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	<title>Caracas &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Caracas &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Así palpitan las calles de Caracas (Parte I)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 30 Sep 2018 01:23:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Calles]]></category>
		<category><![CDATA[Caracas]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis]]></category>
		<category><![CDATA[crisis económica]]></category>
		<category><![CDATA[Marian Martínez Perdomo]]></category>
		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marian Martínez Perdomo Cada calle de Caracas late con una frecuencia distinta. Sus avenidas, esquinas y autopistas&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Marian Martínez Perdomo<br />
</strong></p>
<p>Cada calle de Caracas late con una frecuencia distinta. Sus avenidas, esquinas y autopistas son solo pasadizos para la mayoría de las personas que se trasladan de un lugar a otro. En ellos hay que protegerse en mayor medida cuando el sol se esconde y los bombillos de los postes (que todavía sirven) se encienden.</p>
<p>Para otros, por diversas circunstancias de vida, el asfalto, las aceras, los rincones de las estaciones del Metro de Caracas, los puentes o las esquinas de las plazas se convierten en su casa. Desde lejos ellos se ven como sombras, bultos cuyos detalles no se perciben en la oscuridad. Son, como me escribiría luego uno de ellos, “hijos de la calle”.</p>
<p><strong>La preparación</strong></p>
<p>Faltan solo minutos para las 9:00 pm del jueves 23 de marzo. En una esquina de San Martín un grupo de voluntarios dirigidos por Francisco Soares, presidente de la Organización No Gubernamental (ONG) Regala una Sonrisa, afina los últimos preparativos para ir, sin más pretensiones, a tender una mano y ofrecer comida y ropa a las personas en situación de calle. Si las palabras lo permiten algunas de ellas aceptarán subir a un autobús para ir a un centro de atención.</p>
<p>Antes de partir formamos un círculo. Los integrantes de la ONG explican a quienes asistimos por primera vez algunas consideraciones a tener en cuenta. Una de ellas es no abordar a las personas todos a la vez ni de manera abrupta. Luego, habla el pastor del centro al que llegarán los que decidan aceptar la oportunidad de dejar la calle. Pronuncia unas palabras a través de las cuales pide a Dios convertirnos en vehículos de su voluntad, luego nos invita a cerrar los ojos para dar gracias. Se escuchan a lo lejos unos disparos. La ciudad nos recuerda sus peligros.</p>
<p><strong>Alí, el lector. Diablo, su amigo</strong></p>
<p>El autobús empieza la marcha. Lo escolta una patrulla. Recorre unos metros y ahí está Alí, acostado en una acera. Parece estar durmiendo. Varios voluntarios se acercan y le hablan. Él se despierta, se sienta posando su espalda sobre la pared. Cuenta que no ha comido nada porque está mal del estómago y, por eso, prefiere dormir. Es delgado, cabello canoso.</p>
<p><em>“Ayer vi una propaganda del evangelio cambia”.</em> Desde entonces pensó en ir  a un centro, salir de la calle. “<em>Dios se adelantó antes de que me arrepintiera</em>”. Sube al autobús después de tomar su bolso y un periódico de esos que reparten las instituciones religiosas, quizá el mismo donde leyó el mensaje.</p>
<p>Diablo, un poco temeroso, le sigue y asciende. Es su perro, su amigo desde hace un año. El nombre responde al color pardo que tenían sus ojos cuando lo vio. <em>“Come más que el dueño”.</em>  Antes también estaba Revoltoso, pero se ensartó en una rueda de un jeep, el vehículo se movilizó y quedó malherido. No podía controlar cuándo hacer sus necesidades, entonces Alí tuvo que prohibirle que durmiera sobre él. Una noche, Revoltoso lo hizo. Al amanecer estaba muerto. <strong>¿Lloraste? </strong><em>“Lloré una semana”. </em></p>
<p>Alí va sentado en el primer puesto de la fila derecha del autobús. <strong>¿Hace cuánto tiempo estás en la calle?, </strong>pregunta alguien. <em>“Mejor no hablemos de eso”</em>.  El espacio se convierte en una reunión de amigos. De pronto, en algún momento de la conversación, él pronuncia la palabra <em>“irrisorio”.  </em>Entonces, detecté a un gran lector.  <strong>“¿Te gusta leer? </strong>“<em>Sí, de todo</em>”.</p>
<p>Los minutos pasan. Habla de su viaje a Suecia, lo ordenado de ese país. De la terquedad del ser humano, el “no querer entender”. Quizá ese sea su modo de llamar lo que lo llevaba a estar en la calle. Más adelante, con el dolor que aflora con ese tipo recuerdos, Alí le contó a una compañera que su mujer y su hija fallecieron en un accidente.</p>
<p>El malestar en el estómago no le permitía comer. Era el resultado de ingerir todas las noches unas hamburguesas que se ganaba ayudando a unos amigos. <em>“Tanto pan”.</em> En algún tiempo trabajó en una panadería. Lo hacía después de bañarse y asearse. También vivió unos días con un conocido, pero debía ceñirse a sus reglas. De amigos Alí no habla mucho, prefiere estar solo porque en la calle algunos son violentos.</p>
<p>Después de unas horas se anima a comer. Al rato, le dan ganas de vomitar. Lo intenta en vano. <strong>¿Tienes ganas de ir al baño<em>?</em></strong><em> “No, es dolor en la boca del estómago”.</em>  Alí cierra los ojos mientras seguimos el recorrido. Aparenta dormirse a ratos, así como hacia en la calle para olvidar el dolor. A veces pronuncia un chiste, sonríe y piensa algo que no sabré. Es paciente. Llegamos al centro y con ese mismo carácter espera que todos se ubiquen para él hacerlo luego. No tiene prisa, aprendió a esperar. Le doy un abrazo como si lo conociera desde hace años. Alí responde con una muestra de cariño aunque no esté acostumbrado.</p>
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		<title>Caracas se queda sin metro</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/09/caracas-se-queda-sin-metro/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Sep 2018 01:19:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Blanca Hurtado Nederr]]></category>
		<category><![CDATA[Caracas]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis]]></category>
		<category><![CDATA[Metro]]></category>
		<category><![CDATA[Transporte]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Blanca Hurtado Nederr Es jueves 30 de agosto y, como ocurre casi todos los días, lucen muy&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Blanca Hurtado Nederr</strong></p>
<p>Es jueves 30 de agosto y, como ocurre casi todos los días, lucen muy concurridas las dos cuadras que separan el terminal de pasajeros La Bandera de la estación del metro La Bandera. La mayoría de la gente, que va por la avenida Nueva Granada, camina apurada y mira a los alrededores. Hay cualquier cantidad de vendedores informales en medio de las dos cuadras. Desodorantes, afeitadoras, cargadores y cigarrillos se observan entre los productos. Algunos se detienen a preguntar precios, pero no compran.</p>
<p>Por la avenida Nueva Granada también transitan motos, muchas motos. Hay carros que van a toda velocidad. Cruzar para llegar hasta la estación del metro es una odisea. La avenida está dividida en dos canales de ida y vuelta. En el centro están, además, las dos vías y una estación del Bus Caracas, así que la gran mayoría de las personas se las arregla para pasar al otro extremo y por fin entrar al subterráneo.</p>
<p>Al llegar a la estación, abarrotada de ciudadanos, la mayoría trata de apurar más el paso. Hay mucha gente en los pasillos y nadie en la taquilla. Hace meses que el Metro de Caracas está completamente gratuito y, desde entonces, es como si ningún servidor público estuviera dispuesto a dar la cara. Son innumerables las situaciones que a diario se presentan en este tipo de sistemas de transporte. Este jueves 30 de agosto no sería la excepción.</p>
<p>Pasadas las 11 de la mañana un apagón detiene a la multitud, que apenas intenta pasar los torniquetes. Todo está completamente oscuro. Nadie hace reporte alguno. La multitud se empuja, la multitud se desespera, la multitud comienza a tratar de salir lo más rápido posible.</p>
<p><strong>**</strong></p>
<p>Fue justo este mes cuando se conmemoraron los 40 años de la creación de la C.A Metro de Caracas, cuya empresa comenzó a funcionar de manera oficial el 8 de agosto de 1977 y años después, en 1983, se inauguró el primer tramo de la Línea 1 Propatria &#8211; La Hoyada. Cuatro décadas después, la empresa Metro de Caracas parece estar en medio de la nada. Como solución a la grave situación que enfrenta el medio de transporte más usado en la capital venezolana, a partir de septiembre se aplicará un aumento de las tarifas, que ahora estarán ajustadas al nuevo Cono Monetario.</p>
<p>En medio de la muchedumbre hay varias personas de la tercera edad. No se ve absolutamente nada. Algunos, los más osados, optan por usar sus teléfonos para alumbrar. Así, muchos aprovechan para subir las escaleras. Los viejitos se quedan atrás, entre ellos se encuentra una señora que lleva bastón. La desesperación empieza a apoderarse de ella. Grita. Pide ayuda. Nadie es capaz de darle la mano. Todos buscan la manera de salir. Algunos la empujan. La señora llora. La señora no encuentra qué hacer. La señora se agarra, como puede, de alguien que va pasando. La señora, finalmente, logra salir.</p>
<p>Como ella y toda esa multitud, que no es ni siquiera la cuarta parte de la cantidad de usuarios que llegan a estar en horas pico en la estación Plaza Venezuela, suman a diario más de 3 millones personas las que se trasladan por este medio de transporte.</p>
<p><strong>*</strong></p>
<p>Una vez afuera, muchos se sienten aliviados después de haber superado los minutos más largos. No han pasado ni siquiera 10 minutos desde que se fue la luz y, sin embargo, la cantidad de gente en la avenida Nueva Granada es impresionante.</p>
<p>Las pocas camionetas que pasan van full. La gente comienza a aglomerarse. Muchos no llevan efectivo. Afuera de la estación del metro alguien lanza billetes de 1.000 Bolívares Fuertes. Son pocos quienes se detienen a tomarlos.</p>
