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	<title>Barranquilla &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Barranquilla &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Soy una sweet art</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 Apr 2018 15:16:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los histriónicos suelen ser personas brillantes ante la mirada del otro, y tremendamente lumínicos socialmente. No tienen enemigos.&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="los-histrionicos-suelen-ser-personas-brillantes-ante-la-mirada-del-otro-y-tremendamente-luminicos-socialmente-no-tienen-enemigos-ejecutan-su-trabajo-a-cabalidad-y-asumen-roles-admirables"><span style="color: #6e4d8b;">Los histriónicos suelen ser personas brillantes ante la mirada del otro, y tremendamente lumínicos socialmente. No tienen enemigos. Ejecutan su trabajo a cabalidad y asumen roles admirables</span></h4>
<p><strong>Por Eilyn Díaz-Romero</strong></p>
<p>Barranquilla es una pequeña ciudad de la costa Caribe de Colombia, ubicada al norte de este país. No llega ni a más de dos millones de habitantes. Es sumamente festiva y reconocida a nivel mundial por sus fiestas carnestolendas, donde todos terminan conociéndose entre sí (al menos de vista) y eso crea un ambiente de familiaridad único. Bueno, no es lo mismo que opina ella, la que se siente observada y poca cosa, la que su vida ha estado empañada a causa de la violencia cruel y despiadada por la que ha tenido que ir a más de un lugar, tratando de olvidar las cabezas rodando en las canchas de fútbol que usaban como balón los mismos hombres crueles que las arrancaron de sus cuerpos. Tratando de olvidar las torturas de familias enteras, entre otras barbaries.</p>
<p>Pero ya está allí, en esa ciudad cuya luna enamora porque “tiene una cosa que maravilla”, en la que no puede siempre detenerse a pensar;  si lo hiciera, se moriría de susto y no viviría.  Su nombre es Soledad. Siempre, en las mañanas, piensa qué hacer, cree improvisar sobre qué vestir y a pesar de su bella sonrisa, su ternura que envuelve, su gran amabilidad y el mundo de personas que la llaman amiga, ella llora y dice sentirse sola, estar sola.</p>
<p>Un raro día de enero, de esos que parecen decembrinos por la ventolera típica de este mes en esa ciudad, ella se encuentra en su cama sin poder levantarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><strong>3:45 a.m.</strong> El despertador aun no suena, la temperatura corporal aumenta y los mismos pensamientos que rumiar la acompañan. No es un día cualquiera, es temprano para ella. Normalmente se despierta a las 6:00 a.m. y aun cuando sabe que tiene que ir al trabajo, se retrasa y se excusa en la distancia que hay entre su casa y la oficina, para intentar quedar bien.</p>
<p><strong>Psicoterapia a bordo.</strong> Harta de creer que la psicología es una mierda y los psiquiatras son para locos, adictos, se resiste a ir. Pero la dualidad entre lo que piensa y cómo se siente, más la presión por dejar de ser una máscara de carita feliz que todos conocen, y la relación fallida que acaba de “abandonar”, le dictamina que no hay más camino, que ya es inevitable escapar de allí.</p>
<p><strong>Martes, octubre 20 de 2015.</strong> El día de consulta. <em>Diagnóstico: Violencia social y de género, depresión por guerra, trastorno de la rumiación, trastorno adaptativo con ansiedad, </em><em>trastorno mental no especificado (no psicótico)</em><em>; manifiesta haber fumado y últimamente abusar de la nicotina, consumo de cannabis con el que manifiesta sentirse cómoda y no ser adictivo, pero si un escape “saludable” para relajar el cuerpo y la mente. Sobremedicación para dolores musculares y calambres. Mujer joven, 25 años de edad. Hija del medio (la número tres) de cinco hermanos. Única mujer, padres vivos: profesora y mecánico. Desplazados por violencia desde sus 13 años. Estuvo en un lugar de acogida por dos meses con toda su familia mientras podían mudarse. Fue violada sexualmente y nunca lo ha podido decir en terapia abiertamente. </em>Lee la terapeuta unos minutos antes de que Soledad entre a su primera hora de terapia.</p>
