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	<title>Despedida &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Despedida &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Terminales</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 May 2018 16:17:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Despedida]]></category>
		<category><![CDATA[Existencialismo]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Soledad]]></category>
		<category><![CDATA[Vida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Jennifer Rolong Ibañez Aquí estoy, nuevamente sentado en las frías sillas de la terminal de buses. En&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Jennifer Rolong Ibañez</strong></p>
<p>Aquí estoy, nuevamente sentado en las frías sillas de la terminal de buses. En otra ciudad, pero la imagen siempre es la misma, siempre estática. Cambian, tal vez, algunos rostros, algunas voces, quizás algunos sonidos, pero la sensación es igual, siempre marchándome, con la cobardía que me acompaña, siempre evitando quedarme donde hubiera podido ser feliz.</p>
<p>He recorrido pueblos, ciudades, y lugares que ni siquiera aparecen en un mapa, huyendo de las sonrisas, de las alegrías, del amor, de la vida.</p>
<p>Hoy, en medio de la soledad, del frío absurdo de la noche, entendí que mi vida se fue. Se ha ido entre terminales.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Errantes nostálgicos</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2016/12/errantes-nostalgicos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 10 Dec 2016 12:57:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Bauman]]></category>
		<category><![CDATA[Despedida]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Emigración]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por María Cristina Martínez Miro atrás. Saco cuenta. D. se fue a Chile. M. a Colombia. T. a&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por María Cristina Martínez</strong></p>
<p>Miro atrás. Saco cuenta. D. se fue a Chile. M. a Colombia. T. a España. R. partirá pronto a Argentina. Hay días en que quisiera tomarme un café con esos amigos que se fueron pero solo logro alcanzarlos por Whatsapp. El día que D. se fue era junio. Un día bastante nublado. Envió un mensaje: “Ya estoy en el aeropuerto. Te quiero mucho. Seguiremos en contacto”. Me senté en el banco de una plaza. Recordé que no quise ir a despedirme porque sencillamente odio las despedidas. Ese recuerdo se hizo doloroso. Me sentí cobarde y a la vez desprotegida. Me puse a llorar desconsoladamente. Luego llovió.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>Hubiese querido tanto que D. se quedara. Pero estoy –estamos–en el tiempo sin certeza. La metáfora de la liquidez de la que habla Zygmunt Bauman. Los ciudadanos del mundo transitamos sin parar. Y la emigración, ahora impulsada por una crisis económica y política, no es una condición exclusiva de Venezuela, aunque lo queramos sentir así. La gente constantemente va a otros lugares en busca de un mejor empleo, mejor calidad de vida, mejor suerte. Ese ir y venir nos comprime con lo que Bauman llama “cultura laboral de la flexibilidad”, porque demuele toda previsión de futuro. Hay otro tipo de gente que, a causa de conflictos armados, sale huyendo despavorida de su territorio. Ya han vistos ustedes como los niños aparecen dormidos a la orilla del mar. ¿No habrán creído que el fenómeno de la globalización nos haría la vida plenamente dichosa, o sí?</p>
<p>El otro día, en la universidad, tuve que presenciar cómo mis compañeros trataban como bicho raro a una alumna de origen colombiano porque confesó haber venido a Caracas solo a cursar la maestría. Le querían enseñar, como a quien práctica para formar parte de una guerrilla urbana, a moverse sigilosamente en la ciudad. “Ten cuidado de este modo”, “ten cuidado de este otro”. “No vayas a tales lugares”. “No lleves el celular en la cartera”. “Si te preguntan la hora en la calle, no contestes, sigue caminando”, le indicaban.</p>
<p>Después, al final de la larga cadena de instrucciones, alguien le dijo: “Pero que valiente eres, venir aquí en plena crisis no lo hace cualquiera”. Otro opinó: La verdad es que te admiro, yo no lo hubiese hecho”. A lo que la alumna, claramente agobiada y sorprendida, aclaró: “Yo vengo de un país con más de 50 años de guerra y estar en Caracas no tiene nada que ver con valentía ni nada parecido, me salé mucho más barato estudiar aquí, es todo”. Nos cuesta aceptarlo pero el mundo es cada vez más inseguro. Vayas donde vayas. Y somos esta especie de errantes nostálgicos, con distintos anhelos y distintas miserias, en busca de un pequeño refugio.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Perder para empezar</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2016/11/perder-para-empezar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Nov 2016 16:29:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Despedida]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Kapuscinski]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marian Martínez Perdomo El periodista polaco Ryszard Kapuscinski escribió en alguno de sus libros que “en la&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Marian Martínez Perdomo</strong></p>
<p>El periodista polaco Ryszard Kapuscinski escribió en alguno de sus libros que “en la política y en la vida es necesario saber esperar”. Y uno espera. Espera la llamada que le cambiará un poco la vida. Prevalece la incertidumbre, la expectativa y el miedo al cambio.</p>
<p>Entonces, estás sentada almorzando y suena el celular. Ves la pantalla y reconoces el número. Sientes una agonía en la barriga, el corazón late más aprisa porque sabes que después de contestar no hay vuelta atrás. Te armas de valentía porque también era algo que estabas esperando. Se acaba la conversación. Vuelves al lugar del que saliste a almorzar.<span id="more-858"></span></p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Ya de vuelta empiezan las explicaciones, el  anuncio. Unos se alegran, la mayoría siente nostalgia. Solo ves pasar la película en cámara lenta. Una película en la que el guión no estaba escrito así desde el comienzo, una película en la que la historia debió ser modificada. No sabes definir qué sientes: un poco de tristeza, un poco de ganas de comerte el mundo (sí, a pesar de la crisis económica, de la crisis de valores, de todas las crisis).</p>
<p>Viene la fase de los abrazos, del ‘hasta pronto’, del ‘cuentas conmigo’, del ‘nos vemos luego’, del ‘estamos en contacto’. Sabes que extrañarás a muchas de esas personas, pero tienes la certeza de que la amistad no se circunscribe a un espacio físico. El corazón vuelve a latir aprisa. Pero cuando vas saliendo, cargando con lo poco que te acompaña,  reconoces que la vida está hecha de comienzos y despedidas, de ‘hola’ y ‘hasta luego’. Que hay que vivir, y vivir implica perder algo para empezar de nuevo.</p>
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