<p>A los ciudadanos no les queda más que regresarse. Un grupo significativo se dirige, nuevamente, hacia el terminal de La Bandera. De ahí toman la vía que da al Paseo Los Ilustres. En esas paradas hay tanta gente como afuera de la estación. El sistema Metrobús tiene más de horas sin pasar.</p>
<p>“Ahora tenemos que pensarlo hasta para salir de la casa”, protesta una adulta mayor, notablemente extenuada por la espera, el calor y el sol.</p>
<p>La gente opta por seguir su rumbo a pie. Al notar la multitud, no hay buseta capaz de detenerse. Entre toda la gente hay dos señoras mayores. Ellas se van quedando atrás, al igual que otros tantos. Ellos no son más que el reflejo de una Caracas que colapsa cuando se queda sin metro.</p>
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		<title>Una caja de luz que se apaga</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 May 2018 17:06:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Caracas]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Espacio cultural]]></category>
		<category><![CDATA[gentedecaracas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Lugar Común]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La librería Lugar Común, ubicada en Altamira, cerrará en julio. Como parte de la despedida de esta sede,&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="la-libreria-lugar-comun-ubicada-en-altamira-cerrara-en-julio-como-parte-de-la-despedida-de-esta-sede-el-local-ha-preparado-una-serie-de-actividades-culturales-para-los-proximos-dos-meses"><strong><span style="color: #6e4d8b;">La librería Lugar Común, ubicada en Altamira, cerrará en julio. Como parte de la despedida de esta sede, el local ha preparado una serie de actividades culturales para los próximos dos meses</span> </strong></h4>
<p><strong>Por Pedro Rengifo Martínez</strong></p>
<p>Según sus encargados, la librería Lugar Común es un espacio creado para trascender la lectura tradicional. Basta con entrar a la sede de Altamira para confirmar esas palabras: estantes repletos de literatura de diversa índole, desde novelas hasta textos académicos, sillones y pufs que invitan a tomar un libro y quedarse largas horas en el lugar, un fondo musical acorde y dos mesas pequeñas donde hasta hace poco los clientes podían leer y tomarse un café.</p>
<p>Como si se tratase de una tienda de ropa, se prueba el libro antes de comprarlo. No existen barreras entre el texto y la persona, se puede tomar uno, leerlo y salir perfectamente del lugar sin haberlo adquirido. Los libreros y vendedores están para guiar al lector en su búsqueda, así como para ofrecerle otras publicaciones relacionadas con sus intereses.</p>
<p>Desde la apertura del local en diciembre de 2012, el lugar se ha posicionado como una referencia cultural en la ciudad, gracias en buena parte a su intensa programación de actividades en la que destacan los clubes de lectura, presentaciones de libros, seminarios, talleres, conversatorios, exposiciones, conciertos, representaciones teatrales y demás iniciativas orientadas a ofrecer un espacio de esparcimiento dentro del caos y estrés cotidiano.</p>
<figure id="attachment_5462" aria-describedby="caption-attachment-5462" style="width: 1024px" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-5462 size-large" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/05/IMG_20170620_143614878-1024x576.jpg" alt="" width="1024" height="576" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/IMG_20170620_143614878-1024x576.jpg 1024w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/IMG_20170620_143614878-300x169.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/IMG_20170620_143614878-768x432.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/IMG_20170620_143614878-600x338.jpg 600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption id="caption-attachment-5462" class="wp-caption-text">Foto cortesía Lugar Común</figcaption></figure>
<p>“La librería surgió como una iniciativa para vender los libros de la editorial Lugar Común, la cual ya no existe desde hace dos años. La visión era que fuese una suerte de centro cultural, por lo que se buscó un local que fuese un vínculo con el ciudadano de a pie, un enclave para el peatón. Por esa razón, las luces de la ventana siempre están prendidas sin importar la hora, se quería que fuese una caja de luz para Caracas”, comenta Ricardo Sarco, encargado de la Oficina de Programación y Gestión Cultural.</p>
<p>El modelo de negocio implementado por Garcilaso Pumar, uno de los fundadores de la librería y muy vinculado al ámbito cultural caraqueño, ya ha sido probado en otros países de la región, como Argentina, donde son muchas las editoriales que abren sus propios espacios para promocionar y vender sus publicaciones. Aunque ya la editorial que le da nombre al lugar no esté operativa, ese rol de editorial de la casa pasó a ser ocupado por El Estilete, que además de tener publicaciones impresas también es una plataforma cultural digital.</p>
<p>Con el paso del tiempo, la idea de ofrecer posibilidades adicionales a la lectura tuvo éxito, ejemplo de ello es la inauguración del espacio de tesis, donde egresados de distintas carreras de humanidades y ciencias sociales pueden presentarle al público sus trabajos de grado. Hasta el momento, esta iniciativa ha sido una de las más populares dentro de la programación de la librería.</p>
<p>Por otro lado, los talleres que se imparten en Lugar Común derivan en un producto final que luego se exhibe en los espacios de la librería. Recientemente, por citar un caso, se realizó una jornada de reflexiones filosóficas en torno al meme, donde los participantes tuvieron que presentar un meme al culminar el taller. De la misma forma, se han expuesto publicaciones enmarcadas en actividades de dramaturgia o cuentos infantiles.</p>
<figure id="attachment_5463" aria-describedby="caption-attachment-5463" style="width: 960px" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-5463 size-full" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/05/26231579_1956758084352611_1808580783792017573_n.jpg" alt="" width="960" height="788" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/26231579_1956758084352611_1808580783792017573_n.jpg 960w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/26231579_1956758084352611_1808580783792017573_n-300x246.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/26231579_1956758084352611_1808580783792017573_n-768x630.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/26231579_1956758084352611_1808580783792017573_n-600x493.jpg 600w" sizes="(max-width: 960px) 100vw, 960px" /><figcaption id="caption-attachment-5463" class="wp-caption-text">Foto cortesía Lugar Común</figcaption></figure>
<p>Los seminarios, por su parte, son clases magistrales que dan la posibilidad de aprender y discutir cualquier tema, sin la obligación de entregar un resultado físico. Todas estas actividades se realizan un promedio de entre tres y seis veces por semana.</p>
<p>Para Sarco, este concepto permite el desarrollo de los lectores. “Concebimos la cultura como un hecho que tiene que ser de fácil acceso. Es entender el libro como hecho cultural, no solo con la lectura sino a través de las actividades y el contacto con los libreros, ya que todos están capacitados para facilitarle lecturas al cliente y que él pueda desarrollar un camino de lector, que se entere de otras cosas que pueden ser de su interés”, explica.</p>
<p>Y a pesar de una situación país que puede parecer adversa para la industria cultural, Lugar Común ya cuenta con tres sedes adicionales en Caracas, dos en Las Mercedes y una en Plaza Venezuela. La expansión también llegó al interior del país con la apertura de una sucursal en Mérida y otra en la isla de Margarita, esta última gracias a una alianza con el restaurante Amaranto. En buena medida, todas las librerías mantienen esa misma propuesta de ser un centro cultural.</p>
<h4 id="las-ultimas-paginas"><span style="color: #6e4d8b;"><strong>Las últimas páginas</strong></span></h4>
<p>Aun cuando durante estos seis años han tenido buena receptividad por parte del público, la sede de Lugar Común en Altamira cerrará este mes de agosto. La decisión obedece principalmente al vencimiento del alquiler del local, aunado a la imposibilidad de llegar a un nuevo acuerdo de arrendamiento con los representantes del edificio donde funciona la librería.</p>
<p>Por ahora, las otras tres sedes ubicadas en Caracas y las del interior del país continuarán activas, manteniendo en lo posible una programación de actividades culturales muy similar. Todavía se desconoce si existe un plan concreto para la sede de Altamira, la cual fue la matriz de todo el proyecto.</p>
<p>Faltando poco más de dos meses para el cierre, Ricardo Sarco hace un balance de sus tres años de trabajo en Lugar Común Altamira, durante los cuales se ha desempeñado también como librero, gerente y gestor de redes sociales: “en lo personal, la librería ha sido un espacio de crecimiento increíble. Para mí, es perder un sitio de disfrute, que ha sido una casa y un espacio de formación, un punto de libertad en una ciudad que es poco amigable con el peatón”.</p>
<p>Si bien es cierto que la sede de Altamira tiene una ubicación estratégica y que permite llamar la atención fácilmente, también lo es que esa zona se ha caracterizado por ser una de las más afectadas por el conflicto político venezolano. Respecto a este punto y recordando los diferentes momentos que ha presenciado la librería, Sarco cuenta que durante las protestas de 2014 y 2017, el local se convirtió un espacio para reflexionar la política del país a la luz de lo que ocurría en las calles, lo que a su juicio fue muy agradecido por el público.</p>