<p>“¡Vaya! Cuantas etiquetas, el DSM V se quedó corto”, piensa Elizabeth.</p>
<p>&#8211; Hola Soledad, dice la psicóloga cuando la ve entrar.</p>
<p>Demasiada resistencia. La hora parece interminable y no se da la empatía.</p>
<p>-¿Qué quieres saber?, ¿Por qué has venido a consulta?</p>
<p>Silencios largos… Soledad se abstrae y mira el reloj, entonces empieza a desahogarse:</p>
<p>-Está bien, ¿Cómo o por qué cree usted que ahora si puede hacer algo por mí como profesional?, ¿Qué tienen los psicólogos que creen que pueden venir a cambiarme-curarme, como si fueran dueños de una varita mágica?, ¿Qué es lo que tengo que saber para no creer que estoy perdiendo el tiempo y que no da lo mismo contarle a usted que a otra amiga cualquiera con quien desahogarme?  Digo, si es que me atreviera.</p>
<p>Elizabeth la observa y elabora su discurso:</p>
<p>&#8211; ¡Cuánto tenías por decir y todos juzgan a priori!. Se creen –nos creemos– con derecho de etiquetar.</p>
<p>La empatía (magia) llega, el milagro sucede y se traduce en catarsis.</p>
<p>***</p>
<p>&#8220;Han pasado más de seis meses, la psicoterapia ha dejado de ser esa cosa vana en la que no surge ningún efecto real. Es lejana, solo tiene efectos en los otros&#8221;, piensa Soledad.</p>
<p>Luego se mira al espejo mientras se sigue arreglando y dice: “He comprendido más allá de la lectura que como tratamiento científico, no es esa cosa ‘bonita’ que algunos ‘locos’ han decidido estudiar. La psicología en la terapia trabaja con las manifestaciones psíquicas o físicas del malestar humano e intenta promover cambios en el comportamiento”.</p>
<p>La enfermedad operando, pero ella no lo entiende y una vez más cae en eso de investigar a profundidad sobre un tema, se apasiona y lo hace propio, como si de eso dependiera su vida y ahora, hasta el éxito de su terapia y la “relación” con su terapeuta.</p>
<p>Soledad cree que improvisa cada día en las cosas cotidianas, pero todos esos pasos de las mañanas y a lo largo del día en los que estudia sus discursos, son manifestaciones claras de su trastorno.</p>
<p>Vuelve a su parlamento, ya a punto de salir, mientas acomoda el retrovisor de su auto: “Sin duda la perspectiva teórica del terapeuta hace que la identificación fluya de manera más o menos efectiva. Repasemos –se dice- cognitivo conductual va a exigir hacer aproximaciones sucesivas hacia esos problemas identificados, que tras la exposición van a ser familiares o superados. Por el contrario, los métodos psicoanalíticos y humanistas se concentrarán en el dialogo más que en la acción, comprenden mejor las causas que originan sus problemas actuales”.</p>
<p>Soledad ahora más empoderada cree estar en un camino distinto, entiende más aquello que estaba lejano, siente más respeto por el proceso terapéutico, pero sigue sintiéndose hueca, como si todo careciera de sentido.</p>
<p>***</p>
<p>Elizabeth ha llegado a un diagnóstico concluyente. Por sus inquietudes y responsabilidad profesional pero, sobre todo, como ella suele decir, por sensibilidad humana se reúne con un grupo de colegas, estudian el caso juntos y ella finalmente dice: “Quien tiene una personalidad histriónica se caracteriza por la teatralidad, la dramatización y, cómo no, en demandar atención de manera excesiva. Busca la aceptación, el reconocimiento, el aplauso de otras personas.”</p>
<p>La mesa está de acuerdo y bajo su dirección llegan a un punto final. Elizabeth toma la palabra: “La terapia sugiere que el diagnóstico no sea revelado al paciente, así en este mundo de sobre exposición a la información, no aumenta la creencia de autosuficiencia (en especial para este caso) y abandona la terapia. Pero debo hacerle saber lo que está haciendo y que aprender conceptos, apropiarse de ellos y lograr relaciones sociales más efectivas no es su labor en el mundo. Sobre todo, no es su responsabilidad. Aunque no le diga textualmente: Soledad, la cronicidad de estos rasgos da como resultado un Trastorno de personalidad Histriónico”.</p>
