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	<title>Colombia &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Colombia &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>El VAR atenta contra el bar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 Jun 2018 00:37:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La vida después del fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Alemania]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Lizandro Samuel]]></category>
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		<category><![CDATA[VAR]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El fútbol ha sido considerado durante años un deporte de pillos. Uno de los pocos contextos donde engañar&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="el-futbol-ha-sido-considerado-durante-anos-un-deporte-de-pillos-uno-de-los-pocos-contextos-donde-enganar-a-la-autoridad-es-bien-visto"><span style="color: #6e4d8b;">El fútbol ha sido considerado durante años un deporte de pillos. Uno de los pocos contextos donde engañar a la autoridad es bien visto</span></h4>
<p><strong>Por Lizandro Samuel</strong></p>
<p>Podía haber sido un bar, pero en realidad era una pastelería. Todos estábamos expectantes viendo el penal que se había pitado a favor de <strong>Senegal</strong> pero que ahora era revisado por el ya famoso <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81rbitro_asistente_de_video">VAR</a>. “Es que no fue nada”, dijo un moreno flaco. “Nah, eso no es penal: lo van a anular”, insistió otro, que engullía una trufa de chocolate. El árbitro los escuchó: rectificó la decisión y <strong>Colombia</strong> se salvó de lo que muy probablemente hubiese significado un gol senegalés. Al final, los cafeteros ganaron el partido, 0-1.</p>
<p><em>La columna tecnológica: Fútbol y ciencia </em>es un cuento de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Roberto_Fontanarrosa">Roberto Fontanarrosa</a>, en el que el rosarino relata cómo en un partido se estrena una nueva forma de arbitraje: desde una torre, equipada con más de treinta pantallas con tomas distintas, un juez controla el devenir del cotejo. La idea, dice el narrador, es que con esto acaben las largas polémicas y sesiones de reclamo dentro de las canchas: cuando un afectado insista en que el árbitro y la tecnología se equivocan, las dos pantallas gigantes de dentro del estadio reproducirán la acción al detalle para acabar con las dudas.</p>
<p>No solo no hubo debates en la pastelería, sino que tampoco los hubo sobre la cancha. El fútbol ha sido considerado durante años un deporte de pillos. Uno de los pocos contextos donde engañar a la autoridad es bien visto. Los suizos que pagan sus impuestos a tiempo fingen que recibieron una patada dentro del área rival para conseguir un penal, y sus compañeros les festejan la mentira. El fútbol no inventó la artimaña, solo la normalizó: acaba con la hipocresía que reina en tantas sociedades, partiendo de aquél viejo dicho de la prestidigitación: la mano –la caída, el pie– es más rápida que el ojo.</p>
<figure id="attachment_5662" aria-describedby="caption-attachment-5662" style="width: 620px" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-5662" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/06/el-comercio-colombia.jpeg" alt="colombia" width="620" height="356" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/el-comercio-colombia.jpeg 620w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/el-comercio-colombia-300x172.jpeg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/el-comercio-colombia-600x345.jpeg 600w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /><figcaption id="caption-attachment-5662" class="wp-caption-text">Foto El Comercio</figcaption></figure>
<p>Pero cuando el árbitro –un tipo estudiado, preparado, que se sabe las reglas mejor que cualquiera de nosotros– ve en una pantalla, desde diferentes ángulos y en cámara lenta, lo que sucedió se pierde todo el derecho a reclamar, se diluye cualquier engaño: lo que el colegiado decide es y no se diga más.</p>
<p>Son tantos los periodistas, entrenadores, futbolistas y hasta directivos que han construido su carrera alrededor de la polémica. Tantos los que tapan sus incapacidades con horas y horas de despotricar contra decisiones arbitrales. Tantos los goleadores que se benefician de penales inexistentes. Ahora todos los que vivimos del fútbol estamos obligados a mejorar: ya no se le puede echar la culpa al otro. O no, al menos, al error humano del árbitro.</p>
<p>Resulta sospechoso que la FIFA haya puesto tantos peros para ayudar a los vilipendiados jueces. El espray se tardó en universalizarse: esa espuma que ahora se rocía para marcar desde dónde se debe cobrar una falta y dónde se debe ubicar la barrera. Recuerdo tantos partidos, pero tantos partidos, en los que el cobrador ponía la pelota donde le daba la gana y la barrera irremediablemente se adelantaba. A mí, de chico, me enseñaron mis entrenadores a dar pasitos hacia adelante cuando formase la barrera. Hoy día eso es imposible: todos se dan cuenta si borras la espuma rociada sobre el piso.</p>
<p>Luego fue el <strong><em>Goal-line technology</em></strong>, ese chip que avisa al reloj del árbitro si la pelota traspasó la línea de gol. Y así, de repente, los bares se quedaron sin la posibilidad de debatir si un gol fue o no. Los programas de TV, resignados, tuvieron que empezar a buscar contenido verdadero para rellenar sus dos horas al aire. Se acabaron los goles fantasmas y con ellos una rara forma de injusticia. En el Colombia vs Japón, el portero nipón detuvo el disparo de Quintero dentro del arco, sacó el balón y luego dijo que no, que no había sido gol. Todos lo vimos con desdén: hoy día no hay forma de engañar a los colegiados con esas cosas. Los vivos o se hacen más sofisticados o tendrán que dedicarse a una ardua labor: ser mejores futbolistas.</p>
<p>El VAR, espero, llegó para quedarse. Es raro pensar en los <em>hubiese</em>. A Alemania la dejó fuera del Mundial una decisión corroborada por el video, mientras que una situación similar metió a España en octavos. Y el destino de portugueses e iraníes cambió hasta tres veces en 90 minutos: las tres veces que el colegiado decidió recurrir al VAR.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-5663" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/06/var-room-rusia-2018.png" alt="var-room-rusia-2018" width="820" height="460" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/var-room-rusia-2018.png 820w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/var-room-rusia-2018-300x168.png 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/var-room-rusia-2018-768x431.png 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/var-room-rusia-2018-600x337.png 600w" sizes="(max-width: 820px) 100vw, 820px" /></p>
<p>Es obvio lo que pocos se atreven a decir: si un comité de árbitros revisase al detalle todos los partidos de la historia del fútbol, es probable que el 70% de los campeones serían distintos.</p>
<p>Pero pasado pisado. Hay que poner el reloj en cero y hacer una marca en la línea de tiempo. Hasta ahora, la historia del fútbol se dividía en dos eras: Antes de la regla del <strong><em>offside</em></strong> y Después del <em>offside</em>. Habrá que agregar una nueva: Después del VAR.</p>
<p>Quizá llegó el momento de civilizarnos: de que el fútbol deje de ser el deporte de los bárbaros y empiece enseñorearse como el rugby, un juego en el que árbitros y jugadores llevan micrófonos para que todos –por TV– escuchen lo que dicen. Si eso no es transparencia, díganme qué es.</p>
<p>Los bares se calmarán, los “periodistas” tendrán que volver a hablar del peinado de los jugadores y los reclamos bajarán su intensidad. También, supongo, será cada vez más difícil recurrir al amaño de partidos. Quizá no en lo concerniente a jugadores y entrenadores, pero sin duda sí en lo que respecta a los árbitros: ya no existirá la excusa de “es que no lo vi”. A veces me pongo mal pensado y sospecho que por eso hay directivos que se oponen con tanta fuerza al <strong>VAR</strong>. Luego recuerdo cómo termina el cuento de Fontanarrosa: un par de misiles destruyen la torre y con ella al árbitro que estaba dentro. Todos intuyen que el acto terrorista es obra de un equipo “perjudicado” por la justicia del video. “Ellos también han progresado mucho”, dice, entonces, el propulsor del novedoso sistema.</p>
<p>Releo el cuento y siento escalofrío: temo que <em>ellos</em> también hayan progresado mucho.</p>
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		<title>Puros relatos</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/06/puros-relatos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 25 Jun 2018 04:44:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La vida después del fútbol]]></category>
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		<category><![CDATA[Mundial Rusia 2018]]></category>
		<category><![CDATA[Toni Kroos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Es raro ver torneos internacionales con tanto nivel. El drama aparece cada día: las historias de los jugadores,&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="es-raro-ver-torneos-internacionales-con-tanto-nivel-el-drama-aparece-cada-dia-las-historias-de-los-jugadores-de-los-tecnicos-de-los-arbitros-de-los-equipos-de-los-hinchas-de-las-mascotas"><span style="color: #6e4d8b;">Es raro ver torneos internacionales con tanto nivel. El drama aparece cada día: las historias de los jugadores, de los técnicos, de los árbitros, de los equipos, de los hinchas, de las mascotas.</span></h4>
<p><strong>Por Lizandro Samuel </strong></p>
<p>Cuando Corea del Sur marcó el descuento ante México, las alarmas se encendieron. No era lo mismo un 2-0 que con un 2-1. Pronto, los latinos mostraron la ansiedad con la que se vive en su continente. A falta de cinco minutos para el final, en un partido que habían dominado desde el principio, buscaron con fanática insistencia a <strong>Javier Hernández</strong>, acaso para que honrara el apodo con el que los escépticos se burlan de él –o, más bien, de la tendencia a exagerar virtudes de la prensa amarillista mexicana– y más que nunca se convirtiera en un Chicha Dios que pisa la pelota como quien congela el planeta bajo su suela.</p>
<p>Pero hacer eso tres veces seguidas no tenía sentido: México se había impuesto con otros caminos y pervertir un partido tan limpio –en el que Corea solo logró marcar por el ingenio de un <strong>Heung-Min Son</strong> que buscaba pasar a octavos para eludir el servicio militar– era como entregar al rival la llave para salir de la cárcel. Entonces, el DT, <strong>Juan Carlos Osorio</strong>, pegó un grito desde el banco y todo fue calma.</p>
<p>Los jugadores se acordaron que de momento no son victimas sino victimarios y escondieron la pelota para la ansiedad de un rival condenado a muerte. El momento más ilustrativo fue con un <strong>Héctor Herrera</strong>, que está cuajando un gran Mundial, recibió un balón con el apuro de sus compañeros para que enviase un pase profundo o se siguiese asociando por la banda derecha. Él hizo un amague con el que hundió un cuchillo en la garganta coreana y pasó la pelota hacia la banda izquierda: hacia el jugador que se encontraba más libre. México rotó la pelota sin dramas y selló una victoria esculpida con el sudor de tres años.</p>
<p>Juan Carlos Osorio murmuró una oración y aplaudió satisfecho: con más tranquilidad que la que mostraban los fanáticos mexicanos que se tropezaron con un orgullo que creían machacado por el pesimismo. La verdad es que el Tri la está pasando bien en Rusia 2018 y mucha de la responsabilidad la tiene el entrenador colombiano, acaso el seleccionador más vilipendiado de la década.</p>
<p><strong>Juan Villoro</strong> escribió una vez que ocupar el puesto de seleccionador nacional era la condena mejor paga de México. La prensa amarillista, esa que se impone con fuerza bruta en el país, más que palo disparó con metralletas al cuerpo estoico del buda Osorio. Él se dispuso a responder en la cancha. Y los hinchas mexicanos hacía tiempo que no vivían tan contentos.</p>
<p>Aunque casi toda la prensa, dirigentes y fanáticos de esa nación adicta al picante hagan de todo para quemar las posibilidades de su combinado de encontrar el éxito, Osorio combate la idiotez con ideas y se erige como el sabio de una tierra de hoscos.</p>