<figure id="attachment_5464" aria-describedby="caption-attachment-5464" style="width: 1024px" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-5464 size-large" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/05/27500575_1992214857473600_7700717380341762149_o1-1024x576.jpg" alt="" width="1024" height="576" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/27500575_1992214857473600_7700717380341762149_o1-1024x576.jpg 1024w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/27500575_1992214857473600_7700717380341762149_o1-300x169.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/27500575_1992214857473600_7700717380341762149_o1-768x432.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/27500575_1992214857473600_7700717380341762149_o1-600x337.jpg 600w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/27500575_1992214857473600_7700717380341762149_o1.jpg 1080w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption id="caption-attachment-5464" class="wp-caption-text">Foto cortesía Lugar Común</figcaption></figure>
<h4 id="vivir-otra-ciudad"><span style="color: #6e4d8b;"><strong>Vivir otra ciudad</strong></span></h4>
<p>“Desde el año pasado empecé a venir porque era un lugar que me calmaba y me daba mucha paz, siempre me sentía a gusto. Después de venir mucho tiempo me hice amiga de las personas que trabajan en la librería, ya era costumbre venir todos los días, así que empecé a formar amistades que me llevaron a trabajar acá”, relata Dania Ortiz, quien lleva apenas dos meses trabajando como librera en Lugar Común.</p>
<p>Al igual que Sarco, uno de sus compañeros de trabajo, Ortiz piensa que el cierre de la sede de Altamira es una pérdida importante para la ciudad, ya que es un espacio donde los visitantes van a aprender y culturizarse, un lugar que permite la expresión de la diversidad, la discusión y el debate. Asimismo, destaca que gracias a las actividades culturales hay personas que pudieron darse a conocer y emprender, y otras que lograron expandirse profesionalmente.</p>
<p>En el ámbito personal, la librera expresa la nostalgia que siente por la clausura del local. A su vez, añade: “Lugar Común se va con todos nosotros, nuestros valores, sueños, metas y cosas bonitas que nos quedan de Caracas. Este era el punto más céntrico y cómodo para todo tipo de persona, un espacio significativo para la ciudad”.</p>
<figure id="attachment_5465" aria-describedby="caption-attachment-5465" style="width: 794px" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-5465 size-full" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/05/20881848_1793928507302237_3165535741596187698_n.jpg" alt="" width="794" height="559" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/20881848_1793928507302237_3165535741596187698_n.jpg 794w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/20881848_1793928507302237_3165535741596187698_n-300x211.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/20881848_1793928507302237_3165535741596187698_n-768x541.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/20881848_1793928507302237_3165535741596187698_n-600x422.jpg 600w" sizes="(max-width: 794px) 100vw, 794px" /><figcaption id="caption-attachment-5465" class="wp-caption-text">Foto cortesía Lugar Común</figcaption></figure>
<p>Por su parte, Guillermo Ramos, periodista, lector y visitante frecuente de la librería desde sus inicios, también recuerda con agrado, pero también con añoranza, estos seis años de la sede de Altamira. Coincide en que este espacio se extrañará en Caracas por ser un lugar para sentir otra atmósfera y vivir la ciudad de una forma diferente, de la misma manera que reconoce lo concurrido que fue el local en los momentos de protestas políticas.</p>
<p>“Para mí ha sido un sitio de encuentros con amigos y de buenas conversaciones, un lugar de grandes satisfacciones y un pequeño hogar para rescatar y conocer libros y autores. Aquí vi cursos y bautizos de libros inolvidables. Aunque las otras sedes también son encantadoras pese a que no están en ubicaciones tan estratégicas, este es un sitio que ha sido referencia en muchas cosas, es de esos lugares que se convierten en icónicos”, señala Ramos.</p>
<h4 id="programacion-especial"><span style="color: #6e4d8b;"><strong>Programación especial</strong></span></h4>
<p>Para despedir junto con los lectores a la sede de Altamira, la oficina de programación ha preparado una serie de actividades culturales para los meses de junio y julio, justo antes del cierre, en la que están contempladas diferentes charlas y eventos. Esta despedida se llevará a cabo con el apoyo de colaboradores, facilitadores de los talleres, conversatorios, seminarios y talleres infantiles, así como de amigos de la editorial.</p>
<p>Quienes deseen estar al tanto de toda la programación de actividades pueden seguir a la cuenta @LibreriaLC tanto en Twitter como en Instagram.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Con “el negro en la taquilla”</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/05/con-el-negro-en-la-taquilla/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 May 2018 00:17:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Caracas]]></category>
		<category><![CDATA[Emigrantes]]></category>
		<category><![CDATA[Gianni Mastrangioli]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[historiadeemigrantes]]></category>
		<category><![CDATA[Italia]]></category>
		<category><![CDATA[Pizza]]></category>
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		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Gianni Mastrangioli* Hay que ver que uno sí se vuelve lambucio en Italia. Se los juro, es&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Gianni Mastrangioli*</strong></p>
<p>Hay que ver que uno sí se vuelve lambucio en Italia. Se los juro, es como si nos invadiese esa hambre mental que produce comprobar qué es realmente la comida mediterránea, nada que ver con lo que probamos en Chacao, La Candelaria, Las Mercedes. Jamón serrano, aceite de olivo, helado de chocolate, pasta, ñoquis, pan de costra y otras tantas delicadeces culinarias que deseamos meternos en la boca, bachaqueando los sabores. La noche que aterricé, me cené con unos amigos, o, mejor dicho, me embutí con ellos, calculo yo, por la media bajita, cinco platos. Juan Barreto, pues; el troglodita. Sin embargo, mi festejo de papilas gustativas encontró su fin cuando, estando en Venecia la semana pasada, el negro me tocó la taquilla. Plaza San Marcos, hora del almuerzo. Sobre el mantel de mi mesa, un pedazo de tiramisú, un trozo de pizza napolitana y media botella de vino tinto. Doblando las tiras de salchichón y pensando que lo restante podría llevármelo envuelto en una servilleta, sentí aquel fresquito de playa de las cinco de la tarde. ¿Saben a lo que me refiero?, ¿tipo como cuando estás en La Guaira, sales de la orilla y te pega esa brisita fría en el estómago? Bueno, así. Al principio me dio cierto placer, pero luego me di cuenta que alguien quería hacerme la visita…y no en góndola. Era el negro. O los negros. Qué sé yo. Inspecciono. A mi alrededor, veo un letrero que dice “fuera de servicio por mantenimiento”. Verga. Pago la cuenta, me alzo disparado de la silla y empiezo a correr a la estación de Santa Lucía, donde había visto uno. Sudor. Piernas temblando. Hemorroides cerrando la aduana. El celular, sin batería.</p>
<p>Y no es que en Venecia puedes parar un taxi y escaparte como si fueras un cohete. No. Están los canales, los pequeños lagos, los puentes, los turistas rompi coglioni y demás laberintos acuáticos. “Disculpe, señor: de aquí de San Marcos, ¿cómo llego hasta Santa Lucía? No me funciona el Google Map”, pregunté. “Vea, ragazzo: Calle dei Fabbri, después gira a la izquierda por la calle dei Fabbri, después gira ligeramente por la calle Bembo y luego vuelve a girar por la calle dei Fabbri. Facilísimo”. ¿Ustedes entendieron? Pues, yo tampoco. De allí que decidí poner en práctica mis instintos de orientación caraqueños, buscando “la cuadra llanera”, “la vuelta de la esquina”, el “después del semáforo” y el “pasando el quiosco”. Nada. Como si hubiera ido de Plaza Venezuela a Sabana Grande, retorné a San Marcos. La vuelta en U. Coño de la madre. “¿Cómo es que era la calle esa?, ¿Fabbri?”, me dije a mí mismo. Sudor. “Sí, Fabbri”. Brisa. “Muévete”. Agua, agua, sólo agua. Venecia se pintaba tranquila: Gente distraída, tomando fotos; ignorando por completo la composición de instrumentos intestinales que yo cargaba por dentro. Había negocios con máscaras, las cuales pensé que, por un segundo, se estaban riendo de mí. “Al fin, la fulana calle dei Fabbri. Dale, Gianni, dale. Casi llegas”. Pero fue tarde. Apenas vi el reloj de la estación a lo lejos, al otro lado del Gran Canal, se desparramó la parranda. Sentí la presencia del negro y sus amigos, todos bailando ritmos venezolanos diversos. Leo-leo-lé, leo-leo-lá; ay, Julián, Julián, Julián José, repíqueme los tambores que me lo quiero aprender, golpe…</p>
<p>De igual forma, pagué un euro para entrar a inspeccionar los daños. Como un perito. Un pantalón parduzco como el río Guaire, unas medias testigos de la vaguada presente y un par de interiores con una gran raya larga. Tan larga, como la vergüenza que me invadió al recordar que había dejado la cartera encima de la mesa, con el pedazo de tiramisú y el trozo de pizza.</p>
<p><a href="https://www.facebook.com/LaEsnogotaOnline/photos/a.2015229405468436.1073741828.2013849572273086/2033292553662121/?type=3"><strong>*El autor, quien es Historiador de la Universidad Central de Venezuela, y actualmente reside en Londres, Inglaterra, ha autorizado que sus crónicas sean publicadas en este sitio.</strong> </a></p>
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		<title>¿Cómo es la experiencia de apostilla express en Venezuela?</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/05/boleto-en-mano-experiencia-del-proceso-de-apostilla-express-en-venezuela/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 May 2018 02:18:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Apostilla express]]></category>
		<category><![CDATA[Apostillar]]></category>
		<category><![CDATA[Caracas]]></category>
		<category><![CDATA[Colas]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis]]></category>
		<category><![CDATA[Emigración]]></category>
		<category><![CDATA[Ministerio de Relaciones Exteriores]]></category>