<p>Los histriónicos suelen ser personas brillantes ante la mirada del otro, y tremendamente lumínicos socialmente. No tienen enemigos. Ejecutan su trabajo a cabalidad y asumen roles admirables. Son y están para cada persona que le rodea, en el rol que estén “jugando”.</p>
<p>Llegado el día de la consulta Elizabeth comunica a Soledad: “El teatro es la vida y la vida es el teatro, va y viene. ¿Lo entiendes?, el género dramático es solo uno de los que existen y estar en medio de una obra, incluso dramática, exige otros tiempos dentro de la misma. Me explico: En la montaña rusa no se llega de la nada a la cima y la sensación que se produce al ir en picada es temor, vacío. Al mismo tiempo la adrenalina que hace disfrutar de ese riesgo ‘placentero’ es el viaje entre subir y bajar.”</p>
<p>Soledad empieza a llorar, como si al fin hubiera entendido algo. Elizabeth continua: “Respira, piensa, la literatura es un espejo y ser el escritor reposado de tu historia es lo que te dará las palabras que verdaderamente quieres que estén, así como los recursos lingüísticos que te hacen única-especial que adornan tu esencia y conforman tu personalidad”.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>En el tramo de ida y vuelta entre su oficina y la casa, después de la más fuerte sesión terapéutica que nunca pensó tener, Soledad comprendió más sobre su vida y no tuvo que conocer la etiqueta (el nombre exacto de un trastorno que la terapeuta ya había identificado) y se sintió decidida a caminar por aquellas calles de esta ciudad tropical, sin sentirse observada. Pensó en sí misma de manera tierna y dijo: “soy una <em>sweet art</em>”.</p>
<p>Y como nadie puede dejar de ser lo que es mediante un acto de magia, volvió a sus imaginarios y para convencerse encontró un argumento:</p>
<p>-Creencia: algo que te han repetido muchas veces. Afirmaciones: es un trabajo personal que puedes cambiar con neurolingüística. Y yo soy una <em>sweet art, </em>soy una <em>sweet art, </em>soy una <em>sweet art.</em></p>
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		<title>Édniqus nos hace temblar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Apr 2017 15:06:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Barranquilla]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Edna Guerrero]]></category>
		<category><![CDATA[Édniqus]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Édniqus, la cantante soledeña que hace un par de años irrumpió en la escena de la World Music&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Édniqus, la cantante soledeña que hace un par de años irrumpió en la escena de la World Music en Barranquilla, Colombia con su proyecto<strong> La Magdalena</strong>, empieza ahora su proyecto como solista, y presenta un video de su canción emblema <em>Hagamos Temblar</em>, totalmente autoproducido, en donde pretende esbozar lo que será su propuesta sonora y visual.</p>
<p>Un hilo sencillo de imágenes componen el video de Édniqus: quien se mira al espejo buscando algo más allá, termina mirándote a tí, que miras el video. La letra invita a una acción de amor contundente: amarse con el abrazo.</p>
<p>Sigue a Édniqus en <a href="https://twitter.com/edniqus">@edniqus</a> y <a class="Xx" dir="ltr" tabindex="-1" href="http://www.google.com/url?q=http%3A%2F%2FFacebook.com%2Fedniqus&amp;sa=D&amp;sntz=1&amp;usg=AFQjCNHeXg9-_FLsQOMlrbi8B1eCbi8VIg" target="_blank" rel="nofollow noopener noreferrer" data-display="Facebook.com/edniqus" data-sanitized="http://www.google.com/url?q=http%3A%2F%2FFacebook.com%2Fedniqus&amp;sa=D&amp;sntz=1&amp;usg=AFQjCNHeXg9-_FLsQOMlrbi8B1eCbi8VIg">Facebook.com/edniqus</a></p>
