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	<title>Colegio &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Mujeres que alimentan con amor</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 26 Nov 2016 01:36:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Cocina]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Angélica Berrocal Vidas diversas, muchos sueños. En realidad algunas de ellas nunca pensaron en desempeñar este tipo&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Angélica Berrocal<br />
</strong></p>
<p>Vidas diversas, muchos sueños. En realidad algunas de ellas nunca pensaron en desempeñar este tipo de oficio, la mayoría de las veces menospreciado con el título de “cocineras”;  un término, a mi parecer, despectivo. Técnicamente son manipuladoras de alimentos, sin embargo, en alguna oportunidad se les llamó “madres procesadoras”.</p>
<p>A lo largo de mi vida como profesional he tenido a cargo alrededor de 300 mujeres que han desempeñado este oficio y nadie se puede atrever a decir que “nada más fácil que cocinar”.  Esa es una percepción errada. Sólo madrugar para estar en el lugar de trabajo y  preparar mínimo 100 empanadas, o arepas, o bollos, o patacones, acompañada de su respectiva proteína y bebida, es para pensarlo dos veces.</p>
<p>Eso, en el  mejor de los casos que sea un tipo de programa (desayunos), porque existen otros en los que se debe preparar almuerzo completo (cereal, proteína, ensalada, granos, bastimento, sopa y jugo) y merienda. Su jornada debería ser de ocho horas diarias pero puede llegar a extenderse un par de horas más, dependiendo del cupo o raciones a preparar en el comedor asignado. Sin embargo, la responsabilidad que tienen estas mujeres les permite sacrificar a sus propios hijos y dedicarles todo este tiempo a la preparación de estos alimentos a la población más vulnerable que puede existir en Colombia y alrededor del mundo: nuestros niños.</p>
<p><span id=":mt.co" class="tL8wMe EMoHub" dir="ltr"></span>Esto representa su valor más grande; el servicio que, de manera racional, emocional, consciente o no, ellas prestan a diario en los diferentes comedores escolares teniendo en cuenta que deben permanecer de pie durante toda la jornada porque la comida no da espera, además,  se exponen a las altas temperaturas al interior de la cocina y muchas veces tienen que mojarse o cometer la imprudencia de abrir neveras o congeladores poniendo en riesgo su salud.</p>
<p>Valorar este tipo de oficio,  me llevó a conocer a muchas de ellas más allá de su uniforme y, gracias a Dios, detrás de él se esconden vidas en condiciones inimaginables y de admiración. La pobreza es el común denominador así como la violencia intrafamiliar, pero hay algo en su interior, una fuerza extraordinaria llamada amor que les ha permitido salir adelante y tomar decisiones difíciles para darle rumbo a sus vidas, a las de sus hijos y/o las personas a cargo que precisan de cuidados (parientes enfermos).</p>
<p>Durante la jornada laboral se trabajaba en equipo, por y para una causa, en este caso “la satisfacción de nuestros niños”. Fuera del lugar de trabajo fui confidente de muchas de ellas; llamadas inesperadas a horas también inesperadas, oídos atentos y dispuestos a escuchar para dar respuestas a preguntas personales, para dar consejos o incluso servir como paño de lágrimas debido a las diferentes dificultades familiares, económicas o de otro tipo que se les pudiera presentar, siempre desde el marco del respeto mutuo sin sobrepasar los límites.</p>
<p>Gracias a esta oportunidad tengo recuerdos inolvidables (alegres y tristes). Especialmente recuerdo a una de ellas en representación de todas, su nombre es Julia (Q.E.P.D), quien al igual que la gran mayoría, dejaba a su familia para tener unos ingresos propios que le ayudaran a ser económicamente independiente de su esposo o compañero. Sencilla, humilde, respetuosa, responsable, guerrera y luchadora son algunas de las cualidades que la definen a ella y a la gran mayoría de estas madres procesadoras que hacen parte del mundo al interior de los comedores escolares.</p>
<p><span id=":mu.co" class="tL8wMe EMoHub" dir="ltr">El servicio de alimentación en Colombia está siendo cada vez más técnico, riguroso y con recomendaciones que van desde las raciones indicadas, el aporte calórico y nutricional, hasta las BPM (Buenas Prácticas de Manufactura) con el objeto de favorecer al consumidor final o comensal. Ojalá sin descuidar la sazón y pasión por la cocina y por lo mismo que indico que quizás &#8220;cocineras&#8221; en este medio pueda sonar despectivo, las organizaciones responsables de manejar este servicio se olvidan de garantizar a sus manipuladoras de alimentos los EPP (Elementos de Protección Personal) de alta gama, que las cuide y valore en su ejercicio.</span></p>
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