<figure id="attachment_5649" aria-describedby="caption-attachment-5649" style="width: 1024px" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-5649" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/06/toni-kroos-alemania-kienyke.jpg" alt="toni-kroos-alemania" width="1024" height="600" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/toni-kroos-alemania-kienyke.jpg 1024w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/toni-kroos-alemania-kienyke-300x176.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/toni-kroos-alemania-kienyke-768x450.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/toni-kroos-alemania-kienyke-600x352.jpg 600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption id="caption-attachment-5649" class="wp-caption-text">Foto Kienyke</figcaption></figure>
<p>Solo un rato después, Alemania se jugó la vida ante Suecia. Para los más despiertos, que el gigante buscara oxigeno ante el mediano no era una sorpresa. Desde antes del Mundial se viene hablando de los problemas de los actuales campeones del mundo en las transiciones defensivas y del bajo momento de forma de sus centrales.</p>
<p>Una situación que <strong>Boateng</strong> trató de revertir de la manera en que le enseñó su ex entrenador <strong>Pep Guardiola</strong>, agarrando el balón como el guerrero que alza la lanza y pasa a dirigir los ataques. Alemania se organizaba en torno a la figura del central, aunque frente a este viviese un tricampeón de Champions llamado <strong>Toni Kroos</strong>. Toni –que desdeña de las canilleras en su forma más ortodoxa, quizá porque considera que la precisión de un cirujano puede alterarse por el grosor de la camisa que use– se empeñó en demostrarle al mundo que no es un robot fabricado por ingenieros alemanes para dar clases a nivel mundial de cómo pasar el balón.</p>
<p>El gol sueco llegó tras un mal pase suyo y todos nos llevamos las manos a la cabeza: ¡es humano!, gritamos. Quien falló es un tipo acostumbrado a ver como una decepción tener un porcentaje de efectividad del 90%. Para el alumno que siempre saca 20, sacar 18 es un trauma. Pero es que su partido era espeso y Boateng se empeñaba en recordar a <strong>Beckenbauer</strong> en un guiño a la globalización: jamás se pensó que uno de los más importante futbolistas germanos de la actualidad tendría ascendencia africana.</p>
<p>La realidad, no obstante, se impuso con la violencia a la que nos está acostumbrando en el Mundial y le sacó tarjeta roja al defensor central que cometió tantos errores sin pelota como aciertos con esta en sus pies. Algunos fastidiosos más adelante lo criticarían, no por sus condenables errores, sino por su osadía en ataque. ¿Por qué será que la industria periodística encuentra tanta pasión en injuriar a los bienintencionados e invierte tan poca energía en cuestionar a los tiranos? Con diez sobre el césped, los actuales campeones del mundo veían complicado su futuro con el 1-1 en el marcador y con tantos suecos dentro de su propia área. Alemania, no obstante, ni se desesperó ni tembló.</p>
<p>Todos quisimos ser alemanes en ese momento: unos tipos tan convencidos de sus posibilidades que aunque saben que el fracaso no es imposible, entienden que el temple los acerca al éxito. Y el temple se fragua desde el trabajo diario y la convicción en las ideas y recursos propios. Solo así se explica que Toni se tuviera tanta fe en el último minuto del partido para cobrar un tiro libre cerca del área pero desde un ángulo improbable.</p>
<p>Llevo casi toda mi vida viendo por televisión cómo señores vestidos de corto se empeñan en cobrar una falta hacia un compañero que, colocado a unos pocos centímetros, pisa la pelota para que el cobrador original le pegue desde un mejor ángulo. El 90% de las veces esa jugada acaba con la pelota en la fila 44 del estadio o estrellada frente a la barrera. Una vez pregunté a un futbolista por qué se empeñaban en hacerla. “Porque en la PlayStation sale”, me respondió. Toni hizo lo que tantos han hecho, pero en desventaja: con diez suecos dentro de su área más el portero. Yo vi la pelota moverse y recordé el tiro con chanfle de Súper Campeones. Toni cambió su nombre por el de <strong>Oliver Atom</strong>, hizo que la pelota lograra el único recorrido posible hacia la red, nos enseñó que todos nos podemos equivocar pero que los verdaderos grandes son los que saben cómo resarcirse, y puso a los germanos a gritar: “Kroooooooooooooool”.</p>
<figure id="attachment_5650" aria-describedby="caption-attachment-5650" style="width: 950px" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-5650" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/06/falcao-el-tiempo.jpeg" alt="falcao" width="950" height="475" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/falcao-el-tiempo.jpeg 950w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/falcao-el-tiempo-300x150.jpeg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/falcao-el-tiempo-768x384.jpeg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/falcao-el-tiempo-600x300.jpeg 600w" sizes="(max-width: 950px) 100vw, 950px" /><figcaption id="caption-attachment-5650" class="wp-caption-text">Foto El Tiempo</figcaption></figure>
<p>Con equiparable emoción, al día siguiente los colombianos saltaron a la cancha ante una Polonia tan entretenida como chupar un clavo, pero que pretendía sorprender a los caribeños con la aspereza de un invierno varsoviano. Aunque al principio se atragantaron, <strong>Quintero</strong> agarró la pelota y dirigió un conjunto de vallenato que tuvo sentido cuando este se asociaba a <strong>James</strong> y a <strong>Cuadrado</strong>.</p>
<p>No faltó quién cuestionase el parado inicial que hizo <strong>Pekerman</strong>, y es que por estos días cuestionar a los técnicos argentinos no parece difícil: son los que más presencia tienen en el Mundial y los que hasta ahora peor resultados han sacado, pero pronto los caribeños combatieron el sinsabor del hielo con buenas dosis de música y café. Incluso, soltaron a un Tigre llamado <strong>Falcao</strong> para que gritara su primer gol de la Copa con el desahogo de quien se perdió el que debió ser <em>su</em> Mundial, en el 2014, solo para llegar a este como capitán y líder absoluto.</p>
<p>Esta vez los colombianos no se vieron sorprendidos por sus propios errores y cuajaron un partido tremendo. La alegría desbordó las tribunas y yo sonreí con satisfacción desde mi casa. El Mundial no es que esté divertido, es que está buenísimo: se juega muy bien y abunda en emoción y paridad. Es raro ver torneos internacionales con tanto nivel. El drama aparece cada día: las historias de los jugadores, de los técnicos, de los árbitros, de los equipos, de los hinchas, de las mascotas… todo se mezcla con la pasión y pareciera explicar la vida desde un rectángulo verde. La mejor de las aulas de clase.</p>
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		<title>Llegó la hora de “El Tigre”</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/06/llego-la-hora-de-el-tigre/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 03 Jun 2018 16:33:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
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		<category><![CDATA[Joel Gorozabel]]></category>
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		<category><![CDATA[Rusia2018]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Radamel Falcao llega con registros de crack al Mundial Rusia 2018, marcando 24 goles en toda la temporada&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="radamel-falcao-llega-con-registros-de-crack-al-mundial-rusia-2018-marcando-24-goles-en-toda-la-temporada-con-el-monaco-y-con-hambre-de-sentir-lo-que-la-lesion-le-impidio-cuatro-anos-atras"><span style="color: #6e4d8b;">Radamel Falcao llega con registros de crack al Mundial Rusia 2018, marcando 24 goles en toda la temporada con el Mónaco, y con hambre de sentir lo que la lesión le impidió cuatro años atrás</span></h4>
<p><strong>Por Joel Gorozabel</strong></p>
<p>En la pasada Copa del Mundo, celebrada en Brasil, estuvimos privados de ver a uno de los mejores delanteros del mundo. Una lesión impidió que un jugador colombiano mostrara sus dotes de crack, y su voraz apetito de gol. Finalmente, Rusia 2018 parece que le dará la oportunidad de rugir a un “Tigre”, al temible delantero Radamel Falcao.</p>
<p>Una cosa es que Venezuela no vaya al Mundial y muchos “adopten” equipo para apoyar en la magna cita del balompié, y otra es que muchos tengamos que trabajar y disfrutemos el fútbol de otra manera, sobre todo el buen fútbol, ese donde siempre quieres que jueguen los mejores contra los mejores.</p>
<figure id="attachment_5521" aria-describedby="caption-attachment-5521" style="width: 1024px" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-5521 size-large" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/06/falcao-lesion-1024x573.jpg" alt="" width="1024" height="573" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/falcao-lesion-1024x573.jpg 1024w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/falcao-lesion-300x168.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/falcao-lesion-768x430.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/falcao-lesion-600x336.jpg 600w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/falcao-lesion.jpg 1366w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption id="caption-attachment-5521" class="wp-caption-text">Foto cortesía m.tn.com.ar</figcaption></figure>
<p>Contar los inicios de Radamel Falcao sería repetir lo leído hace cuatro años, cuando se confirmó que el delantero no jugaría en Brasil 2014 la Copa del Mundo, pues su lesión no estaba sanada a un 100%. En ese entonces empezaron las redacciones de biografías, cosa que no está mal, pero volver a contarla no vale la pena, y menos cuando el jugador llega más consagrado todavía.</p>
<p>Para hacer un resumen, Falcao ha jugado en equipos de renombre de Europa: Porto, Atlético de Madrid, Mónaco, Manchester United y Chelsea. Sólo en Inglaterra no ganó ningún título con sus clubes.<strong> En América jugó con Lanceros Boyacá y el renombrado River Plate, este último fue el que le dio el trampolín al viejo continente.</strong> Seguramente en algunos de estos equipos ustedes, estimados lectores, lograron ver al menos una actuación del “Tigre”.</p>
<figure id="attachment_5520" aria-describedby="caption-attachment-5520" style="width: 940px" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-5520 size-full" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/06/Falcao-river-gol2.jpg" alt="" width="940" height="500" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/Falcao-river-gol2.jpg 940w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/Falcao-river-gol2-300x160.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/Falcao-river-gol2-768x409.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/Falcao-river-gol2-600x319.jpg 600w" sizes="(max-width: 940px) 100vw, 940px" /><figcaption id="caption-attachment-5520" class="wp-caption-text">Foto cortesía lamaquinaradio.com.ar</figcaption></figure>
<p>Recordado el punto anterior, hace cuatro años extrañamos en demasía a Falcao en la Copa del Mundo, su grave lesión daba buenos pronósticos, pues fue exactamente el 22 de enero, cinco meses antes la máxima competencia de fútbol a nivel de selecciones. Colombianos y no colombianos querían que se recuperara a tiempo, y que José Pekerman lo incluyera en la lista de 23 jugadores. El hoy capitán de la Selección cafetera venía con un ritmo goleador envidiable, como para ilusionar a Pekerman y a sus pupilos de cara a la cita en Brasil.</p>
<p>Finalmente Falcao no fue convocado, <strong>se perdió la Copa del Mundo 2014, y su ritmo goleador –que se cortó en seco- costó retomarlo</strong>. El colombiano, como “jugadorazo” que es, luego de la no convocatoria dijo lo siguiente: “Hoy estoy en buenas condiciones físicas, pero no quería quitarle a un compañero la posibilidad de jugar, ni hacer algo en contra de mi salud”. Palabras para aplaudir.</p>
<p>Las dos siguientes temporadas fueron de las menos positivas para el delantero. Tal vez en ese momento le pasó por la cabeza que era mejor haberse dedicado al béisbol, ese deporte atípico en Colombia, pero para muchos el principal deporte de Venezuela, y que tanto practicó el “Tigre”, teniendo como referencia a los emblemáticos Omar Vizquel y Oswaldo Guillén… esto es solo una suposición, pero de que le gustó y era bueno en béisbol, lo era.</p>