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		<title>Somos basura</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/04/somos-basura/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 Apr 2017 16:00:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Abandono]]></category>
		<category><![CDATA[Barranquilla]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Indigencia]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Angélica Berrocal El olor es desagradable y penetrante a tal punto de querer vomitar. No sabes que&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Angélica Berrocal</strong></p>
<p>El olor es desagradable y penetrante a tal punto de querer vomitar. No sabes que es peor si lo que hueles o lo que ves, basura alrededor, incluso en forma de cama o cobija, animales transitando en su hábitat natural (entiéndase ratas, cucarachas, hormigas, moscas, etc.). Cualquier lugar es cómodo para “dormir”, puede ser un callejón, una terraza, un andén, una escalera, una banca, un paradero, todo a la intemperie; durante el día bajo el sol implacable o durante la fría noche, en fin, mientras la droga (la que se pueda coseguir) aplaque el sufrimiento del hambre y la sed, cualquier lugar es bueno.</p>
<p>Hombres, mujeres, niños, parejas, jóvenes, ancianos, no hay distinción, el cuadro es el mismo, al fin y a al cabo son lo mismo, la sociedad los llama desechables, la prensa los llama habitantes de la calle. Es imposible saber las causas o razones por las cuales han llegado a ese estado sin embargo técnicamente se conocen como indigentes.</p>
<p>Lo realmente aterrador es la indiferencia de esta sociedad en dónde estamos más preocupados por quién es más o menos corrupto (si el actual Presidente y su gobierno o el anterior gobierno con su expresidente) que por lo verdaderamente importante. La realidad es que todos padecemos del mismo cáncer cuando somos indiferentes ante este tipo de casos de los cuales muy seguramente hemos sido protagonistas algún día de nuestras vidas, como cuando abriste en la mañana la puerta de tu casa y al salir encuentras en la terraza un indigente y tu reacción como mecanismo de defensa deja mucho que desear, o cuando en la calle vas en tu carro y en el semáforo entregas una moneda y te sientes un héroe “salvando” al mundo.</p>
<p>La indigencia va más allá de estar o no en la calle comiendo basura y oliendo a basura.  Seríamos menos ridículos haciendo lo que nos corresponde y actuando de manera compasiva sin creernos Dios, juzgando lo que al parecer es una amenaza ante nuestra presencia, contemplando y entendiendo que lo que hay debajo de la nube de mugre es una persona como tú y como yo, ni más ni menos importante y que por error tomó la peor de las decisiones. Sin embargo, como casi todo en este planeta la indigencia hace parte del bajo mundo, es un mercado de personas al servicio del más poderoso con el fin de lucrarse sin importar la dignidad del otro, dignidad que este carece.</p>
<p>Estudios recientes desmuestran que en Barranquilla, una de las principales ciudades de Colombia, la cifra de indigencia aumenta todos los días —<a href="http://www.eltiempo.com/multimedia/especiales/cifras-sobre-los-habitantes-de-calle-e-indigentes-en-colombia/16774657/1/">durante el último censo realizado en el año 2015 había 2020 habitantes de la calle </a>— debido a la desigualdad social, falta de oportunidades, desplazamiento, desempleo, inmigración, drogadicción, violencia intrafamiliar, abuso sexual entre muchos otros factores,  que si lo interiorizamos un poco, terminamos comprendiendo que es producto de la basura que somos como sociedad.</p>
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		<title>En ningún sitio</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/01/en-ningun-sitio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Jan 2017 22:41:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Barranquilla]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Julio César Blanco Recuerdo que el año 2016, por muchos motivos, estuve aplazando la decisión de salir&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Julio César Blanco</strong></p>