		<category><![CDATA[MPPRE]]></category>
		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un par de días después, tendrás que aguantarte horas de la señora Sol hablando mal del gobierno de&#8230;</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com/2018/05/boleto-en-mano-experiencia-del-proceso-de-apostilla-express-en-venezuela/">¿Cómo es la experiencia de apostilla express en Venezuela?</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com">Seis Grados - Experiencias que nos conectan</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="un-par-de-dias-despues-tendras-que-aguantarte-horas-de-la-senora-sol-hablando-mal-del-gobierno-de-nicolas-maduro-y-culpandolo-del-estado-al-que-hemos-llegado-como-pais-y-como-sociedad-la-oiras-despo"><span style="color: #6e4d8b;">Un par de días después, tendrás que aguantarte horas de la señora Sol hablando mal del gobierno de Nicolás Maduro y culpándolo del estado al que hemos llegado como país y como sociedad. La oirás despotricando, sí, pero te encontrarás pensando que más allá de todo lo que se pueda decir sobre los gobernantes es, en buena medida, por gente como ella, esos que perpetúan pequeños y grandes actos de corrupción cotidiana, que has tomado la decisión de irte del país.<br />
</span></h4>
<p><strong>Por <b class="gmail_sendername">César Contreras</b><br />
</strong></p>
<p><span style="color: #6e4d8b;"><strong>Antes del amanecer</strong></span></p>
<p>Llegas a la Avenida Urdaneta a las 5:15 de la mañana. Has aprendido que no es prudente moverse por Caracas cuando no hay luz del sol. Al mismo tiempo, la experiencia te ha enseñado que, para hacer un trámite en la Venezuela actual, debes madrugar y estar allí lo más temprano posible para asegurar que te atiendan. Decides que es mejor madrugar que ser precavido. Ves la fila de gente y comienzas a preguntar. Efectivamente, es ahí el sitio. Buscas tu lugar hacia el final, en unas escaleras, debajo de Puente Llaguno, que dan a la Avenida Baralt. El olor a orines te marea, pero supones que ese es el precio que hay que pagar; al menos uno de los precios. Es el último peregrinaje antes de la emigración.</p>
<p>Apostillar documentos es uno de los pasos centrales en un proceso de emigración más o menos organizado. Certificar que tus documentos personales y académicos son válidos en tu país de origen para que te vean con buenos ojos en el país de llegada. No solo es un proceso central, sino también complicado, eso lo sabes bastante bien. Tienes un año y tanto en todo ese trajín, porque ni tú ni tu novia quieren pagarle un solo bolívar a un gestor por un trámite que es totalmente gratuito.</p>
<p>Hasta mediados del año pasado, si bien con sus complicaciones, se podía conseguir una cita a través del portal del Ministerio de Relaciones Exteriores. Era engorroso, sí, pero posible. Tu novia estuvo pegada a la computadora por horas, esperando las notificaciones de las decenas de cuentas de Instagram y Twitter que avisaban cuándo se abría la página para pedir citas, esa fue la clave del éxito que tuvieron. Sin embargo, las notificaciones fueron menguando, el portal fue colapsando, las tarifas de los gestores fueron aumentando y se hizo necesario recurrir al plan b: apostilla express.</p>
<p>Mientras buscas tu lugar en la fila vas repitiendo los requisitos: asistir entre tres y cinco días hábiles antes de la fecha del viaje, tener original y copia del boleto de avión o autobús impreso con sello húmedo, fotocopia de la cédula de identidad, el documento a apostillar, un timbre fiscal de 0,5 unidades tributarias por documento. Repites la lista como un mantra, porque no quieres que todo el esfuerzo se caiga por una equivocación. Sabes que en Venezuela hay que hilar fino en lo que respecta a trámites legales. La desconfianza es alta. “Cualquiera me puede querer joder”. No solo lo piensas tú, sino que puedes leer esa misma frase en los ojos somnolientos de todos y cada uno de los que esperan para hacer el mismo trámite.</p>
<p>Recibes en tus manos una hoja de papel, sobada, arrugada, maltrecha. Cientos de nombres escritos. Una lista. Una lista que no sirve para nada a fines legales, lo tienes muy claro, pero igual debes anotarte, porque es parte de todo el ritual, del peregrinaje. Colas y listas se han convertido en los nuevos tótems de esta sociedad.</p>
<p>Tienes el número ciento setenta, tu novia el ciento setenta y uno. Los chicos que están detrás de ustedes, una pareja también, ven la lista y comentan “sí, exactamente cien más que ayer”. Luego se enteran de que ya ellos habían ido el día anterior y los habían <em>rebotado</em>. ¿La razón? Aparentemente fueron con demasiada antelación. Les habían pedido que fueran el día siguiente, el miércoles, porque todavía había tiempo para su vuelo. Se iban ese mismo viernes. Empiezas a tener miedo. Si sigues esos mismos cálculos, muy probablemente no podrás hacer el trámite ese día. Tu vuelo es el miércoles siguiente. ¿Y si te mandan a ir el lunes? ¿Y si no te dan el documento a tiempo? ¿Y si alguno te quiere joder?</p>
<p>El día anterior esta otra pareja había llegado a la misma hora que tú, 5:15 de la mañana. Tenían el número setenta. Más adelante durante el día te sentirás abrumado con la cantidad de gente que sigue llegando y extiende la cola hasta las inmediaciones de la Avenida Baralt. Te abruma, te conmociona la idea de que todas las personas que están allí (cuatrocientas, al menos) ya tienen un pasaje de salida de Venezuela.</p>
<figure id="attachment_5443" aria-describedby="caption-attachment-5443" style="width: 1024px" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-5443 size-large" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/05/ministerio-de-relaciones-exteriores-1-1024x689.jpg" alt="" width="1024" height="689" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/ministerio-de-relaciones-exteriores-1-1024x689.jpg 1024w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/ministerio-de-relaciones-exteriores-1-300x202.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/ministerio-de-relaciones-exteriores-1-768x517.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/ministerio-de-relaciones-exteriores-1-600x404.jpg 600w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/ministerio-de-relaciones-exteriores-1.jpg 1189w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption id="caption-attachment-5443" class="wp-caption-text">Foto cortesía efectococuyo.com</figcaption></figure>
<p><span style="color: #6e4d8b;"><strong>6:00 am</strong></span></p>
<p>Es la tercera vez que te alejas de la cola para tomar un poco de aire fresco. Debes hacerlo, turnándote con tu novia, porque la hediondez de las escaleras ya no te deja pensar con claridad. En la Avenida Baralt el día comienza temprano. Ya hace rato que pasan personas listas para trabajar. Las camionetas están abarrotadas a esa hora. A las seis en punto aparece un señor en la avenida, tiene un gran termo rojo, algunos accesorios en las manos. Un muchacho viene detrás de él trayéndole un cartel: avena, fororo. El señor da los buenos días, instala su puesto, agradece al muchacho que lo ayudó, comienza a pregonar su producto sin hacer mucho ruido, respetando el silencio ceremonial que caracteriza a esas mañanas que tardan en aclarar. La gente empieza a acercarse, se llevan su vaso de avena, de fororo, de avena con fororo. El señor tiene su sistema para llevar: añade una tapa de papel aluminio bien sellada al vaso. Te preguntas cuántas personas se desayunan con ese vaso de avena y ya está. Volteas la mirada, vuelves a tu lugar. Precisamente estás haciendo esa cola para poder alejarte de esos pensamientos, de esas realidades.</p>
<p>Mientras las horas van pasando las personas se ponen más conversadoras. Hablan sobre distintos temas, pero dos predominan: los planes migratorios (adónde se van, cuándo se van, con quién se van, quién los va a recibir, qué saben del país al que van, qué tienen pensado hacer) y las experiencias previas en trámites similares a ese (cuánto tuvieron que esperar, los trataron bien o mal, tuvieron que hacer nuevamente el trámite, todo salió en orden).</p>
<p>Llegas a tu lugar en la cola y tu novia tiene cara de desconcierto, de estupefacción, como si acabara de ver un panda caminando por la Avenida Urdaneta. La interrogas, quieres saber. Sin salir de su sorpresa te cuenta sobre la chica que estaba unos puestos más adelante. Más temprano había venido con su tía. La señora se quedó haciendo la cola por ella mientras ella “resolvía algo” en el centro de Caracas, antes de las 6:00 am. Mientras tomabas aire, la chica llegó y le dijo a su tía en un tono más bien calmado “vámonos, se me quedó el pasaje”. La tía la miró extrañada, así como tu novia te ve ahora mientras te relata la historia, y le pidió a su sobrina que le repitiera. “Sí, tía, se me quedó el pasaje ¡y eso es lo más importante! Sin eso ¿cómo saben cuándo me voy? Vámonos”. Y se fueron. Nadie alrededor parece tan alarmado como tu novia. Tal vez no lo escucharon. Tal vez ese error les parece de lo más común. Ni tú ni tu novia lo entienden del todo. Hasta una hora antes de llegar estuvieron revisando los requisitos una y otra vez, era su cántico de guerra. En todos lados explican que la lógica detrás de la apostilla express es que ya tienes tu pasaje listo, pero no puedes conseguir una cita regular, por lo que debes ir con el pasaje en mano para exigir que te agilicen el procedimiento. Hace años que se habla de ese mecanismo ¿cómo es que no lo llevas? Te empiezas a cuestionar sobre las probabilidades de éxito de esta chica en el extranjero. Te preguntas si no estás siendo muy duro.</p>
<p>Tu novia te saca de tus cavilaciones comentando lo mucho que le duelen las piernas. A ti también. Ya van para dos horas de pie. Deciden “sacrificar” uno de los abrigos que llevaron. Lo ponen en el suelo putrefacto. Se sientan. Se dan un poco de calor mutuamente. Empieza a despuntar el sol.</p>
<p><span style="color: #6e4d8b;"><strong>7:00 am</strong></span></p>
