<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Dolor &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
	<atom:link href="https://www.seisgradosblog.com/etiqueta/dolor/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://www.seisgradosblog.com</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Wed, 30 May 2018 16:47:12 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=5.4.2</generator>

<image>
	<url>https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/cropped-Icono-App-512px-150x150.png</url>
	<title>Dolor &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
	<link>https://www.seisgradosblog.com</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Aquellas cicatrices*</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/04/aquellas-cicatrices/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Apr 2017 22:38:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Delincuencia]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Dolor]]></category>
		<category><![CDATA[Muerte]]></category>
		<category><![CDATA[Superación]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.seisgradosblog.com/?p=2799</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por Cristina Martínez Carlos tenía 29 años, un revólver al cinto y tres hijos que mantener. En las&#8230;</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com/2017/04/aquellas-cicatrices/">Aquellas cicatrices*</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com">Seis Grados - Experiencias que nos conectan</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Cristina Martínez</strong></p>
<p>Carlos tenía 29 años, un revólver al cinto y tres hijos que mantener. En las fiestas, cuando se emborrachaba, echaba tres tiros al aire para demostrar la hombría, la jerarquía, o su propia recreación mental del poder. “Para que todo el mundo supiera que yo era quien mandaba, que no le tenía miedo a nadie, ni siquiera a Dios”, subraya.</p>
<p>No había culminado la secundaria porque su conducta no lo ayudó. En el liceo ya ni el portero lo soportaba y antes de que lo expulsaran, se autoexpulsó.  Fue vendedor de ‘monte’ a los 15, padre a los 16, ratero a los 17, malandro a los 17 y tantos meses. Una carrera de la supervivencia con demasiada maldad, pero, al fin y al cabo, supervivencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
[the_ad id=&#8221;3726&#8243;]
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que producía en las noches – asaltando, entrando en casas ajenas- servía para pagar el alquiler de una habitación y para ver crecer a Yenni Alexandra (su primera hija). “Un hijo no se abandona como lo hizo mi papá conmigo”, dice. Pero siempre pudiste elegir otra cosa distinta, por ejemplo, ser jardinero y al mismo tiempo un buen padre, le digo. “Sí, pero crecí entre malandros, yo no era capaz de ver otra salida, donde vivía las cosas eran muy duras, y quería ser aceptado entre los otros chamos del barrio”, responde.</p>
<p>De una banda de seis personas, Carlos- en 2005- era el único que podía contar en qué circunstancias había ‘caído’ Walter, o como fue el entierro de “El Perro”. La desaparición física de sus panas coincidió con la de su abuela materna, quien lo había criado. Aquella soledad espantosa que causa el vacío que trae la muerte, pudo haberlo afecto en demasía. No tuvo ánimos de armar otra banda. No quiso más la adrenalina que sentía cuando violaba los límites territoriales impuestos por sus enemigos.</p>
<p>Es probable, me comentaba alguien recientemente, que la transformación de las personas se produzca por el dolor o por la reflexión, Carlos dice que no sabe por cuál de las dos ocurrió la suya, solo recuerda que algo lo atormentaba. Pero un día se enteró que podía entrar a la universidad sin pagar medio centavo. Volvió a las aulas: hizo el bachillerato (mientras trabajaba de cocinero) y años después se inscribió para estudiar Educación.</p>
<p>&nbsp;</p>
[the_ad id=&#8221;3726&#8243;]
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego consiguió trabajo en un liceo de Caracas, ubicado a unos 200 metros de su casa. “Al principio, cuando empecé a dar clases era muy difícil para mi, no te imaginas cuanto, me temblaban las piernas, se me iba la voz, pero tenía ganas de seguir con lo que ya había empezado, así que luché contra el miedo escénico hasta que lo superé”, cuenta.</p>
<p>No hay nada en Carlos que revele su pasado oscuro, salvo una pequeña cicatriz en la cara. Salvo que ha sabido como manejar las amenazas que los estudiantes de su aula, revolver en mano, le hacen cuando reprueban una materia.</p>
<p>“El ser humano siempre puede cambiar, rectificar sus errores, es lo que le digo a mis alumnos, porque muchos de ellos solo quieren vivir de las cosas fáciles, de ‘malandrear’, y yo los entiendo, porque yo vengo de allí, pero eso no es todo lo que en la vida se puede hacer”.</p>
<h5 id="los-nombres-de-este-relato-han-sido-cambiados-para-proteger-la-identidad-de-sus-protagonistas">*Los nombres de este relato han sido cambiados para proteger la identidad de sus protagonistas.</h5>
<p>&nbsp;</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com/2017/04/aquellas-cicatrices/">Aquellas cicatrices*</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com">Seis Grados - Experiencias que nos conectan</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Herida</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2016/11/herida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Nov 2016 16:45:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Bicicletas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Dolor]]></category>
		<category><![CDATA[Nostalgia]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.seisgradosblog.com/?p=1931</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por Marian Martínez Perdomo A diario intentamos ocultarla, pero la herida sigue ahí. Cuando éramos niños y nos&#8230;</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com/2016/11/herida/">Herida</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com">Seis Grados - Experiencias que nos conectan</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Marian Martínez Perdomo</strong></p>
<p>A diario intentamos ocultarla, pero la herida sigue ahí. Cuando éramos niños y nos caíamos de una bicicleta, por mencionar un ejemplo, nuestra rodilla sangraba y, a pesar de eso, insistíamos en continuar con el juego. Quizás había dolor, ardor o alguna de esas sensaciones desagradables. <span id="more-794"></span>Nuestra manera de seguir adelante, de aprender, era dejar todo eso a un lado. La herida estaba y nosotros preferíamos pasar por encima de lo que nos hacía sentir. Ya de adultos, en otras etapas de la vida, nos ocurre lo mismo. Se suman nuevas heridas, mucho mas profundas y, aunque en la mayoría de ellas no corre sangre ni hay un elemento físico que las ocasione, es el alma la que se vuelve turbia. Uno intenta seguir y lo hace. Pero hay días y noches en que algo despierta en ese espacio que no es físico.  Es como sentir el ardor o el dolor en la rodilla al llegar a casa después de jugar bicicleta y darnos cuenta que ahí está la herida, que no se ha ido.</p>
[the_ad id=&#8221;3726&#8243;]
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com/2016/11/herida/">Herida</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com">Seis Grados - Experiencias que nos conectan</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