<figure id="attachment_5518" aria-describedby="caption-attachment-5518" style="width: 1024px" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-5518 size-large" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/06/Falcao-Monaco-1024x546.jpg" alt="" width="1024" height="546" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/Falcao-Monaco-1024x546.jpg 1024w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/Falcao-Monaco-300x160.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/Falcao-Monaco-768x410.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/Falcao-Monaco-600x320.jpg 600w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/Falcao-Monaco.jpg 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption id="caption-attachment-5518" class="wp-caption-text">Foto cortesía AFP 2018</figcaption></figure>
<h4 id="encendido-retorno"><span style="color: #6e4d8b;"><strong>Encendido retorno</strong></span></h4>
<p>Fue hace dos temporadas, de regreso al Mónaco, cuando Radamel Falcao García volvió con su mejor versión, la de goleador, esa que desapareció el día que se lesionó. Con el club francés también volvió a disfrutar de lo que es ganar un campeonato. Los dos anteriores fueron su etapa gris en la Premier League de Inglaterra.</p>
<p>En la Selección, Radamel también iba siendo considerado poco a poco para ver acción en los partidos. Pocos goles, pero su sola presencia y liderazgo volvían a hacerse sentir en Colombia. Falcao estuvo en los últimos partidos, en los que definían la clasificación a Rusia.</p>
<p>Cuatro años pasaron y parece que la pesadilla quedó atrás. <strong>Radamel Falcao García está en la lista de 23 jugadores convocados por Colombia para la Copa del Mundo Rusia 2018</strong>.</p>
<figure id="attachment_5526" aria-describedby="caption-attachment-5526" style="width: 965px" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-5526 size-full" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/06/Falcao-Reuters_13_1.jpg" alt="" width="965" height="543" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/Falcao-Reuters_13_1.jpg 965w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/Falcao-Reuters_13_1-300x169.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/Falcao-Reuters_13_1-768x432.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/Falcao-Reuters_13_1-600x338.jpg 600w" sizes="(max-width: 965px) 100vw, 965px" /><figcaption id="caption-attachment-5526" class="wp-caption-text">Foto cortesía Reuters</figcaption></figure>
<p>El “Tigre” llega con registros de crack al Mundial, marcando 24 goles en toda la temporada con el Mónaco, y con hambre de sentir lo que la lesión le impidió cuatro años atrás. Claro está, no todo fue color de rosas, pues también fueron cuatro lesiones en cinco meses en la última temporada, aunque la mayoría musculares, pero <strong>luego de lo vivido en 2014, cualquier golpe a Falcao enciende las alarmas en el país neogranadino</strong>.</p>
<p>“El fútbol da revancha”, dice una cita del balompié mundial, y esta revancha le ha llegado a Falcao, quien viaja con su Selección como capitán y abanderado nacional, que no es poca cosa en el argot futbolero. Toca ponerse cómodos y disfrutar de Colombia en Rusia 2018, disfrutar de Falcao, a quienes los amantes del buen fútbol queremos ver brillar en la magna cita de este verano.</p>
<p><em>Llegó la hora de “El Tigre”…</em></p>
<h5 id="twitter-joelgorozabel"><strong>Twitter: <span style="color: #6e4d8b;"><a style="color: #6e4d8b;" href="http://www.twitter.com/JoelGorozabel" target="_blank" rel="noopener noreferrer" data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?hl=es&amp;q=http://www.twitter.com/JoelGorozabel&amp;source=gmail&amp;ust=1478961102615000&amp;usg=AFQjCNGgCPnjmRqk4GinUAKBeqXvkJNAgg">@JoelGorozabel</a></span></strong></h5>
<h5 id="instagram-joelgorozabel"><strong>Instagram: <a href="https://www.instagram.com/joelgorozabel/" target="_blank" rel="noopener noreferrer" data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?hl=es&amp;q=https://www.instagram.com/joelgorozabel/&amp;source=gmail&amp;ust=1478961102615000&amp;usg=AFQjCNGNW1BppHCAEdESXwLa7eFVNvH3Eg"><span style="color: #6e4d8b;">@joelgorozabel</span></a></strong></h5>
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		<title>Soy una sweet art</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/04/soy-una-sweet-art/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 Apr 2018 15:16:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Barranquilla]]></category>
		<category><![CDATA[Canarias]]></category>
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		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[DSMIV]]></category>
		<category><![CDATA[Eilyn Diaz Romero]]></category>
		<category><![CDATA[Ficción]]></category>
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		<category><![CDATA[Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología Positiva]]></category>
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		<category><![CDATA[Trastorno]]></category>
		<category><![CDATA[Vida real]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los histriónicos suelen ser personas brillantes ante la mirada del otro, y tremendamente lumínicos socialmente. No tienen enemigos.&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="los-histrionicos-suelen-ser-personas-brillantes-ante-la-mirada-del-otro-y-tremendamente-luminicos-socialmente-no-tienen-enemigos-ejecutan-su-trabajo-a-cabalidad-y-asumen-roles-admirables"><span style="color: #6e4d8b;">Los histriónicos suelen ser personas brillantes ante la mirada del otro, y tremendamente lumínicos socialmente. No tienen enemigos. Ejecutan su trabajo a cabalidad y asumen roles admirables</span></h4>
<p><strong>Por Eilyn Díaz-Romero</strong></p>
<p>Barranquilla es una pequeña ciudad de la costa Caribe de Colombia, ubicada al norte de este país. No llega ni a más de dos millones de habitantes. Es sumamente festiva y reconocida a nivel mundial por sus fiestas carnestolendas, donde todos terminan conociéndose entre sí (al menos de vista) y eso crea un ambiente de familiaridad único. Bueno, no es lo mismo que opina ella, la que se siente observada y poca cosa, la que su vida ha estado empañada a causa de la violencia cruel y despiadada por la que ha tenido que ir a más de un lugar, tratando de olvidar las cabezas rodando en las canchas de fútbol que usaban como balón los mismos hombres crueles que las arrancaron de sus cuerpos. Tratando de olvidar las torturas de familias enteras, entre otras barbaries.</p>
<p>Pero ya está allí, en esa ciudad cuya luna enamora porque “tiene una cosa que maravilla”, en la que no puede siempre detenerse a pensar;  si lo hiciera, se moriría de susto y no viviría.  Su nombre es Soledad. Siempre, en las mañanas, piensa qué hacer, cree improvisar sobre qué vestir y a pesar de su bella sonrisa, su ternura que envuelve, su gran amabilidad y el mundo de personas que la llaman amiga, ella llora y dice sentirse sola, estar sola.</p>
<p>Un raro día de enero, de esos que parecen decembrinos por la ventolera típica de este mes en esa ciudad, ella se encuentra en su cama sin poder levantarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><strong>3:45 a.m.</strong> El despertador aun no suena, la temperatura corporal aumenta y los mismos pensamientos que rumiar la acompañan. No es un día cualquiera, es temprano para ella. Normalmente se despierta a las 6:00 a.m. y aun cuando sabe que tiene que ir al trabajo, se retrasa y se excusa en la distancia que hay entre su casa y la oficina, para intentar quedar bien.</p>
<p><strong>Psicoterapia a bordo.</strong> Harta de creer que la psicología es una mierda y los psiquiatras son para locos, adictos, se resiste a ir. Pero la dualidad entre lo que piensa y cómo se siente, más la presión por dejar de ser una máscara de carita feliz que todos conocen, y la relación fallida que acaba de “abandonar”, le dictamina que no hay más camino, que ya es inevitable escapar de allí.</p>
<p><strong>Martes, octubre 20 de 2015.</strong> El día de consulta. <em>Diagnóstico: Violencia social y de género, depresión por guerra, trastorno de la rumiación, trastorno adaptativo con ansiedad, </em><em>trastorno mental no especificado (no psicótico)</em><em>; manifiesta haber fumado y últimamente abusar de la nicotina, consumo de cannabis con el que manifiesta sentirse cómoda y no ser adictivo, pero si un escape “saludable” para relajar el cuerpo y la mente. Sobremedicación para dolores musculares y calambres. Mujer joven, 25 años de edad. Hija del medio (la número tres) de cinco hermanos. Única mujer, padres vivos: profesora y mecánico. Desplazados por violencia desde sus 13 años. Estuvo en un lugar de acogida por dos meses con toda su familia mientras podían mudarse. Fue violada sexualmente y nunca lo ha podido decir en terapia abiertamente. </em>Lee la terapeuta unos minutos antes de que Soledad entre a su primera hora de terapia.</p>
<p>“¡Vaya! Cuantas etiquetas, el DSM V se quedó corto”, piensa Elizabeth.</p>
<p>&#8211; Hola Soledad, dice la psicóloga cuando la ve entrar.</p>
<p>Demasiada resistencia. La hora parece interminable y no se da la empatía.</p>
<p>-¿Qué quieres saber?, ¿Por qué has venido a consulta?</p>
<p>Silencios largos… Soledad se abstrae y mira el reloj, entonces empieza a desahogarse:</p>
<p>-Está bien, ¿Cómo o por qué cree usted que ahora si puede hacer algo por mí como profesional?, ¿Qué tienen los psicólogos que creen que pueden venir a cambiarme-curarme, como si fueran dueños de una varita mágica?, ¿Qué es lo que tengo que saber para no creer que estoy perdiendo el tiempo y que no da lo mismo contarle a usted que a otra amiga cualquiera con quien desahogarme?  Digo, si es que me atreviera.</p>
<p>Elizabeth la observa y elabora su discurso:</p>
<p>&#8211; ¡Cuánto tenías por decir y todos juzgan a priori!. Se creen –nos creemos– con derecho de etiquetar.</p>
<p>La empatía (magia) llega, el milagro sucede y se traduce en catarsis.</p>
<p>***</p>
<p>&#8220;Han pasado más de seis meses, la psicoterapia ha dejado de ser esa cosa vana en la que no surge ningún efecto real. Es lejana, solo tiene efectos en los otros&#8221;, piensa Soledad.</p>
<p>Luego se mira al espejo mientras se sigue arreglando y dice: “He comprendido más allá de la lectura que como tratamiento científico, no es esa cosa ‘bonita’ que algunos ‘locos’ han decidido estudiar. La psicología en la terapia trabaja con las manifestaciones psíquicas o físicas del malestar humano e intenta promover cambios en el comportamiento”.</p>
<p>La enfermedad operando, pero ella no lo entiende y una vez más cae en eso de investigar a profundidad sobre un tema, se apasiona y lo hace propio, como si de eso dependiera su vida y ahora, hasta el éxito de su terapia y la “relación” con su terapeuta.</p>
<p>Soledad cree que improvisa cada día en las cosas cotidianas, pero todos esos pasos de las mañanas y a lo largo del día en los que estudia sus discursos, son manifestaciones claras de su trastorno.</p>
<p>Vuelve a su parlamento, ya a punto de salir, mientas acomoda el retrovisor de su auto: “Sin duda la perspectiva teórica del terapeuta hace que la identificación fluya de manera más o menos efectiva. Repasemos –se dice- cognitivo conductual va a exigir hacer aproximaciones sucesivas hacia esos problemas identificados, que tras la exposición van a ser familiares o superados. Por el contrario, los métodos psicoanalíticos y humanistas se concentrarán en el dialogo más que en la acción, comprenden mejor las causas que originan sus problemas actuales”.</p>
<p>Soledad ahora más empoderada cree estar en un camino distinto, entiende más aquello que estaba lejano, siente más respeto por el proceso terapéutico, pero sigue sintiéndose hueca, como si todo careciera de sentido.</p>
<p>***</p>
<p>Elizabeth ha llegado a un diagnóstico concluyente. Por sus inquietudes y responsabilidad profesional pero, sobre todo, como ella suele decir, por sensibilidad humana se reúne con un grupo de colegas, estudian el caso juntos y ella finalmente dice: “Quien tiene una personalidad histriónica se caracteriza por la teatralidad, la dramatización y, cómo no, en demandar atención de manera excesiva. Busca la aceptación, el reconocimiento, el aplauso de otras personas.”</p>