<p>La luz del día pone al descubierto caras que no sabías que estaban allí. De pronto las figuras que aguardaban en la oscuridad, como si fueran proscritos de la ley, muestran sus verdaderos colores, sus verdaderas facciones. Nunca has estado más convencido de que la realidad es un invento producto del juego de máscaras que crean la luz y los intrincados mecanismos que se esconden en el globo ocular.</p>
<p>No solo comienzas a percibir caras, sino que comienzas también a percibir movimiento. Quienes estaban sentados en el suelo se levantan. Hay cierto ajetreo. Un leve aire de confusión se mueve entre los <em>apostillandos</em>. El chico que está delante de ti vuelve de una breve excursión al principio de la cola. “Van a atender a los que tengan boleto hasta el sábado o el domingo”. Por un momento los ánimos decaen y aparece de nuevo el fantasma de tener que volver el lunes para poder completar el trámite. Le preguntas de dónde sacó la información. “Me dijeron la señora del café y el del kiosco”, te contesta. Lo miras un poco desconcertado. ¿Qué le hace pensar que esas son fuentes confiables de información en un caso como ese? Supones que es una de las formas en las que se manejan las cosas en Venezuela. Las autoridades y los poderes son así de difusos, de extraños, de informales. El muchacho que está detrás de ti parece opinar de forma similar a la tuya, así que decide acercarse y buscar una fuente de información más confiable. Vuelve con la noticia oficial de que aceptarán a personas con pasajes hasta el miércoles. Alivio. Podrán resolver hoy mismo. El muchacho les celebra su suerte. ¿Por qué suerte? Se supone que estás dentro de los cinco días hábiles que indican los requisitos… pero se te olvida que es Venezuela, que las leyes y las normas son tan flexibles como quien las interpreta, que capaz cualquiera te quiere joder.</p>
<p>La entrada hacia la sede principal del Ministerio de Relaciones Exteriores sigue revelándote escenarios que la oscuridad parecía tener escondidos. Sin moverte mucho, el peregrinaje te ha llevado de una ciudad silente y somnolienta a una ciudad activa, ruidosa y bastante fracturada. Pareciera que toda la actividad del lugar se mueve en función del grupo de personas que caminan en fila india hacia el recinto.</p>
<figure id="attachment_5444" aria-describedby="caption-attachment-5444" style="width: 657px" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-5444 size-full" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/05/Cola-apostilla-Ministerio-Exteriores.jpg" alt="" width="657" height="371" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/Cola-apostilla-Ministerio-Exteriores.jpg 657w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/Cola-apostilla-Ministerio-Exteriores-300x169.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/05/Cola-apostilla-Ministerio-Exteriores-600x339.jpg 600w" sizes="(max-width: 657px) 100vw, 657px" /><figcaption id="caption-attachment-5444" class="wp-caption-text">Foto cortesía efectococuyo.com</figcaption></figure>
<p>Sacas tu cartera y chequeas que tengas los timbres fiscales allí. Ya has escuchado en la cola que no los vas a necesitar en el momento (no recuerdas si lo dijo tu novia o alguien más), pero de todas maneras quieres chequear que los tengas. Algunos se mueven de aquí para allá buscándolos. En ningún ente oficial se consiguen. Lo más que puedes aspirar es a hacer un depósito a alguna cuenta bancaria del Estado y que utilicen el váucher como una especie de vale por un timbre fiscal. Sin embargo, eso sólo es válido dentro del territorio venezolano, donde todo es posible, la actual capital mundial de lo real maravilloso.</p>
<p>Para un trámite como el de la apostilla, tienes que tener tus timbres fiscales propiamente. Tu mamá tuvo que recurrir al mercado negro para encontrarlos; fácilmente Venezuela también pudiera ser la capital mundial de los mercados negros. En ese mercado paralelo un timbre fiscal de media unidad tributaria, cuyo valor debería ser de cuatrocientos veinticinco bolívares, tu mamá lo consiguió a diez mil. En efectivo, una especie en extinción. Pero había que hacerlo, aparentemente.</p>
<p>Mientras avanza la cola ves a una señora que camina en sentido contrario. La frase con la que ofrece su servicio te llama mucho la atención. La mujer (que luego sabrás que se llama Sol y que cobra por cualquier tipo de servicio asociado al proceso de apostilla express, desde hacer la cola por alguien más a las cuatro de la mañana, pasando por hacer asesorías, hasta intentar conseguir algún contacto en el Ministerio en el que trabajó por algunos años) dice con voz serena pero firme: “Tengo los timbres”. En tu mente se traduce a “tengo el poder”, porque así pareciera estar transmitiendo el mensaje. Ella ostenta en sus manos la respuesta a la necesidad de cientos de los que te acompañan en tu peregrinaje. Ella lo sabe. Ella sabe que lo que ofrece es necesario. Juega con eso, especula. Veinte mil bolívares en efectivo o no hay negocio. Lo siento, corazón, no acepto transferencias. Si quieres vas a Plaza Caracas, que los tienen en treinta mil. Un par de días después, tendrás que aguantarte horas de la señora Sol hablando mal del gobierno de Nicolás Maduro y culpándolo del estado al que hemos llegado como país y como sociedad. La oirás despotricando contra un Gobierno inútil y pacato, sí, pero te encontrarás pensando que más allá de todo lo que se pueda decir sobre los gobernantes es, en buena medida, por gente como ella, esos que perpetúan pequeños y grandes actos de corrupción cotidiana, que has tomado la decisión de irte del país. Te da miedo terminar como ella. Peor aún, te da miedo saber que tienes en ti mucho de lo que ves en ella.</p>
<p>Se van acercando al destino y notas que algo está sucediendo con la chica que está junto delante de ustedes. La acompaña su padre, que ha estado toda la jornada yendo y viniendo, llevándole pequeños mensajes que le transmite en susurros que solo ellos dos comprenden. Ahora pareciera que la situación se hace más crítica, pues se acaban los susurros y comienzan a hablar en un tono de voz más alto. La situación es que la chica se ha presentado a la cita con su boleto impreso, pero sin el sello húmedo correspondiente. De nuevo la pregunta sobre qué tanta atención presta la gente, de nuevo el cuestionamiento sobre el éxito de esta chica en el exterior.</p>
<p>El papá comienza a hablar con ustedes, les comenta la situación. Tu novia y tú se miran. Quieren reprenderlo y decirle que lo del sello húmedo estaba escrito muy claramente. Pero él mantiene este discurso de “qué fastidiosos” o “igual le decimos y él te puede pasar sin problemas”. Piensas que nos vamos de Venezuela, pero no dejamos de ser venezolanos. Tal vez esto viene de muy atrás, pero piensas que ese tipo de actitudes, esa forma de afrontar la vida como si todo fuera resoluble con un salto a las leyes, es el verdadero <em>Legado</em> del que se habla con tanto abolengo de parte de muchas caras visibles del chavismo. Al final la chica no puede entrar, no por la falta de sello húmedo, sino porque su boleto es para el jueves siguiente. Ustedes sí logran pasar. No pueden creer lo lejos que han llegado, en tan poco tiempo y sin ningún inconveniente.</p>
<p>Antes de entrar aparece de nuevo la tía de la chica que no llevó el pasaje. Se quedó en la puerta esperándola para poder pasar directo al momento en que llegue. No solo olvidó el boleto, sino que tampoco había imprimido su certificado de antecedentes penales, documento que debía apostillar ese día. “Buena suerte en el extranjero”, susurras, antes de pasar.</p>
<p><span style="color: #6e4d8b;"><strong>8:00 am</strong></span></p>
<p>Adentro te recibe la sospechosa amabilidad de uno de los empleados del Ministerio. “Por favor, ubíquense por este lado y, solo cuando avancen las personas de allá, avanzan ustedes también en esa dirección. Muchas gracias”. Está atento de las personas mayores, de las mujeres embarazadas, de los padres con bebés pequeños. Arrugas el ceño, te rascas la barbilla, ¿será cierto que este tipo es así de amable y servicial y ya? ¿Hay algo detrás? ¿Será que nos quiere joder? El tiempo allí te va a mostrar que no, que sí hay gente dispuesta a hacer bien su trabajo en un organismo público, por muy descabellada que suene esa idea.</p>
<p>Una vez dentro la meta se ve mucho más alcanzable, pero las piernas tiemblan, los párpados pesan y el cuerpo en general reclama. Unas sillas rojas se ven apetecibles en cierto punto a la distancia; sin embargo, todavía faltan unas cuantas vueltas de caracol en esta fila interminable para que puedas obtener esa preciada recompensa.</p>
<p>Otro funcionario se acerca y comienza a hablar en voz alta. Lo hace con dureza, pero no con altivez. Intuyes que no es la persona más simpática del mundo, pero no te parece que los esté tratando mal. Explica que el proceso solo lo puede llevar a cabo el titular del pasaje o, en caso de tratarse de un menor de edad, el padre o madre del menor. No hay posibilidad para que el trámite sea realizado por un tercero, llámese tío, primo, cónyuge, lo que sea. El hombre remata con una frase que te parece genial: “Recuerden que esto es un organismo consular como cualquier otro en el que han hecho trámites, aquí hay reglas y normas que se deben cumplir”. Te imaginas a las personas buscando el ADN de sus abuelos para llevarlo a la Embajada Española sin problemas, pero poniendo todos los reclamos posibles si les piden el pasaje con sello húmedo en el Ministerio de Relaciones Exteriores local. Alguien por ahí levanta la mano preguntando si con un poder puede hacer el trámite. Ante la negativa del funcionario, insiste: “pero está notariado”. Bajas la mirada. Supones que lo que puede ser lógico para ti no necesariamente lo es para los demás. Te suena casi obvio que, si la persona aún no se ha ido del país, debería estar en plenas facultades para hacer su trámite por sí misma, sin necesidad de un poder. Esta persona no opina lo mismo, evidentemente.</p>