<p>Recuerdo que el año 2016, por muchos motivos, estuve aplazando la decisión de salir de mi país. No me sentía listo para hacerlo. Y aunque eran muchas las razones que me invitaban cada día a intentarlo hubo otras más fuertes para no hacerlo.</p>
<p>Me digo a mi mismo que el 2016 fue un año de preparación mental para el viaje que realicé el jueves 12 de enero de este año, pero creo que nada nos prepara para ello, más que el intentarlo. Porque cuesta armar la maleta. Resumir todo lo que usas o habitas a una maleta o morral con una capacidad limitada resulta una tarea compleja, pero obligatoria, porque mientras más cosas “no indispensables” lleves, más será el peso que debes soportar.</p>
<p>La despedida de la familia y los amados, aunque la rehuía, tocó. Y tuve- en cada abrazo que di- que apretar los ojos para evitar quebrarme, para evitar arrepentirme. No pensaba en llamarle ‘despedida’ quizás para restarle importancia, quería nombrarle de otra manera: “ya vuelvo”, “voy y vengo”, o algo semejante. Pero, aunque espero volver, igual es una despedida. Y siempre he odiado las despedidas.<br />
De forma cronológica los pasos del viaje fueron así:</p>
<p>&#8211; Un traslado de doce horas en autobús de Caracas a Maracaibo en el que uno anda en modo reposo, sin dormir y sin despertar del todo.</p>
<p>&#8211; Esperar a que se llenara un carrito por puesto (taxi) que te traslada durante seis horas (sin parada) con los pies tullidos y las nalgas dormidas hasta la frontera con el país vecino (o la raya, como le llaman).</p>
<p>&#8211; Cruzar la frontera venezolana y colombiana sin mucho problema. Llegar al terminal de Maicao para continuar en un bus (durante ocho a nueve horas en modo reposo nuevamente) que se detiene al menos veinte minutos o media hora en cada ciudad del camino (Ríohacha, Santa Marta, etc.), para llegar al destino final: Barranquilla.</p>
<p>No me había sentido tan pequeño en este mundo desde hacía tanto. La cantidad de kilómetros acumulados, de personas, ciudades, pueblitos y casas pequeñas en medio de la nada durante el camino me hizo sentir como un niño que se miraba el ombligo, creyendo que este era el centro del universo. Aún hay tantas cosas roídas y abandonadas en nuestras naciones, lugares en los que no habita la ley, o donde la ley habita pero el statu quo es tan indiferente de la misma que solo existe para observar lo que sucede sin poder hacer mucho al respecto.</p>
<p>Barranquilla es una ciudad enorme que parece difícil de descubrir a totalidad. Pero hay pequeños sitios que uno va recorriendo. Hay esos lugares comunes, esa alegría típica, música en cada esquina y orgullo nacional en cada vallenato y sombrero vueltiao. No es exhibicionismo, es idiosincrasia latinoamericana pura.</p>
<p>Y Venezuela en general ha cambiado tanto en ello; nos han arrancado el caminar de noche por una calle, las posibilidades de decidir que comer, que adquirir y en dónde, el orgullo por nuestras cosas. Todo ello en medio de un juego macabro de supervivencia y miedos. Pero esa es otra historia.</p>
<p>Acá asombra la abundancia ante tantas limitaciones en mi país. Sin darme cuenta me había acostumbrado a verlo todo escaso y difícil, o quizás a no verlo siquiera. Pero no es sencillo, hay que luchar bastante para habitar aquí también. Porque una vez se deja de ver el ombligo existe una sensación de incomodidad, una sensación de no pertenecer a ningún sitio en específico.</p>
<p>Uno se da cuenta que solo se es alguien, y ese alguien es los sentimientos, nexos y recuerdos que se llevan consigo. Y así anda uno, presente aquí y con el corazón allá. Con la boca en los labios de su amor, con el abrazo en los brazos de la familia, con el miedo en las calles de otro lugar.</p>
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