<p>La mesa está de acuerdo y bajo su dirección llegan a un punto final. Elizabeth toma la palabra: “La terapia sugiere que el diagnóstico no sea revelado al paciente, así en este mundo de sobre exposición a la información, no aumenta la creencia de autosuficiencia (en especial para este caso) y abandona la terapia. Pero debo hacerle saber lo que está haciendo y que aprender conceptos, apropiarse de ellos y lograr relaciones sociales más efectivas no es su labor en el mundo. Sobre todo, no es su responsabilidad. Aunque no le diga textualmente: Soledad, la cronicidad de estos rasgos da como resultado un Trastorno de personalidad Histriónico”.</p>
<p>Los histriónicos suelen ser personas brillantes ante la mirada del otro, y tremendamente lumínicos socialmente. No tienen enemigos. Ejecutan su trabajo a cabalidad y asumen roles admirables. Son y están para cada persona que le rodea, en el rol que estén “jugando”.</p>
<p>Llegado el día de la consulta Elizabeth comunica a Soledad: “El teatro es la vida y la vida es el teatro, va y viene. ¿Lo entiendes?, el género dramático es solo uno de los que existen y estar en medio de una obra, incluso dramática, exige otros tiempos dentro de la misma. Me explico: En la montaña rusa no se llega de la nada a la cima y la sensación que se produce al ir en picada es temor, vacío. Al mismo tiempo la adrenalina que hace disfrutar de ese riesgo ‘placentero’ es el viaje entre subir y bajar.”</p>
<p>Soledad empieza a llorar, como si al fin hubiera entendido algo. Elizabeth continua: “Respira, piensa, la literatura es un espejo y ser el escritor reposado de tu historia es lo que te dará las palabras que verdaderamente quieres que estén, así como los recursos lingüísticos que te hacen única-especial que adornan tu esencia y conforman tu personalidad”.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>En el tramo de ida y vuelta entre su oficina y la casa, después de la más fuerte sesión terapéutica que nunca pensó tener, Soledad comprendió más sobre su vida y no tuvo que conocer la etiqueta (el nombre exacto de un trastorno que la terapeuta ya había identificado) y se sintió decidida a caminar por aquellas calles de esta ciudad tropical, sin sentirse observada. Pensó en sí misma de manera tierna y dijo: “soy una <em>sweet art</em>”.</p>
<p>Y como nadie puede dejar de ser lo que es mediante un acto de magia, volvió a sus imaginarios y para convencerse encontró un argumento:</p>
<p>-Creencia: algo que te han repetido muchas veces. Afirmaciones: es un trabajo personal que puedes cambiar con neurolingüística. Y yo soy una <em>sweet art, </em>soy una <em>sweet art, </em>soy una <em>sweet art.</em></p>
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		<title>Heberto José Borjas trabaja por la lectura de autores venezolanos en Colombia</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/04/heberto-jose-borjas-trabaja-por-la-lectura-de-autores-venezolanos-en-colombia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Apr 2018 17:47:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Heberto José Borjas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura Venezolana]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Desde octubre de 2017, el escritor venezolano Heberto José Borjas, autor del libro de cuentos Desde la nada&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Desde octubre de 2017, el escritor venezolano Heberto José Borjas, autor del libro de cuentos <em>Desde la nada</em> (FB Libros, 2017), ha trabajado por la promoción del libro y la lectura de obras venezolanas en Colombia, país donde reside desde 2010.</p>
<p>En solo pocos meses ya el autor se ha fijado su propia impresión sobre el circuito del libro colombiano, cómo es la relación que existe entre el distribuidor, el librero y el lector, qué tanto leen los colombianos y cuáles son las obras de autores venezolanos que han logrado ganarse un puesto en las librerías del vecino país.</p>
<p>Sobre estos y otros temas reflexiona el autor a continuación.</p>
<p><strong>¿Desde cuándo comenzó a trabajar por la lectura de autores venezolanos en Colombia?¿Qué observaciones ha encontrado en este proceso?</strong></p>
<p>Comencé en Octubre de 2017. A propósito de mi inquietud de distribuir en Colombia mi más reciente libro,<strong><em> Desde la nada</em></strong>, aproveché el esfuerzo y el contacto con librerías de Bogotá para mostrar a los libreros el catálogo de FB Libros, sello con el cual mi obra fue editada el año pasado.</p>
<p>La primera impresión que tengo es que las relaciones entre las librerías y los distribuidores de libros son variadas. Hay empresas con quienes la relación es muy protocolaria y hasta fría (pues ven un libro como una mera mercancía que debe arrojar ganancias), pero también hay libreros con quienes la relación es más franca, directa, y hasta se preocupan en leer (o por lo menos, ojear) el ejemplar de cortesía que les ofreces y te invitan a que uses sus espacios para organizar eventos literarios.</p>
<p>Por otro lado, el colombiano no es indiferente a los libros. Lo sé por las cifras que muestra la Filbo (Feria Internacional del Libro de Bogotá), donde el número de visitantes aumenta cada año a pesar de que la boleta de acceso ronda los tres  dólares por persona. El Gobierno Nacional ha hecho ciertos esfuerzos por promover la lectura, aunque ya sabemos que todo lo que se haga no será suficiente para subir el promedio de lecturas en Colombia, apenas de 1,9 libros leídos al año por persona. Sin embargo, lo que veo a diario en la calle me dice que la juventud sigue leyendo, que tiene un gusto variado. No dejo de encontrarme chicos y chicas leyendo en cafés o en el transporte público.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Cuánto cuesta comprar un libro en Colombia?</strong></p>
<p>En librerías el precio de las novedades literarias oscila entre los 13 y 20 dólares, sólo por tomar referencias de las editoriales líderes en el mercado y sus autores más vendidos, de manera que en ese aspecto se puede afirmar que un libro en Colombia es costoso más no imposible de comprar. Son precios muy similares a los que puedes encontrar en España, por ejemplo. Los títulos de <strong>FB Libros</strong> que he logrado distribuir en el país tiene un precio menor para hacerlos más apetecibles en medio de la pléyade de opciones que pueden encontrarse en los estantes de las librerías, sin que el bajo precio ofenda la labor del autor ni la calidad del trabajo editorial que hay detrás de cada título.</p>
<p><strong>-¿Cuáles son las editoriales y los autores venezolanos presentes en las librerías colombianas?</strong></p>
<p>Cuando me mudé a Colombia en 2010 lo primero que resentí fue la ausencia venezolana en las librerías bogotanas. Sabía que sería difícil encontrar a Miguel Otero Silva o a Uslar Pietri, y por ello me he dedicado en estos años, a modo de pasatiempo, a buscar autores venezolanos, y he encontrado muy poco. Para ser más concreto,<em> La enfermedad</em> y <em>Patria o muerte</em> de Alberto Barrera Tyszka, que han ganado premios en España, son dos libros que sí podrás encontrar junto a novelas de Boris Izaguirre, <em>The Night</em> de Rodrigo Blanco Calderón, <em>Doña Bárbara</em> (en la sección de Clásicos) y ahora mi libro <em>Desde la nada. </em>Todos estos títulos pueden hallarse sin demasiada dificultad en las librerías colombianas como Librería Nacional, Panamericana, Tango Discos y Libros, entre otras. El asunto es que estas obras son editadas por sellos internacionales como Alfaguara, Herralde y Planeta. Sé que Ediciones Ekaré y Libros del Fuego están distribuyendo en Colombia algunos de sus títulos, pero no se encuentra más variedad de editoriales venezolanas, salvo que desde finales de 2017 pude distribuir mas o menos 12 autores de FB Libros que hoy pueden comprarse en Tango Discos y Libros, Librería Nacional y la librería Hojas de Parra. Me refiero a obras como <em>Aghori</em> y<em> Andantes</em> de Néstor Cánchica, <em>Verde que me muero</em> de Jason Maldonado, <em>Nombre de mujer</em> de Arnoldo Rosas, <em>¡Se termina conmigo!</em> de Natasha Prosperi, <em>Juegos de Fauno</em> de Aladdar Temeshy,<em> Hojas de Romero</em> de Miriam Marrero, <em>Russell</em> de Lester Dávila y <em>Desde la nada</em> de mi autoría, entre otras.</p>
<p>Espero que pronto se nos abran las puertas de otros espacios con quienes ya he iniciado contacto, como la Librería Luvina y la librería del Fondo de Cultura Económica, que no sólo son lugares donde comprar libros sino enclaves culturales donde se realizan distintos tipos de eventos alrededor del libro.</p>
<p><strong>-¿Crees que es buen momento de hacer de la crisis un motivo para leer a los venezolanos tanto en Colombia como en otros países del mundo? Esto como una forma de entender quiénes son los venezolanos, cómo pensamos y qué hacemos.</strong></p>
<p>Sí.  Esta era infausta de la historia patria podría ser para muchos potenciales lectores alrededor del mundo una motivación especial que les lleve a leer autores venezolanos, pero mi intención es que no sólo se acerquen a las obras con la curiosidad de saber cómo es la vida en Venezuela dentro del <em>socialismo del siglo xxi</em> (permítanme las minúsculas) sino para conocer nuestra idiosincrasia, algo que por su complejidad está más allá del dominio temporal de una determinada parcialidad política. Apenas empieza en Venezuela a surgir la <em>literatura de la involución</em>, que es como yo llamo a las obras que están dejando testimonios sobre el país de comienzos de este siglo.<em> Patria o muerte</em> y <em>The night</em>, que ya nombré, son ejemplos brillantes, pero antes de estos años aciagos del chavismo en el poder se escribió y publicó mucho material interesante mucho para un curioso lector foráneo que quiera entendernos y saber por qué estamos como estamos (no descarto que dé con la explicación más fácilmente que nosotros mismos). Y esa es la literatura venezolana sobre la cual hay mucha ignorancia en el extranjero. Los catedráticos e investigadores especializados a nivel internacional sí conocen nuestras mayores referencias literarias, pero en cuanto a lo que el público general puede encontrar en librerías hay una ausencia casi total. Hace un par de años encontré, de puro milagro, <em>Falke</em> de Federico Vegas y <em>La fascinación de la víctima</em> de Ana Teresa Torres en un remate de libros baratos. Y ya sabemos que los milagros no ocurren a menudo.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><strong>-¿Consideras que es el momento de establecer en Colombia una suerte de círculo de lectura o un proyecto más grande para dar a conocer a los  autores venezolanos?</strong></p>
<p>Es mi sueño participar en algo así. Quien quita y sea una próxima iniciativa que me atreva a emprender en Bogotá. No pasará mucho tiempo antes de que sepamos de premios literarios en el extranjero dedicados a Venezuela, o compilaciones de relatos enfocados en la diáspora venezolana actual. Es decir, se acentuará la literatura venezolana hecha desde afuera, o sobre la emigración, lo cual podría acercar nuestros autores a aquellos que se supone serían sus lectores naturales. Entonces un plan como el de entablar y sostener un club de lectura, o un premio literario para la comunidad venezolana, o algo por el estilo, no luce descabellado pero requiere un trabajo mancomunado (amén del tesón, patrocinadores y del tiempo necesarios) en el que yo estaría dispuesto a hacer mi aporte. Ojalá encuentre en Colombia paisanos entusiastas con los cuales trabajar mano a mano.</p>
<p><strong>¿Qué está escribiendo en este momento?</strong></p>
<p>Desde comienzos de este año le he dedicado más tiempo a la revisión y corrección de una novela escrita por completo en Bogotá. Y sin embargo creo que es hasta ahora la más venezolana de las obras que he comenzado. Ha estado engavetada por 3 años y apenas ahora decido acercarme a ella de nuevo. Creo que un par de semanas terminaré la revisión final. Se titula<em> Las verdades cuadradas</em>. Con ella quise intentar una novela romántica contemporánea que se alejara de los cursis y predecibles lugares comunes del género <em>chick lit</em> tradicional, pero me salió tan contemporánea que no pude evitar caer en la denuncia social, algunos personajes terminaron apasionados por la política y un par de ellos engrosan la lista de venezolanos emigrantes. Desde una perspectiva general es un retrato familiar, con sus virtudes y defectos, que me sirvió de excusa para tratar otros tópicos que me inquietan, como la lealtad, el primer amor, la esperanza en un mesías político, los chismes dentro del seno familiar, que en su momento leerán. Espero no haber dado <em>spoilers</em>.</p>