<p>Sigues caracoleando por la sala, buscando alivio al recostarte de las paredes, cerrando un poco los ojos para dejarte llevar por el sueño aunque sea un par de segundos. Quienes se sientan en las ansiadas sillas rojas llenan un pequeño formulario en el que deben indicar la cantidad de documentos que dejan y de qué tipo son. Una señora le pide asesoría a otra. Pasa con algo de torpeza por encima de un muchacho, posiblemente su hijo. Escucha con atención lo que su asesora tiene para decirle. No sigues muy bien la conversación hasta que la mujer dice algo como “ah no, yo no tengo eso”. La otra la mira con los ojos bien abiertos. “¿No tiene el título certificado, los papeles legalizados?”. La otra la ve con ojos vidriosos, vacíos, no tiene la más mínima idea de lo que le habla su interlocutora. Niega con la cabeza y se queda en silencio. En la cara de la otra mujer ves reflejada tu misma pregunta: ¿cómo es que esta señora llegó hasta acá sin saber que tenía que registrar y legalizar sus documentos antes de proceder a apostillarlos? “Bueno, yo ahí veo cómo resuelvo”, dice la primera mujer, antes de volver a su asiento y completar el formulario que le habían dado. ¿Cómo va a resolver?, te preguntas. ¿Será que pedirá un permiso de treinta minutos para ir a hacer una certificación y legalización express de título y demás documentos? Si algo no le puedes quitar a los venezolanos que has estado viendo en este peregrinaje es su alta confianza en sí mismos: están convencidos de que pueden superar las condiciones más adversas en tiempo récord.</p>
<p>Avanzas y dejas atrás a la mujer sin legalizaciones. Pasan unos cuantos minutos antes de que puedas sentarte en las ansiadas sillas rojas. Te dejas caer, te relajas un poco, cierras los ojos y duermes. Duermes porque te hace falta.</p>
<p><span style="color: #6e4d8b;"><strong>9:00 am</strong></span></p>
<p>Abres los ojos en los asientos rojos, pero ya no son los mismos. Ahora estas a unos cuantos pasos de las taquillas donde recibirán tus documentos. Todo el trayecto sentado ha sido como un sueño raro. No recuerdas los cambios de silla, no estás muy claro de cuándo y cómo rellenaste el formulario que tienes en las manos. Ahora espabilas un poco y prestas atención, porque la gente se pone hostil cuando alguien se tarda mucho en dirigirse a una taquilla luego del grito de “siguiente” y esa hostilidad te pone ansioso.</p>
<p>Cuando llega tu turno entregas tus documentos. Recitas nuevamente el mantra: original y copia del boleto de avión con sello húmedo, fotocopia de la cédula, el documento a apostillar, un timbre fiscal de 0,5 unidades tributarias por documento. Te dicen que guardes el timbre, tú lo pegas después. Reciben los documentos, te dan una especie de factura. Debes regresar el viernes a buscarlos. Algunos funcionarios te dicen que es un procedimiento mucho más rápido, porque los viernes sólo se entregan documentos.</p>
<p>Al salir escuchas al chico que estaba delante de ti en la cola discutiendo con una de las empleadas. Al parecer ya había ido a apostillar documentos muy recientemente. Según el portal web, debes dejar pasar cuarenta y cinco días para solicitar una nueva cita o para llevar documentos a apostilla express. El muchacho había ido hacía menos de un mes. No sabes si le recibieron los documentos. No sabes si es que no estaba al tanto de la restricción temporaria o tan sólo se lanzó a ver si lo lograba, a ver si conseguía doblar la norma lo suficiente para que funcionara a su favor, a ver si nadie lo quería joder y lo dejaban hacer el trámite.</p>
<p>Sales a la luz del día y caminas un poco por el centro de la ciudad junto a tu novia. Ella te dice “No puedo creer que lo logramos y fue tan sencillo. Lo más loco es que a esta hora es cuando está empezando mi día normalmente”. Ya tienen cinco horas despiertos. Se preguntan si hacer trámites de ese tipo implica lo mismo en otros países. Se imaginan llegando de madrugada a un ente público en la ciudad a la que van y no encontrando a nadie, simplemente porque su venezolanidad les ganó y los hizo llegar antes del amanecer para que nadie los quiera joder.</p>
<p>Ahora te preguntas qué vas a hacer con el resto del día. Con el resto de los días.</p>
<p><span style="color: #6e4d8b;"><strong>Un tiempo después</strong></span></p>
<p>Buscar el documento implicó una jornada similar. Ese día llegaste a la misma hora, 5:15 am, pero tenías el número setenta. No tuviste que esperar en un pasillo pútrido, con olores inmanejables, aunque añoraste un poco la protección que te ofrecía contra las corrientes de viento helado. Escuchaste nuevas historias, conociste personajes loables y otros nefastos. Viste personas que llegaban a pedirle hasta catorce timbres fiscales a la señora Sol. Evitaste su mirada a toda cosa. No querías ver directo los ojos de esa cara de Venezuela.</p>
<p>Ese día también viste de frente los chanchullos y tramoyas que se urden en ese lugar. Sin mucho aspaviento, el muchacho que estaba detrás de ti en la cola (muchacho a quien la señora Sol le empezó a hacer la cola a las 5:00 am, para que el pudiera llegar a las 6:00 am sin problemas), pasó por delante de ti, saludó a un funcionario con naturalidad, le dijo “falta que te deposite los otros quinientos mil” y siguió derecho a retirar su documento.</p>
<p>Ya con el documento en la mano, esa última parada en el plan para salir de Venezuela, te preguntas sobre esos personajes que parecían estar del todo perdidos. Lo comentas con tus amigos, lo subes en redes sociales. Te parece inaudito que, estando allí, puedas estar en tanto desconocimiento de los pasos, de las normas, de las reglas. Reconoces que no eran ni de cerca la mayoría, claro, pero ya te preocupa que haya al menos uno así de <em>despalomado</em>.</p>
<p>Alguien te dice que no se debe a un tema de espabilar o estar atentos, sino que se trata de la desesperación; la gente está tan desesperada que se lanza a lo loco a hacer todos estos trámites. Le comentas a tu novia sobre ese argumento y ella, con la firmeza que la caracteriza, contesta “No. No es un tema de desesperación. Si ya tú estás ahí, si te levantaste a las tres o cuatro de la mañana para llegar, lo mínimo que puedes hacer es asegurarte de que tienes todos los requisitos, todos los documentos”. Tiene razón, piensas. Eso sin contar con que ya tienes el boleto en la mano y es para fecha reciente. ¿Cómo te arriesgas a equivocarte en un trámite, en el último trámite? Tu rigidez solo te permite pensar que si vas a hacer las cosas, debes hacerlas bien en todo momento, no hay medias tintas. Y si se trata de abandonar el país, mucho más aún.</p>
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		<title>Buenos días, Caracas</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/05/buenos-dias-caracas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 05 May 2018 01:55:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Caracas]]></category>
		<category><![CDATA[Caraqueños]]></category>
		<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[El Ávila]]></category>
		<category><![CDATA[Gianni Mastrangioli]]></category>
		<category><![CDATA[Trabajadores]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Gianni Mastrangioli* Mi despertador sonó a las cinco de la mañana. Antes de dormirme, lo puse a&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Gianni Mastrangioli*</strong></p>
<p>Mi despertador sonó a las cinco de la mañana. Antes de dormirme, lo puse a esa hora para no perderme el espectáculo que iba a suceder. Encendí la luz de la mesita de noche, busqué los lentes, me puse las cholas y cogí el ascensor. Apenas se abrió la puerta, me recibió el Sereno, culpable de nuestras gripes en la infancia. El sujeto que todas las abuelas detestan. Y como yo le hago caso a la mía, me tapé el cuello con un suéter antes de salir a<span class="text_exposed_show"> la terraza. Nunca había visto a El Ávila en tonalidades rojizas, más allá de cuando se incendia por cuestiones de la sequía. Este era un color ardiente, de aspecto salvaje. Brisa. Cornetas de autobuses. Mercados que se alzan bien tempranito. La papa, la papa. Lleve la cebolla, llévela, llévela. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span class="text_exposed_show">[the_ad id=&#8221;3726&#8243;]</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span class="text_exposed_show">Sí, Caracas estaba bostezando, hablándome con esa voz ronca de por las mañanas, cuando uno no se ha cepillado los dientes. Sobre mi cabeza, una procesión de guacamayas que recorrían el cielo semioscuro. Me daban ese sonido rebelde, de cemento con jungla, de trópico, de ciudad que convive con la naturaleza de lo tosco. Sin embargo, captó mi atención ese rosario de puntos negros que caminaban por las aceras. Personas, todas recién bañadas y listas para su encuentro con la metrópolis que rasguña. Cientos de mujeres con niños de bolsos. Cientos de obreros con las camisas por dentro. Cientos de secretarias de uniforme azul y peinados con gelatina y bucles. Estamos en los cierto. Ellos son los protagonistas de este capítulo venezolano que se escribe. Ellos son quienes, futuro adentro, podrán decir con el mayor de los orgullos “este país sobrevivió gracias a nuestro esfuerzo, a las ganas de seguir adelante”. Son consciencias que arden pero que a la vez chillan, al ritmo de los otros sonidos que conviven en este sórdido amanecer. A la orden los tomates, los tomates. Avenida Panteón saliendo, saliendo.</span></p>
<p>Es debajo de este edificio donde se está cumpliendo el renacimiento de la nación, en esa voluntad de no desvanecer. Me huele a húmedo, a tierra mojada, a trabajo, a guáramo. Los miro con fijación. Son ellos quienes consuman nuestros propósitos colectivos. Los que nos harán libres, así como los pájaros que aún, valientes, surcan por estos lares.</p>
<p><strong>*El autor, quien es Historiador de la Universidad Central de Venezuela, y actualmente reside en Londres, Inglaterra, ha autorizado que sus crónicas sean publicadas en este sitio.</strong></p>
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		<title>Guacamayas invitan a viajar por la otra Caracas</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/04/guacamayas-invitan-a-viajar-por-la-otra-caracas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Apr 2018 11:19:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Animales]]></category>
