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	<title>Crónica &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Crónica &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Buenos días, Caracas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 05 May 2018 01:55:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Caracas]]></category>
		<category><![CDATA[Caraqueños]]></category>
		<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[El Ávila]]></category>
		<category><![CDATA[Gianni Mastrangioli]]></category>
		<category><![CDATA[Trabajadores]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Gianni Mastrangioli* Mi despertador sonó a las cinco de la mañana. Antes de dormirme, lo puse a&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Gianni Mastrangioli*</strong></p>
<p>Mi despertador sonó a las cinco de la mañana. Antes de dormirme, lo puse a esa hora para no perderme el espectáculo que iba a suceder. Encendí la luz de la mesita de noche, busqué los lentes, me puse las cholas y cogí el ascensor. Apenas se abrió la puerta, me recibió el Sereno, culpable de nuestras gripes en la infancia. El sujeto que todas las abuelas detestan. Y como yo le hago caso a la mía, me tapé el cuello con un suéter antes de salir a<span class="text_exposed_show"> la terraza. Nunca había visto a El Ávila en tonalidades rojizas, más allá de cuando se incendia por cuestiones de la sequía. Este era un color ardiente, de aspecto salvaje. Brisa. Cornetas de autobuses. Mercados que se alzan bien tempranito. La papa, la papa. Lleve la cebolla, llévela, llévela. </span></p>
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<p><span class="text_exposed_show">[the_ad id=&#8221;3726&#8243;]</span></p>
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<p><span class="text_exposed_show">Sí, Caracas estaba bostezando, hablándome con esa voz ronca de por las mañanas, cuando uno no se ha cepillado los dientes. Sobre mi cabeza, una procesión de guacamayas que recorrían el cielo semioscuro. Me daban ese sonido rebelde, de cemento con jungla, de trópico, de ciudad que convive con la naturaleza de lo tosco. Sin embargo, captó mi atención ese rosario de puntos negros que caminaban por las aceras. Personas, todas recién bañadas y listas para su encuentro con la metrópolis que rasguña. Cientos de mujeres con niños de bolsos. Cientos de obreros con las camisas por dentro. Cientos de secretarias de uniforme azul y peinados con gelatina y bucles. Estamos en los cierto. Ellos son los protagonistas de este capítulo venezolano que se escribe. Ellos son quienes, futuro adentro, podrán decir con el mayor de los orgullos “este país sobrevivió gracias a nuestro esfuerzo, a las ganas de seguir adelante”. Son consciencias que arden pero que a la vez chillan, al ritmo de los otros sonidos que conviven en este sórdido amanecer. A la orden los tomates, los tomates. Avenida Panteón saliendo, saliendo.</span></p>
<p>Es debajo de este edificio donde se está cumpliendo el renacimiento de la nación, en esa voluntad de no desvanecer. Me huele a húmedo, a tierra mojada, a trabajo, a guáramo. Los miro con fijación. Son ellos quienes consuman nuestros propósitos colectivos. Los que nos harán libres, así como los pájaros que aún, valientes, surcan por estos lares.</p>
<p><strong>*El autor, quien es Historiador de la Universidad Central de Venezuela, y actualmente reside en Londres, Inglaterra, ha autorizado que sus crónicas sean publicadas en este sitio.</strong></p>
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		<title>Migajas</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/04/migajas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Apr 2018 15:45:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Bulevar de Sabana Grande]]></category>
		<category><![CDATA[Caracas]]></category>
		<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Marian Martínez Perdomo]]></category>
		<category><![CDATA[Migajas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marian Martínez Perdomo Él hurgaba entre los adoquines mientras los otros pasaban indiferentes de un lado a&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Marian Martínez Perdomo</strong></p>
<p>Él hurgaba entre los adoquines mientras los otros pasaban indiferentes de un lado a otro. Tenía una cucharita en la mano que introducía entre las piedras del bulevar de Sabana Grande. Su edad no debía pasar de los 26 años. Su físico era la muestra de las bondades que la vida le ha negado. La mayoría de los que pasaban iban o venían del trabajo, él solo quería comerse las migajas de helado.</p>
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		<title>¿Periodismo o literatura?</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/04/periodismo-o-literatura/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Apr 2017 00:19:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Capote]]></category>
		<category><![CDATA[Clodovaldo Hernández]]></category>
		<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Licitra]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Cristina Martínez La relación entre la literatura y el periodismo resulta, de algún modo, polémica. Ciertos autores&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Cristina Martínez</strong></p>
<p>La relación entre la literatura y el periodismo resulta, de algún modo, polémica. Ciertos autores buscan diferencias entre estos dos oficios a fin de demostrar que son mundos totalmente distintos. Para confirmar que el escritor es un artista y el periodista un artesano. Sin embargo, otros han logrado –teniendo como base el género crónica– demostrar lo opuesto: que entre literatura y periodismo las fronteras se diluyen.</p>
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<p>Los antecedentes más remotos de la crónica pueda que se encuentren en los juglares de la Edad Media, artistas que iban de pueblo en pueblo cantando poemas y contando relatos muy parecidos a lo que hoy conocemos como noticia, pero en este lado del mundo fueron los colonizadores quienes, para dar parte a sus reyes, empezaron a narrar nuestra historia (estos se conocen como los Cronistas de Indias). “Aquellos cronistas relataron no sólo lo que vieron y escucharon, sino también lo que sintieron, comieron, olieron, percibieron y tocaron”, explica Angulo Daneri.</p>
<p>Aunque el cronista aborda hechos reales, también aprovecha, por cuestiones estéticas, técnicas de la literatura para elaborar su texto. Un ejemplo de ello es <em>A sangre Fría</em>, de Truman Capote, libro que narra el asesinato de la familia Clutter, ocurrido en 1959 en Kansas, EEUU. Para escribir esta crónica Capote hizo un exhaustivo trabajo de campo durante siete años. El resultado fue una extensa crónica que terminó siendo una novela de No Ficción.</p>
<p>Para aquellos que opinan que los periodistas/cronistas que no incursionan el terreno de la ficción son escritores inacabados, Josefina Licitra comenta: “La crónica no es la antesala de la novela de ficción. Hay quienes piensan que es un paso intermedio para llegar a la novela de ficción. Yo no lo veo así. Si en algún momento me surge una novela de ficción será fantástico, pero no estoy aspirando ni me estoy entrenando para hacer una novela”.</p>
<p>Clodovaldo Hernández, quien acaba de lanzar su libro <em>Reinventario</em>, dice: “Yo creía que la diferencia entre literatura y periodismo era la realidad. Pensaba que el lenguaje actuaba de maneras distintas. Luego de tantos años de faena periodística uno comienza a darse cuenta de que la realidad y la ficción a veces se solapan, se confunden”.</p>
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<p>El periodista que hace crónica toma prestado de la literatura, por empirismo o academicismo, el estilo poético, la soltura de la prosa, las metáforas, las ironías, el clímax, etcétera, pero sabe que no puede exagerar en su dosis de ficción (el dato falso no es una licencia que el cronista pueda darse). El relato, aunque atractivo, tiene que ser verosímil, minucioso, detallado.</p>
<p>Por su parte, el escritor de ficción toma su materia prima de la realidad para inventar las tramas, para recrear sus personajes. He aquí el punto de encuentro más fehaciente de estos dos oficios: literatura y periodismo. Lo que separa uno del otro ya no es la técnica, la ficción o la realidad, sino aparentemente la mala escritura, pero ya sabemos que mala escritura hay de un lado y del otro.</p>
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