<p>Tengo congelado un futuro libro de relatos, que llevo adelantado un 60%, supongo, y con el cual me he divertido mucho escribiendo, a pesar de que una de las historias me toca muy de cerca, pues tiene que ver con mi padre, fallecido en mayo del año pasado, durante el proceso de edición de <em>Desde la nada</em>. No puedo dar un título definitivo dado que ni yo mismo estoy seguro del mismo, pero lo que sí puedo asegurar es que el tono de esta compilación será distinto al de <em>Desde la nada</em>, donde el crimen, la violencia, la intolerancia y la fatalidad parecen ser elementos comunes<em>. </em>Las historias de esta obra en proceso estarán emparentadas, me parece hoy,  por la noción del adiós, de la finitud, de la despedida como presencias inevitables en toda interacción o empresa humana. Retomaré este libro en un par de años, cuando termine otra novela que llevo congelada.</p>
<p>Y finalmente, pero no por ser menos importante, espero retomar a mediados de este año una novela que empecé en septiembre de 2016 y que tras 50 páginas debí abandonar debido al caudal de información valiosa con la que debía documentarme para poder continuar con paso firme. Es mi proyecto mi proyecto más ambicioso, me lo he tomado tan en serio que he tomado medidas para reducir el riesgo a naufragar, y me di una pausa larga cuando creí que era necesario. De hecho, durante esa pausa se editó <em>Desde la nada</em>. Por ahora sólo puedo revelar que contaré a mi manera una leyenda urbana que ha circulado por ahí desde hace casi 50 años. Espero terminarla a mediados de 2020,  a más tardar.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Diez son los relatos que integran este volumen que hoy ofrece al público lector Heberto José Borjas. Diez relatos de largo aliento y que están emparentados por un leitmotiv: la fatalidad. Los protagonistas de cada historia son personajes enajenados, conflictivos, dramáticos y con una endeble construcción ética y espiritual. Tan endebles son que su vida es superada enteramente por circunstancias externas o por sus propios conflictos internos. Es la fuerza de una prosa cruda y cautivante lo que mantiene al lector amarrado al libro: no hay manera de dejar la lectura a medio camino. El final de cada relato se precipita como una urgencia insoslayable. Abogado de profesión, Borjas sucumbió ante la fascinación literaria siendo apenas un adolescente. Tenía dieciséis años cuando tuvo sus primeros encuentros con Gallegos, Quiroga, Vargas Llosa, Neruda, Otero Silva y otros grandes de la literatura universal. También del cine ha recibido influencias significativas, que han determinado su manera de contar las historias. Ha de ser por eso que Aversión a los niños, Su propio destino, Ineludible sucesor, Las manzanas podridas, Dos viejitas inmortales, Invisible, El aberrado Néstor, Último intento, Desde la nada y El planeta gemelo tienen ese ritmo envolvente y subyugante que mantiene al lector en vilo para dejarlo caer sin aviso al final de cada historia. Tres de estas historias están basadas o inspiradas en hechos reales. Las siete restantes son producto exclusivo de la imaginación creadora del autor. “Los relatos que son pura ficción –admite Borjas– quizás respondan a mi afán de sentirme libre, de volar, de narrar a veces por el puro placer de hacerlo”. Y en esto coincide con García Márquez, quien llegó a señalar que narrar es el estado humano más parecido a la levitación. Y se levita y se disfruta el hecho de contar incluso cuando lo fatal sea el elemento preponderante. No importa cuáles sean los hechos, “la escritura –insiste el autor– los puede elevar a un punto en el que, por más cosas feas que se narren, la visión del narrador las hará digeribles y aceptables dentro del pacto de ficción que establezca con el lector”.</p>
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		<title>La travesía de Wikdi</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/01/la-travesia-wikdi/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 21 Jan 2018 19:27:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Chocó]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Salcedo Ramos]]></category>
		<category><![CDATA[Wikdi]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Autor: Alberto Salcedo Ramos (Colombia) En la áspera trocha de ocho kilómetros que separa a Wikdi de su&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Autor: Alberto Salcedo Ramos (Colombia)</strong></p>
<p>En <span class="il">la</span> áspera trocha <span class="il">de</span> ocho kilómetros que separa a <span class="il">Wikdi</span> <span class="il">de</span> su escuela se han desnucado decenas <span class="il">de</span> burros. Allí, además, los paramilitares han torturado y asesinado a muchas personas. Sin embargo, <span class="il">Wikdi</span> no se detiene a pensar en lo peligrosa que es esa senda atestada <span class="il">de</span> piedras, barro seco y maleza. Si lo hiciera, se moriría <span class="il">de</span> susto y no podría estudiar. En <span class="il">la</span> caminata <span class="il">de</span> ida y vuelta entre su rancho, localizado en el resguardo indígena <span class="il">de</span> Arquía, y su colegio, ubicado en el municipio <span class="il">de</span> Unguía, emplea cinco horas diarias. Así que siempre afronta <span class="il">la</span> <span class="il">travesía</span> con el mismo aspecto tranquilo que exhibe ahora, mientras cierra <span class="il">la</span> corredera <span class="il">de</span> su morral.</p>
<p>Son las 4:35 <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> mañana. En enero <span class="il">la</span> temperatura suele ser <span class="il">de</span> extremos en esta zona del Darién chocoano: ardiente durante el día y gélida durante <span class="il">la</span> madrugada. <span class="il">Wikdi</span> —trece años, cuerpo menudo— tirita <span class="il">de</span> frío. Hace un instante le dijo a Prisciliano, su padre, que prefiere bañarse <span class="il">de</span> noche. En este momento ambos especulan sobre lo helado que debe <span class="il">de</span> haber amanecido el río Arquía.</p>
<p>—Menos mal que nos bañamos anoche —dice el padre.<br />
—Esta noche volvemos al río —contesta el hijo.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Diagonal adonde ellos se encuentran, un perro se acerca al fogón <span class="il">de</span> leña emplazado en el suelo <span class="il">de</span> tierra. Arquea el lomo contra uno <span class="il">de</span> los ladrillos del brasero, y allí se queda recostado absorbiendo el calor. Prisciliano le pregunta a su hijo si guardó el cuaderno <span class="il">de</span> geografía en el morral. El niño asiente con <span class="il">la</span> cabeza, dice que ya se sabe <span class="il">de</span> memoria <span class="il">la</span> ubicación <span class="il">de</span> América. El padre mira su reloj y se dirige a mí.</p>
<p>—Cinco menos veinte —dice.</p>
<p>Luego agrega que <span class="il">Wikdi</span> ya debería ir andando hacia el colegio. Lo que pasa, explica, es que en esta época clarea casi a las seis <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> mañana y a él no le gusta que el muchachito transite por ese camino tan anochecido. Hace unos minutos, cuando él y yo éramos los únicos ocupantes despiertos del rancho, Prisciliano me contó que el nacimiento <span class="il">de</span> <span class="il">Wikdi</span>, el mayor <span class="il">de</span> sus cinco hijos, sucedió en una madrugada tan oscura como esta. Fue el 13 <span class="il">de</span> mayo <span class="il">de</span> 1998. A Ana Cecilia, su mujer, le sobrevinieron los dolores <span class="il">de</span> parto un poco antes <span class="il">de</span> las tres <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> mañana. Así que él, fiel a un antiguo precepto <span class="il">de</span> su etnia, corrió a avisarles a los padres <span class="il">de</span> ambos. Los cuatro abuelos se plantaron alrededor <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> cama, cada uno con un candil encendido entre las manos. Entonces fue como si <span class="il">de</span> repente todos los kunas mayores, muertos o vivos, conocidos o desconocidos, hubieran convertido <span class="il">la</span> noche en día solo para despejarle el horizonte al nuevo miembro <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> familia. Por eso Prisciliano cree que a los seres <span class="il">de</span> su raza siempre los recibe <span class="il">la</span> aurora, así el mundo se encuentre sumergido en las tinieblas. Eso sí —concluye con aire reflexivo—: aunque lleven <span class="il">la</span> claridad por dentro arriesgan demasiado cuando se internan por <span class="il">la</span> trocha <span class="il">de</span> Arquía en medio <span class="il">de</span> tamaña negrura.</p>
<p>Prisciliano —treinta y ocho años, cuerpo menudo— espera que el sacrificio que está haciendo su hijo valga <span class="il">la</span> pena. Él cree que en <span class="il">la</span> Institución Educativa Agrícola <span class="il">de</span> Unguía el niño desarrollará habilidades prácticas muy útiles para su comunidad, como aplicar vacunas veterinarias o manejar fertilizantes. Además, al culminar el bachillerato en ese colegio <span class="il">de</span> “libres” seguramente hablará mejor el idioma español. Para los indígenas kunas, “libres” son todas aquellas personas que no pertenecen a su etnia.</p>
<p>—El colegio está lejos —dice— pero no hay ninguno cerca. El que tenemos nosotros aquí en el resguardo solo llega hasta quinto grado, y <span class="il">Wikdi</span> ya está en séptimo.<br />
—<span class="il">La</span> única opción es cursar el bachillerato en Unguía.<br />
—Así es. Ahí me gradué yo también.</p>
<p>Prisciliano advierte que con el favor <span class="il">de</span> Papatumadi —es decir, Dios— <span class="il">Wikdi</span> estudiará para convertirse en profesor una vez termine su ciclo <span class="il">de</span> secundaria.</p>
<p>—Nunca le he insinuado que elija esa opción —aclara—. Él vio el ejemplo en casa porque yo soy profesor <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> escuela <span class="il">de</span> Arquía.</p>
<p>¿Podrá <span class="il">Wikdi</span> abrirse paso en <span class="il">la</span> vida con los conocimientos que adquiera en el colegio <span class="il">de</span> los “libres”? Es algo que está por verse, responde Prisciliano. Quizá se enriquecerá al asimilar ciertos códigos del mundo ilustrado, ese mundo que se encuentra más allá <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> selva y el mar que aíslan a sus hermanos. Se acercará a <span class="il">la</span> nación blanca y a <span class="il">la</span> nación negra. <span class="il">De</span> ese modo contribuirá a ensanchar los confines <span class="il">de</span> su propia comarca. Se documentará sobre <span class="il">la</span> historia <span class="il">de</span> Colombia, y así podrá, al menos, averiguar en qué momento se obstruyeron los caminos que vinculaban a los kunas con el resto del país. Estudiará el Álgebra <span class="il">de</span> Baldor, se aprenderá los nombres <span class="il">de</span> algunas penínsulas, oirá mencionar a Don Quijote <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> Mancha. Después, transformado ya en profesor, les transmitirá sus conocimientos a las futuras generaciones. Entonces será como si otra vez, por cuenta <span class="il">de</span> los saberes <span class="il">de</span> un predecesor, brotara <span class="il">la</span> aurora en medio <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> noche.</p>
<p>—Las cinco y todavía oscuro —dice ahora Prisciliano.</p>
<p>Anabelkis, su cuñada, ya está despierta: hierve café en el mismo fogón en el que hace un momento tomaba calor el perro. Su marido intenta tranquilizar al bebé recién nacido <span class="il">de</span> ambos, que llora a moco tendido. Nadie más falta por levantarse, pues Ana Cecilia y los otros hijos <span class="il">de</span> Prisciliano durmieron anoche en Turbo, Antioquia. En el radio suena una conocida canción <span class="il">de</span> despecho interpretada por Darío Gómez.</p>