		<category><![CDATA[Caracas]]></category>
		<category><![CDATA[El Ávila]]></category>
		<category><![CDATA[Guacamayas]]></category>
		<category><![CDATA[La Gran Caracas]]></category>
		<category><![CDATA[Naturaleza]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza Las Tres Gracias]]></category>
		<category><![CDATA[Por Blanca Hurtado Nederr]]></category>
		<category><![CDATA[UCV]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una vez cumplida la visita vuelven a alzar su vuelo libre, ese que es intrínseco a su propia&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div dir="ltr">
<h4 id="una-vez-cumplida-la-visita-vuelven-a-alzar-su-vuelo-libre-ese-que-es-intrinseco-a-su-propia-existencia"><span style="color: #6e4d8b;">Una vez cumplida la visita vuelven a alzar su vuelo libre, ese que es intrínseco a su propia existencia</span></h4>
<p><strong>Por Blanca Hurtado Nederr</strong></p>
<p>Son las seis de la mañana en Los Chaguaramos, Caracas. Un canto invita a detener la marcha de quienes transitan por los alrededores de la plaza Las Tres Gracias. El cielo luce despejado, pero en esta oportunidad deja de verse alto, infinito, inalcanzable. La visita de los cientos de guacamayas que se posan libres cada mañana hacen de éste, otro lugar. Así el cielo que hasta hace unos minutos lucía con su habitual azul, empieza a llenarse de colores, colores que pueden llegar a pintarle el día a quienes cargados de tanta cotidianidad se han perdido esta maravilla.</p>
<p>Los minutos pasan y pareciera como si estas aves, caídas desde lo más alto, se esforzaran por mostrarse más hermosas que nunca: hacen siluetas en el cielo, suben, bajan, emiten un trinar cada vez más relajante y tranquilizador, empiezan a sentirse cercanas. Ellas parecen felices y terminan por contagiar toda esa energía a quienes se levantan cada mañana a regalarle lo mejor de sí mismos a la ciudad capital.</p>
<p>El espectáculo termina y muchas guacamayas se dirigen a la Universidad Central de Venezuela (UCV). El canto -que hasta hace minutos podía oírse en Las Tres Gracias- es ahora mayor, puesto que han llegado a su lugar favorito para anidar. Las palmas de los chaguaramos son sus preferidas y aún en medio de la dejadez que puede observarse en la UCV, estos árboles siguen sirviendo de refugio a muchas especies y siguen dándole una vista inigualable a la Ciudad Universitaria de Caracas.</p>
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<p>La tarde comienza a caer en zonas caraqueñas como Bello Monte, Santa Mónica, Los Chaguaramos, El Cafetal, Los Palos Grandes, Chuao, Las Mercedes, el Paseo Los Próceres, Plaza Venezuela y Sabana Grande. Ahora son las seis y estas aves salen a hacer su acostumbrado viaje. La ruta es la misma cada día. Y muchas de ellas son esperadas en cientos de balcones donde reciben alimentos.</p>
<p>Una vez cumplida la visita vuelven a alzar su vuelo libre, ese que es intrínseco a su propia existencia. Y aunque la libertad de estas aves ha sido respetada, existen denuncias de hogares caraqueños que las mantienen en cautiverio, incluso de osados que se dedican a su tráfico ilegal.</p>
<p>La ruta que a diario cumplen estas guacamayas ha tomado auge en los últimos años y muchos se han dedicado a dar a conocer esta maravilla que es capaz de regalar la otra Caracas, esa que en medio de tanto bullicio también grita un poco de calma, de sensatez.</p>
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<p>Algunas capitales del mundo cuentan con aves que suelen ser admiradas por propios y visitantes, pero Caracas tiene la particularidad de albergar 15 especies de psitácidos (familias de aves que incluyen loros, pericos, guamacayas y cotorras) y eso la convierte en la única capital con ese atractivo.</p>
<p>En el caso de las guacamayas de azul y amarillo -que son las más avistadas en Caracas- fueron introducidas en la ciudad hace más de 40 años, las mismas han permanecido y se convierten en un respiro. Sirven, además, para quienes en medio de tantas demandas aprenden la importancia de reconciliarse con la Madre Naturaleza y con su propia ciudad. Sin duda, un viaje que todos los días se vuelve más que necesario.</p>
<p><strong> </strong></p>
</div>
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		<title>De El Cafetal a Londres</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/04/de-el-cafetal-a-londres/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Apr 2018 17:50:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Caracas]]></category>
		<category><![CDATA[El Cafetal]]></category>
		<category><![CDATA[Emigrantes]]></category>
		<category><![CDATA[Historias]]></category>
		<category><![CDATA[HistoriasDeEmigrantes]]></category>
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		<category><![CDATA[Moralejas]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Venezolanos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Gianni Mastrangioli* Si bien tengo ya casi tres años viviendo en el Reino Unido, todavía el idioma&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Gianni Mastrangioli*</strong></p>
<p>Si bien tengo ya casi tres años viviendo en el Reino Unido, todavía el idioma me juega algunos “trucos”. En estos días fui a hacer mercado cerca de mi zona y, al ver los potecitos que tanto me encantan, se me salió la señora de El Cafetal. Saben, ese punto de la vida donde los sartenes de teflón comienzan a quitarte el sueño por su hermosa belleza y brillantez. Ese momento donde tomas pastillas para dormir, el escándalo te pone de mal humor <span class="text_exposed_show">y mueres por ver la nueva colección de los catálogos de Avon. Yo la llevo internamente, y de vez en cuando mi señora sale a tomar parte de mi joven personalidad. </span></p>
<p><span class="text_exposed_show">Lo cierto del caso es que quedé enamorado con un envase de tapa plateada y esmalte blanco. Ni leí. Supuse, por lo que vi por encima, que era una crema para el cuerpo. Entonces de inmediato fui a la caja y, con monedero bajo el sobaco, saqué las monedas y pagué (así mismo, cual pensionada). Acto seguido, cogí el autobús. Al llegar a mi casa, en seguida tomé una ducha con el propósito de untarme, una vez limpio, este preciado tónico que tanto anhelaba a mi artrítico placer. “Qué olor más bueno”, me dije. Vainilla.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<div class="text_exposed_show">
<p>Vestido y más perfumado que Libertad Lamarque antes de salir por televisión, me fui al trabajo. No obstante, cuando iba camino a la estación de metro, me doy cuenta que los dedos de mis manos estaban, ¿cómo decir?, ¿pegajosos? Era una sensación asquerosa, de esas que forman una especie de “hilitos” entre los dedos. Algo andaba mal. Coño, no puede ser. De inmediato di la vuelta y, apenas entré desesperado a mi cuarto y leí con atención las instrucciones de la etiqueta del producto recién comprado, vi que decía “jabón corporal; aplíquese en la bañera”.</p>
<p>Coño de su madre. Sentí un calorón menopáusico, frustrante. Mi ficticia vejez había sido engañada por la no-prevención de informarme antes de adquirir. Moraleja: Controlen a su señora interior. A veces la tercera edad nos juega una miopía de confusiones que nos cuesta caro.</p>
<p><strong>*El autor, quien es Historiador de la Universidad Central de Venezuela, y actualmente reside en Londres, Inglaterra, ha autorizado que sus crónicas sean publicadas en este sitio.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
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		<title>Puente de las Fuerzas Armadas, refugio de libreros y lectores a pesar de la crisis</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/04/puente-de-las-fuerzas-armadas-refugio-de-libreros-y-lectores-a-pesar-de-la-crisis/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Apr 2018 16:01:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Caracas]]></category>
		<category><![CDATA[CCS]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis]]></category>
		<category><![CDATA[Día Internacional del]]></category>
		<category><![CDATA[Día Internacional del Libro 2018]]></category>
		<category><![CDATA[Fuerzas Armadas]]></category>
		<category><![CDATA[Humberto Sánchez Amaya]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Libros usados]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En una de las vías más transitadas de Caracas, donde hace más de 30 años se ubican decenas&#8230;</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com/2018/04/puente-de-las-fuerzas-armadas-refugio-de-libreros-y-lectores-a-pesar-de-la-crisis/">Puente de las Fuerzas Armadas, refugio de libreros y lectores a pesar de la crisis</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com">Seis Grados - Experiencias que nos conectan</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="en-una-de-las-vias-mas-transitadas-de-caracas-donde-hace-mas-de-30-anos-se-ubican-decenas-de-vendedores-de-libros-usados-una-opcion-atractiva-para-conseguir-titulos-de-todo-tipo-desde-literatura-ha"><span style="color: #6e4d8b;">En una de las vías más transitadas de Caracas, donde hace más de 30 años se ubican decenas de vendedores de libros usados. Una opción atractiva para conseguir títulos de todo tipo, desde literatura hasta textos escolares. A pesar de la inflación, todavía es referencia en el ávido lector</span></h4>
