapia trabaja con las manifestaciones psíquicas o físicas del malestar humano e intenta promover cambios en el comportamiento”.</p>
<p>La enfermedad operando, pero ella no lo entiende y una vez más cae en eso de investigar a profundidad sobre un tema, se apasiona y lo hace propio, como si de eso dependiera su vida y ahora, hasta el éxito de su terapia y la “relación” con su terapeuta.</p>
<p>Soledad cree que improvisa cada día en las cosas cotidianas, pero todos esos pasos de las mañanas y a lo largo del día en los que estudia sus discursos, son manifestaciones claras de su trastorno.</p>
<p>Vuelve a su parlamento, ya a punto de salir, mientas acomoda el retrovisor de su auto: “Sin duda la perspectiva teórica del terapeuta hace que la identificación fluya de manera más o menos efectiva. Repasemos –se dice- cognitivo conductual va a exigir hacer aproximaciones sucesivas hacia esos problemas identificados, que tras la exposición van a ser familiares o superados. Por el contrario, los métodos psicoanalíticos y humanistas se concentrarán en el dialogo más que en la acción, comprenden mejor las causas que originan sus problemas actuales”.</p>
<p>Soledad ahora más empoderada cree estar en un camino distinto, entiende más aquello que estaba lejano, siente más respeto por el proceso terapéutico, pero sigue sintiéndose hueca, como si todo careciera de sentido.</p>
<p>***</p>
<p>Elizabeth ha llegado a un diagnóstico concluyente. Por sus inquietudes y responsabilidad profesional pero, sobre todo, como ella suele decir, por sensibilidad humana se reúne con un grupo de colegas, estudian el caso juntos y ella finalmente dice: “Quien tiene una personalidad histriónica se caracteriza por la teatralidad, la dramatización y, cómo no, en demandar atención de manera excesiva. Busca la aceptación, el reconocimiento, el aplauso de otras personas.”</p>
<p>La mesa está de acuerdo y bajo su dirección llegan a un punto final. Elizabeth toma la palabra: “La terapia sugiere que el diagnóstico no sea revelado al paciente, así en este mundo de sobre exposición a la información, no aumenta la creencia de autosuficiencia (en especial para este caso) y abandona la terapia. Pero debo hacerle saber lo que está haciendo y que aprender conceptos, apropiarse de ellos y lograr relaciones sociales más efectivas no es su labor en el mundo. Sobre todo, no es su responsabilidad. Aunque no le diga textualmente: Soledad, la cronicidad de estos rasgos da como resultado un Trastorno de personalidad Histriónico”.</p>
<p>Los histriónicos suelen ser personas brillantes ante la mirada del otro, y tremendamente lumínicos socialmente. No tienen enemigos. Ejecutan su trabajo a cabalidad y asumen roles admirables. Son y están para cada persona que le rodea, en el rol que estén “jugando”.</p>
<p>Llegado el día de la consulta Elizabeth comunica a Soledad: “El teatro es la vida y la vida es el teatro, va y viene. ¿Lo entiendes?, el género dramático es solo uno de los que existen y estar en medio de una obra, incluso dramática, exige otros tiempos dentro de la misma. Me explico: En la montaña rusa no se llega de la nada a la cima y la sensación que se produce al ir en picada es temor, vacío. Al mismo tiempo la adrenalina que hace disfrutar de ese riesgo ‘placentero’ es el viaje entre subir y bajar.”</p>
<p>Soledad empieza a llorar, como si al fin hubiera entendido algo. Elizabeth continua: “Respira, piensa, la literatura es un espejo y ser el escritor reposado de tu historia es lo que te dará las palabras que verdaderamente quieres que estén, así como los recursos lingüísticos que te hacen única-especial que adornan tu esencia y conforman tu personalidad”.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>En el tramo de ida y vuelta entre su oficina y la casa, después de la más fuerte sesión terapéutica que nunca pensó tener, Soledad comprendió más sobre su vida y no tuvo que conocer la etiqueta (el nombre exacto de un trastorno que la terapeuta ya había identificado) y se sintió decidida a caminar por aquellas calles de esta ciudad tropical, sin sentirse observada. Pensó en sí misma de manera tierna y dijo: “soy una <em>sweet art</em>”.</p>
<p>Y como nadie puede dejar de ser lo que es mediante un acto de magia, volvió a sus imaginarios y para convencerse encontró un argumento:</p>
<p>-Creencia: algo que te han repetido muchas veces. Afirmaciones: es un trabajo personal que puedes cambiar con neurolingüística. Y yo soy una <em>sweet art, </em>soy una <em>sweet art, </em>soy una <em>sweet art.</em></p>
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		<title>Pañuelos del amor</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/04/panuelos-del-amor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Apr 2018 16:17:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza de Mayo]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Pablo Falbi &#160; No hay olvido cuando la herida lastima un pueblo y la sangre se convierte&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Pablo Falbi</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay olvido cuando la herida lastima un pueblo</p>
<p>y la sangre se convierte en agua corriente,</p>
<p>agua que no deja de correr y está latente</p>
<p>en el recuerdo de aquellos que hoy son viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un viento que sopla fuerte</p>
<p>y se hacer carne en esos pañuelos valientes,</p>
<p>blancos de justicia y lucha eterna,</p>
<p>sobrevivientes que avivan la llama</p>
<p>de la verdad y memoria de esos cuerpos ausentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pañuelos que vuelan con amor como palomas</p>
<p>en busca de un nido robado por genocidas.</p>
<p>Son Hijos, Madres, Abuelas,</p>
<p>son corazones, almas, y lágrimas</p>
<p>que aún llenan un río de dolor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es justicia que entra en el inconsciente colectivo</p>
<p>y nos hace parte de una lucha que es propia,</p>
<p>que es carne y es nuestro motivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El dolor es nuestro y el recuerdo también</p>
<p>Y no olvidar fortalece el lamento</p>
<p>de aquellos que ya no están.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese viento que no deja de soplar</p>
<p>cada vez más fuerte, es motivo</p>
<p>de no olvidar ni perdonar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La plaza del Amor que supo ser del horror</p>
<p>hoy es de los pañuelos</p>
<p>que secan las lágrimas de una Nación.</p>
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