<p>Ya lo ves me tiré el matrimonio<br />
y ya te <span class="il">la</span> jugué <span class="il">de</span> verdad<br />
fuiste mala, ay, demasiado mala<br />
pero en esta vida todo hay que aguantar.</p>
<p>El fogón es ahora una hoguera que esparce su resplandor por todo el recinto. Cantan los gallos, rebuznan los burros. En el rancho ha empezado a bullir <span class="il">la</span> nueva jornada. Más allá siguen reinando las tinieblas. Pareciera que en ninguna <span class="il">de</span> las 61 casas restantes del cabildo se hubiera encendido un solo candil. Eso sí: cualquiera que haya nacido aquí sabe que, a esta hora, <span class="il">la</span> mayoría <span class="il">de</span> los 582 habitantes <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> comarca ya está en pie.</p>
<p><span class="il">Wikdi</span> le dice hasta luego a Prisciliano en su lengua nativa (“¡kusalmalo!”), y comienza a caminar a través del pasillo que le van abriendo los cuatro perros <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> familia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hemos caminado por entre un riachuelo como <span class="il">de</span> treinta centímetros <span class="il">de</span> profundidad. Hemos atravesado un puente roto sobre una quebrada sin agua. Hemos escalado una pendiente cuyas rocas enormes casi no dejan espacio para introducir el pie. Hemos cruzado un trecho <span class="il">de</span> barro revestido <span class="il">de</span> huellas endurecidas: pezuñas, garras, pisadas humanas. Hemos bajado por una cuesta invadida <span class="il">de</span> guijarros filosos que parecen a punto <span class="il">de</span> desfondarnos las botas. Ahora nos aprestamos a vadear una cañada repleta <span class="il">de</span> peñascos resbaladizos. Un vistazo a <span class="il">la</span> izquierda, otro a <span class="il">la</span> derecha. Ni modo, toca pisar encima <span class="il">de</span> estas piedras recubiertas <span class="il">de</span> cieno. Me asalta una idea pavorosa: aquí es fácil caer y romperse <span class="il">la</span> columna. A <span class="il">Wikdi</span>, es evidente, no lo atormentan estos recelos <span class="il">de</span> nosotros los “libres”: zambulle las manos en el agua, se remoja los brazos y el rostro.</p>
<p>Hace hora y media salimos <span class="il">de</span> Arquía. <span class="il">La</span> temperatura ha subido, calculo, a unos 38 grados centígrados. Todavía nos falta una hora <span class="il">de</span> viaje para llegar al colegio, y luego <span class="il">Wikdi</span> deberá hacer el recorrido inverso hasta su rancho. Cinco horas diarias <span class="il">de</span> <span class="il">travesía</span>: se dice muy fácil, pero créanme: hay que vivir <span class="il">la</span> experiencia en carne propia para entender <span class="il">de</span> qué les estoy hablando. En esta trocha —me contó Jáider Durán, exfuncionario del municipio <span class="il">de</span> Unguía— los caballos se hunden hasta <span class="il">la</span> barriga y hay que desenterrarlos halándolos con sogas. Algunos se estropean, otros mueren. Unos zapatos primorosos <span class="il">de</span> esos que usa cierta gente en <span class="il">la</span> ciudad —unos Converse, por ejemplo— ya se me habrían desbaratado. Aquí los pedruscos afilados taladran <span class="il">la</span> suela. El caminante siente las punzadas en las plantas <span class="il">de</span> los pies aunque calce botas pantaneras como las que tengo en este momento.</p>
<p>—¡Qué sed! —le digo a <span class="il">Wikdi</span>.<br />
—¿Usted no trajo agua?<br />
—No.<br />
—Apenas nos faltan tres puentes para llegar al pueblo.</p>
<p>Agradezco en silencio que <span class="il">Wikdi</span> tenga <span class="il">la</span> cortesía <span class="il">de</span> intentar consolarme. Entonces él, tras esbozar una sonrisa candorosa, corrige <span class="il">la</span> información que acaba <span class="il">de</span> suministrarme.</p>
<p>—No, mentiras: faltan son cuatro puentes.</p>
<p>En <span class="il">la</span> gran urbe en <span class="il">la</span> que habito, mencionar a un niño indígena que gasta cinco horas diarias caminando para poder asistir a <span class="il">la</span> escuela es referirse al protagonista <span class="il">de</span> un episodio bucólico. ¡Qué quijotada, por Dios, qué historias tan románticas las que florecen en nuestro país! Pero acá, en el barro <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> realidad, al sentir los rigores <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> <span class="il">travesía</span>, al observar las carencias <span class="il">de</span> los personajes implicados, uno entiende que no se encuentra frente a una anécdota sino frente a un drama. Visto desde lejos, un camino <span class="il">de</span> herradura en el Chocó o en cualquier otro lugar <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> periferia colombiana es mero paisaje. Visto desde cerca es símbolo <span class="il">de</span> discriminación. Además se transforma en pesadilla. Cuando <span class="il">la</span> trocha se sale <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> foto <span class="il">de</span> Google y aparece debajo <span class="il">de</span> uno, es un monstruo que hiere los pies. Produce quemazón entre los dedos, acalambra los músculos gemelos. Extenúa, asfixia, maltrata. Sin embargo, <span class="il">Wikdi</span> luce fresco. Tiene <span class="il">la</span> piel cubierta <span class="il">de</span> arena pero se ve entero. Le pregunto si está cansado.</p>
<p>—No.<br />
—¿Tienes sed?<br />
—Tampoco.</p>
<p><span class="il">Wikdi</span> calla, y así, en silencio, se adelanta un par <span class="il">de</span> metros. Luego, sin mirarme, dice que lo que tiene es hambre porque hoy se vino sin desayunar.</p>
<p>—¿Cuántas veces vas a clases sin desayunar?<br />
—Yo voy sin desayunar, pero en el colegio dan un refrigerio.<br />
—Entonces comes cuando llegues.<br />
—El año pasado era que daban refrigerio. Este año no dan nada.</p>
<p>Captada en su propio ambiente, digo, <span class="il">la</span> historia que estoy contando suscita tanta admiración como tristeza. Y susto: aquí los paramilitares han matado a muchísimas personas. Hubo un tiempo en el que adentrarse en estos parajes equivalía a firmar anticipadamente el acta <span class="il">de</span> defunción. El camino quedó abandonado y fue arrasado por <span class="il">la</span> maleza en varios tramos. Todavía hoy existen partes cerradas. Así que nos ha tocado desviarnos y avanzar, sin permiso <span class="il">de</span> nadie, por el interior <span class="il">de</span> algunas fincas paralelas. Doy un vistazo panorámico, tanteo <span class="il">la</span> magnitud <span class="il">de</span> nuestra soledad. En este instante no hay en el mundo un blanco más fácil que nosotros. Si nos saliera al paso un paramilitar dispuesto a exterminarnos, lo conseguiría sin necesidad <span class="il">de</span> despeinarse. Sobrevivir en <span class="il">la</span> trocha <span class="il">de</span> Arquía, después <span class="il">de</span> todo, es un simple acto <span class="il">de</span> fe. Y por eso, supongo, <span class="il">Wikdi</span> permanece a salvo al final <span class="il">de</span> cada caminata: él nunca teme lo peor.</p>
<p>—Faltan dos puentes —dice.</p>
<p>Solo una vez se ha sentido en riesgo. Caminaba distraído por un atajo cuando divisó, <span class="il">de</span> improviso, una culebra que iba arrastrándose muy cerca <span class="il">de</span> él. Se asustó, pensó en devolverse. También estuvo a punto <span class="il">de</span> saltar por encima del animal. Al final no hizo ni lo uno ni lo otro, sino que se quedó inmóvil viendo cómo <span class="il">la</span> serpiente se alejaba.</p>
<p>—¿Por qué te quedaste quieto cuando viste <span class="il">la</span> culebra?<br />
—Me quedé así.<br />
—Sí, pero ¿por qué?<br />
—Yo me quedé quieto y <span class="il">la</span> culebra se fue.<br />
—¿Tú sabes por qué se fue <span class="il">la</span> culebra?<br />
—Porque yo me quedé quieto.<br />
—¿Y cómo supiste que si te quedabas quieto <span class="il">la</span> culebra se iría?<br />
—No sé.<br />
—¿Tu papá te enseñó eso?<br />
—No.</p>
<p>Deduzco que <span class="il">Wikdi</span>, fiel a su casta, vive en armonía con el universo que le correspondió. Él, por ejemplo, marcha sin balancear los brazos hacia atrás y hacia adelante, como hacemos nosotros, los “libres”. Al llevar los brazos pegados al cuerpo evita gastar más energías <span class="il">de</span> las necesarias. Deduzco también que tanto <span class="il">Wikdi</span> como los demás integrantes <span class="il">de</span> su comunidad son capaces <span class="il">de</span> mantenerse firmes porque ven más allá <span class="il">de</span> donde termina el horizonte. Si se sentaran bajo <span class="il">la</span> copa <span class="il">de</span> un árbol a dolerse del camino, si solo tuvieran en cuenta <span class="il">la</span> aspereza <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> <span class="il">travesía</span> y sus peligros, no llegarían a ninguna parte.</p>
<p>—¿Tú por qué estás estudiando?<br />
—Porque quiero ser profesor.<br />
—¿Profesor <span class="il">de</span> qué?<br />
—<span class="il">De</span> inglés y <span class="il">de</span> matemáticas.<br />
—¿Y eso para qué?<br />
—Para que mis alumnos aprendan.<br />
—¿Quiénes van a ser tus alumnos?<br />
—Los niños <span class="il">de</span> Arquía.</p>
<p>Deduzco, además, que para hacer camino al andar como proponía el poeta Antonio Machado, conviene tener una feliz dosis <span class="il">de</span> ignorancia. Que es justamente lo que sucede con <span class="il">Wikdi</span>. Él desconoce las amenazas que representan los paramilitares, y no se plantea <span class="il">la</span> posibilidad <span class="il">de</span> convertirse, al final <span class="il">de</span> tanto esfuerzo, en una <span class="il">de</span> las víctimas del desempleo que afecta a su departamento. En el Chocó, según un informe <span class="il">de</span> las Naciones Unidas que será publicado a finales <span class="il">de</span> este mes, el 54% <span class="il">de</span> los habitantes sobrevive gracias a una ocupación informal. Allí, en el año 2002, el 20% <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> población devengaba menos <span class="il">de</span> dos dólares diarios. En esta misma región donde nos encontramos, a propósito, se presentó en 2007 una emergencia por desnutrición infantil que ocasionó <span class="il">la</span> muerte <span class="il">de</span> doce niños. <span class="il">Wikdi</span>, insisto, no se detiene a pensar en tales problemas. Y en eso radica parte <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> fuerza con <span class="il">la</span> que sus pies talla 35 devoran el mundo.</p>
<p>—Ese es el último puente —dice, mientras me dirige una mirada astuta.<br />
—¿El que está sobre el río Unguía?<br />
—Sí, ese. Ahí mismito está el pueblo.</p>
<p>***</p>
<p><span class="il">La</span> Institución Educativa Agrícola <span class="il">de</span> Unguía, fundada en 1961, ha forjado ebanistas, costureras, microempresarios avícolas. Pero hoy el taller <span class="il">de</span> carpintería se encuentra cerrado, no hay ni una sola máquina <span class="il">de</span> modistería y tampoco sobrevive ningún pollo <span class="il">de</span> engorde. Supuestamente, aquí enseñan a criar conejos; sin embargo, <span class="il">la</span> última vez que los estudiantes vieron un conejo fue hace ocho años. Tampoco quedan cuyes ni patos. En los 18 salones <span class="il">de</span> clases abundan las sillas inservibles: están desfondadas, o cojas, o sin brazos. <span class="il">La</span> sección <span class="il">de</span> informática causa tanto pesar como indignación: los computadores son prehistóricos, no tienen puerto <span class="il">de</span> memoria USB sino ranuras para disquetes que ya desaparecieron del mercado. Apenas cinco funcionan a medias. Recorrer las instalaciones del colegio es hacer un inventario <span class="il">de</span> desastres.</p>