<p><strong>Por Humberto Sánchez Amaya / @humbertosam</strong></p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">El puente de la avenida Fuerzas Armadas no posee ningún atractivo arquitectónico. Si lo tuvo, está carcomido por la daga de los años, siempre cruenta en su avance cuando no hay quien contrarreste.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">Sin embargo, debajo de la vía, que pasa por una de las zonas más neurálgicas de Caracas, en la que confluyen miles de personas atribuladas de obligaciones y pensamientos a pie o en vehículos, hay un punto de encuentro, una burbuja en la que el peatón se desconecta de la tribulación que genera todo al derredor. Cornetas, tubos de escapes envejecidos, motos rampantes, el humo asfixiante, el bus atestado, la tranquilidad olvidada, todo queda en otra dimensión.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">Los libreros que durante más de 30 años han hecho de la zona una tradición son la distensión para lectores apasionados, estudiantes y caminantes desprevenidos que fortuitamente se encuentran con las decenas de kioscos que ofrecen toda clase de títulos, desde los clásicos de lectura obligatoria en el colegio, o aquellos en los que todo lector apasionado sabe que debe adentrarse.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">María Fernanda camina entre los kioscos. Es estudiante universitaria y aprovechó que hacía una diligencia por el centro de Caracas para ver qué encuentra en estos eclécticos anaqueles, en los que la <i><strong>Odisea</strong> </i>de Homero, puede estar al lado del <strong><i>Problemario</i> </strong>de E. Navarro y de un libro de estrategias para el ajedrez. Afirma ser lectora apasionada y esta tarde no busca nada preciso. Espera que el destino que favorece al curioso la lleve a un libro que valga la pena. No vive cerca, pero siempre procura venir, y más en estos tiempos, cuando los libros nuevos son cada vez más costosos en librerías.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">La última vez se llevó <i><strong>El principito</strong>.</i> Claro, era un regalo. Alguien que se considere lector, a su edad, debe tener esa obra desde hace tiempo.  Ella busca los mejores precios. A pesar de la inflación, considera que el lugar todavía es un punto para encontrar obras a un bajo costo y debajo del puente de las Fuerzas Armadas, los precios varían. Es cuestión de revisar con minuciosidad. Por ejemplo, una edición de bolsillo de <i>Los tres mosqueteros </i>de Alexandre Dumas puede costar 20.000 bolívares, pero <i>It</i> de Stephen King, cuya reciente adaptación al cine fue estrenada el año pasado, vale 3 millones de bolívares.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">King es uno de los autores más buscados, especialmente por los lectores jóvenes, ávidos de sagas de terror, suspenso o ciencia ficción, según varios de los libreros del lugar.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">La crisis ha cambiado ciertas dinámicas. Si bien la diversidad de precios permite todavía que se mantenga el negocio, no siempre las transacciones son  convencionales. María Alexandra, así se presenta, tiene 3 años y medio debajo del puente. Es nueva, aunque su esposo sí ha estado al frente del puesto por más de 30 años. Antes, ella solo iba de paso. “Soy graduada en educación inicial. Por eso, este oficio no es del todo extraño para mí. Lo que más satisface es ver cómo una persona se va contenta con un libro. Ahora, también ha ocurrido que vienen personas que no tienen suficiente dinero. Antes, hacíamos trueques. Ellos traían algunos libros e intercambiábamos. Pero con todo lo que está pasando, he tenido que aceptar paquetes de arroz o pasta”, señala.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">Rafael Medina también tiene más de 30 años como vendedor. Ofrece libros para todo tipo de intereses. Narrativa, técnicos, escolares, de recetas y demás. “La gente pregunta por todo. Ahora, sí te puedo decir que he notado que los jóvenes están leyendo más. Eso es interesante. Ahora, con respecto al negocio como tal, te puedo decir que hace 20 años venían personas de todas las clases, incluso de la clase media alta. Pero la inseguridad ha hecho que eso merme un poco. Igual, seguimos siendo la mejor opción de libros usados”, acota.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">Varios libreros coinciden en que si bien la crisis ha hecho que el consumidor tenga urgencia en prioridades como alimentos y medicinas, todavía hay lectores que se mantienen leales a la voracidad  literaria. Y son precisamente ellos los que mantienen la actividad. También están los estudiantes y los padres que en temporada escolar buscan textos para el colegio.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">La otra parte del negocio está en quienes se acercan hasta allá a vender libros usados que en casa ocupan espacio necesario para otros objetos. Muchas veces, el desespero hace que se salgan de joyas que los libreros de las Fuerzas Armadas identifican inmediatamente y compran sin chistar, pues el dueño desconoce, casi siempre, de lo que se desprende.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">[the_ad id=&#8221;3726&#8243;]
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<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle"><b>Libreros en el Congreso.</b> A Jorge Atencio lo conocen muchos. No solo lo saludan los demás libreros, sino también trabajadores y dueños de negocios cercanos. No es para menos; tiene más de 30 años ahí. Un viejo amigo le ofrece un trago y él acepta. Es miércoles en la tarde y la jornada culmina. Además, el día siguiente es feriado, así que no está demás la bebida que relaja.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">Asegura, con mucho orgullo, ser fundador. Estuvo entre los primeros que ocuparon ese espacio entre las columnas del puente, un lugar que se convirtió en la venta de libros usados más importante de Caracas.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">Es bonachón y está acostumbrado que le hagan preguntas. De hecho, recuerda las veces que otros reporteros han estado averiguando su oficio. “Una vez vinieron de otro país y pasearon por todo el lugar con sus cámaras mientras hablaban con la gente”, rememora sobre el interés que se mantiene intacto en una referencia de la ciudad.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">No siempre han estado en esos predios. Atencio cuenta que a finales de los ochenta tenían sus puestos en la esquina de Padre Sierra, cerca de lo que entonces era conocido como el Congreso, ahora Asamblea Nacional. “Pero fue durante el gobierno de<strong> Jaime Lusinchi</strong> cuando decidieron mudarnos para este lugar. Decían que afeábamos el lugar y, siendo sincero, tenían razón. En esos años éramos 10 y ahora somos casi 100”.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">En su puesto hay desde libros escolares hasta literatura clásica. “Vienen desde el ignorante hasta el intelectual a comprar. Unos piden clásicos y libros sobre filosofía, mientras los otros quieren llevarse <strong><i>La culpa es de la vaca</i></strong>”, comenta en broma. Cuando se le pregunta qué libro no debe faltar nunca, responde sin titubear: <strong><i>Doña Bárbara</i></strong>, clásico de la literatura venezolana que se ha vuelto difícil de hallar. De hecho, en la página web de Tecni Ciencia, advierten que no está disponible.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">En el kiosco de Daniel Piñero no puede faltar el <strong><i>Álgebra</i></strong> de Baldor, el famoso libro que todo estudiante de bachillerato ha tenido en casa para aumentar las posibilidades de desentrañar los misterios de los números y las fórmulas. Y es así. Todo padre considera que sus páginas guiarán a los pequeños al entendimiento del fatigoso mundo de las matemáticas.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">Desde los 19 años de edad es librero, y actualmente tiene 36. En su puesto tiene guindado el primer carnet que lo acreditaba como librero de las Fuerzas Armadas. El orgullo tiene su constancia en el negocio de Piñero. Anécdotas hay muchas, dice, pero su mente inmediatamente evoca las jocosas, un indicio de su personalidad. Recuerda a aquellos que preguntan por los libros de inglés de María Latorraca. “Es que nunca dicen su nombre bien. Lo más común es que pregunten por María La Cotorra”, dice antes de reírse.</p>

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		<title>Mi memoria atascada en la estación Mercado</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Apr 2018 00:22:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Gianni Mastrangioli* Cuando vivía sobre la línea tres del Metro de Caracas y solía bajarme en la&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Gianni Mastrangioli*</strong></p>
<p>Cuando vivía sobre la línea tres del Metro de Caracas y solía bajarme en la estación Mercado, apretaba las hemorroides cada vez que llovía a cielo roto. Un instinto más efectivo que las predicciones atmosféricas del Observatorio Cagigal. Tres gotas caídas y ya sabía yo que vendría el caos: barro, gente remojada entre uniformes de trabajo, empujones y un montón de usuarios/hormigas a merced de la desesperación.</p>
<p>“Pero claro, todo eso se solucionará después de que me <span class="text_exposed_show">establezca afuera del país” en Londres, pensé. Pues no. Qué iluso. Resulta que la nieve es más caótica que los chaparrales de agua, así como lo es también la visión de nación desarrollada, de la perfección del sistema primermundista.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
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<div class="text_exposed_show">
<p>En marzo del mes pasado tuve que emprender una travesía al estilo de Moisés en el desierto para llegar hasta la compañía donde laboro. Cuatro horas de anticipación para recorrer este blanco desierto de panorama triste. Los trenes, todos congestionados. Cual usuarios de la línea Tres, a los que pertenecí por largo tiempo, todos aquí nos hallamos sometidos a la inclemencia de estas brusquedades climatológicas. Y lo peor del caso es que todavía no sé adivinar el cambio en la nubosidad para saber si vendrá alguna mejoría con el paso de las horas.</p>
<p>Quizás mis hemorroides, como también mi memoria, siguen atascados en algún retraso de la estación Mercado.</p>
<p><strong>*El autor, quien es Historiador de la Universidad Central de Venezuela, y actualmente reside en Londres, Inglaterra, ha autorizado que sus crónicas sean publicadas en este sitio.</strong></p>
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