<p>—Este año no hemos podido darles a los estudiantes su refrigerio diario —dice Benigno Murillo, el rector—. El Instituto Colombiano <span class="il">de</span> Bienestar Familiar, que es el que nos ayuda en ese campo, nos mandó un oficio informándonos que volverá a dar <span class="il">la</span> merienda en marzo. Hemos tenido que reducir <span class="il">la</span> duración <span class="il">de</span> las clases y finalizar las jornadas más temprano. ¡Usted no se imagina <span class="il">la</span> cantidad <span class="il">de</span> muchachos que vienen sin desayunar!</p>
<p>Ahora los estudiantes del grupo Séptimo A van entrando atropelladamente al salón. Se sientan, sacan sus cuadernos. En el colegio nadie conoce a nuestro personaje como <span class="il">Wikdi</span>: acá le llaman ‘Anderson’, el nombre alterno que le puso su padre para que encajara con menos tropiezos en el ámbito <span class="il">de</span> los “libres”.</p>
<p>—Anderson —dice el profesor <span class="il">de</span> geografía—: ¿trajo <span class="il">la</span> tarea?</p>
<p>Mientras el niño le muestra el trabajo al profesor, reviso mi teléfono celular. Está sin señal, un trasto inútil que durante <span class="il">la</span> <span class="il">travesía</span> solo me ha funcionado como reloj despertador. <span class="il">La</span> “aldea global” que los pontífices <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> comunicación exaltan desde los tiempos <span class="il">de</span> McLuhan, sigue teniendo más <span class="il">de</span> aldea que <span class="il">de</span> global. En el mundo civilizado vamos a remolque <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> tecnología; en estos parajes atrasados <span class="il">la</span> tecnología va a remolque <span class="il">de</span> nosotros. Allá, en las grandes ciudades, al otro lado <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> selva y el mar, el hombre acorta las distancias sin necesidad <span class="il">de</span> moverse un milímetro. Acá toca calzarse las botas y ponerle el pecho al viaje.</p>
<p>—América es el segundo continente en extensión —lee el profesor en el cuaderno <span class="il">de</span> Anderson.</p>
<p>Se me viene a <span class="il">la</span> mente una palabra que desecho en seguida porque me parece gastada por el abuso: ‘odisea’. Para entrar en este lugar <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> costa pacífica colombiana que parece enclavado en el recodo más hermético del planeta, toca apretar las mandíbulas y asumir riesgos. El trayecto entre mi casa y el salón en el cual me encuentro este martes ha sido uno <span class="il">de</span> los más arduos <span class="il">de</span> mi vida: el domingo por <span class="il">la</span> mañana abordé un avión comercial <span class="il">de</span> Bogotá a Medellín. <span class="il">La</span> tarde <span class="il">de</span> ese mismo día viajé a Carepa —Urabá antioqueño— en una avioneta que mi compañero <span class="il">de</span> viaje, el fotógrafo Camilo Rozo, describió como “una pequeña buseta con alas”. En seguida tomé un taxi que, una hora después, me dejó en Turbo. El lunes madrugué a embarcarme, junto con veintitrés pasajeros más, en una lancha veloz que se abrió paso en el enfurecido mar a través <span class="il">de</span> olas <span class="il">de</span> tres metros <span class="il">de</span> alto. Atravesé el caudaloso río Atrato, surqué <span class="il">la</span> Ciénaga <span class="il">de</span> Unguía, hice en caballo el viaje <span class="il">de</span> ida hacia el resguardo <span class="il">de</span> los kunas. Y hoy caminé con <span class="il">Wikdi</span>, durante dos horas y media, por <span class="il">la</span> trocha <span class="il">de</span> Arquía.</p>
<p>El profesor sigue hablando:</p>
<p>—Chocó, nuestro departamento, es un puntito en el mapa <span class="il">de</span> América.</p>
<p>¡Ah, si bastara con figurar en el Atlas Universal para ser tenido en cuenta! Estas lejuras <span class="il">de</span> pobres nunca les han interesado a los indolentes gobernantes nuestros, y por eso los paramilitares están al mando. En <span class="il">la</span> práctica ellos son los patronos y los legisladores reconocidos por <span class="il">la</span> gente. ¿Cómo se podría romper el círculo vicioso del atraso? En parte con educación, supongo. Pero entonces vuelvo al documento <span class="il">de</span> las Naciones Unidas. Según el censo <span class="il">de</span> 2005, Chocó tiene <span class="il">la</span> segunda tasa <span class="il">de</span> analfabetismo más alta en Colombia entre <span class="il">la</span> población <span class="il">de</span> 15 a 24 años: 9,47%. Un estudio <span class="il">de</span> 2009 determinó que en el departamento uno <span class="il">de</span> cada dos niños que terminan <span class="il">la</span> educación primaria no continúa <span class="il">la</span> secundaria. En este punto pienso, además, en un dato que parece una mofa <span class="il">de</span> <span class="il">la</span> dura realidad: el comandante <span class="il">de</span> los paramilitares en el área es apodado ‘el Profe’.</p>
<p>Anderson regresa sonriente a su silla. Me pregunto adónde lo llevará el camino al final del ciclo académico. Su profesora Eyda Luz Valencia, que fue quien lo bautizó con el nombre <span class="il">de</span> “libre”, cree que llegará lejos porque es despabilado y tiene buen juicio a <span class="il">la</span> hora <span class="il">de</span> tomar decisiones. Existen razones para vaticinar que no será un ‘profe’ siniestro como el <span class="il">de</span> los paramilitares, sino un profesor sabio como su padre, capaz <span class="il">de</span> improvisar una aurora aunque <span class="il">la</span> noche esté perdida en las tinieblas.</p>
<h5 id="nota-esta-cronica-recibio-el-premio-ortega-y-gasset-de-periodismo">Nota: Esta crónica recibió el Premio Ortega y Gasset <span class="il">de</span> Periodismo.</h5>
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		<title>Colombia está en el listado de países que más envía spam en el mundo</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/11/colombia-esta-listado-paises-mas-envia-spam-mundo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Nov 2017 22:58:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tecnología]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Spam]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El 1,29% de los correos de tipo spam enviados en el mundo son colombianos ¿qué países ocupan los&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h5 id="el-129-de-los-correos-de-tipo-spam-enviados-en-el-mundo-son-colombianos-que-paises-ocupan-los-primeros-lugares">El 1,29% de los correos de tipo spam enviados en el mundo son colombianos ¿qué países ocupan los primeros lugares?</h5>
<p class="rtejustify">Recientemente la empresa de ciberseguridad, Kaspersky Lab reveló sus cifras sobre el volumen de correos no deseados, también conocidos como spam, en el mundo. Según esta empresa más de la mitad de los e-mails enviados y recibidos en todo el planeta hacen parte de esta categoría.</p>
<p class="rtejustify">Según un estudio realizado por Radicati Group en 2015, calcula que a la fecha existen cerca de 2.600 millones de usuarios de correo electrónico en el mundo, quienes envían aproximadamente 205.000 millones de e-mails por día, siendo la mayoría de estos de tipo empresarial con unos 108.700.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p class="rtejustify">No obstante, para Kaspersky, el porcentaje de correos no deseados en lo que va corrido del año supera el 56%, siendo Colombia una de las principales naciones que aporta a esta cifra con el 1.29% del total de estos.</p>
<p class="rtejustify">El listado de los países que más envían correo de tipo spam en el mundo lo lidera Vietnam con un 12,37%, seguido por Estados Unidos donde la cantidad porcentual que aporta se calcula en 10,1%. China, por su parte, se lleva el tercer lugar con un 8,96%.</p>
<p class="rtejustify">Si se examina la región, Brasil es el país que más envía spam en América Latina ya que su cantidad aporta el 4,47% del consolidado a escala mundial.</p>
<p class="rtejustify">¿Cómo evitar ser víctima de estos correos indeseados?</p>
<p class="rtejustify">La empresa colombiana Mi.com.co, que presta servicio de correos corporativos, elaboró una serie de recomendaciones para blindarse contra estas molestas misivas.</p>
<ol>
<li class="rtejustify">Compruebe que su servicio de correo electrónico corporativo cuente con antivirus y antispam.</li>
<li class="rtejustify">Desconfíe de los emails con remitentes desconocidos o asuntos extraños.</li>
<li class="rtejustify">Evite compartir su cuenta de correo electrónico sitios públicos: páginas web o redes sociales.</li>
<li class="rtejustify">Verifique las políticas de privacidad de los sitios web antes de brindarles su dirección de correo.</li>
<li class="rtejustify">No envíe contraseñas o accesos bancaros por Email.</li>
<li class="rtejustify">Dese de baja o utilice la opción <em>Unsuscribe</em> para las cadenas de mensajes y promociones.</li>
<li class="rtejustify">Tenga una copia de respaldo de la información.</li>
</ol>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="rtejustify">“Para finales del 2019 se espera que el número de cuentas de correo ascienda a 2.900 millones a nivel mundial y se estima que el número de envíos y recepción crezca un 3 % anual, llegando así a 246.000 millones en los próximos tres años. Por tal motivo, es necesario que tanto personas naturales como grandes empresas, Pymes o emprendedores, sean conscientes de esta realidad e inicien estrategias de protección AntiSpam”, concluyó Kaspersky.</p>
<p><a href="https://www.elespectador.com/tecnologia/colombia-esta-en-el-listado-de-paises-que-mas-envia-spam-en-el-mundo-articulo-724189"><strong>Fuente: El Espectador</strong></a></p>
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		<title>La agenda del fin de semana de los futbolistas colombianos en el exterior</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/11/la-agenda-del-fin-semana-los-futbolistas-colombianos-exterior/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Nov 2017 14:31:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Falcao]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[James]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Este viernes Falcao reaparecerá con el Mónaco y este sábado James sería titular con el Bayern Múnich. Edwin&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Este viernes Falcao reaparecerá con el Mónaco y este sábado James sería titular con el Bayern Múnich. Edwin Cardona no podrá actuar con Boca Júniors por estar suspendido. Así será el fin de semana de los jugadores de la selección colombiana de fútbol en el exterior.</p>
<p><strong>Nota: Todos los juegos tienen hora de Colombia.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Hoy, viernes 18 de noviembre</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Radamel Falcao García</strong> (Mónaco de la liga de Francia)</p>
<p>Amiens vs. Mónaco (viernes 17 a las 2:45 p.m., por ESPN)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Óscar Murillo</strong> (Pachuca de México)</p>
<p>Atlas vs. Pachuca (viernes 17 a las 10:00 p.m.)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Sábado 19 de noviembre</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Dávinson Sánchez</strong> (Tottenham de Inglaterra)</p>
<p>Arsenal vs. Tottenham (sábado 18 a las 7:30 a.m., por ESPN)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>James Rodríguez</strong> (Bayern Múnich de Alemania)</p>
<p>Bayern vs. Augsburgo (sábado 18 a las 9:30 a.m., por Fox Sports)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Felipe Pardo</strong> (Olympiacos de Grecia)</p>
<p>Olympiacos vs. Levadiakos (sábado 18 a las 12:30 p.m.)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Éder Álvarez Balanta</strong> (Basilea de Suiza)</p>
<p>Basilea vs. Sion (sábado 18 a la 1:00 p.m.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Cristian Zapata</strong> (Milan de Italia)</p>
<p>Napoli vs Milan (sábado 18 a las 2:45 p.m., por Fox Sports)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Avilés Hurtado</strong> (Monterrey de México)</p>
<p>Monterrey vs. Tigres (sábado 18 a las 8:00 p.m.)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Stefan Medina</strong> (Monterrey de México)</p>
<p>Monterrey vs. Tigres (sábado 18 a las 8:00 p.m.)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Domingo 19 de noviembre</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Santiago Arias</strong> (PSV de Holanda)</p>
<p>PEC Sswolle vs. PSV  (domingo 19 a las 8:30 a.m.)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Carlos Sánchez</strong> (Fiorentina de Italia)</p>
<p>SPAL vs. Fiorentina (domingo 19 a las 8:30 a.m., por ESPN)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Juan Guillermo Cuadrado</strong> (Juventus de Italia)</p>
<p><strong>Duvan Zapata</strong> (Sampdoria de Italia)</p>
<p>Sampdoria vs. Juventus (domingo 19 a las 9:00 a.m., por Fox Sports)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Carlos Bacca</strong> (Villarreal de España)</p>
<p>Athletic Bilbao vs. Villarreal (domingo 19 a las 2:45 p.m., por Directv)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Yerry Mina y Miguel Borja</strong> (Palmeiras)</p>
<p>Avaí vs. Palmeiras (lunes 20 a las 5:00 p.m.)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Frank Fabra y Wilmar Barrios</strong> (Boca Juniors de Argentina)</p>
<p>Boca Juniors vs. Racing (domingo 19 a las 5:15 p.m., por Fox Sports)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Mateus Uribe</strong> (América de México)</p>
<p>Santos Laguna vs. América (domingo 19 a las 7:30 p.m., por ESPN)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Fuente: <a href="https://www.elespectador.com/deportes/futbol-internacional/la-agenda-del-fin-de-semana-de-los-futbolistas-de-la-seleccion-en-el-exterior-articulo-723633">El Espectador</a></strong></p>
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		<item>
		<title>El autor y la escritora</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/11/autor-la-escritora/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Nov 2017 12:18:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Carolina Sanín]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[García Márquez]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Carolina Sanín / Revista Arcadia Si queremos, podemos oír que en la vida se nos hace incesantemente&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Carolina Sanín / <a href="http://www.revistaarcadia.com/periodismo-cultural---revista-arcadia/articulo/carolina-sanin-sobre-las-mujeres-escritoras-en-latinoamerica/66234">Revista Arcadia</a></strong></p>
<p>Si queremos, podemos oír que en la vida se nos hace incesantemente una sola pregunta: qué nos ha traído al lugar donde estamos; qué nos hace actuar como actuamos; qué nos pasó, qué y quién nos afectó. La respuesta es la disposición a contarnos nuestra propia e infinita historia; no es una respuesta, sino una actitud: la responsabilidad misma. En <em>Crónica de una muerte anunciada</em> se le hace tres veces la pregunta a Ángela Vicario, la protagonista. En su noche de bodas, después de que Bayardo San Román la devuelve a su casa tras descubrir que ella no es virgen, uno de sus hermanos le pregunta “quién fue” —quien hizo que dejara de ser virgen—. “Ella se demoró apenas el tiempo necesario para decir el nombre”, dice el narrador. “Lo buscó en las tinieblas, lo encontró a primera vista entre los tantos y tantos nombres confundibles de este mundo y del otro, y lo dejó clavado en la pared con su dardo certero, como a una mariposa sin albedrío cuya sentencia estaba escrita desde siempre. ‘Santiago Nasar’, dijo”.</p>
<p>A continuación el lector se persuade de que los hermanos Vicario darán muerte a un inocente para restablecer el honor de la familia y en obediencia al prejuicio. El narrador mismo duda explícitamente de que Santiago Nasar sea responsable. Sin embargo, dice que Ángela Vicario no dijo cualquier nombre, sino que lo “buscó” y que lo “encontró”, y que la sentencia de Santiago Nasar estaba escrita. En otras partes de la novela se describe a Santiago Nasar como un cazador y destructor de mujeres: un “gavilán pollero. Andaba solo, igual que su padre, cortándole el cogollo a cuanta doncella sin rumbo empezaba a despuntar por esos montes”. La mañana en que lo van a matar, Santiago Nasar le dice a Divina Flor, la hija adolescente de la sirvienta de su casa: “Ya estás en tiempo de desbravar”. Más tarde, cuando trata de entrar en su casa para que no lo maten, lo acuchillan contra la puerta que su madre ha cerrado pues Divina Flor, en su lúcida inconsciencia, ha dicho que él ya está en la casa.</p>
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<p>Puede leerse <em>Crónica de una muerte anunciada</em> como una parábola sobre la responsabilidad, la deuda y la imposibilidad de asignar una culpa (un tema central en la obra de García Márquez a partir del cuento “En este pueblo no hay ladrones”): Santiago Nasar puede no haber “desbravado” a Ángela Vicario, pero sí a muchas otras (tal vez Ángela Vicario fue su víctima solo vicariamente y fue el ángel vengador). La novela puede leerse también como una paradoja sobre el desencuentro entre el rumor y la información, que hace imposible la solidaridad: todo el pueblo sabe que a Santiago Nasar lo matarán en la mañana por la denuncia de Ángela Vicario, y nadie —con una salvedad— lo avisa. Puede leerse como un comentario sobre la espectacularidad del delito: “La gente que regresaba del puerto, alertada por los gritos, empezó a tomar posiciones en la plaza para presenciar el crimen”. Puede leerse también como un comentario sobre la inutilidad del sacrificio: la muerte de Santiago Nasar, en la plaza del pueblo y contra la puerta de su casa (acuchillado por dos matarifes de cerdos), se describe como la muerte de un toro contra el burladero en una plaza de toros, y su autopsia gratuita es el descuartizamiento de un animal. Por demás, la masacre de animales aparece recurrentemente a lo largo de la historia.</p>
<p>Pero la novela trata también acerca del sacrificio útil. A Ángela Vicario se le hace por segunda vez la pregunta sobre su vida después de que el crimen se ha perpetrado: “Cuando el juez instructor le preguntó con su estilo lateral si sabía quién era el difunto Santiago Nasar, ella le contestó impasible: ‘Fue mi autor’”. Es una frase que queda resonando, como un enigma, en la mente del lector. El autor de Ángela Vicario es ciertamente <a href="http://www.revistaarcadia.com/noticias/gabriel-garcia-marquez/4" target="_blank" rel="noopener">Gabriel García Márquez</a>, su primo, quien se presenta autobiográficamente en la novela e investiga el caso “en una época incierta en que trataba de entender algo de mí mismo”. ¿Qué quiere decir ese “mi autor” con respecto a Santiago Nasar, el joven patriarca?</p>
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<p>Después de que ocurre la muerte anunciada, los Vicario se van del pueblo y la madre hace “lo posible para que Ángela Vicario se mu(era) en vida”. Ella, sin embargo, “le malogró los propósitos, porque nunca hizo ningún misterio de su desventura”. Cuando el autor la encuentra, muchos años después, en medio del desierto de La Guajira (el mismo desierto al que la Cándida Eréndira escapa liberada, al final de su largo relato), la encuentra cambiada. Ya no es “tu prima la boba”, como se refería a ella Santiago Nasar, ni la caracterizada por “el desamparo” y “la pobreza de espíritu”, sino que “era tan madura e ingeniosa que costaba trabajo creer que fuera la misma”. Después del sacrificio —o el ajusticiamiento— de Santiago Nasar, Ángela Vicario se vuelve capaz de contar su propia historia “sin reticencias”. Cuenta cómo no quiso engañar a su marido fingiéndose virgen como le habían aconsejado las otras mujeres. Cuenta cómo estaba dispuesta a morir, y cómo, dentro de la golpiza que le dio su madre en la noche de bodas, nació en ella el amor por Bayardo San Román. “Nació de nuevo”, dice el narrador, y fue “dueña por primera vez de su destino” y “se volvió lúcida, imperiosa, maestra de su albedrío”. Se dio cuenta, también, de que el odio por su madre y el nuevo amor que la construía crecían proporcionalmente.</p>
<p>Después de que ella responde por tercera vez con la enunciación de la responsabilidad del hombre — “No le des más vueltas primo, fue él”, le dice al narrador— se cuenta que Ángela Vicario se hace escritora. Deja de ser la amada —la novia pasiva escogida por un hombre que no la conoce, obligada a casarse con él sin amor— a ser la amante que escoge someterse a la autoridad de su propio enamoramiento. Le escribe cartas a Bayardo San Román durante diecisiete años: “Al principio fueron esquelas de compromiso, después fueron papelitos de amante furtiva, billetes perfumados de novia fugaz, memoriales de negocios, documentos de amor, y por último fueron las cartas indignas de una esposa abandonada que se inventaba enfermedades crueles para obligarlo a volver”. Por último, “le habló de las lacras eternas que él había dejado en su cuerpo, de la sal de su lengua, de la trilla de fuego de su verga africana”. Escribe libremente y de todo: la mujer no ideal (la no virgen), después de haber visto y declarado que el patriarcado ha sido autor de su personaje, asume otro papel: el históricamente masculino del autor romántico —el que amaba a una mujer idealizada—, pero con un vuelco: ella ama y se dirige a un hombre real. Multiplica su propio personaje autoral y se ironiza en sus escritos. Se hace responsable de sí misma, ante sí. “Era como escribirle a nadie”, dice, y con su escritura y su conciencia revierte todo el discurso amoroso de occidente, el discurso iniciado en la Edad Media con la poesía del amor cortés compuesta por los trovadores, herederos y alumnos de los árabes. (No es secundario que Santiago Nasar sea hijo de un árabe, ni es insignificante que la única vez que oye el anuncio de su muerte lo oiga en árabe, de labios del padre de su novia).</p>
<p>La muerte que en la <em>Crónica de una muerte anunciada</em> está anunciada es la muerte del patriarca (el mismo cuyo otoño se narra por extenso en otra parte). Al final de la mejor novela feminista que se ha escrito en América Latina, el hombre —Bayardo San Román—, ya no amante sino amado, se presenta en la puerta de Ángela Vicario, la autora de su destino, y dice: “Bueno, aquí estoy”. Trae las casi dos mil cartas que ella le escribió, todas sin abrir. Pues ella ya es escritora, pero él aún no es lector.</p>
<p><strong>Fuente: <a href="http://www.revistaarcadia.com/periodismo-cultural---revista-arcadia/articulo/carolina-sanin-sobre-las-mujeres-escritoras-en-latinoamerica/66234"><strong>Revista Arcadia</strong></a></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Édniqus nos hace temblar</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/04/edniqus-nos-temblar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Apr 2017 15:06:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Barranquilla]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Edna Guerrero]]></category>
		<category><![CDATA[Édniqus]]></category>
		<category><![CDATA[La Magdalena]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Édniqus, la cantante soledeña que hace un par de años irrumpió en la escena de la World Music&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Édniqus, la cantante soledeña que hace un par de años irrumpió en la escena de la World Music en Barranquilla, Colombia con su proyecto<strong> La Magdalena</strong>, empieza ahora su proyecto como solista, y presenta un video de su canción emblema <em>Hagamos Temblar</em>, totalmente autoproducido, en donde pretende esbozar lo que será su propuesta sonora y visual.</p>
<p>Un hilo sencillo de imágenes componen el video de Édniqus: quien se mira al espejo buscando algo más allá, termina mirándote a tí, que miras el video. La letra invita a una acción de amor contundente: amarse con el abrazo.</p>
<p>Sigue a Édniqus en <a href="https://twitter.com/edniqus">@edniqus</a> y <a class="Xx" dir="ltr" tabindex="-1" href="http://www.google.com/url?q=http%3A%2F%2FFacebook.com%2Fedniqus&amp;sa=D&amp;sntz=1&amp;usg=AFQjCNHeXg9-_FLsQOMlrbi8B1eCbi8VIg" target="_blank" rel="nofollow noopener noreferrer" data-display="Facebook.com/edniqus" data-sanitized="http://www.google.com/url?q=http%3A%2F%2FFacebook.com%2Fedniqus&amp;sa=D&amp;sntz=1&amp;usg=AFQjCNHeXg9-_FLsQOMlrbi8B1eCbi8VIg">Facebook.com/edniqus</a></p>
<div class="cs-embed cs-embed-responsive"><iframe title="ÉDNIQUS - Hagamos Temblar (acústico)" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/VezvZ1sJD-U?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></div>
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